domingo, 22 de febrero de 2026
Convertirse... al Evangelio
Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla.
A menudo se entiende la Cuaresma como una segunda oportunidad para retomar los buenos propósitos de inicio de año. Pero la Cuaresma es mucho más que eso; es un tiempo propicio en el que Dios nos ofrece su gracia, no para realizar cambios superficiales o estéticos, sino para afianzar nuestra conversión al Evangelio de Jesucristo. Él nos muestra el corazón compasivo del Padre que ama a todas sus criaturas, especialmente a quienes más sufren.
En su primera exhortación apostólica, el papa León XIV nos invita con fuerza a encontrarnos con los pobres. Por ello, os animo a hacer de este documento nuestra lectura espiritual durante este tiempo de Cuaresma, y a abrir el corazón a las inspiraciones con las que el Espíritu Santo os visitará al meditarla.
Desde sus primeras palabras —Dilexi te (“Te he amado”), dirigidas por el vidente del Apocalipsis a una comunidad cristiana despreciada—, el Papa nos urge a descubrir en los pobres el rostro y la carne sufriente de su Hijo Jesús. Esta mirada contemplativa no surge de manera espontánea: es fruto de una relación profunda con el Señor y de una cercanía real con quienes viven en la necesidad. No basta con hablar de los pobres o reflexionar sobre la pobreza; es imprescindible hacerles un lugar más amplio en nuestra vida diaria y en nuestra oración. Sólo así podremos conocer y presentar a Dios sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angustias. Sólo así podremos valorarlos, amarlos y servirles como Jesús y con Jesús, y acoger las enseñanzas y llamadas que Dios nos dirige a través de ellos.
Llevar ante Dios la vida de las personas necesitadas y llevar a ellas el amor de Dios transformará también nuestra propia mentalidad, tantas veces condicionada por discursos ideológicos interesados; pues, como ha señalado el Papa, «el hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver al Evangelio, para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana».
A modo de resumen, os propongo algunas cuestiones a incluir en un examen de conciencia cuaresmal, auténticamente evangélico: ¿qué espacio ocupan los pobres en mi vida cotidiana y en mi presupuesto?, ¿presento ante Dios sus necesidades y doy gracias por su fe y sus aportaciones?, ¿los considero un problema social distante o una “cuestión familiar” que me implica?, ¿trabajo para que nuestra comunidad cristiana sea cada vez más samaritana con las personas y los pueblos descartados?, ¿cómo me sitúo ante los bienes materiales, ante el consumo y ante la hermana madre Tierra, tan necesitada de nuestro cuidado, para favorecer una sociedad más justa y fraterna, en la que todos los hijos e hijas de Dios podamos vivir con dignidad?
Un saludo muy cordial, en el Señor.
domingo, 8 de febrero de 2026
Frente al “¡sálvese quien pueda!”, Manos Unidas
Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla.
¿Quién no se ha sentido incómodo al encontrarse, en los medios de comunicación, con noticias que muestran las injusticias y desigualdades que golpean la vida de tantas personas y pueblos? En alguna ocasión, quizá hayamos preferido evitar estas informaciones porque nos hacen sufrir y nos recuerdan que algo debería cambiar en nuestra propia vida. Las mujeres de Manos Unidas, en cambio, afrontan esta realidad con valentía y, año tras año, nos animan a vencer la indiferencia y a unirnos a su “guerra contra el hambre”.
Estas desigualdades tienen su raíz en el egoísmo que anida, en mayor o menor medida, en el corazón de cada uno y en lo que san Juan Pablo II llamó “estructuras de pecado”, que «se refuerzan, se difunden y son fuente de otros pecados, condicionando la conducta de los hombres» (SRS 36). Estas estructuras se alimentan por ideologías que promueven una visión individualista y materialista de la vida, que llegan a responsabilizar a los pobres de sus propias penurias, adormecen nuestra conciencia para que la injusticia no nos duela y desacreditan los discursos que defienden la dignidad humana frente a los intereses económicos.
