domingo, 29 de septiembre de 2024

Obsesión con los migrantes y refugiados


Algunas personas ajenas a la Iglesia critican los mensajes del Papa, los Obispos y las instituciones eclesiales en favor de la acogida de los migrantes. Se ha escrito que «tenemos obsesión con esta gente». Pero no me cabe en la cabeza que haya católicos que rechacen a los hermanos y hermanas que huyen del drama de la guerra, del hambre o de la persecución, ya que la acogida y el cuidado del emigrante es una llamada constante a la conciencia creyente en la Biblia y en la Doctrina Social de la Iglesia.

En el libro del Deuteronomio, por ejemplo, se invita a convertir el corazón para parecernos a Dios, «que ama al emigrante», y se insiste: «circuncidad vuestro corazón, no endurezcáis vuestra cerviz…, amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto» (Dt 10,16-19).

María y José emigraron a Egipto, apenas nacer el niño, para salvar su vida. Y Jesús, durante su vida pública, acogió a quienes las gentes de su tierra consideraban extranjeros: dialogó con una mujer samaritana, que le recordó que los judíos no se hablaban con los samaritanos (Jn 4); alabó la fe de una mujer cananea (Mt 15) y de un centurión romano (Lc 7) y los puso como ejemplo para sus discípulos; el protagonista de una de sus parábolas más conocidas era un samaritano que se compadeció de un moribundo tirado al borde del camino (Lc 10); en fin, en la parábola con la que anunció el juicio final (Mt 25) advirtió que serían bienaventurados los que le hospedaron siendo forastero, «porque lo que hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis».

En consecuencia, la Doctrina Social de la Iglesia, reconoce tanto el derecho a no emigrar como el derecho a emigrar y a ser acogido, pues la frustración de no poder colmar las necesidades fundamentales «pone a mucha gente en condiciones de tener que emigrar a la fuerza. Ciertamente existe el derecho a emigrar. En la base de este derecho se encuentra el destino universal de los bienes de este mundo» (Mensaje del papa Juan Pablo II en la Jornada del migrante de 2004).

La Iglesia es consciente de los problemas que comporta la migración desordenada, por lo que reconoce el derecho de los estados a regular los flujos migratorios y nos pide que favorezcamos la integración de los inmigrantes, pues «cuando las “diversidades” se integran, dan vida a una “convivencia de las diferencias”. Se redescubren los valores comunes a toda cultura, capaces de unir y no de separar; valores que hunden sus raíces en el idéntico humus humano. Eso ayuda a entablar un diálogo fecundo para construir un camino de tolerancia recíproca, realista y respetuosa de las peculiaridades de cada uno» (Mensaje citado).

No es obsesión, sino solidaridad, tal como nos lo transmite la Sagrada Escritura y la más genuina Tradición eclesial. Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 22 de septiembre de 2024

Como tú y contigo


Al comenzar mi andadura como pastor de esta querida Diócesis de Teruel y Albarracín, elegí el lema “Como Tú y Contigo”. Estas palabras son el eco de mi pobre respuesta a la llamada de Jesucristo, tal como la presenta San Ignacio de Loyola en el libro de los Ejercicios Espirituales, cuando escribe: «Quien quisiere venir conmigo ha de ser contento de comer como yo, y así de beber y vestir… Asimismo ha de trabajar conmigo en el día y vigilar en la noche… Porque así después tendrá parte conmigo en la victoria, como la ha tenido en los trabajos».

Este lema me ha servido de inspiración en los momentos dulces y difíciles de la misión que se me ha confiado. Con todas mis limitaciones, he intentado situarme, trabajar y relacionarme al estilo de Jesús, es decir, “vivir como Él”, y he procurado buscar cada día momentos de intimidad “con Él”, como me recomendó vivamente el cardenal Juan José Omella, el día de mi ordenación episcopal, y nos recuerda el papa Francisco: «La primera tarea del obispo es rezar y no como un loro, ¡no! Rezar con el corazón, rezar. “No tengo tiempo”. ¡No! Deja todas las demás cosas. Rezar es la primera tarea del obispo».

El Santo Padre no sólo urge a los obispos a mantener la cercanía a Dios en la oración, también nos pide cuidar la cercanía a los hermanos en el episcopado, a los sacerdotes y a su santo pueblo. Por eso, tres años después, quiero utilizar el mismo lema “como tú y contigo”, pero con letras minúsculas, tal como me sugirió un sacerdote al poco tiempo de llegar a Teruel.

