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domingo, 18 de enero de 2026
Escuchar, discernir y caminar juntos
Queridos diocesanos, amigas y amigos de Málaga y Melilla:
La sinodalidad es una dimensión esencial de la Iglesia, que a lo largo de la historia ha adoptado diversas expresiones. Los procesos sinodales buscan, ante todo, acoger y discernir con seriedad el sentido de fe de todos los bautizados. El Santo Padre León XIV nos ha animado a perseverar en este compromiso, reafirmando en el reciente Consistorio de Cardenales que «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio».
Como Iglesia Diocesana, acogemos con alegría y esperanza la tarea de conocer, difundir y aplicar el Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad. Este texto recoge «el consenso alcanzado al final del discernimiento de los Pastores provenientes de todas las Iglesias y que, como parte del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro, compromete a todo el Pueblo de Dios». Nos invita, además, a un proceso de profundización y purificación personal, que favorezca la transformación de nuestra organización pastoral, ya que «sin cambios concretos a corto plazo, la visión de una Iglesia sinodal no será creíble, y eso alejará a aquellos miembros del Pueblo de Dios que han hallado fuerza y esperanza en este camino» (DF, n. 94).
Para ello, convoco en una primera fase a todos los responsables de pastoral de la Diócesis, para estudiar el Documento Final, utilizando la guía de lectura que estará disponible en diocesismalaga.es/sinodalidad a partir del 26 de enero. A través de la misma página podrán inscribirse en la Jornada de Formación prevista para el sábado 11 de abril. En ella profundizaremos en los fundamentos teológicos de la sinodalidad y practicaremos el método de la Conversación en el Espíritu, una dinámica que ayuda a los grupos a escuchar a Dios y a tomar decisiones comunes mediante la escucha profunda, la oración y la atención a los movimientos interiores.
En una segunda fase, a partir del 11 de abril, invitaremos a las parroquias y sus grupos, a las comunidades religiosas, a las asociaciones laicales y a las hermandades a continuar este trabajo, aplicando el método de la Conversación en el Espíritu para profundizar en el Documento Final. Este trabajo culminará con una Asamblea Diocesana que celebraremos, Dios mediante, el sábado 20 de junio. Os ruego que anotéis estas fechas en vuestro calendario pastoral.
Este itinerario, diseñado conjuntamente por el Centro Superior de Estudios Teológicos CESET Málaga y la Permanente del Consejo Pastoral Diocesano, nos dispondrá para la elaboración de un Plan Pastoral para los próximos años.
No tengamos miedo. El camino sinodal ya recorrido nos anima a mirar el futuro con confianza, «con esa esperanza que no defrauda, la única capaz de sostener el compromiso de avanzar, como Iglesia sinodal, en la misión que el Señor Jesús confió a sus discípulos» (Pistas para la Fase de Implementación del Sínodo).
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 20 de julio de 2025
Impulsar la Sinodalidad
El Santo Padre León XIV nos ha animado a proseguir nuestro compromiso en el camino sinodal, recordándonos que somos «una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes dialogando, siempre abierta, como esta plaza, para recibir con los brazos abiertos a todos aquellos que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, nuestro diálogo y nuestro amor». Con su aprobación, la Santa Sede ha publicado las “Pistas para la fase de implementación del Sínodo”.
El Documento Final subraya la responsabilidad de los pastores en este proceso, pues quien ejerce este ministerio «no recibe prerrogativas ni tareas que deba desempeñar en solitario, sino que recibe la gracia y la misión de reconocer, discernir y armonizar en unidad los dones que el Espíritu derrama sobre las personas y comunidades» (DF, n. 69). Por ello, en las semanas que aún compartiré con vosotros, deseo seguir alentando la rica y prolongada experiencia sinodal de nuestra Iglesia particular, de sus parroquias, comunidades religiosas y asociaciones laicales.
