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domingo, 19 de mayo de 2024
Laicos en una sociedad crispada
Hoy me dirijo especialmente a vosotros, cristianas y cristianos laicos de nuestra Diócesis, con motivo de la Solemnidad de Pentecostés, día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Os ofrezco unos criterios que os pueden ayudar a vivir, en este mundo tan crispado, vuestra peculiar vocación, la de «buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales», como os encomendó el Concilio Vaticano II; criterios que nos animen a responder a la llamada del papa Francisco, con ocasión del próximo Jubileo 2025, a «convertirnos en cantores de esperanza en un mundo marcado por un exceso de desesperación».
1. Todos sufrimos –y vosotros en particular– las incomprensiones de que es objeto la Iglesia en su conjunto. Ante tales incomprensiones, es necesario discernir con calma, para diferenciar los ataques sin fundamento de las críticas que denuncian con verdad nuestros errores e incoherencias.
2. También hemos de saber que el ataque a la Iglesia y a “lo cristiano” no es un fenómeno espontáneo. Existe una estrategia organizada que intenta debilitar y destruir la visión cristiana del ser humano, de la familia y de la sociedad. No obstante, no todos son incomprensiones y rechazos. Agradezcamos, pues, el reconocimiento y el apoyo que nos brindan muchas personas y no pocas instituciones.
3. No hagamos frente a los ataques con medios ajenos al Evangelio. No respondamos a las calumnias con violencia ni a las manipulaciones con mentiras. Si utilizáramos esta táctica, saldría perdiendo el proyecto de Jesús, que es «manso y humilde de corazón».
4. En un mundo tan enfrentado y crispado como el nuestro, rechacemos las soflamas –políticas y religiosas–, que clasifican y dividen a la gente en buenos y malos, en santos y pecadores. Gracias a Dios, son diversas las formas legítimas de vivir la fe, la organización de la sociedad y el compromiso político. Por eso, hemos de cuidar la comunión dentro de la Iglesia y trabajar por el mutuo entendimiento en la sociedad. Y aunque suponga ir contracorriente, seamos críticos con “los nuestros” y reconozcamos los valores de “los otros”.
5. No os dejéis llevar por el activismo y dedicad tiempo a la reflexión y a la oración, pero no esperéis a saberlo todo y a ser santos para comprometeros en el mundo de la política, del asociacionismo, de la cultura, del trabajo, de la economía, de la escuela… Pidamos la fuerza del Espíritu para ser contemplativos en la acción.
6. Y, por último, no descuidéis la formación y la vida comunitaria. Para transmitir la belleza y la fuerza de Dios hemos de comprender del mejor modo posible el mundo en el que vivimos y la fe que profesamos, y precisamos contar con el aliento de la comunidad cristiana que nos sostiene.
Con mi gratitud sincera a los hombres y mujeres que vivís la fe en el mundo, recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 29 de octubre de 2023
Carta al laicado de Aragón – Carta conjunta de los obispos de Aragón
Queridos hermanos y hermanas,
La Iglesia va tomando conciencia creciente de la importancia del primer anuncio a quienes no conocen a Jesucristo o se han apartado de la fe. El Papa Francisco nos anima constantemente a ser auténticos “discípulos misioneros”, a reformar nuestras comunidades para ser “Iglesia en salida”, a transmitir el núcleo de nuestra fe: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte» (Evangelii Gaudium 164).
Sin embargo, hemos de reconocer que bastantes comunidades cristianas y personas bautizadas no viven esta tensión misionera. A modo de test, podríamos preguntarnos cada uno: ¿cuándo fue la última vez que anuncié a alguien el amor y la cercanía de Jesucristo?, ¿sé cómo hacerlo?, ¿considero que esta misión es posible en la sociedad actual?, ¿qué me frena y qué me impulsa a compartir el tesoro de la fe?
En este ámbito del primer anuncio, la Iglesia española vivió en 2020 un punto de inflexión: el Congreso de Laicos, calificado por muchos como “un nuevo Pentecostés”. Ciertamente, fue una manifestación pública y entusiasta del sentimiento religioso que late en el corazón de tantos cristianos, mujeres y hombres decididos a responder a la pregunta del papa Francisco: «¿Qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos» (Evangelii gaudium, 264).
