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domingo, 9 de marzo de 2025
Conversión pasiva y activa
La conversión, antes que nada y sobre todo, es un regalo de Dios; pero también requiere nuestra colaboración responsable. San Agustín lo expresó magistralmente cuando escribió que Dios “que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti” (Sermón 169, 11, 13). Por ello, en la conversión, no se trata tanto de cambiarnos a nosotros mismos, sino de dejarnos transformar por Dios. Jesús, con admirable sabiduría, se lo explicó al viejo Nicodemo, que no se sentía con fuerzas para “nacer de nuevo”, cuando le dijo: «El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios» (Jn 3,7).
Por lo tanto, ni esperemos cómodamente que Dios nos transforme, ni nos empeñemos en cambiar sin su ayuda. Dejemos que el Espíritu de Dios obre en nuestro corazón, en nuestros pensamientos y en nuestras acciones, conscientes de que la mejor colaboración es facilitar su acción, como el enfermo que se pone en las manos del médico, buscando la curación, o como el aprendiz que dedica tiempo a escuchar e imitar al maestro, tratando de empaparse de su saber hacer.
Facilitar la acción del Espíritu supone abrir tiempos de silencio, donde podamos prestar atención a nuestra conciencia, “el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, donde está a solas con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella”. Dios nos habla y nos trasforma en la soledad y la oración, cuando meditamos la Sagrada Escritura y la contemplamos en la vida cotidiana, en la que Dios se nos hace perceptible, si estamos atentos a su acción.
Facilitar la acción del Espíritu supone, además, buscar espacios de encuentro con aquellas personas en las que la acción de Dios es más patente: en los amigos y amigas que nos quieren bien, en esos que se quedan cuando todos se van; en quienes saben darnos ánimos y no se callan cuando precisamos una corrección; en las personas necesitadas de pan, paz, libertad, esperanza y amor, en las que el Señor está presente de forma especial (cf. Mt 25,35-36); en los hombres y mujeres que comparten nuestra fe en una comunidad cristiana (cf Mt 18,20).
Hemos de hacer (conversión activa) y dejarnos hacer por Dios (conversión pasiva), aunque esto último nos produzca una cierta sensación de vértigo, al no poder controlar completamente lo que va a suceder. Así es la vida, así es el amor y así es Dios: sorprendente e incontrolable. Además, tenemos muchas razones para ponernos confiadamente en manos de Dios, pues, como dijo el papa Benedicto XVI al inicio de su pontificado, «Él no quita nada, y lo da todo».
Aprovechemos decididamente esta Cuaresma, hermanas y hermanos, favoreciendo la acción del Espíritu de Dios en nuestras vidas.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 25 de junio de 2023
Ya tenemos hoja de ruta
El filósofo Séneca dijo: «Cuando no sabes hacia donde navegas, ningún viento es favorable», y no le faltaba razón. Para poder avanzar, hay que saber cuál es la meta y de qué medios disponemos para alcanzarla. En la vida de nuestra Iglesia también necesitamos conocer la meta y saber con qué medios contamos; esto es: necesitamos un “plan pastoral”, que nos ayude a concretar cómo vamos a desarrollar la misión que el Señor sigue encomendando a su Iglesia, en esta tierra y en este tiempo que nos toca vivir.
Después de más de un año y medio de reflexión compartida, el pasado sábado 17 de junio, aprobábamos en Asamblea Diocesana el Plan Pastoral que será nuestra hoja de ruta durante los próximos cinco años. Seguramente no es un Plan perfecto, pero es el Plan que hemos intentado elaborar entre todos con la ayuda del Señor. Sois muchos los grupos y personas que habéis aportado vuestras reflexiones, intuiciones y propuestas para configurar este Plan. Desde septiembre de 2021, los cristianos y cristianas que conformamos esta Iglesia de Teruel y Albarracín hemos rezado, reflexionado y dialogado juntos y, a través de este camino sinodal, hemos tratado de descubrir la ruta que el Espíritu Santo está marcando a nuestra Iglesia diocesana.
Nuestro Plan Pastoral ha querido recoger todas las propuestas que habéis presentado y se han articulado en tres bloques, que se corresponden con tres aspectos fundamentales de la identidad cristiana: la espiritualidad, la comunión y la misión o, dicho con otras palabras: la relación con Dios, con la comunidad y con el mundo. En el capítulo de espiritualidad, se señalan medios para crecer en la oración y formación de quienes participamos habitualmente en la vida de las comunidades. En el apartado de la comunión, proponemos medios para que las unidades pastorales y parroquias sean comunidades más vivas, que favorezcan la participación de todos los cristianos en la vida parroquial y diocesana. En el bloque de la misión, fijamos la atención sobre todo en quienes han abandonado la vida de la Iglesia o nunca formaron parte de ella.