Aprovechando la pausa en muchas actividades que el verano trae consigo, quisiera animaros a dedicar tiempo para leer y rezar el Documento Final del Sínodo, tal como sugiere el texto de “Pistas para la fase de implementación”. El Documento Final expresa «el consenso alcanzado al final del discernimiento de los Pastores provenientes de todas las Iglesias y que, como parte del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro, compromete a todo el Pueblo de Dios». Nos propone un camino de conversión que «implica un proceso de profundización y purificación interior, al que, en el plano personal, seguirá un cambio de elecciones, comportamientos y estilos de vida». Esta conversión provocará transformaciones en nuestras estructuras eclesiales, no meros retoques superficiales, sino cambios auténticos, duraderos y eficaces. «Sin cambios concretos a corto plazo, la visión de una Iglesia sinodal no será creíble, y eso alejará a aquellos miembros del Pueblo de Dios que han hallado fuerza y esperanza en este camino» (DF, n. 94).
También me recuerdo y os recuerdo que la sinodalidad no toma vacaciones. Muchas parroquias, escasamente concurridas en invierno, ven crecer su comunidad de fieles. Este aumento nos brinda ocasiones valiosas para cultivar la sinodalidad, promoviendo encuentros formales y espontáneos, donde rezar juntos y tratar temas como la organización de las fiestas patronales, los retos pastorales y económicos, o la atención solidaria a quienes sufren. Incluso en parroquias de mayor tamaño, el verano permite generar espacios tranquilos para compartir experiencias y soñar juntos, sin la presión de la agenda habitual.
El camino sinodal, recorrido tanto en la Iglesia universal como en nuestra Diócesis, nos anima a mirar el futuro con confianza, «con esa esperanza que no defrauda, la única capaz de sostener el compromiso de avanzar, como Iglesia sinodal, en la misión que el Señor Jesús confió a sus discípulos».
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 17 de septiembre de 2023
Soñemos despiertos
El comienzo de un nuevo curso pastoral es momento propicio para que las parroquias, los movimientos y asociaciones, las cofradías y toda nuestra Iglesia nos pongamos a soñar despiertos. O mejor aún, es el momento de que conectemos con el sueño de Dios. Él desea que nuestras comunidades se renueven y sean escuelas de oración, de comunión y de misión. Él nos ha inspirado un Plan Pastoral Diocesano, que, a pesar de sus limitaciones, puede ayudarnos a avanzar unidos. Por tanto, os invito a leer o releer el Plan Pastoral y sus Objetivos prioritarios para este curso 2023-2024, y a hacer una programación pastoral realista, esperanzada, equilibrada y sinodal.
Una programación realista. No os planteéis muchos objetivos y acciones, como si fuéramos una gran ciudad; nuestras comunidades son pequeñas y pobres de medios, pero con lo que somos y tenemos algo valioso podemos hacer; basta con que cada parroquia se proponga avanzar en una o dos carencias que percibe, concrete lo que puede hacer y quiénes van a ser los responsables de esas acciones.
Una programación esperanzada. El realismo no puede alejarnos de la esperanza. Lo que parece imposible puede ser alcanzable con la gracia de Dios y con nuestro esfuerzo. Dios está presente entre nosotros, actúa y trabaja, hace germinar y fructificar las semillas más pequeñas, multiplica los panes y los peces de nuestra solidaridad…
Una programación equilibrada. Cada comunidad, al plantearse sus objetivos para el curso, debería responder a estas preguntas: ¿Qué podemos hacer para que todos crezcamos en espíritu de oración y de escucha al Espíritu? ¿Cómo podríamos favorecer la escucha mutua y la colaboración de todos los miembros de la comunidad? ¿Cómo responder a la llamada de Dios que nos impulsa a anunciar a Jesucristo, a servir a quienes sufren y a construir su Reino? No tendría sentido, por ejemplo, proponernos tres objetivos para mejorar el espíritu de oración y dejar de lado el servicio a los pobres. Hay cuatro palabras-clave que no podemos olvidar en la programación: oración, comunidad, anuncio y caridad.
Una programación sinodal. Ni el párroco puede programar él solo ni tampoco la comunidad ha de programar lo que tiene que hacer el párroco. Todos programamos y todos nos comprometemos para hacer realidad el sueño de Dios, concretado para nuestra Iglesia en el Plan Pastoral Diocesano. «Una Iglesia sinodal –dijo el papa Francisco– es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que escuchar “es más que oír”. Es una escucha reciproca en la cual cada uno tiene algo que aprender» (17 de octubre de 2015), porque Dios nos ha dado a todos los bautizados “olfato” para encontrar los nuevos caminos que Él mismo abre a la Iglesia.
