Mostrando entradas con la etiqueta corazón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta corazón. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de noviembre de 2025

Recuperar la razón... cordial


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

Vivimos en una época de contrastes y contradicciones. No es raro encontrar personas que solo aceptan como verdadero lo que la ciencia demuestra, desestimando lo que proviene de la filosofía o la religión. Al mismo tiempo, estas mismas personas a menudo relegan la razón a la hora de elegir pareja, orientarse profesionalmente, crear vínculos, decidir en política o vivir la fe, dejándose guiar únicamente por emociones y sensaciones, con frecuencia engañosas y cambiantes.

Cuando despreciamos la razón y absolutizamos el sentimiento, caemos en un relativismo y un pensamiento débil, que suelen aliarse con los poderosos y perjudicar a los más vulnerables. Por otro lado, cuando absolutizamos una razón entendida exclusivamente como cálculo técnico, ajena a las dimensiones no cuantificables de la existencia, construimos una civilización científicamente avanzada pero vacía de humanidad, un modelo de razón al servicio del interés económico, capaz de sostener estructuras de explotación y de violencia.

En este contexto, es menester afirmar el valor de la razón científica, pues gracias a su método para medir y organizar la realidad, se ha ampliado notablemente la capacidad humana para transformar el mundo. No obstante, también debemos admitir que dicha razón se revela insuficiente para orientar nuestra existencia y marcar el rumbo de la historia.

Necesitamos, por tanto, recuperar una razón cordial que dé cuenta de todo lo que, sin ser demostrable ni medible, sigue siendo real: el amor, los afectos, la justicia, la fe, el misterio de la persona… Esta razón ha de ser capaz de reconocer el valor incondicional de cada ser humano e impulsarnos a una acción transformadora, además de ofrecer el marco adecuado para orientar el desarrollo de la razón científico-técnica. Una razón que no huya de los interrogantes existenciales y que se acerque al Misterio, que sostiene la vida y responde a nuestros deseos y esperanzas.

Una razón así no solo se nutre de argumentos lógicos, sino también de intuiciones, decisiones no calculadas y vínculos que la mente no puede controlar. Ya en el siglo XVII, Blaise Pascal escribió: «El corazón tiene razones que la razón no entiende», reflejando la complementariedad entre la razón y la emoción.

En este sentido, san Juan Pablo II afirmó que «la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad» (FR 1). Y Benedicto XVI criticó tanto el fundamentalismo como el laicismo, ya que impiden «un diálogo fecundo y una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa» (CV 56). La fe sin razón enferma y se fanatiza; la razón sin la fe pierde el rumbo de la justicia y termina sirviendo al poder.

Que el Espíritu nos ayude a “pensar con el corazón y sentir con la cabeza”.

Recibid un saludo cordial en el Señor.

domingo, 5 de marzo de 2023

Desahogar el corazón


Algunas veces la tristeza nos pone contra la pared y tenemos la sensación de que las dificultades se agrandan mientras que nuestras fuerzas menguan; en otras ocasiones, nos falla la voluntad para llevar a término los compromisos adquiridos, no sabemos qué hacer para ayudar a quienes amamos, o no nos atrevemos a afrontar nuestra “zona oscura”. Todos sufrimos, en algún momento, situaciones de ahogo.

No hay recetas fáciles para superarlas. Sin embargo, hay algo que casi siempre ayuda: compartir nuestras preocupaciones, no con cualquiera, sino con una persona adecuada. Comunicar los agobios mejora casi siempre la situación, al sentirnos comprendidos y acompañados. Aunque el otro sólo sea capaz de escucharnos, poner palabras a lo que nos pasa ayuda a identificar el problema y ver más claramente sus verdaderas dimensiones, que a veces se agigantan en la soledad de nuestros pensamientos. Al comunicarlos, podemos encontrar estrategias para afrontarlos con realismo y esperanza.

En esta recomendación coinciden los maestros espirituales y los profesionales de la psicología. Los padres del monacato, ya en el siglo III, observaban y analizaban sus pensamientos y sentimientos en el silencio de su celda eremítica, pero también compartían regularmente sus dudas e intuiciones con sus padres espirituales, para llegar a entender mejor sus personales vivencias. Así fue surgiendo la llamada “confesión de los monjes”, que se anticipó al coloquio terapéutico, desarrollado posteriormente por la psicología moderna.

