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domingo, 21 de junio de 2026

Un Plan Pastoral… de primera


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

El sábado 20 de junio vivimos una jornada especialmente significativa para nuestra Iglesia particular. El colegio de los Maristas de Málaga acogió la Asamblea Diocesana, donde compartimos el trabajo realizado en los últimos meses en torno al Documento Final del Sínodo, un proceso en el que han participado más de 4.000 personas. Este esfuerzo común no termina aquí: será la base sobre la que construiremos, entre todos, el próximo Plan Pastoral Diocesano.

Ese mismo día, por la noche, muchos vibramos con el emocionante partido entre la UD Almería y el Málaga CF, cuyo final de infarto culminó con el ascenso de nuestro equipo a Primera División. Una alegría para los malagueños y malagueñas, sin duda. Pero también una imagen sugerente que nos invita a superarnos: nuestros pueblos, ciudades y familias pueden “ascender” en humanidad, cohesión y solidaridad.

Nuestras parroquias y comunidades también aspiran a “subir de categoría”. No para ser más que nadie, sino para poner en juego –juntos– todos los talentos que Dios nos ha dado. El Plan Pastoral que elaboraremos en los próximos dos años quiere ayudarnos precisamente a eso: a que nuestras comunidades cristianas de Málaga y Melilla crezcan en espiritualidad, comunión y misión. Tres dimensiones que, como en un buen equipo, se refuerzan mutuamente.

Espiritualidad. La Iglesia tiene su origen, su fundamento y su fin en Dios. No es solo una institución humana: Dios actúa en ella y a través de ella para ofrecer su salvación a toda la humanidad. Esa salvación, que esperamos con confianza mientras caminamos por la vida (cf. Rm 8,24), se concreta en la llamada universal a la santidad (cf. 1 Pe 1,15-16). Y la santidad no es otra cosa que vivir unidos a Cristo, dejándonos transformar por Él. Si queremos “ascender”, este es siempre el punto de partida.

Comunión. Ningún equipo funciona sin unidad. En la Iglesia, esa unidad se expresa en el estilo sinodal, que impulsa la participación de todos los bautizados y bautizadas. Cada uno, desde su vocación y carisma, comparte la responsabilidad de la misión común. La comunión es un don, pero también una tarea. Y una de sus actitudes fundamentales es el diálogo: escucharnos, escuchar a otras personas, discernir juntos, caminar al mismo paso.

Misión. La Iglesia es “comunión misionera” (CL 32). Su razón de ser es anunciar la Buena Noticia de Jesucristo (cf. EN 14). Hoy, más que nunca, estamos llamados a vivir una nueva etapa evangelizadora (cf. EG 1), siendo una Iglesia en salida, que no se encierra en sí misma, sino que va al encuentro de todos (cf. EG 20-24). Jesús nos envía para que el Evangelio llegue a cada persona, a cada realidad, a cada periferia (cf. EG 31). En este punto, es importante hablar de los jóvenes. Al igual que el joven equipo del Málaga, la Diócesis quiere contar con su cantera y hacerla protagonista de la evangelización.

Que este proceso pastoral, con la fuerza del Espíritu, nos ayude a “ascender a primera” en espiritualidad, comunión y misión.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 17 de septiembre de 2023

Soñemos despiertos


El comienzo de un nuevo curso pastoral es momento propicio para que las parroquias, los movimientos y asociaciones, las cofradías y toda nuestra Iglesia nos pongamos a soñar despiertos. O mejor aún, es el momento de que conectemos con el sueño de Dios. Él desea que nuestras comunidades se renueven y sean escuelas de oración, de comunión y de misión. Él nos ha inspirado un Plan Pastoral Diocesano, que, a pesar de sus limitaciones, puede ayudarnos a avanzar unidos. Por tanto, os invito a leer o releer el Plan Pastoral y sus Objetivos prioritarios para este curso 2023-2024, y a hacer una programación pastoral realista, esperanzada, equilibrada y sinodal.

Una programación realista. No os planteéis muchos objetivos y acciones, como si fuéramos una gran ciudad; nuestras comunidades son pequeñas y pobres de medios, pero con lo que somos y tenemos algo valioso podemos hacer; basta con que cada parroquia se proponga avanzar en una o dos carencias que percibe, concrete lo que puede hacer y quiénes van a ser los responsables de esas acciones.

