domingo, 30 de enero de 2022
Dolor, Compromiso y Esperanza
La pandemia ha trastocado la vida de personas, familias, empresas, pequeños negocios e instituciones. En estos meses, hemos visto las dificultades y el sufrimiento de mucha gente, más o menos cercana, pero no sabíamos hasta qué punto está golpeando esta crisis. La semana pasada, Cáritas ofreció datos concretos, que nos permiten conocer mejor la situación y, por tanto, nos pueden ayudar a plantear compromisos más eficaces.
Algunas cifras encogen el corazón. En España, la precariedad laboral alcanza a casi 2 millones de hogares; 600.000 familias no tienen ningún tipo de ingreso periódico que permita una cierta estabilidad; 1,8 millones de hogares no tienen acceso real a internet, particularmente necesario en este tiempo, para poder trabajar, estudiar o tramitar prestaciones sanitarias y de todo tipo; la exclusión social ha crecido más del doble en los hogares cuya sustentadora principal es una mujer; la diferencia entre la población con más y menos ingresos ha aumentado más de un 25%; 2,7 millones de jóvenes, entre 16 y 34 años, están afectados por procesos de exclusión social intensa; tres de cada diez familias se han visto obligadas a reducir los gastos habituales en alimentación, ropa y calzado; la exclusión social en hogares con población inmigrante es casi tres veces mayor que en los españoles…
Cáritas Teruel y Albarracín, por su parte, nos informa de la realidad más cercana: ha crecido el número de personas en situación irregular, que no pueden acceder a un trabajo normalizado; han aumentado las demandas de ayuda para alimentación, alquiler y suministros, empleo y formación; algunas familias no pueden cubrir sus necesidades básicas, por el aumento de precios y porque solo uno de los miembros trabaja, precaria o temporalmente.
Fiel a su estilo, Cáritas no se contenta con señalar y cuantificar los problemas sociales de nuestro mundo, sino que ofrece propuestas a los gobiernos y a las instituciones (cf. último Informe Foessa). Asimismo, Cáritas recuerda a la ciudadanía que todos podemos colaborar, de modo que el compromiso de muchos alivie la situación de las familias y personas más vulnerables y genere esperanza en el futuro. Podríamos plantearnos ser voluntarios de organizaciones sociales y contribuir económicamente. Además, la campaña “Seamos más pueblo” nos ofrece pistas de actuación factibles y eficaces: a) Cambia tu estilo de vida: cultiva la cercanía y la disponibilidad, hazte vecino y vecina; b) Cambia tu mirada: párate a conocer la realidad, escucha sin juzgar y habla con ternura y amabilidad; c) Cambia tu tiempo: agradece, bendice, disfruta de la naturaleza, comparte tu alegría, acompaña el dolor y la tristeza; d) No pases de largo: seguir a Jesús implica tomar partido, revisa lo que dices, lo que piensas y lo que haces, para ser más coherente.
Con la esperanza de que el dolor de tantos encienda el compromiso de muchos y crezca, con mayor fuerza, la fraternidad y la esperanza, os saludo muy cordialmente en el Señor.
domingo, 23 de enero de 2022
Potenciar lo que nos une
Me contaron el caso de dos hermanos gemelos que, al llegar la adolescencia, se esforzaban en demostrar que no se parecían en nada. Algo similar nos sucede a veces a todos. El deseo de afirmarnos y de ser nosotros mismos nos puede llevar a fijarnos y a valorar mucho más lo poco que nos separa que lo mucho que nos une, en la familia, el trabajo, la sociedad, la relación con otras confesiones y religiones, etc.
En esta semana de oración por la unidad de los cristianos, estamos llamados a descubrir y potenciar lo mucho que nos une con otras iglesias y confesiones, siguiendo el camino marcado por el Concilio Vaticano II: “Es necesario que los católicos, con gozo, reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las virtudes en la vida de quienes dan testimonio de Cristo y, a veces, hasta el derramamiento de su sangre, porque Dios es siempre admirable y digno de admiración en sus obras. Ni hay que olvidar que todo lo que obra el Espíritu Santo en los corazones de los hermanos separados puede conducir también a nuestra edificación” (Decreto Unitatis Redintegratio 4).
Esta valoración positiva de quienes invocan al Dios Trino y confiesan a Jesucristo como Señor y salvador, aunque no estén en plena comunión con la Iglesia católica, crece con la oración por la unidad y en la colaboración con ellos, en proyectos de solidaridad y de interés común. Nada mejor que rezar y trabajar juntos, para que nos conozcamos más, nos valoremos mejor y avancemos hacia la unidad querida por el Señor, «para que el mundo crea» (Jn 17,21).