Con vosotros y como vosotros, amigas y amigos de Teruel y Albarracín, voy aprendiendo a ser obispo, a amar a esta tierra y a sus gentes, a valorar el esfuerzo y el sacrificio de tantas personas que han dado su vida en esta diócesis y por ella, a escuchar al Espíritu Santo para vislumbrar los caminos que el Señor va marcando a su Iglesia y a nuestro mundo. Como escribió San Francisco de Asís en su testamento, también yo quiero decir con el corazón agradecido: «Dios me ha dado hermanos». ¡Gracias por vuestra cercanía y cariño, por vuestra paciencia y comprensión, por vuestros ánimos y críticas, por vuestro trabajo y oración!

Pido al Padre que me conceda la gracia de saber dar prioridad, entre todas mis tareas cotidianas, al encuentro con Jesucristo, buen pastor, y con las personas que sois parte activa de esta querida Diócesis de Teruel y Albarracín. Como Tú y Contigo, Señor; como vosotros y con vosotros, queridos hermanos y hermanas.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 15 de septiembre de 2024

Cambios de párrocos



En este mes de septiembre se llevan a cabo los cambios de algunos párrocos. Estos traslados normalmente son dolorosos tanto para los sacerdotes como para las comunidades parroquiales, ya que conllevan la separación de personas con las que se ha trabajado a gusto y se han compartido momentos vitales importantes. Sin embargo son absolutamente necesarios. Algunos párrocos se jubilan, más que merecidamente, después de muchos años de servicio a sus feligreses, y a otros les toca asumir más responsabilidades, ya que no hay suficiente relevo, aunque tengamos la valiosa ayuda de algunos hermanos que vienen de América o de África.

Esta escasez de sacerdotes nos apena, pues es evidente que un párroco no puede atender de la misma manera tres parroquias que ocho. Sin embargo, no nos dejemos atrapar por la tristeza y escuchemos lo que el Espíritu Santo quiere decirnos a través de esta situación. Cuando llevo a la oración esta realidad, percibo tres llamadas muy claras:

Primera: impulsar decididamente la pastoral vocacional. Desgraciadamente, la tasa de natalidad es muy baja en España y no pocos niños y jóvenes de nuestros pueblos y ciudades proceden de otras culturas y, en algunos casos, de otras religiones; pero creemos que Dios sigue llamando a hombres y mujeres de esta tierra, unos jóvenes y otros adultos, para que se entreguen al servicio de la Iglesia y de las personas. Todos nosotros –laicos, religiosos y pastores– hemos de abrir los oídos y ensanchar nuestra disponibilidad, y motivar para que otros hagan lo mismo, de modo que escuchemos y respondamos a las llamadas deDios, convencidos de que Él nunca se deja ganar en generosidad.

Segunda: superar, de una vez por todas, el modelo de parroquia donde el sacerdote lo hace casi todo y los feligreses se limitan a asistir. El Bautismo, que nos hizo hijos de Dios y miembros activos y corresponsables de su Pueblo, nos impulsa a preguntarnos qué podemos hacer en la comunidad cristiana. Todos podemos aportar algo, según la vocación, edad y circunstancias de cada cual:desde aquellas tareas que parecen sencillas hasta otrosservicios que requieren cierta experiencia y formación. En nuestra Iglesia podemos ser catequista o coordinador de catequistas, trabajar como voluntario de Cáritas o de Manos Unidas, participar y promover la participación en la Liturgia, rezar el Santo Rosario o animar las celebraciones en espera de presbítero, tocar la campana antes de las Eucaristías o ayudar en la limpieza, el mantenimiento o la economía… Todo es necesario para que la parroquia esté viva.

Tercera: intensificar la colaboración con otras parroquias en la Unidad Pastoral o en el Arciprestazgo. Estamos llamados a superar, sin prisa pero sin pausa, esa larga tradición de parroquias cuasi autónomas que viven de espaldas a otras comunidades, y trabajar en red con lasparroquias vecinas, de modo que podamos desarrollar mejor la misión encomendada por el Señor.

¡Feliz curso pastoral 2024-2025!

domingo, 8 de septiembre de 2024

Pequeña y amada


Este domingo celebramos el nacimiento de Santa María, fiesta grande en Albarracín y en tantos lugares de nuestra diócesis. ¿Qué nos diría esta mujer si le preguntáramos quién es? Quizá nos respondería así: “Soy una mujer pequeña y amada”. María podría definirse con estas pocas palabras, porque en la oración que brotó en su corazón, cuando se encontró con Isabel, resonó la convicción que guio toda su vida: «el Señor ha puesto sus ojos en la pequeñez de su esclava».

