domingo, 31 de octubre de 2021

Como en casa, en ningún sitio


Como en casa, en ningún sitio. ¡Cuántas veces hemos escuchado y hemos pronunciado esta expresión! Después de trabajar o de hacer ejercicio, deseamos llegar a casa, para ducharnos y relajarnos. Echamos de menos la casa, cuando vivimos fuera de ella y, a veces, hasta cuando disfrutamos de unas buenas vacaciones. Decimos “casa” e inmediatamente pensamos en la familia, los encuentros, el hogar, el calor, el bienestar, la libertad…

Por eso, conviene que los que tenemos vivienda, aunque sea humilde o de alquiler, nos pongamos en la piel de quienes no la tienen; de las personas que duermen en albergues, lugares inhóspitos o en la calle; de quienes no pueden ducharse, comer, descansar o leer cuando quieren; ni tienen seres queridos que les esperan, les abracen y les escuchen; ni un centro de salud habitual donde ser atendidos… Personas sin hogar, que en muchos casos no han podido tener un lugar donde confinarse en lo peor de la pandemia; hombres y mujeres para los que el derecho a la vivienda (artículo 25 de los Derechos Humanos) es papel mojado.

Quizá algunos, al leer esta carta, estéis pensando: “Tenemos casa, porque pagamos cada mes el alquiler, porque hemos trabajado y seguimos trabajando duro para tenerla y mantenerla”. Es verdad. El acceso a la vivienda grava, injustamente, la situación económica de la mayor parte de las familias, de por vida. Pero, aun siendo esto cierto, conviene que nos pongamos en la piel de quienes no tienen casa.

La dolorosa realidad de estas personas trae a la memoria las palabras de Jesús: “Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40), Él, en efecto, nació en un establo y fue acostado “en un pesebre” por las manos amorosas de su Madre, la Virgen Santísima, porque no había lugar para ellos en la posada (cf. Lc 2, 7); y luego estuvo prófugo, lejano de su tierra y de su casa (Discurso de San Juan Pablo II, 8 de diciembre de 1987).

Cáritas conoce esta realidad, ya que acompaña a unas 40.000 personas sin hogar en España. Desde la cercanía con ellas, pide a las administraciones públicas que garanticen el ejercicio de los derechos humanos de todos, en especial de quienes no tienen hogar, y solicita la colaboración de la sociedad, para dar respuesta a esta situación. Cáritas Diocesana, en concreto, desarrolla proyectos con personas sin hogar, desde los centros de Teruel y Alcorisa. Además de facilitar el acceso a una vivienda digna, se cuida el acompañamiento y la escucha, para romper el aislamiento y reconstruir lazos sociales. Si necesitas ayuda, si quieres poner alguna vivienda a disposición de estas personas, si tienes tiempo, empatía y capacidad de escucha, acude a Cáritas.

Os envío un saludo muy cordial a todos, en el Señor.

domingo, 24 de octubre de 2021

Ser agradecidos, ser misioneros


Para preparar esta carta, que corresponde a la jornada del Domund, pedí información a la responsable de Misiones de la Diócesis acerca de las misioneras y misioneros de Teruel y Albarracín. Estaba seguro que no serían pocas las personas de nuestra tierra que viven la misión en otros países, en otras culturas; casi todas, entre los más pobres de la tierra. Pero he de reconocer que, cuando vi la lista, quedé gratamente sorprendido: 50 personas, nacidas en nuestra Diócesis, están dando lo mejor de sí mismas en Argelia, Argentina, Australia, Benín, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Estados Unidos, Estonia, Guatemala, Haití, Honduras, India, Israel, Italia, Guinea Ecuatorial, Japón, Marruecos, México, Mozambique, Nepal, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Tailandia, Tanzania, Togo y Venezuela.

Son misioneros porque su corazón desborda agradecimiento. La misión es hija de la gratitud a Dios, por todo lo que Él hizo y hace por nosotros. Así lo explica el Papa Francisco: Cuando experimentamos la fuerza del amor de Dios, cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de anunciar y compartir lo que hemos visto y oído… Ponerse en «estado de misión» es un efecto del agradecimiento (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2021).