Podemos extender este ejercicio de descubrir y valorar más lo que nos une que lo que nos separa en la relación con los judíos, “el pueblo, con quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza”, y con los musulmanes, “que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno” (Decreto Nostra Aetate 3 y 4).
Asimismo, podríamos ejercitar esta actitud con todas las personas, cualquiera que sea su credo o su ideología; pues más allá de tantas diferencias, todos los seres humanos sufrimos y experimentamos múltiples limitaciones, nos sentimos ilimitados en nuestros deseos y llamados a una vida más plena y fraterna (cf. Constitución Gaudium et Spes 10).
Con la esperanza de que, a pesar de nuestras peculiaridades, sepamos valorar y promover lo mucho que nos une, os saludo muy cordialmente en el Señor.
domingo, 16 de enero de 2022
Para avanzar juntos
Caminar y avanzar juntos ha sido norma y práctica de la Iglesia desde sus orígenes. La sinodalidad no es algo que ahora está de moda porque el Papa insiste en ella, sino porque “expresa la naturaleza de la Iglesia, su forma, su estilo, su misión” (Francisco, 18/IX/2021). Bien es verdad que no siempre ni en todos los ámbitos se ha vivido con la deseable intensidad, pero también hemos de reconocer que el momento actual es un tiempo de gracia para crecer en este camino.
Con el fin de avanzar juntos, hemos de abrirnos humilde y confiadamente a los demás, cultivando lo que San Juan Pablo II llamó espiritualidad de comunión. Esta espiritualidad parte de “una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad, que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos… Espiritualidad de comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como «uno que me pertenece», para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades… Espiritualidad de comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios” (NMI 43).
Cultivar esta espiritualidad es imprescindible para avanzar juntos, pero también es necesaria una organización adecuada, que facilite la participación de todos los bautizados. “Todos fuimos bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo” (1 Co 12,13); por eso, “todos estamos llamados a participar en la vida y misión de la Iglesia. Si falta una participación real de todo el Pueblo de Dios, los discursos sobre la comunión corren el riesgo de permanecer como intenciones piadosas” (Francisco, 9/X/2021). En efecto, tan ineficaz resulta una espiritualidad de comunión que no cuaje en estructuras de participación, como peligrosas son las estructuras que, al no estar animadas por el Espíritu, corren el riesgo de producir nuevas formas de manipulación y dominio.
Profundicemos en este camino de comunión y participación, en el que se viene trabajando desde hace tantos años en nuestra Iglesia diocesana de Teruel y Albarracín. El mes pasado se constituyeron el Consejo Presbiteral y el Colegio de Consultores. Hoy domingo comienza su andadura el nuevo Consejo Diocesano de Pastoral, con la participación de mujeres y hombres, laicos, religiosos y sacerdotes, de todos los arciprestazgos. Muchas parroquias tienen sus consejos de pastoral y de asuntos económicos; otras los están promoviendo. En algunas comunidades más pequeñas sólo es posible convocar a todos los feligreses, dos o tres veces al año, para informarles de la economía y darles la oportunidad de que ofrezcan sus ideas. Los modos de participación son muchos y variados, seamos creativos para favorecer, con realismo y verdad, la participación de todos los bautizados. Os saludo muy cordialmente en el Señor.
domingo, 9 de enero de 2022
Propósitos de año nuevo
Al comenzar un nuevo año, se suelen hacer propósitos muy diversos: voy a hacer más deporte, aprenderé un idioma, me inscribiré en clases de baile, rezaré todos los días un poco más… Frecuentemente, no se llevan a la práctica o se mantienen por poco tiempo, con las consiguientes sensaciones de frustración y mala conciencia.
A pesar de ello, hacer propósitos concretos y soñar que algún día los alcanzaremos puede ser un modo muy útil para responder al deseo de crecer y superarnos, que Dios ha puesto en el corazón de todas las personas. Nuestros sueños y deseos más profundos tiran de nosotros hacia adelante, hacia los lados y hacia arriba; es decir, nos impulsan a superarnos, a ser solidarios con los demás y a encontrarnos con Dios. ¡Qué pobre sería el ser humano si no tuviera sueños, propósitos generosos y grandes deseos! ¡Y qué importante es avivarlos en el corazón de las personas y los pueblos!
Además, cuando logramos cristalizar los sueños en acciones concretas, ejercitamos nuestra libertad, un don precioso que tantas veces ni siquiera tenemos presente, sumergidos en la vorágine de la prisa, que tanto dificulta definir nuestras metas personales y reflexionar suficientemente las decisiones. Es verdad que vivimos condicionados por la salud, la economía, la cultura dominante, las personas que nos rodean… pero, aun así, somos libres para elegir entre diversos caminos y para escoger cómo afrontar lo que se nos impone.