¡Ánimo, pues, con la programación y decisión para hacerla realidad, con la bendición de Dios! Recibid mi cordial saludo en el Señor.
domingo, 16 de enero de 2022
Para avanzar juntos
Caminar y avanzar juntos ha sido norma y práctica de la Iglesia desde sus orígenes. La sinodalidad no es algo que ahora está de moda porque el Papa insiste en ella, sino porque “expresa la naturaleza de la Iglesia, su forma, su estilo, su misión” (Francisco, 18/IX/2021). Bien es verdad que no siempre ni en todos los ámbitos se ha vivido con la deseable intensidad, pero también hemos de reconocer que el momento actual es un tiempo de gracia para crecer en este camino.
Con el fin de avanzar juntos, hemos de abrirnos humilde y confiadamente a los demás, cultivando lo que San Juan Pablo II llamó espiritualidad de comunión. Esta espiritualidad parte de “una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad, que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos… Espiritualidad de comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como «uno que me pertenece», para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades… Espiritualidad de comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios” (NMI 43).
Cultivar esta espiritualidad es imprescindible para avanzar juntos, pero también es necesaria una organización adecuada, que facilite la participación de todos los bautizados. “Todos fuimos bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo” (1 Co 12,13); por eso, “todos estamos llamados a participar en la vida y misión de la Iglesia. Si falta una participación real de todo el Pueblo de Dios, los discursos sobre la comunión corren el riesgo de permanecer como intenciones piadosas” (Francisco, 9/X/2021). En efecto, tan ineficaz resulta una espiritualidad de comunión que no cuaje en estructuras de participación, como peligrosas son las estructuras que, al no estar animadas por el Espíritu, corren el riesgo de producir nuevas formas de manipulación y dominio.
Profundicemos en este camino de comunión y participación, en el que se viene trabajando desde hace tantos años en nuestra Iglesia diocesana de Teruel y Albarracín. El mes pasado se constituyeron el Consejo Presbiteral y el Colegio de Consultores. Hoy domingo comienza su andadura el nuevo Consejo Diocesano de Pastoral, con la participación de mujeres y hombres, laicos, religiosos y sacerdotes, de todos los arciprestazgos. Muchas parroquias tienen sus consejos de pastoral y de asuntos económicos; otras los están promoviendo. En algunas comunidades más pequeñas sólo es posible convocar a todos los feligreses, dos o tres veces al año, para informarles de la economía y darles la oportunidad de que ofrezcan sus ideas. Los modos de participación son muchos y variados, seamos creativos para favorecer, con realismo y verdad, la participación de todos los bautizados. Os saludo muy cordialmente en el Señor.
domingo, 14 de noviembre de 2021
Sinodalidad, oración y opción por los pobres
Hemos comenzado la fase diocesana del Sínodo, en el que la Iglesia está haciéndose un chequeo a sí misma, mediante un proceso de reflexión compartida hacia dentro, en las distintas comunidades cristianas, y un ejercicio de escucha hacia afuera, abierto a cualquier persona que quiera ofrecer su aportación. Ojalá que, poco a poco, este trabajo llene nuestros corazones de esperanza y de entusiasmo misionero.
Para que el proceso sinodal favorezca la deseada renovación de la Iglesia, es necesario cuidar algunos aspectos irrenunciables de la vida cristiana, como son el encuentro personal con el Señor y la opción preferencial por los pobres.
Con respecto al encuentro con Jesús, el Papa Francisco, en la Misa para la apertura de este sínodo de los Obispos, recordó: “El sínodo es un camino de discernimiento espiritual, de discernimiento eclesial, que se realiza en la adoración, en la oración, en contacto con la Palabra de Dios… La Palabra nos abre al discernimiento y lo ilumina, orienta el Sínodo, para que no sea una “convención” eclesial, una conferencia de estudios o un congreso político, para que no sea un parlamento, sino un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación, guiado por el Espíritu”. Sin oración, el Sínodo puede convertirse en una lucha entre diferentes formas de ver la doctrina, la celebración y la vida cristiana. La auténtica oración, en cambio, nos libera de prejuicios y del deseo de imponer nuestro punto de vista, abriéndonos a la verdad que Dios nos manifiesta a través de su Palabra, acogida con sentido de fe por los creyentes y manifestada, muchas veces, en el sentir de los hombres y mujeres de buena voluntad.
