domingo, 25 de septiembre de 2022

Pagar impuestos con alegría


Hace ya unos años, tuve la ocasión de escuchar el testimonio de una mujer migrante, venida de un país del este de Europa a Aragón. Resumo sus emocionadas palabras: “Vinimos recién casados, sin dinero y con una deuda de 1.000 euros, que gastamos para llegar a esta tierra… Yo estaba embarazada. Hasta que encontramos empleo y vivienda, dormíamos a la intemperie. Trabajamos mucho, nuestros hijos crecieron y pudimos comprar una casa modesta. Desde hace años, tenemos la satisfacción de pagar impuestos en España”. Nunca hasta entonces había oído a una persona decir que tenía la satisfacción de pagar impuestos.

Comparto esta experiencia con motivo de la Jornada mundial del Migrante y del Refugiado, en la que el Papa Francisco nos invita a mirar al futuro con esperanza: “A la luz de lo que hemos aprendido en las tribulaciones de los últimos tiempos, estamos llamados a renovar nuestro compromiso para la construcción de un futuro más acorde con el plan de Dios, de un mundo donde todos podamos vivir dignamente en paz”.

El Santo Padre recuerda que “nadie debe ser excluido”, ya que el Reino de Dios “es esencialmente inclusivo y sitúa en el centro a los habitantes de las periferias existenciales. Entre ellos hay muchos migrantes y refugiados, desplazados y víctimas de la trata. Es con ellos que Dios quiere edificar su Reino, porque sin ellos no sería el Reino que Dios quiere. La inclusión de las personas más vulnerables es una condición necesaria para obtener la plena ciudadanía”.

No se trata sólo de acogerles y ayudarles: “Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa también reconocer y valorar lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación… De hecho –dice el Papa– la historia nos enseña que la aportación de los migrantes y refugiados ha sido fundamental para el crecimiento social y económico de nuestras sociedades. Y lo sigue siendo también hoy. Su trabajo, su capacidad de sacrificio, su juventud y su entusiasmo enriquecen a las comunidades que los acogen… En esta perspectiva, la llegada de migrantes y refugiados católicos ofrece energía nueva a la vida eclesial de las comunidades que los acogen”.

Es verdad que nos cuesta abrirnos a personas desconocidas, cuya cultura y costumbres ignoramos, y que en ocasiones la diversidad genera conflictos. Pero no podemos dejar de reconocer la contribución de los hombres y mujeres migrantes que, como la familia a la que me he referido al principio de esta carta, no solo han construido un futuro para ellos; también están colaborando –no solo con sus impuestos– al crecimiento de nuestra sociedad, a que “el proyecto de Dios sobre el mundo pueda realizarse y venga su Reino de justicia, de fraternidad y de paz”.

A los que habéis nacido y vivís en estas tierras turolenses y a quienes habéis venido de lejos, os saludo muy cordialmente en el Señor.

domingo, 18 de septiembre de 2022

365 gracias


Hace un año comencé mi andadura como obispo de esta querida Diócesis. A veces tengo la sensación de que fue ayer y que ha pasado el tiempo muy rápido. En otros momentos, crece la impresión de que esta es mi casa desde hace muchos años. Por eso, quisiera aprovechar este primer aniversario para dar gracias a Dios y a todos vosotros, amigas y amigos de Teruel y Albarracín, por vuestra acogida y por vuestro cariño.

Deseo agradecer sobre todo la rica experiencia espiritual y eclesial de los laicos, los consagrados y los sacerdotes de esta tierra. A menudo me emociono cuando me contáis vuestro recorrido de fe, vuestro encuentro con Dios en la oración y en la vida cotidiana, vuestros trabajos apostólicos de ayer y hoy, vuestros proyectos para llevar amor y esperanza a quienes más lo necesitan, vuestro esfuerzo por adquirir una formación que os permita responder a las llamadas de Dios y servir más y mejor en esta Iglesia y en esta tierra. Gracias porque puedo disfrutar la alegría de cosechar lo que otros sembraron y lo que vosotros mismos habéis sembrado. Al final de este primer año, puedo afirmar que Teruel y Albarracín está siendo para mí la esposa más bella.

