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domingo, 24 de mayo de 2026
"Compartiendo caminos, acompañando esperanzas"
Con este lema, nuestra diócesis acogerá el “Encuentro de Laicos de Parroquia” que la Acción Católica General va a celebrar en Málaga del 24 al 26 de julio. Hombres y mujeres; niños, jóvenes y adultos de todas las diócesis de España se darán cita en esta tierra para vivir una hermosa experiencia de Iglesia, compartiendo los caminos que nos han conducido a Jesucristo y acompañándonos en “la esperanza que no defrauda” (Rm 5,5).
La llamada a acompañarnos mutuamente está inscrita en nuestro ser más profundo. El Señor nos ha creado a su imagen y semejanza. En la Trinidad nos da a entender cuál es el modelo de relación que debe primar entre los seres humanos: cada persona divina tiene la misma dignidad que las otras y vive para las otras. De igual modo, cada uno de nosotros ha de vivir para los otros y reconocer en ellos la común dignidad de ser hijos de Dios, sean cuales fueren las circunstancias concretas de su vida.
Desterremos, pues, toda tentación de aislarnos en nosotros mismos o de someter al otro a nuestra voluntad. Estamos llamados a acompañarnos, a escucharnos y a sostenernos recíprocamente, ya que éste es el estilo de vida de Jesucristo, que se refleja en su nombre: “Emmanuel”, que significa “Dios con nosotros”.
El acompañamiento mutuo es más necesario que nunca y adquiere un valor especial, pues vivimos tiempos marcados por el individualismo, la soledad y la confusión. Estar disponible para el otro llega a ser la manera de cuidarnos, imitando el modo de ser de Dios, que ha querido entrar en la historia humana alentando procesos de crecimiento con ternura y paciencia.
Siguiendo el modelo divino, la Iglesia desea hacer suyos “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo” (GS 1), tal como proclamó el Concilio Vaticano II, y quiere ser taller y escuela de acompañamiento en los procesos de conversión, de iniciación cristiana, de desarrollo comunitario y de compromiso en los diversos ámbitos de la vida: la familia, el trabajo profesional, la cultura y la sociedad.
Como se deduce del Documento Final del Proceso Sinodal, el acompañamiento es un reto para cada una de nuestras parroquias y realidades eclesiales. En la fase de implementación del Sínodo, que estamos viviendo, hemos de poner manos a la obra y conseguir que acompañar sea la gran tarea que nos implique a todos.
Aprovecho la solemnidad de Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, para invitaros a participar en este Encuentro de Laicos de Parroquia. No perdamos la oportunidad de vivir una experiencia que no nos dejará indiferentes y de poner en práctica el valor de la hospitalidad como diócesis acogedora, para que cuantos vengan puedan disfrutar el alma abierta y hospitalaria de este pueblo.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 15 de septiembre de 2024
Cambios de párrocos
Esta escasez de sacerdotes nos apena, pues es evidente que un párroco no puede atender de la misma manera tres parroquias que ocho. Sin embargo, no nos dejemos atrapar por la tristeza y escuchemos lo que el Espíritu Santo quiere decirnos a través de esta situación. Cuando llevo a la oración esta realidad, percibo tres llamadas muy claras:
Primera: impulsar decididamente la pastoral vocacional. Desgraciadamente, la tasa de natalidad es muy baja en España y no pocos niños y jóvenes de nuestros pueblos y ciudades proceden de otras culturas y, en algunos casos, de otras religiones; pero creemos que Dios sigue llamando a hombres y mujeres de esta tierra, unos jóvenes y otros adultos, para que se entreguen al servicio de la Iglesia y de las personas. Todos nosotros –laicos, religiosos y pastores– hemos de abrir los oídos y ensanchar nuestra disponibilidad, y motivar para que otros hagan lo mismo, de modo que escuchemos y respondamos a las llamadas deDios, convencidos de que Él nunca se deja ganar en generosidad.
Segunda: superar, de una vez por todas, el modelo de parroquia donde el sacerdote lo hace casi todo y los feligreses se limitan a asistir. El Bautismo, que nos hizo hijos de Dios y miembros activos y corresponsables de su Pueblo, nos impulsa a preguntarnos qué podemos hacer en la comunidad cristiana. Todos podemos aportar algo, según la vocación, edad y circunstancias de cada cual:desde aquellas tareas que parecen sencillas hasta otrosservicios que requieren cierta experiencia y formación. En nuestra Iglesia podemos ser catequista o coordinador de catequistas, trabajar como voluntario de Cáritas o de Manos Unidas, participar y promover la participación en la Liturgia, rezar el Santo Rosario o animar las celebraciones en espera de presbítero, tocar la campana antes de las Eucaristías o ayudar en la limpieza, el mantenimiento o la economía… Todo es necesario para que la parroquia esté viva.
Tercera: intensificar la colaboración con otras parroquias en la Unidad Pastoral o en el Arciprestazgo. Estamos llamados a superar, sin prisa pero sin pausa, esa larga tradición de parroquias cuasi autónomas que viven de espaldas a otras comunidades, y trabajar en red con lasparroquias vecinas, de modo que podamos desarrollar mejor la misión encomendada por el Señor.
¡Feliz curso pastoral 2024-2025!
domingo, 15 de mayo de 2022
Cosechar lo que otros sembraron
En mis visitas a las parroquias y pueblos de esta Diócesis, me encuentro con muchísimas personas buenas, generosas, religiosas, humildes, capaces de grandes sacrificios por amor. Cuando puedo conocerlas un poco, compruebo que no son así por casualidad, sino porque hubo quien sembró en ellas la semilla de la fe, de la honradez y de muchos otros valores, que Dios ha hecho fructificar. Entonces, experimento la alegría de cosechar lo que otros sembraron y doy gracias a Dios de corazón.
Estas experiencias me reafirman en la convicción de que somos lo que somos gracias a la buena gente que nos ha precedido: generaciones de hombres y mujeres que, con las limitaciones propias de lo humano, empeñaron su vida en sembrar lo mejor de sí mismas en sus hijos y nietos.
Cuando caemos en la cuenta de esta realidad, nos alejamos tanto del orgullo como de la desesperanza. Si el orgullo nos hace pensar que las cosas buenas que hacemos se deben exclusivamente a nuestro esfuerzo, la vida y la Palabra nos recuerdan: «¿Tienes algo que no hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿a qué viene tanto orgullo, como si nadie te lo hubiera dado? » (1 Cor 4, 7). Y cuando no nos faltan motivos para la desesperanza, la presencia de tantas personas buenas es un signo elocuente del amor de Dios, que nos acompaña y sostiene continuamente, tal como Jesús nos prometió: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20).
También nosotros hemos de sembrar semillas de fe, de ternura, de esfuerzo, de solidaridad en la familia, en la comunidad cristiana y en las personas con las que convivimos, para que no se rompa la cadena de bondad que hace posible la vida humana en la tierra, sabiendo que otros cosecharán lo que ahora nosotros sembramos. Hemos de sembrar con realismo y paciencia, pues hasta que el grano de trigo no se pudre en el corazón de la tierra, no brota la espiga. Sembremos con esperanza, ya que la muerte y resurrección del Señor Jesús, en quien creemos, nos convencen de que el amor siempre es fecundo y, como ha dicho el papa Francisco, «tal fecundidad es muchas veces invisible, inaferrable, no puede ser contabilizada. Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo. Tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. Todo eso da vueltas por el mundo como una fuerza de vida» (Evangelii Gaudium, 279).
Os saludo a todos, hermanas y hermanos, muy cordialmente en el Señor.
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