Cada uno de nosotros, como nuestros misioneros y misioneras, estamos llamados a preguntarnos: ¿Cómo agradeceré al Señor todo el bien que me ha hecho? ¿Cómo podré anunciar y compartir lo que he visto y oído? Un camino para mostrar nuestra gratitud podría ser apoyar a los misioneros, con nuestro afecto, cercanía, oración y contribución económica.

No obstante, el modo habitual para agradecer a Dios su amor es vivir con pasión y generosidad nuestra misión aquí: en la familia, entre nuestras amistades, en la parroquia, en el pueblo o el barrio. La vida se llena de color cuando recordamos que tenemos una misión, cuando nos damos cuenta de que Dios y tantas personas esperan mucho de nosotros. El Santo Padre nos ofrece indicaciones preciosas para ser misioneros en nuestros ambientes habituales, en este tiempo de pandemia: a) aunque aún debemos observar cierta distancia, para protegernos y proteger de la Covid-19, hemos de buscar nuevos modos para acompañarnos y cuidarnos unos a otros; b) es necesario recuperar la pasión compartida por crear comunidades abiertas y solidarias, a las que destinar tiempo, esfuerzo y bienes; c) urgen misioneros de esperanza que, ungidos por el Señor, sean capaces de recordar proféticamente que nadie se salva por sí solo.

Con el corazón lleno de gratitud, por la dedicación de nuestros misioneros, en tantos países del mundo, y por la generosidad de los hombres y mujeres que viven la misión aquí, en medio de los suyos, os envío un saludo muy cordial a todos, en el Señor.

domingo, 17 de octubre de 2021

Sinodalidad: caminar juntos


Hace muchos años escuché a un sacerdote que, medio en broma, dijo al obispo: “usted caciquea todo lo que quiere en la Diócesis, deje que nosotros caciqueemos en las parroquias”. También he oído a algunas personas que, con buena intención, se someten ciegamente a todo cuanto dicen los sacerdotes y los obispos: “lo que usted quiera… como usted mande”.

Estas palabras reflejan una mentalidad, que ha ido cambiando y que debe transformarse mucho más, hasta que todos los cristianos, mujeres y hombres, laicos, religiosos y sacerdotes, vivamos con más responsabilidad nuestro bautismo e, inspirados y animados por el Espíritu Santo, nos escuchemos los unos a los otros, y podamos decidir juntos, trabajar juntos, caminar juntos, revisar juntos y celebrar juntos, cada uno de acuerdo a los dones recibidos y a su vocación específica.

Este modo de ser y de vivir en la Iglesia se llama Sinodalidad y tiene su primera expresión en el Concilio de Jerusalén (cf. He 15 y Ga 2,1-10), un acontecimiento sinodal, en el que la comunidad de Jerusalén se reúne para examinar una cuestión discutida, escuchando a los testigos, interpretando los hechos a la luz de la palabra de Dios y, finalmente, ofreciendo algunos criterios de actuación.

El Papa Francisco afirmó: “El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Convencido de que esta es la senda a recorrer también en Teruel y Albarracín, quisiera animaros a vivir este sínodo sobre la sinodalidad como una oportunidad preciosa para la Iglesia universal, para nuestra Diócesis y para sus comunidades parroquiales, religiosas, movimientos, cofradías, asociaciones…

Este sínodo universal va a comenzar con una fase diocesana, en la que todos tendremos la oportunidad de participar. En nuestro caso, la Catedral de Teruel acoge la Santa Misa de apertura, hoy domingo 17 de octubre a las 19:30 h. En las parroquias se explicará el trabajo a desarrollar en los diferentes grupos y, cuando concluya la fase diocesana, las conclusiones se enviarán a la Conferencia Episcopal Española; para que, finalmente, lleguen a Roma y puedan ayudar a la reflexión de los padres sinodales con el Papa Francisco.