Sin embargo, frecuentemente encontramos dificultades para practicar esta comunicación de corazón a corazón. Podemos pensar que no vamos a ser bien comprendidos, tememos que nuestro interlocutor nos juzgue negativamente y deje de apreciarnos; incluso llegamos a convencernos de que esto sirve para otros, pero no para nosotros, porque en el fondo creemos que no tenemos solución. Evidentemente, son excusas que debemos desechar.

Dios mismo nos invita a desahogar nuestro corazón con Él, aunque Él ya conozca nuestros agobios. Con los salmos rezamos: «De Dios viene mi salvación y mi gloria, él es mi roca firme, Dios es mi refugio. Pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón: Dios es nuestro refugio» (Sal 62); «a voz en grito clamo al Señor, desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia» (Sal 142). Además, su Palabra nos anima a confiarnos a personas sensatas: «Recurre siempre a un hombre piadoso, de quien sabes seguro que guarda los mandamientos, que comparte tus anhelos y que, si caes, sufrirá contigo» (Eclo 37,12).

En el Sacramento de la Reconciliación –tan olvidado y, a la vez, tan enriquecedor– también podemos desahogar nuestro corazón. Además, tenemos la oportunidad de experimentar el amor de Dios, que nos abraza con todas nuestras miserias, nos ofrece su perdón gratuito y nos da la fuerza de su Espíritu, para seguir adelante con más paz y esperanza.

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 30 de octubre de 2022

¡Cómo está el mundo!


«Henos aquí en un tiempo en que nunca sabremos si los hombres aman, esperan, trabajan y construyen, pero en el que se nos contará con todo detalle el día que un hombre muerda a un perro. Presiento que aquí está una de las claves de la amargura del hombre contemporáneo: sólo vemos el mal, sólo parece triunfar la estupidez». Esta reflexión de José Luis Martín Descalzo parece más actual que nunca.

Así pues, nuestra mirada al mundo ha de ser lúcida, para no dejarnos engañar por las apariencias y percibir sus sombras y sus luces. No podemos ignorar las mentiras e injusticias que hacen sufrir a pueblos enteros, a muchas familias y personas concretas. Pero tampoco podemos negar que, hasta en la oscuridad más espesa, hay mucha gente desconocida, “santos de la puerta de al lado”, les ha llamado el papa Francisco, que, sin hacer ruido, iluminan, alivian y transforman las tragedias en oportunidades. No gritan, pero aman; no aparecen en la televisión ni en las redes sociales, pero sostienen el mundo. Por eso es tan necesario acercarse a la vida concreta y no quedarse con la visión simplista, polarizada e interesada de algunos medios de comunicación.

Nuestra fe cristiana nos anima, además, a mirar con ojos de fe, para descubrir la presencia de Dios en el mundo. Los seguidores de Jesús de Nazaret no sólo creemos que Dios existe, creemos que nos ama («Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho», afirma el Libro de la Sabiduría); creemos que ve lo que nos ocurre («He visto el sufrimiento de mi pueblo» dice a Moisés cuando lo envía a liberar al pueblo); creemos que se conmueve («El Señor es compasivo y misericordioso», repite tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento); creemos que está junto a nosotros («¿Dónde hay una nación que tenga unos dioses tan cercanos como nuestro Señor?», se pregunta el libro del Deuteronomio); creemos que Dios trabaja en nosotros y en favor de la humanidad, especialmente de quienes sufren («Mi Padre sigue trabajando y yo también trabajo… para que tengan vida abundante», afirma Jesús en el Evangelio de San Juan). Por tanto, decir que este mundo está dejado de la mano de Dios es una blasfemia o, al menos, una falta grave de fe.

No podemos dudar de la presencia y la acción de Dios en el corazón de tantas personas que se esfuerzan sin descanso por sus familias, por el bien común y, en definitiva, por hacer realidad en esta tierra el sueño de Dios. Los cristianos y cristianas de Teruel y Albarracín queremos acercarnos a nuestros vecinos y al mundo con esta mirada lúcida, contemplativa y amorosa. Solo así podremos cumplir la misión de hacer presente la ternura de Dios en la vida de cada día.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 29 de mayo de 2022

Comunicar en tiempos de ruido


Siempre me han llamado la atención las cartas cruzadas entre San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. Ignacio estaba en Europa y Javier había partido para un Oriente, entonces mucho más lejano que ahora. Ambos jesuitas eran buenos amigos y vivían con pasión sus respectivas misiones, con pesadas cruces que soportar y profundas alegrías que compartir. ¡Tenían tanto que decirse! pero sólo podían comunicarse a través de una carta garabateada en un trozo de papel, que tardaría meses en llegar, si llegaba a su destino.