Un filósofo italiano del siglo XV, Pico de la Mirándola, insistía en que el hombre es la más afortunada de las criaturas, porque dispone del don de la libertad, que ha recibido del Creador. Para él, la libertad consiste en la posibilidad de ir construyéndonos y moldeándonos a nosotros mismos. ¡Ojalá seamos capaces de seguir y transmitir a nuestros jóvenes, en el momento presente, una visión de la libertad tan dinámica y creativa!
Me permito, finalmente, compartir una recomendación, para lograr que algún día nuestros propósitos de renovación sean eficaces. Resulta decisivo cuidar nuestra vida interior, pues de esta fuente brota la fuerza necesaria para poner en práctica nuevos hábitos de vida y perseverar en ellos. Todos, sean cuales sean nuestras creencias, deberíamos cuidar este manantial de incalculable potencial. Robín Sharma anima a cultivar la espiritualidad con una imagen muy expresiva: «Objetar que no tienes tiempo para perfeccionar tu mente o tu espíritu es como decir que no tienes tiempo para echar gasolina, porque estás muy ocupado conduciendo».
Quienes creemos en Jesucristo, Hijo de Dios encarnado en nuestra raza, si de verdad queremos dar buenos frutos, estamos particularmente llamados a regar nuestras raíces, por medio de la oración, la Eucaristía, la Reconciliación, la lectura espiritual, el acompañamiento personal…
Con el deseo de que, poco a poco, acertemos a hacer realidad nuestros mejores propósitos, os saludo muy cordialmente en el Señor.
domingo, 2 de enero de 2022
Feliz 2022
Desde que sonaron las campanadas que dieron paso a este 2022, no hemos dejado de escuchar y de pronunciar estas palabras: ¡Feliz año nuevo!
Nos deseamos de corazón felicidad, a pesar de la incertidumbre que está causando esta última ola de la Covid-19. Nos deseamos felicidad, aunque sabemos que no nos van a faltar dificultades personales y familiares, políticas, económicas y sociales. Nos deseamos felicidad, aunque no podemos prever y adivinar a ciencia cierta lo que sucederá en los próximos meses. Es más, somos conscientes de que los males de nuestra sociedad, algunos tan graves y arraigados, no van a desaparecer fácilmente, por mucho que nos deseemos un Año Nuevo próspero y feliz.
Sin embargo, a pesar de incertidumbres y problemas, los creyentes tenemos razones sólidas para afirmar que este 2022 puede ser un año nuevo, un año bueno. Creemos en Jesucristo. Nos apoyamos en la certeza de que Él es el Dios-con-nosotros y seguirá fielmente a nuestro lado, en la andadura del Nuevo Año. Nos acompañará no como un simple testigo de nuestro quehacer y vivir. Él trabajará por nuestra felicidad más y mejor que nosotros mismos; nos alertará y nos defenderá de los peligros, sobre todo de aquellos que nos apartan del amor del Padre y de las personas más necesitadas; nos inspirará y animará a construir el Reino de Dios, promoviendo los valores que lo manifiestan: la verdad, la vida, la santidad, la gracia, la justicia, el amor y la paz.
Jesús, el Dios-con-nosotros, desea ser nuestro amigo, guía, defensor, animador… A nosotros nos toca reconocerlo y acogerlo. Si recibimos a Jesús, para que sea el centro vital de nuestra existencia, podremos hablar con toda verdad de Año Nuevo, porque caminaremos como hombres y mujeres renovados por Cristo; contemplaremos la realidad e interpretaremos la vida y los acontecimientos desde la fe y la luz de Jesús; y nos comprometeremos en su servicio, con la confianza de que construimos, con Él y como Él, un mundo nuevo.
Así, no soñaremos ingenuamente en un Año Nuevo, en el que todo dependerá de la buena o mala suerte. Las personas sabias saben que la felicidad no consiste en la falta de problemas y dificultades. Somos más felices cuando asumimos el presente con realismo y aprendemos de los éxitos y fracasos; cuando confiamos en nosotros mismos, en la fuerza del corazón, tantas veces desconocida, que nos permite afrontar los retos que la vida nos va planteando. Somos más felices cuando no nos encerramos en nosotros y nos abrimos a los demás, para apoyarles y para recibir apoyo; cuando confiamos plenamente en Dios. Él siempre nos acompaña y ayuda, aunque a menudo nos desconcierte.
Jesús, el Dios-con-nosotros, es nuestra esperanza. Por Él, podemos decirnos y decir al mundo: «Feliz Año Nuevo». Santa María, Madre de Dios, nos acompañará en esta andadura.
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