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domingo, 4 de septiembre de 2022

Nuevo curso, nuevos desafíos


Ha terminado el mes de agosto, que ha llenado la geografía diocesana de fiestas, tan esperadas después de la pandemia. Bienvenidas las fiestas, cuando nos arriman al amigo de siempre y al que viene de lejos, cuando nos permiten descansar del esfuerzo diario y brindar por las cosas bellas de la vida, cuando nos acercan al Dios de la fraternidad. En estas últimas semanas, los sacerdotes os habéis multiplicado aún más, para poder llegar hasta los pueblos más pequeños. ¡Agradezco de corazón vuestro esfuerzo! Aunque todavía quedan fiestas importantes por celebrar, la vuelta al colegio marca el comienzo de un nuevo curso, que se prevé complicado; pero también es un tiempo de gracia para nuestra Iglesia y nuestra sociedad.

La escalada de los precios y muchas otras circunstancias adversas auguran un panorama sombrío, principalmente para aquellas familias que ya no llegan a cubrir los gastos de cada mes. Los expertos e incluso algún jefe de estado han pronosticado “el fin de la abundancia”, de una abundancia que nunca llegó a todos y parece que va a llegar a muchos menos. Esta situación nos reclama activar la “imaginación de la caridad”, proyectando nuevas iniciativas, con la ayuda de Cáritas, para que las comunidades parroquiales sean espacios donde todos podamos aportar y recibir, de acuerdo a nuestras circunstancias concretas, buscando el bien de quienes no pueden vivir con dignidad, junto a nosotros o en los países más empobrecidos. También nos exige repensar nuestro estilo de vida, demasiado individualista y caro, además de poco sostenible.

En esta Iglesia de Teruel y Albarracín, a pesar de nuestras limitaciones, el curso se presenta apasionante. Contamos con un nuevo grupo de jóvenes, que participaron en la Peregrinación a Santiago de este verano, dispuestos a seguir creciendo en la fe. En la Asamblea Diocesana, que celebraremos el sábado 8 de octubre, y a la que estáis convocados todos los cristianos y cristianas de esta tierra, analizaremos las propuestas de los grupos que participaron en la fase diocesana del Sínodo de los obispos; para identificar las necesidades más hondas de las personas con las que convivimos y buscar el modo de responder a esas necesidades, desde nuestra identidad cristiana. Más adelante profundizaremos en la cultura actual, con el propósito de encontrar los caminos más adecuados para evangelizar en estos tiempos. Y esperamos que hacia la mitad del curso estemos en condiciones de ir concretando un Plan Pastoral Diocesano.

Queridos hermanos y hermanas, nos toca afrontar nuevos desafíos. Profundicemos en la experiencia de Dios, para que la fe en el Resucitado siga alimentando la esperanza y la solidaridad, tan necesarias siempre y más ante el futuro incierto que nos espera. Sabemos que Dios es fiel y su Espíritu nos irá sugiriendo nuevos caminos de renovación personal, familiar, eclesial y social. Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 27 de marzo de 2022

Somos comunidad, somos Iglesia


Hace algún tiempo, en un viaje, un joven, al ver mi distintivo sacerdotal, me dijo que él era católico. Le pregunté cuál era su comunidad o su parroquia. Respondió: “No tengo comunidad, creo en Dios y, cuando puedo, hago el bien y voy a Misa”. Mi interlocutor vivía su fe al margen de una comunidad concreta. Aunque esto no es lo habitual, lo cierto es que muchos cristianos van a su parroquia regularmente, sin considerarla su comunidad.

Esta realidad, a la que quizá nos hemos acostumbrado, contrasta con la vivencia de los primeros cristianos. Aunque sus comunidades no eran perfectas, no perdieron de vista el ideal descrito en el libro de los Hechos de los Apóstoles: “Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos… El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (He 2,44-47; 4,32).

Así, el Papa Francisco recuerda frecuentemente la necesidad de vivir la fe en comunidad: “Somos cristianos porque pertenecemos a la Iglesia. Es como un apellido: si el nombre es «soy cristiano», el apellido es «pertenezco a la Iglesia»… Nadie llega a ser cristiano por sí mismo. Si creemos, si sabemos rezar, si conocemos al Señor y podemos escuchar su Palabra, si lo sentimos cercano y lo reconocemos en los hermanos, es porque otros, antes que nosotros, han vivido la fe y luego nos la han transmitido… Este camino lo podemos vivir no sólo gracias a otras personas, sino junto a otras personas… No podemos ser buenos cristianos si no es junto a todos aquellos que buscan seguir al Señor Jesús, como un único pueblo, un único cuerpo, y esto es la Iglesia” (25 de junio de 2014).

Necesitamos avanzar por este camino comunitario (sinodal) en la Iglesia y, en particular, en nuestra Diócesis de Teruel y Albarracín. Es vital para fortalecer nuestra fe y para hacer más eficaz la misión que el Señor nos ha confiado. Si nuestras comunidades progresan en fraternidad, hacia dentro, y en solidaridad, hacia fuera; otras personas podrán decir: “Mirad como se aman” y nuestra Iglesia crecerá “no por proselitismo, sino por atracción”, tal como señaló Benedicto XVI. En cambio, si en nuestros grupos y parroquias no se percibe más claramente la alegría de vivir como hermanos y hermanas, de poco servirán los esfuerzos por cuidar más las celebraciones, la catequesis y el servicio a los pobres.

El próximo sábado 2 de abril tendremos la ocasión de sentirnos Iglesia, en la Asamblea Diocesana, abierta a todos, que acogerá el Colegio Las Viñas. Juntos daremos un paso adelante en nuestro proceso sinodal, compartiendo reflexión, oración, experiencias, diversión y una buena paella. ¡Inscríbete en cualquier parroquia, cuanto antes! ¡Te esperamos!

Misión Diocesana: una Iglesia sinodal en misión

Juan Manuel Barreiro, misionero malagueño en Venezuela, bautizando a un niño Queridos hermanos y hermanas: Cada año nuestra diócesis dirig...