Hemos de impulsar el anuncio de Jesucristo, con humildad y valentía, como núcleo y eje de nuestra labor pastoral: «El motivo de esta centralidad ?como se dijo en aquel Congreso de Laicos? no radica en una razón sociológica (cada vez hay menos cristianos y tenemos que llenar nuestras iglesias), ni en un motivo de marketing (tenemos el mejor “producto”, pero no sabemos venderlo, ni ponerlo en valor), ni siquiera radica en un hecho de supervivencia del catolicismo (la avanzada media de edad de nuestras asambleas y la falta de clero). Sino que la motivación profunda es teológica: Jesús nos manda evangelizar, es un mandato expreso».
Las Delegaciones Diocesanas de Apostolado Seglar de las diócesis aragonesas están preparando el III Encuentro de Laicos de Aragón, centrado en el primer anuncio, que tendrá lugar en el Colegio Salesiano de Zaragoza el próximo 25 de noviembre, como un momento privilegiado para compartir las conclusiones de aquel Congreso de Laicos de 2020 y para preparar el Encuentro Nacional de Laicos a celebrar en febrero de 2024.
Os convocamos y animamos vivamente a participar en este III Encuentro de Laicos de Aragón. Contará con la intervención del cardenal Juan José Omella y se darán a conocer diversas experiencias de primer anuncio.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
+ Carlos-Manuel Escribano Subías, Arzobispo de Zaragoza
+ Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca
+ Ángel-Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón
+ José-Antonio Satué Huerto, Obispo de Teruel y Albarracín
+ Vicente Rebollo Mozos, Obispo de Tarazona
domingo, 27 de marzo de 2022
Somos comunidad, somos Iglesia
Hace algún tiempo, en un viaje, un joven, al ver mi distintivo sacerdotal, me dijo que él era católico. Le pregunté cuál era su comunidad o su parroquia. Respondió: “No tengo comunidad, creo en Dios y, cuando puedo, hago el bien y voy a Misa”. Mi interlocutor vivía su fe al margen de una comunidad concreta. Aunque esto no es lo habitual, lo cierto es que muchos cristianos van a su parroquia regularmente, sin considerarla su comunidad.
Esta realidad, a la que quizá nos hemos acostumbrado, contrasta con la vivencia de los primeros cristianos. Aunque sus comunidades no eran perfectas, no perdieron de vista el ideal descrito en el libro de los Hechos de los Apóstoles: “Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos… El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (He 2,44-47; 4,32).
Así, el Papa Francisco recuerda frecuentemente la necesidad de vivir la fe en comunidad: “Somos cristianos porque pertenecemos a la Iglesia. Es como un apellido: si el nombre es «soy cristiano», el apellido es «pertenezco a la Iglesia»… Nadie llega a ser cristiano por sí mismo. Si creemos, si sabemos rezar, si conocemos al Señor y podemos escuchar su Palabra, si lo sentimos cercano y lo reconocemos en los hermanos, es porque otros, antes que nosotros, han vivido la fe y luego nos la han transmitido… Este camino lo podemos vivir no sólo gracias a otras personas, sino junto a otras personas… No podemos ser buenos cristianos si no es junto a todos aquellos que buscan seguir al Señor Jesús, como un único pueblo, un único cuerpo, y esto es la Iglesia” (25 de junio de 2014).
Necesitamos avanzar por este camino comunitario (sinodal) en la Iglesia y, en particular, en nuestra Diócesis de Teruel y Albarracín. Es vital para fortalecer nuestra fe y para hacer más eficaz la misión que el Señor nos ha confiado. Si nuestras comunidades progresan en fraternidad, hacia dentro, y en solidaridad, hacia fuera; otras personas podrán decir: “Mirad como se aman” y nuestra Iglesia crecerá “no por proselitismo, sino por atracción”, tal como señaló Benedicto XVI. En cambio, si en nuestros grupos y parroquias no se percibe más claramente la alegría de vivir como hermanos y hermanas, de poco servirán los esfuerzos por cuidar más las celebraciones, la catequesis y el servicio a los pobres.
El próximo sábado 2 de abril tendremos la ocasión de sentirnos Iglesia, en la Asamblea Diocesana, abierta a todos, que acogerá el Colegio Las Viñas. Juntos daremos un paso adelante en nuestro proceso sinodal, compartiendo reflexión, oración, experiencias, diversión y una buena paella. ¡Inscríbete en cualquier parroquia, cuanto antes! ¡Te esperamos!
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