Además, tendremos la oportunidad de escuchar y conversar con la teóloga aragonesa Cristina Inogés-Sanz, quien ha participado en la inauguración del Sínodo, con un discurso previo al del Santo Padre. Ofrecerá una charla coloquio en Teruel, el jueves 4 de noviembre a las 8 de la tarde, en el salón de actos del colegio Sagrado Corazón de Jesús (calle Ripalda).

Con el deseo de que aprovechemos este proceso sinodal para ir disolviendo los prejuicios que nos dificultan la escucha de los hermanos en la fe, de cuantos profesan otras religiones, de los no creyentes, de los pobres y, por tanto, de Dios; con la esperanza de que esta iniciativa nos ayude a crecer en santidad, en solidaridad y en entusiasmo misionero, os envío un saludo muy cordial a todos, en el Señor.

domingo, 10 de octubre de 2021

Rezar el Rosario sin aburrirse


Hace poco, una amiga me dijo: “Ahora que eres obispo, mira si podéis inventar una oración más dinámica a la Virgen, porque el Rosario es muy aburrido”. Mi amiga ama mucho a María, pero el Rosario le resulta poco atractivo.

Esta conversación me hizo recordar cómo fui descubriendo la riqueza de esta devoción secular. Siendo chaval, rezaba el Rosario y el “Ejercicio de las Flores”, durante el mes de mayo, con las mujeres de Sesa, en el Santuario de la Jarea. En ese tiempo procuraba concentrarme, para rezar los padrenuestros y las avemarías, dándome cuenta del significado de cada palabra. Lo intentaba, pero me despistaba a menudo. Entonces, el Rosario sólo era para mí una sucesión de padrenuestros y avemarías.

Siendo ya más mayor, en una predicación sobre el Rosario, escuché: “mientras los labios repiten avemarías, el corazón y la mente contemplan los misterios de la vida de Jesús”. Aquellas palabras me abrieron un mundo nuevo. A partir de ese momento, el Rosario ya no fue tanto una oración a María, sino una oración con María. Con ella y como ella, con sus sentimientos, con su amor, consideramos los principales momentos de la existencia de Jesús. Se trata de contemplar cada misterio de la vida del Señor por espacio de un padrenuestro y diez avemarías, de modo que, aunque a veces la imaginación vuele a donde no debe, las palabras que pronunciamos nos unen a María y a Jesús.

En este sentido, San Juan Pablo II escribió: “He sentido la necesidad de desarrollar una reflexión sobre el Rosario, para exhortar a la contemplación del rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre. Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo (carta apostólica Rosarium Virginis Mariae).

Al principio cuesta rezar así el Rosario, pero poco a poco se va aprendiendo, con mucho provecho espiritual, sin dejar espacio al aburrimiento. Es muy consolador contemplar con la Madre el nacimiento de Jesús, su transfiguración, su muerte o su resurrección. Es tan alentador contemplar y pensar: “todo esto por amor, todo esto por mí”. La contemplación de las acciones, las miradas, los sentimientos del Maestro… va cambiando nuestra sensibilidad y la vida entera, suscitando el deseo de vivir como Él y con Él.

Es cierto que a veces nuestro espíritu está revuelto y no es posible rezar el Rosario con esta profundidad. No pasa nada. También podemos repetir avemarías, mientras presentamos a Dios nuestros agobios, preocupaciones, proyectos, deseos… El Rosario se adapta perfectamente a cada estado del alma. Es una oración que sirve a los místicos contemplativos y a quienes viven en la noche oscura.

Unido al papa Francisco, en este mes de octubre, también yo quiero recomendar el rezo del Santo Rosario. A la Virgen Santísima encomiendo este curso pastoral recién comenzado.

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

Dios confía en ti

A punto de comenzar la Cuaresma, os animo a escuchar la llamada a convertirnos, que la Iglesia hará resonar de nuevo en nuestros corazones, ...