Ahora nos toca ponerlo en marcha entre todos. Superemos la tentación de pensar que el Plan Pastoral “no va conmigo”. Va contigo, aunque te sientas demasiado mayor, demasiado joven, demasiado pecador o demasiado al margen. No es una hoja de ruta sólo para los sacerdotes y para las parroquias, sino para todos los bautizados. A todos os invito a leerlo y preguntaros: ¿qué me pide Dios a través de este Plan?, ¿qué puedo aportar para hacerlo realidad? Todos podéis rezar y muchos podréis ofrecer vuestros talentos para que se cumpla alguno de los objetivos señalados.
Queridos diocesanos y diocesanas, ¡gracias por vuestras aportaciones para elaborar el Plan Pastoral y gracias por vuestra disponibilidad para ponerlo en marcha! Qué el Señor y su Santa Madre nos sigan acompañando en esta aventura.
domingo, 28 de mayo de 2023
Caridad política
Este año, la solemnidad de Pentecostés, con la que culminamos el tiempo de Pascua, coincide con la fecha de las elecciones municipales y autonómicas. Pido al Espíritu Santo que ilumine a los electores y a los que resulten elegidos, en la búsqueda del bien común y en la construcción de un mundo más abierto, solidario y fraterno.
Quisiera aprovechar esta coincidencia para recordar la importancia de participar en política, en los asuntos del conjunto de la ciudadanía, como la educación, la sanidad, los derechos de las personas vulnerables, la organización de la sociedad, la familia, el trabajo, la ecología… A pesar de la bronca que transmiten algunos políticos y los casos de corrupción que van apareciendo, es necesario superar la tentación de “pasar de política”; porque –como afirmara el filósofo Platón– «el precio de desentenderse en política es ser gobernados por los peores hombres».
El modo más inmediato de participar en política es el ejercicio responsable del derecho al voto. Después, en la medida que a cada uno le sea posible, hay otras formas de participación a través de los partidos y las diversas asociaciones o asumiendo responsabilidades en los asuntos comunes de la ciudad, el pueblo o el país.
Por eso, dirijo este llamamiento al laicado de nuestra Iglesia, hombres y mujeres que vivís la fe cristiana en la familia y en el ámbito profesional y social. Si no lo hacéis vosotros, queridos laicos y laicas, ¿quién hará presente el espíritu del Evangelio en el ayuntamiento, en la escuela, en vuestro lugar de trabajo, en la asociación de madres y padres, en el parlamento o en el barrio? Y ¿quién traerá al corazón de la Iglesia “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”? (GS 1).
Recordemos las palabras de san Juan Pablo II: «los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política» (CL 42), y las todavía más apremiantes del papa Francisco: «Nosotros, cristianos, no podemos “jugar a Pilato”, lavarnos las manos: no podemos. Tenemos que involucrarnos en la política, porque la política es una de las formas más altas de la caridad, ya que busca el bien común. Y los laicos cristianos deben trabajar en política… La política se ha ensuciado demasiado; pero me pregunto: ¿por qué se ha ensuciado?, ¿porque los cristianos no se han involucrado en política con el espíritu evangélico? … Es fácil decir “la culpa es de ése”, pero yo, ¿qué hago?» (7 de junio de 2013).
Finalmente, deseo reconocer y agradecer el esfuerzo y el sacrificio de tantos hombres y mujeres que, con honradez y generosidad, soportando críticas, presiones e incluso amenazas, se consagran a servir a la sociedad en las responsabilidades públicas. Como dice el papa Francisco, viven una forma singular de caridad: la caridad política.
Recibid un cordial saludo en el Señor.
domingo, 13 de noviembre de 2022
Acuérdate de los pobres
Con una parábola memorable, Jesús afirmó: «Tuve hambre y me disteis de comer, fui forastero y me hospedasteis» (cf. Mt 25,31-46). Los cristianos de las primeras generaciones tomaron en serio estas palabras y «vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45), siguiendo las enseñanzas de los apóstoles, que les exhortaban a cuidar con amor de los pobres, como recuerda la interpelación del apóstol Santiago: «Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos de alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve?» (St 2,15-16).
A lo largo de la historia de la Iglesia, el Espíritu Santo ha seguido suscitando hombres y mujeres que, con la creatividad del amor, han dado su vida en el servicio de los pobres de todo tipo y han urgido a sus hermanos a hacer lo mismo.