Una programación esperanzada. El realismo no puede alejarnos de la esperanza. Lo que parece imposible puede ser alcanzable con la gracia de Dios y con nuestro esfuerzo. Dios está presente entre nosotros, actúa y trabaja, hace germinar y fructificar las semillas más pequeñas, multiplica los panes y los peces de nuestra solidaridad…

Una programación equilibrada. Cada comunidad, al plantearse sus objetivos para el curso, debería responder a estas preguntas: ¿Qué podemos hacer para que todos crezcamos en espíritu de oración y de escucha al Espíritu? ¿Cómo podríamos favorecer la escucha mutua y la colaboración de todos los miembros de la comunidad? ¿Cómo responder a la llamada de Dios que nos impulsa a anunciar a Jesucristo, a servir a quienes sufren y a construir su Reino? No tendría sentido, por ejemplo, proponernos tres objetivos para mejorar el espíritu de oración y dejar de lado el servicio a los pobres. Hay cuatro palabras-clave que no podemos olvidar en la programación: oración, comunidad, anuncio y caridad.

Una programación sinodal. Ni el párroco puede programar él solo ni tampoco la comunidad ha de programar lo que tiene que hacer el párroco. Todos programamos y todos nos comprometemos para hacer realidad el sueño de Dios, concretado para nuestra Iglesia en el Plan Pastoral Diocesano. «Una Iglesia sinodal –dijo el papa Francisco– es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que escuchar “es más que oír”. Es una escucha reciproca en la cual cada uno tiene algo que aprender» (17 de octubre de 2015), porque Dios nos ha dado a todos los bautizados “olfato” para encontrar los nuevos caminos que Él mismo abre a la Iglesia.

¡Ánimo, pues, con la programación y decisión para hacerla realidad, con la bendición de Dios! Recibid mi cordial saludo en el Señor.

domingo, 25 de junio de 2023

Ya tenemos hoja de ruta


El filósofo Séneca dijo: «Cuando no sabes hacia donde navegas, ningún viento es favorable», y no le faltaba razón. Para poder avanzar, hay que saber cuál es la meta y de qué medios disponemos para alcanzarla. En la vida de nuestra Iglesia también necesitamos conocer la meta y saber con qué medios contamos; esto es: necesitamos un “plan pastoral”, que nos ayude a concretar cómo vamos a desarrollar la misión que el Señor sigue encomendando a su Iglesia, en esta tierra y en este tiempo que nos toca vivir.

Después de más de un año y medio de reflexión compartida, el pasado sábado 17 de junio, aprobábamos en Asamblea Diocesana el Plan Pastoral que será nuestra hoja de ruta durante los próximos cinco años. Seguramente no es un Plan perfecto, pero es el Plan que hemos intentado elaborar entre todos con la ayuda del Señor. Sois muchos los grupos y personas que habéis aportado vuestras reflexiones, intuiciones y propuestas para configurar este Plan. Desde septiembre de 2021, los cristianos y cristianas que conformamos esta Iglesia de Teruel y Albarracín hemos rezado, reflexionado y dialogado juntos y, a través de este camino sinodal, hemos tratado de descubrir la ruta que el Espíritu Santo está marcando a nuestra Iglesia diocesana.

Nuestro Plan Pastoral ha querido recoger todas las propuestas que habéis presentado y se han articulado en tres bloques, que se corresponden con tres aspectos fundamentales de la identidad cristiana: la espiritualidad, la comunión y la misión o, dicho con otras palabras: la relación con Dios, con la comunidad y con el mundo. En el capítulo de espiritualidad, se señalan medios para crecer en la oración y formación de quienes participamos habitualmente en la vida de las comunidades. En el apartado de la comunión, proponemos medios para que las unidades pastorales y parroquias sean comunidades más vivas, que favorezcan la participación de todos los cristianos en la vida parroquial y diocesana. En el bloque de la misión, fijamos la atención sobre todo en quienes han abandonado la vida de la Iglesia o nunca formaron parte de ella.

Ahora nos toca ponerlo en marcha entre todos. Superemos la tentación de pensar que el Plan Pastoral “no va conmigo”. Va contigo, aunque te sientas demasiado mayor, demasiado joven, demasiado pecador o demasiado al margen. No es una hoja de ruta sólo para los sacerdotes y para las parroquias, sino para todos los bautizados. A todos os invito a leerlo y preguntaros: ¿qué me pide Dios a través de este Plan?, ¿qué puedo aportar para hacerlo realidad? Todos podéis rezar y muchos podréis ofrecer vuestros talentos para que se cumpla alguno de los objetivos señalados.

Queridos diocesanos y diocesanas, ¡gracias por vuestras aportaciones para elaborar el Plan Pastoral y gracias por vuestra disponibilidad para ponerlo en marcha! Qué el Señor y su Santa Madre nos sigan acompañando en esta aventura.

Misión Diocesana: una Iglesia sinodal en misión

Juan Manuel Barreiro, misionero malagueño en Venezuela, bautizando a un niño Queridos hermanos y hermanas: Cada año nuestra diócesis dirig...