Ahora disponemos de unos medios de comunicación inimaginables en el siglo XVI, pero muchas veces tenemos poco que contar. Cuando paseamos por las redes sociales encontramos alguna perla, sin duda alguna; pero nos topamos con demasiados mensajes sin sustancia y con ataques absurdos que no soportan medio minuto de reflexión. Por ello, en esta Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales, quiero recordar tres pasos que pueden favorecer una comunicación auténtica, en los medios y en la vida cotidiana.

El primero es la cercanía. Frente a tanta información fabricada en oficinas y a las opiniones que no se molestan en conocer la realidad, el Papa Francisco nos alentó a “desgastar las suelas de los zapatos”, para aproximarnos a los acontecimientos y a las personas que los protagonizan. Sólo así podremos “relatar la verdad de la vida que se hace historia”, mostrando tanto los fenómenos sociales más graves como las energías positivas que emanan de las bases de la sociedad (Mensaje para las Comunicaciones Sociales 2021).

El segundo paso es la escucha con los oídos del corazón. En su mensaje para esta Jornada de las Comunicaciones Sociales, el Santo Padre constata el hecho de que «estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante, sea en la trama normal de las relaciones cotidianas, sea en los debates sobre los temas más importantes de la vida civil… Existe realmente una sordera interior peor que la sordera física. La escucha, en efecto, no tiene que ver solamente con el sentido del oído, sino con toda la persona. La verdadera sede de la escucha es el corazón».

El tercer paso es el silencio, destacado por el sabio Papa Benedicto XVI: «Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial. Una profunda reflexión nos ayuda a descubrir la relación existente entre situaciones que a primera vista parecen desconectadas entre sí, a valorar y analizar los mensajes; esto hace que se puedan compartir opiniones sopesadas y pertinentes, originando un auténtico conocimiento compartido» (Mensaje para las Comunicaciones Sociales 2012).

Os animo a todos, hermanas y hermanos, especialmente a quienes os dedicáis a la noble profesión del periodismo, a favorecer una comunicación fiel a la realidad, enriquecida con la escucha y reflexionada en el silencio. Recibid un cordial saludo en el Señor.

domingo, 13 de marzo de 2022

Atentos a lo pequeño


Ante los horrores de la guerra, ante la muerte de tantas mujeres a manos de sus parejas, ante los abusos e injusticias, de todo tipo, que a diario golpean nuestras conciencias, nos sentimos abrumados y nos preguntamos cómo es posible que los seres humanos seamos tan inhumanos.

No hay una respuesta que satisfaga plenamente nuestra inquietud, porque el mal es un problema complejo; pero es evidente que esos comportamientos, que terminan siendo abominables, frecuentemente tienen su origen en otros menos vistosos, a los que no solemos prestar atención. Nos vamos acostumbrando a almacenar rencor en el corazón, a buscar nuestro interés antes que el de los demás, a despreciar a quien discrepa de nuestras convicciones, a no valorar lo que se nos da, a mirar para otro lado cuando se maltrata a una persona vulnerable, a justificar los propios errores, a disculpar la corrupción de los nuestros…, y el resultado es el que tantas veces lamentamos.

Un antiguo eremita advertía: «No subestimemos las cosas pequeñas, no las despreciemos como insignificantes. No son pequeñas, son un cáncer, son un hábito nocivo. Estemos alerta, cuidémonos de las cosas leves, no sea que se transformen en graves… Si descuidamos las pasiones, por parecernos pequeñas, se enquistarán en nosotros y, cuanto más se endurezcan, más difícil será arrancarlas… La virtud y el pecado comienzan por cosas pequeñas, pero llevan a las cosas grandes, sean buenas o malas».

Esta exhortación sigue siendo válida para nosotros. Una vida santa, lo mismo que una vida de pecado, tiene su origen en los pequeños comportamientos de cada día. Si reconocemos nuestros errores y somos capaces de pedir perdón, si compartimos el tiempo y el dinero con quienes nos necesitan, si rezamos un poco todos los días, si defendemos a los que se sienten frágiles, si leemos buenos libros, si pedimos ayuda con humildad y la agradecemos cuando se nos ofrece…, forjamos unos hábitos que, poco a poco, moldean nuestra personalidad en conformidad con los deseos de Dios.