Por otra parte, no podemos olvidar que la voz de Dios “nos alcanza a través del grito de los pobres” (Papa Francisco). Además, el Sínodo debe ayudarnos a ser más fieles a la misión que Jesús nos confió: comunicar el amor de Dios a todos, comenzando por los más pobres y marginados, pues ellos son los “destinatarios privilegiados del Evangelio” (Benedicto XVI). Ya San Juan Pablo II recordó: “Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me hospedasteis; desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, encarcelado y vinisteis a verme» (Mt 25,35-36)… Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia” (NMI 49).
Por estas razones, me permito recomendar la cercanía y el servicio a los pobres, sobre todo a quienes subrayáis la importancia de la oración, y el encuentro con Jesús, a los que destacáis por vuestra sensibilidad con las personas más necesitadas. Os envío a todos un saludo muy cordial, en el Señor.
domingo, 17 de octubre de 2021
Sinodalidad: caminar juntos
Hace muchos años escuché a un sacerdote que, medio en broma, dijo al obispo: “usted caciquea todo lo que quiere en la Diócesis, deje que nosotros caciqueemos en las parroquias”. También he oído a algunas personas que, con buena intención, se someten ciegamente a todo cuanto dicen los sacerdotes y los obispos: “lo que usted quiera… como usted mande”.
Estas palabras reflejan una mentalidad, que ha ido cambiando y que debe transformarse mucho más, hasta que todos los cristianos, mujeres y hombres, laicos, religiosos y sacerdotes, vivamos con más responsabilidad nuestro bautismo e, inspirados y animados por el Espíritu Santo, nos escuchemos los unos a los otros, y podamos decidir juntos, trabajar juntos, caminar juntos, revisar juntos y celebrar juntos, cada uno de acuerdo a los dones recibidos y a su vocación específica.
Este modo de ser y de vivir en la Iglesia se llama Sinodalidad y tiene su primera expresión en el Concilio de Jerusalén (cf. He 15 y Ga 2,1-10), un acontecimiento sinodal, en el que la comunidad de Jerusalén se reúne para examinar una cuestión discutida, escuchando a los testigos, interpretando los hechos a la luz de la palabra de Dios y, finalmente, ofreciendo algunos criterios de actuación.
El Papa Francisco afirmó: “El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Convencido de que esta es la senda a recorrer también en Teruel y Albarracín, quisiera animaros a vivir este sínodo sobre la sinodalidad como una oportunidad preciosa para la Iglesia universal, para nuestra Diócesis y para sus comunidades parroquiales, religiosas, movimientos, cofradías, asociaciones…
Este sínodo universal va a comenzar con una fase diocesana, en la que todos tendremos la oportunidad de participar. En nuestro caso, la Catedral de Teruel acoge la Santa Misa de apertura, hoy domingo 17 de octubre a las 19:30 h. En las parroquias se explicará el trabajo a desarrollar en los diferentes grupos y, cuando concluya la fase diocesana, las conclusiones se enviarán a la Conferencia Episcopal Española; para que, finalmente, lleguen a Roma y puedan ayudar a la reflexión de los padres sinodales con el Papa Francisco.
Además, tendremos la oportunidad de escuchar y conversar con la teóloga aragonesa Cristina Inogés-Sanz, quien ha participado en la inauguración del Sínodo, con un discurso previo al del Santo Padre. Ofrecerá una charla coloquio en Teruel, el jueves 4 de noviembre a las 8 de la tarde, en el salón de actos del colegio Sagrado Corazón de Jesús (calle Ripalda).
Con el deseo de que aprovechemos este proceso sinodal para ir disolviendo los prejuicios que nos dificultan la escucha de los hermanos en la fe, de cuantos profesan otras religiones, de los no creyentes, de los pobres y, por tanto, de Dios; con la esperanza de que esta iniciativa nos ayude a crecer en santidad, en solidaridad y en entusiasmo misionero, os envío un saludo muy cordial a todos, en el Señor.
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