El Magisterio de la Iglesia ha advertido siempre del peligro de estas ideologías materialistas. San Juan Pablo II nos previno contra los sistemas económicos que pretenden «reducir totalmente al hombre a la esfera de lo económico y a la satisfacción de las necesidades materiales» (CA 19). Y el papa Francisco ha afirmado que ciertos modelos económicos matan, pues «grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida» (EG 53).
Ante esta dolorosa realidad, mantengamos viva la confianza en la eficacia de los pequeños gestos de solidaridad que el Señor no deja de bendecir. Gracias a la recaudación del año pasado en Málaga y Melilla, fue posible financiar 18 proyectos, con un importe total de 839.200 €, que levantaron una bandera de esperanza en la vida de no pocas personas –con nombre y rostro– y pueblos.
Este año, la Delegación de Manos Unidas nos presenta otros 18 proyectos en los ámbitos educativo, sanitario, de agua y saneamiento, alimentación, derechos de la mujer y derechos humanos. Entre ellos, destaca el que se va a llevar a cabo en Moursale (Chad), que contempla la construcción de aulas para niños y niñas de 7 a 14 años de las zonas rurales, contando además con la implicación activa de los propios estudiantes y de sus familias.
Mi gratitud a todos los equipos de Manos Unidas en nuestra Diócesis y a todas las personas de buena voluntad que apoyáis con generosidad sus proyectos, luchando contra las estructuras de pecado y las ideologías que propagan el “¡sálvese quien pueda!”, y promoviendo la justicia, la dignidad de cada persona y la fraternidad humana, tan deseada y alentada por Dios.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
Ejercicios para la Operación Cuaresma
Queridos diocesanos, amigas y amigos de Málaga y Melilla:
Cuando se acercan los meses de calor, muchos se embarcan en la conocida “operación verano”, cuidando la dieta y haciendo ejercicio físico. En estas fechas, queremos proponeros una “Operación Cuaresma”, proponiendo una serie de Ejercicios, esta vez espirituales, a todos los bautizados y bautizadas, especialmente para los miembros de nuestras queridas cofradías y hermandades, que vivís con tanta intensidad este tiempo litúrgico y la Semana Santa.
Con mucho cariño, hemos preparado esta iniciativa en colaboración con la Delegación Diocesana correspondiente y la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga. Queremos que el trabajo precioso que realizáis —preparando cultos, procesiones, acciones de caridad y encuentros fraternos— venga acompañado de un trabajo interior, que os permita disfrutar más profundamente de lo que hacéis, y transmitir con más fuerza la alegría, el amor y la esperanza que brotan de la cercanía de Jesucristo y de su Madre Santísima.
No se trata de algo complicado ni exigente en tiempo. La semana próxima, del lunes 9 al viernes 13 de febrero, de 20.00 a 20.45 horas, se ofrecerán cinco charlas en la iglesia de los Santos Mártires de Málaga. No serán teóricas, sino que se explicarán pistas sencillas para ejercitarse espiritualmente, inspiradas en intuiciones de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Os animo a acudir presencialmente si podéis, y si no, a seguirlas por internet en diocesismalaga.es desde cualquier lugar de la Diócesis.
Aunque parezca una propuesta humilde, os aseguro que puede cambiarnos la vida. Cuando dedicamos un tiempo de calidad a la oración, descubrimos nuestra fragilidad, reconocemos cómo nos engañamos o nos dejamos engañar, sentimos el dolor por nuestros pecados y acogemos con más hondura el perdón de Dios. Poco a poco, Jesús nos contagia su deseo de vivir las bienaventuranzas, de amar hasta el extremo, de entregarnos sin reservas, para participar así de su vida nueva resucitada. En este proceso, el Señor transforma nuestra sensibilidad y nuestra vida entera. Con su gracia, el corazón empieza a latir al ritmo del Evangelio, de modo que nuestro mayor deseo no es otro que amar a Dios y a los hermanos, como Jesús y con Jesús.