Dios miró amorosamente a esta mujer humilde y la eligió para acercarse a nosotros por medio de su Hijo, hecho un bebé desvalido y recostado en un pesebre de Belén, porque no hubo sitio para él en la posada. En efecto, la grandeza de Dios se muestra en la pequeñez, marcándonos así un camino, que seguimos a duras penas. Dios se abaja, pero nosotros ambicionamos estar sobre un pedestal; su Hijo pasó como uno de tantos y a nosotros nos gusta sobresalir y brillar; Él va en busca de los invisibles y nosotros intentamos hacernos notar; Jesús escogió el camino del amor y del servicio, y nosotros consumimos la vida persiguiendo el éxito. Pidamos a María, su madre, que nos alcance la gracia de ser humildes como ella y con ella.

En esta línea, el papa Francisco, en su homilía de Nochebuena de 2021, señaló qué necesario es acoger lo pequeño y a los pequeños. Dios es así, mira amorosamente a nuestros pueblos pequeños y a nuestra pequeña diócesis. No tiene problemas con lo pequeño y con los pequeños, aunque el ser pequeños nos suponga algún inconveniente. Él se hace presente en la pequeñez de nuestra existencia; quiere habitar en los gestos sencillos que realizamos en casa, en la calle, en la escuela, en el trabajo… Y, como hizo con María, realiza cosas extraordinarias a través de esos gestos, que resultan insignificantes para los grandes de este mundo. Es un mensaje de esperanza que nos llega en la fiesta del nacimiento de Santa María.

Es más, cuando nos sentimos débiles, frágiles, incapaces o fracasados, Dios nos mira con ternura y nos dice: «Te amo tal como eres. Tu pequeñez no me asusta, tus fragilidades no me inquietan. Me hice pequeño por ti, me convertí en tu hermano, no me tengas miedo, encuentra en mí tu grandeza. Sólo te pido que confíes en mí y me abras el corazón». Dios quiere que también nosotros, como María, nos sintamos amados en nuestra pequeñez.

Seguir este camino supone, además, abrazar a Jesús en los pequeños, amarlo en los últimos, servirlo en los pobres. Ellos transparentan a Jesús, que nació pobre, y a María, en cuya pequeñez Dios puso sus ojos. Es en ellos en quien Él quiere ser honrado. Que nuestra mirada y solidaridad les haga sentirse amados por Dios.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Esperanza cristiana y cuidado de la creación


Cuando el Concilio Vaticano II habló de la actividad humana en el mundo dijo algo que los cristianos tendríamos que recitar de memoria: «la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana» (Gaudium et spes, 39). Si nuestra meta es la vida eterna junto a Dios, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (cf. n. 1817), esta meta no es individualista, ya que incluye la armonía con la humanidad y con la Creación.

El papa Benedicto XVI, en su encíclica sobre la esperanza cristiana explicaba que «Babel, el lugar de la confusión de las lenguas y de la separación, se muestra como expresión de lo que es el pecado en su raíz. Por eso la “redención” se presenta como el restablecimiento de la unidad» (Spe salvi, 14). El papa Francisco, por su parte, nos viene urgiendo a implicarnos activamente en el cuidado de la creación cuando, refiriéndose a la “hermana-madre tierra”, escribe en su encíclica Laudato sí’: «Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que “gime y sufre dolores de parto” (Rom 8,22)». (Laudato sí’, 2).

La redención de Cristo nos lleva a contemplar con esperanza el vínculo de solidaridad entre los seres humanos y con toda la naturaleza, a la que el papa Francisco prefiere dar el nombre de “creación”, reconociendo en ella la mano de Dios. La esperanza cristiana, que nos asegura un futuro feliz en armonía con Dios, con la humanidad entera y con la creación, es activa: esperamos el cielo, pero con los pies en la tierra.

Son frecuentes los toques de atención del papa Francisco para la lucha contra el cambio climático, en los que invita «a toda la humanidad a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios en sus estilos de vida, producción y consumo» (Motu proprio “Fratello sole”). La esperanza cristiana nos hace mirar al cielo, pero la conversión para alcanzarlo reclama «el paso de la arrogancia de quien quiere dominar a los demás y a la naturaleza ?reducida a un objeto manipulable?, a la humildad de quien cuida de los demás y de la creación», como ha dicho el Santo Padre.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

Las "manías" de Francisco

Al cumplirse el primer aniversario de la muerte del papa Francisco, quisiera recordar con inmensa gratitud algunas de sus “manías”. Un rasgo...