El diácono de nuestra tierra San Lorenzo, en el siglo III, declaró que «los pobres son los tesoros de la Iglesia». San Juan Crisóstomo, en el siglo IV, predicaba: «¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies cuando lo contemples desnudo en los pobres; ni lo honres aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez”. San Francisco de Asís, en el siglo XII, decía: «Hermano, cuando ves a un pobre, ves un espejo del Señor». San Vicente de Paúl, en el siglo XVII, exhortaba: «Dediquémonos con amor renovado al servicio de los pobres… ellos son nuestros señores y maestros y no somos dignos de prestarles nuestros humildes servicios». Sólo son unas perlas que manifiestan el sentir de la Iglesia.
También los últimos papas nos han impulsado a mirar a los pobres como referencia inexcusable de nuestra vida. San Juan Pablo II enseñó: «Ateniéndonos a las indiscutibles palabras del Evangelio, en la persona de los pobres hay una presencia especial suya [de Jesús], que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos» (NMI 49). Y Benedicto XVI advirtió a toda la Iglesia: «Practicar el amor hacia las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio» (DCE 22).
El amor y la atención a los pobres no debería ser, pues, algo secundario, optativo o delegable para nosotros y para nuestras comunidades cristianas. Está en juego la vida digna de muchos hombres y mujeres. Está en juego nuestra humanidad y nuestra fe. Que la Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el papa Francisco hace cinco años, nos anime a acercarnos a las personas necesitadas, a mirarles con cariño, a abrazarles, a aprender de ellas y a compartir nuestros bienes materiales y espirituales. Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.
domingo, 17 de octubre de 2021
Sinodalidad: caminar juntos
Hace muchos años escuché a un sacerdote que, medio en broma, dijo al obispo: “usted caciquea todo lo que quiere en la Diócesis, deje que nosotros caciqueemos en las parroquias”. También he oído a algunas personas que, con buena intención, se someten ciegamente a todo cuanto dicen los sacerdotes y los obispos: “lo que usted quiera… como usted mande”.
Estas palabras reflejan una mentalidad, que ha ido cambiando y que debe transformarse mucho más, hasta que todos los cristianos, mujeres y hombres, laicos, religiosos y sacerdotes, vivamos con más responsabilidad nuestro bautismo e, inspirados y animados por el Espíritu Santo, nos escuchemos los unos a los otros, y podamos decidir juntos, trabajar juntos, caminar juntos, revisar juntos y celebrar juntos, cada uno de acuerdo a los dones recibidos y a su vocación específica.
Este modo de ser y de vivir en la Iglesia se llama Sinodalidad y tiene su primera expresión en el Concilio de Jerusalén (cf. He 15 y Ga 2,1-10), un acontecimiento sinodal, en el que la comunidad de Jerusalén se reúne para examinar una cuestión discutida, escuchando a los testigos, interpretando los hechos a la luz de la palabra de Dios y, finalmente, ofreciendo algunos criterios de actuación.
El Papa Francisco afirmó: “El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Convencido de que esta es la senda a recorrer también en Teruel y Albarracín, quisiera animaros a vivir este sínodo sobre la sinodalidad como una oportunidad preciosa para la Iglesia universal, para nuestra Diócesis y para sus comunidades parroquiales, religiosas, movimientos, cofradías, asociaciones…
Este sínodo universal va a comenzar con una fase diocesana, en la que todos tendremos la oportunidad de participar. En nuestro caso, la Catedral de Teruel acoge la Santa Misa de apertura, hoy domingo 17 de octubre a las 19:30 h. En las parroquias se explicará el trabajo a desarrollar en los diferentes grupos y, cuando concluya la fase diocesana, las conclusiones se enviarán a la Conferencia Episcopal Española; para que, finalmente, lleguen a Roma y puedan ayudar a la reflexión de los padres sinodales con el Papa Francisco.
Además, tendremos la oportunidad de escuchar y conversar con la teóloga aragonesa Cristina Inogés-Sanz, quien ha participado en la inauguración del Sínodo, con un discurso previo al del Santo Padre. Ofrecerá una charla coloquio en Teruel, el jueves 4 de noviembre a las 8 de la tarde, en el salón de actos del colegio Sagrado Corazón de Jesús (calle Ripalda).
Con el deseo de que aprovechemos este proceso sinodal para ir disolviendo los prejuicios que nos dificultan la escucha de los hermanos en la fe, de cuantos profesan otras religiones, de los no creyentes, de los pobres y, por tanto, de Dios; con la esperanza de que esta iniciativa nos ayude a crecer en santidad, en solidaridad y en entusiasmo misionero, os envío un saludo muy cordial a todos, en el Señor.
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