Os invito, pues, a sumaros a esta “Operación Cuaresma”, para que la Semana Santa no solo se celebre, sino que se viva en la familia, en el trabajo y en los momentos de encuentro y de descanso. Que esta experiencia pueda animar a los cofrades y a todos los bautizados y bautizadas a considerar la posibilidad de realizar Ejercicios Espirituales en formatos más intensos: dedicando unos días de retiro a la meditación y a la contemplación de la vida del Señor, o bien viviendo los Ejercicios en la Vida Diaria, reservando cada día un tiempo de oración durante varios meses.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 1 de febrero de 2026
Gratitud y esperanza para la vida consagrada
Queridos diocesanos, amigas y amigos de Málaga y Melilla:
La vida consagrada es un tesoro que el Espíritu ha suscitado desde los orígenes del cristianismo. También hoy, en nuestra Diócesis de Málaga, sigue siendo un regalo precioso. Lo sabéis bien quienes disfrutáis de la amistad de una persona consagrada o habéis tenido cerca una comunidad religiosa alegre, unida y entregada a su misión.
En esta carta deseo, ante todo, invitar a toda la comunidad eclesial a reconocer la grandeza de este don. La vida consagrada no es un adorno opcional dentro del cuerpo eclesial; es una presencia esencial que nos recuerda que Dios es lo primero, que el Evangelio puede vivirse con radicalidad y que una existencia entregada anticipa ya la plenitud del cielo.
Los consagrados no viven apartados del mundo, sino profundamente insertos en él desde la lógica del amor incondicional de Dios. Sus comunidades son escuelas donde se aprende a perdonar, a compartir, a escuchar, a discernir y a servir. Sus obras —educativas, sanitarias, sociales, contemplativas, misioneras— son signos visibles de la ternura de Dios hacia los más pequeños y vulnerables.
La Iglesia —nuestra diócesis de Málaga— necesita la vida consagrada, y el mundo también. Por eso, queridos hermanos y hermanas, os invito a valorar, acompañar y sostener a quienes han entregado su vida al Señor. Y animo a los chicos y chicas que se encuentran en discernimiento vocacional a preguntarse, delante de Dios, si Él los llama a este camino.
A vosotros, queridos consagrados y consagradas, deseo dirigiros una palabra especial en estos tiempos complejos. A quienes vivís vuestro carisma en esta diócesis, os pido con afecto lo mismo que el papa León ha pedido recientemente a los sacerdotes: “una fidelidad que genera futuro”. Es una expresión luminosa y desafiante para todos los bautizados. Os animo, pues, a permanecer firmes en la oración, fieles a la vida fraterna, disponibles para la misión, abiertos a la Iglesia diocesana, atentos a los pobres y dóciles al Espíritu. La fidelidad cotidiana —a veces escondida, a veces cansada— es la que fecunda a la Iglesia y transforma el mundo desde dentro.
La vida consagrada florece cuando se vive desde la verdad del Evangelio, sin rebajas ni exageraciones, sin prisa ni miedo; aunque seáis menos, aunque tengáis que unir comunidades, incluso de congregaciones distintas para llevar adelante un proyecto misionero. En cambio, no sirven de nada los atajos para obtener más vocaciones, el “todo vale” para conservarlas, los experimentos extraños para sostener comunidades sin recursos humanos suficientes, la rigidez que no da consistencia interior o la mundanización que busca satisfacer todos los caprichos.
El Señor no os llamó para tener éxito, ni para ser más en número e influencia, sino para ser testigos fieles de su amor, como Él y con Él, que manifestó su gloria desde el madero de la cruz. El Señor bendice vuestra entrega y sostiene vuestra esperanza.
Contad con mi oración, mi aprecio y mi apoyo.
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