En estos meses habréis podido conocerme un poco mejor. Seguramente habréis intuido, conocido o sufrido mis no pocos límites. Quizá ya se haya hecho realidad lo que os anuncié en la celebración de mi ordenación: “este obispo os fallará tarde o temprano”. Gracias por vuestra comprensión y por vuestro perdón, que os pido lleno de confianza.

Apoyados en la promesa de Dios, que nunca defrauda, os animo a seguir amando y trabajando por esta Iglesia Diocesana de Teruel y Albarracín, que está inmersa en un profundo proceso de renovación, urgida por la realidad cambiante del mundo en el que vivimos y por la llamada de Dios a anunciar la buena noticia de su amor y su verdad en esta hora. Es verdad que no sabemos con certeza cómo será esta Diócesis dentro de veinte años, pero estamos seguros de que la luz de la fe nos iluminará y guiará.

Tal como enseña Francisco en la carta encíclica Lumen Fidei, “la fe «ve» en la medida en que camina, en que se adentra en el espacio abierto por la Palabra de Dios. Esta Palabra encierra además una promesa: tu descendencia será numerosa, serás padre de un gran pueblo”. No esperemos, por tanto, a estar seguros de cómo será el final de nuestro camino; avancemos atentos a las señales que Dios indefectiblemente nos mostrará, en la escucha de la Sagrada Escritura, de los hermanos y hermanas que comparten con nosotros su fe, de las personas empobrecidas y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 11 de septiembre de 2022

Quinientos años


En una ocasión leí algo que me hizo pensar: “no vas a vivir quinientos años”. Aunque ya sabía que no me haría tan viejo, me vino bien que aquella lectura me lo recordara. La vida, junto con el tiempo en el que ésta se desarrolla, son el mejor regalo que Dios nos hace. Pero a veces desperdiciamos ese tiempo como si nunca fuera a acabarse y sucumbimos a la tentación de dejar las cosas importantes para un futuro que nunca llega.

Estamos comenzando un nuevo curso y haremos bien en plantearnos cómo aprovechar los meses que tenemos por delante. Desechemos los sentimientos negativos que pueden asaltarnos en estas ocasiones: “no sé hacer nada bien”, “soy un desastre”, “así soy y así seguiré siendo”, “soy demasiado mayor”. Confiemos un poco más en nosotros mismos y en las posibilidades de crecer que Dios nos ofrece, si nos decidimos a dejarnos ayudar y a poner algo de nuestra parte.

Hay instrumentos sencillos que ayudan a convertir los buenos propósitos en realidades palpables. A mucha gente le ayuda pensar y escribir unos objetivos concretos, con unos medios para alcanzarlos. Por ejemplo: quiero crecer en mi relación con Dios, así que cada día, por la mañana, leeré el Evangelio del día y rezaré unos minutos a propósito de lo que me dice; quiero aumentar mi actitud de compartir, así que voy a ordenar al banco que ingrese periódicamente veinte euros de mi cuenta a una organización social; he de dedicar más tiempo a mi familia, así que voy a reservar los domingos para los míos… La lista puede alargarse a otros ámbitos de la vida.

Hay que procurar que esos objetivos mantengan cierto equilibrio entre el realismo y la esperanza. No es bueno ser demasiado soñadores, proponiéndonos metas inalcanzables, ni demasiado apocados, negándonos de antemano la posibilidad de avanzar. Y no basta con escribir los buenos propósitos; es menester llevarlos a cabo. La experiencia nos dice que resulta eficaz leerlos y revisarlos periódicamente y, si es posible, contrastarlos con una persona o un grupo de confianza.