La tan deseada renovación de nuestras comunidades cristianas también pasa por el cuidado de pequeños detalles: la acogida a las personas que se acercan, una llamada o una visita a quienes están enfermos o están pasando un mal momento, la preparación de peticiones sencillas para favorecer la participación en la liturgia, la consulta a los feligreses antes de emprender un nuevo proyecto, la publicación de las cuentas parroquiales, la organización de una colecta para colaborar con una buena causa, etc.

Al emprender la Cuaresma, me ha parecido oportuno recordar la importancia de los pequeños gestos, para avanzar en el camino de la conversión, tanto personal como comunitaria. Aunque parezcan insignificantes o inútiles, resultan imprescindibles para abrir nuestro corazón a Dios, apreciar su amor misericordioso y, en definitiva, transformar nuestra vida conforme a su voluntad.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 9 de enero de 2022

Propósitos de año nuevo


Al comenzar un nuevo año, se suelen hacer propósitos muy diversos: voy a hacer más deporte, aprenderé un idioma, me inscribiré en clases de baile, rezaré todos los días un poco más… Frecuentemente, no se llevan a la práctica o se mantienen por poco tiempo, con las consiguientes sensaciones de frustración y mala conciencia.

A pesar de ello, hacer propósitos concretos y soñar que algún día los alcanzaremos puede ser un modo muy útil para responder al deseo de crecer y superarnos, que Dios ha puesto en el corazón de todas las personas. Nuestros sueños y deseos más profundos tiran de nosotros hacia adelante, hacia los lados y hacia arriba; es decir, nos impulsan a superarnos, a ser solidarios con los demás y a encontrarnos con Dios. ¡Qué pobre sería el ser humano si no tuviera sueños, propósitos generosos y grandes deseos! ¡Y qué importante es avivarlos en el corazón de las personas y los pueblos!

Además, cuando logramos cristalizar los sueños en acciones concretas, ejercitamos nuestra libertad, un don precioso que tantas veces ni siquiera tenemos presente, sumergidos en la vorágine de la prisa, que tanto dificulta definir nuestras metas personales y reflexionar suficientemente las decisiones. Es verdad que vivimos condicionados por la salud, la economía, la cultura dominante, las personas que nos rodean… pero, aun así, somos libres para elegir entre diversos caminos y para escoger cómo afrontar lo que se nos impone.

Un filósofo italiano del siglo XV, Pico de la Mirándola, insistía en que el hombre es la más afortunada de las criaturas, porque dispone del don de la libertad, que ha recibido del Creador. Para él, la libertad consiste en la posibilidad de ir construyéndonos y moldeándonos a nosotros mismos. ¡Ojalá seamos capaces de seguir y transmitir a nuestros jóvenes, en el momento presente, una visión de la libertad tan dinámica y creativa!

Me permito, finalmente, compartir una recomendación, para lograr que algún día nuestros propósitos de renovación sean eficaces. Resulta decisivo cuidar nuestra vida interior, pues de esta fuente brota la fuerza necesaria para poner en práctica nuevos hábitos de vida y perseverar en ellos. Todos, sean cuales sean nuestras creencias, deberíamos cuidar este manantial de incalculable potencial. Robín Sharma anima a cultivar la espiritualidad con una imagen muy expresiva: «Objetar que no tienes tiempo para perfeccionar tu mente o tu espíritu es como decir que no tienes tiempo para echar gasolina, porque estás muy ocupado conduciendo».

Quienes creemos en Jesucristo, Hijo de Dios encarnado en nuestra raza, si de verdad queremos dar buenos frutos, estamos particularmente llamados a regar nuestras raíces, por medio de la oración, la Eucaristía, la Reconciliación, la lectura espiritual, el acompañamiento personal…

Con el deseo de que, poco a poco, acertemos a hacer realidad nuestros mejores propósitos, os saludo muy cordialmente en el Señor.

Misión Diocesana: una Iglesia sinodal en misión

Juan Manuel Barreiro, misionero malagueño en Venezuela, bautizando a un niño Queridos hermanos y hermanas: Cada año nuestra diócesis dirig...