Mostrando entradas con la etiqueta indiferencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta indiferencia. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de marzo de 2025

Conversión o diversión


Nuestra vida requiere constantes ajustes y en no pocas ocasiones cambios significativos, si queremos mantener una actitud de crecimiento, afrontar los desafíos de cada momento y corregir los excesos y defectos en los que a veces caemos: la pereza o la auto-exigencia exagerada, la apatía o los deseos inalcanzables, el descuido de la propia persona o el ensimismamiento narcisista, la dejadez en la relación con Dios o una religiosidad obsesiva, la indiferencia o la intromisión en la vida de otros…

Aunque en teoría muchos estamos convencidos de la necesidad de cambiar, en la práctica nos cuesta mucho escoger el camino de la conversión y preferimos el atajo de la diversión, para no ver, no pensar y no actuar. Hoy es especialmente fácil tomar este atajo, pues se nos ofrecen muchas posibilidades, incluso sin salir de nuestra casa: juegos en línea, miles de series y películas a demanda y un largo etcétera. Con estas reflexiones no pretendo demonizar la diversión, pues es necesaria en su justa medida; es más, en muchas personas excesivamente ocupadas, la diversión debería formar parte de su plan de conversión.

Para plantearnos una conversión auténtica, los consejos cuaresmales nos ofrecen tres elementos básicos. Así lo explicó el papa Francisco al inicio de su pontificado, en la homilía del Miércoles de Ceniza de 2014:

El primer elemento es la oración. La oración es la fuerza del cristiano y de cada persona creyente. En la debilidad y en la fragilidad de nuestra vida, podemos dirigirnos a Dios con confianza y entrar en comunión con Él. La Cuaresma es tiempo de oración, de una oración más intensa, más prolongada, más asidua, más capaz de hacerse cargo de las necesidades de los hermanos, intercediendo ante Dios por tantas situaciones de pobreza y sufrimiento.

El segundo elemento es el ayuno. Debemos estar atentos a no practicar un ayuno formal. El ayuno tiene sentido si verdaderamente menoscaba nuestra seguridad, si nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina sobre el hermano en dificultad y se ocupa de él. Ayunar nos ayuda a entrenar el corazón en la esencialidad y en el compartir. Es un signo de toma de conciencia ante las injusticias y de la confianza que ponemos en Dios.

El tercer elemento es la limosna y subraya la gratuidad, porque en la limosna se da a alguien de quien no se espera recibir algo a cambio. La gratuidad debería ser una de las características del cristiano, que, consciente de haber recibido todo de Dios gratuitamente, aprende a donar a los demás con la misma gratuidad. Hoy, a menudo, todo se vende y se compra; la limosna, en cambio, nos ayuda a vivir la gratuidad del don.

Santa Cuaresma, hermanos y hermanas. Buena conversión con la gracia de Dios. Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 13 de febrero de 2022

La indiferencia nos condena


Un amigo apoyó económicamente a varias instituciones sociales durante años, pero todo cambió cuando se compró un piso. Tenía que pagar el apartamento y cortó su ayuda a aquellas instituciones. Poco a poco, sus preocupaciones y su dinero se volcaron más con el piso que con los necesitados; ya no veía ni sentía ni vivía más allá de los muros de su casa. Unos meses después, al darse cuenta de que esta actitud estaba ahogando su alegría y su libertad, volvió a compartir una parte de su dinero. “En cuanto lo hice ?me confesó?, tuve la sensación de que volvía a vivir en libertad”.

El lema de la Campaña contra el hambre ?«Nuestra indiferencia los condena al olvido»? me ha recordado lo que le pasó a mi amigo. Frecuentemente, vivimos tan centrados en nuestros problemas, en nuestras metas personales, en la defensa de lo que consideramos nuestros legítimos derechos, que olvidamos que, en este siglo XXI, millones de seres humanos pasan hambre cada día. Y si pensamos en los servicios de salud y educación de que disponen, nuestro olvido produce más sonrojo todavía. Nuestra indiferencia condena a pueblos enteros al olvido, a la injusticia y a la muerte.

Pero esta indiferencia también nos condena a nosotros. Como le ocurrió a mi amigo, cuando vivimos y trabajamos solo para nosotros mismos, vamos estrangulando progresivamente nuestra alegría y nuestra libertad. No es por casualidad, ya que hemos sido creados para vivir juntos. Tenemos un Padre común, que ama a todos y nos anima a encontrarnos y a lograr una fraternidad que incluya a todos.

“Manos Unidas” y muchas otras instituciones solidarias nos dan mucho más de lo que piden, porque nos brindan la oportunidad de tender puentes que nos liberen de una vida cómoda y cegata. Cuando atravesamos esos puentes, llegamos a ver la cautivadora sonrisa de Flor María, una niña que vive en un asentamiento peruano, sin acceso a la sanidad y a la educación, donde los niños que tienen algún problema físico sufren especialmente, y alcanzamos a compartir la alegría de Flor María, de sus amigos y de su familia, que, gracias a la solidaridad de mucha gente sencilla, pueden disfrutar de un proyecto de desarrollo que mejora sustancialmente sus condiciones de vida.

Es preciso que nos atrevamos a mirar más allá de nuestros propios problemas y tengamos el coraje de llorar con los que sufren, de compartir con ellos nuestro dinero y nuestros talentos, y de exigir a nuestros gobernantes que se ocupen de las personas y pueblos más empobrecidos. El papa Francisco nos ha recordado que “los pobres no pueden esperar. Su calamitosa situación no lo permite”. Y nosotros tampoco debemos esperar para caminar decididamente hacia una fraternidad que abraza, ama y comparte de verdad.

Con mi sincera gratitud a las mujeres que trabajan en Manos Unidas desde sus inicios, recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

Afinar el oído

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla: En el proceso sinodal en el que estamos inmersos, es decisivo aprender a escu...