Esta práctica hará que seamos señores de nuestro tiempo y no esclavos de las urgencias o de las modas del momento. Y nos ayudará a seguir a Jesús más de cerca en las diversas dimensiones de nuestra vida: afectividad, relación con los demás, trabajo, economía, amistad con Dios, formación, compromiso eclesial, implicación social, salud, etc.; ya que ninguno de estos espacios queda al margen del seguimiento de Jesucristo. Él tiene un proyecto para cada uno, con el que busca nuestra felicidad, nuestra santidad y la construcción de su Reino. Por eso, es bueno formular nuestros objetivos y medios en clima de oración, pidiendo al Espíritu que nos guíe en el discernimiento.

Os deseo de corazón que, con la ayuda de Dios, os cunda este curso recién estrenado. Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Nuevo curso, nuevos desafíos


Ha terminado el mes de agosto, que ha llenado la geografía diocesana de fiestas, tan esperadas después de la pandemia. Bienvenidas las fiestas, cuando nos arriman al amigo de siempre y al que viene de lejos, cuando nos permiten descansar del esfuerzo diario y brindar por las cosas bellas de la vida, cuando nos acercan al Dios de la fraternidad. En estas últimas semanas, los sacerdotes os habéis multiplicado aún más, para poder llegar hasta los pueblos más pequeños. ¡Agradezco de corazón vuestro esfuerzo! Aunque todavía quedan fiestas importantes por celebrar, la vuelta al colegio marca el comienzo de un nuevo curso, que se prevé complicado; pero también es un tiempo de gracia para nuestra Iglesia y nuestra sociedad.

La escalada de los precios y muchas otras circunstancias adversas auguran un panorama sombrío, principalmente para aquellas familias que ya no llegan a cubrir los gastos de cada mes. Los expertos e incluso algún jefe de estado han pronosticado “el fin de la abundancia”, de una abundancia que nunca llegó a todos y parece que va a llegar a muchos menos. Esta situación nos reclama activar la “imaginación de la caridad”, proyectando nuevas iniciativas, con la ayuda de Cáritas, para que las comunidades parroquiales sean espacios donde todos podamos aportar y recibir, de acuerdo a nuestras circunstancias concretas, buscando el bien de quienes no pueden vivir con dignidad, junto a nosotros o en los países más empobrecidos. También nos exige repensar nuestro estilo de vida, demasiado individualista y caro, además de poco sostenible.

En esta Iglesia de Teruel y Albarracín, a pesar de nuestras limitaciones, el curso se presenta apasionante. Contamos con un nuevo grupo de jóvenes, que participaron en la Peregrinación a Santiago de este verano, dispuestos a seguir creciendo en la fe. En la Asamblea Diocesana, que celebraremos el sábado 8 de octubre, y a la que estáis convocados todos los cristianos y cristianas de esta tierra, analizaremos las propuestas de los grupos que participaron en la fase diocesana del Sínodo de los obispos; para identificar las necesidades más hondas de las personas con las que convivimos y buscar el modo de responder a esas necesidades, desde nuestra identidad cristiana. Más adelante profundizaremos en la cultura actual, con el propósito de encontrar los caminos más adecuados para evangelizar en estos tiempos. Y esperamos que hacia la mitad del curso estemos en condiciones de ir concretando un Plan Pastoral Diocesano.

Queridos hermanos y hermanas, nos toca afrontar nuevos desafíos. Profundicemos en la experiencia de Dios, para que la fe en el Resucitado siga alimentando la esperanza y la solidaridad, tan necesarias siempre y más ante el futuro incierto que nos espera. Sabemos que Dios es fiel y su Espíritu nos irá sugiriendo nuevos caminos de renovación personal, familiar, eclesial y social. Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

Navidad en las afueras

A veces, en nuestras conversaciones sobre la Navidad, da la sensación de que solo las personas y familias felices pueden celebrarla y hacer ...