domingo, 30 de noviembre de 2025

¡Atención!


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

Pierre Anthon, en la novela “Nada”, se sube a un ciruelo. Desde allí observa el mundo con distancia, sin implicarse y, por tanto, sin esperanza. El Adviento, en cambio, nos invita a “bajar del ciruelo”, a vivir con los pies en la tierra, atentos a los signos de la presencia de Dios, que nunca advertiremos encaramados en las ramas de un árbol.

Por eso quiero dirigirme a vosotros con una palabra que considero esencial en este momento de nuestra historia: atención. Jesús mismo nos exhorta: «Velad, porque no sabéis el día ni la hora». La vigilancia es la actitud del discípulo que sabe que el Señor viene, que su presencia se manifiesta en lo cotidiano, y que no podemos dejar pasar la oportunidad de reconocerlo.

Vivimos un cambio de época, no solo en una época de cambio. Las transformaciones culturales, sociales y tecnológicas nos colocan ante nuevos desafíos y también ante nuevas oportunidades. En medio de este mundo en movimiento, la atención se convierte en una virtud especialmente necesaria. Si no estamos atentos, podemos perder de vista los nuevos peligros que amenazan la vida y la fe. Pero si permanecemos vigilantes, descubriremos oportunidades inéditas para vivir y anunciar el Evangelio: nuevas formas de comunicación, nuevas búsquedas espirituales en los jóvenes, nuevas sensibilidades hacia la justicia y la paz.

La vigilancia y la atención no son únicamente virtudes personales; estamos llamados a vivirlas en comunidad. No basta con que algunos permanezcan atentos: es necesario que toda la Diócesis, y cada parroquia en particular, se mantengan despiertas para esquivar la rutina, acoger con fe los signos de los tiempos y discernir juntos lo que el Espíritu está diciendo hoy a la Iglesia.

El Adviento nos recuerda que Dios viene siempre, que su llegada no es solo un acontecimiento del pasado ni una promesa futura, sino una realidad presente. La vigilancia nos ayuda a reconocerlo en los signos pequeños: en la sonrisa de un niño, en la paciencia de los ancianos, en la solidaridad de quienes comparten lo poco que tienen. Estar atentos es abrir los ojos para descubrir que el Reino ya está germinando entre nosotros.

La atención también nos llama a cuidar nuestra vida interior. No podemos vivir vigilantes si no cultivamos el silencio y la oración, si no alimentamos nuestra fe con la Palabra de Dios, si no participamos con fervor en la Eucaristía. La vigilancia no es nerviosismo ni ansiedad, sino serenidad activa, fruto de una relación viva con el Señor.

Queridos hermanos y hermanas, os invito a que este Adviento sea un tiempo de atención vigilante. Así, cuando llegue la Navidad, podremos acoger al Señor con un corazón despierto y agradecido, sabiendo que hemos vivido atentos a su presencia y a su llamada.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor que viene.

domingo, 23 de noviembre de 2025

Recuperar la razón... cordial


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

Vivimos en una época de contrastes y contradicciones. No es raro encontrar personas que solo aceptan como verdadero lo que la ciencia demuestra, desestimando lo que proviene de la filosofía o la religión. Al mismo tiempo, estas mismas personas a menudo relegan la razón a la hora de elegir pareja, orientarse profesionalmente, crear vínculos, decidir en política o vivir la fe, dejándose guiar únicamente por emociones y sensaciones, con frecuencia engañosas y cambiantes.

Cuando despreciamos la razón y absolutizamos el sentimiento, caemos en un relativismo y un pensamiento débil, que suelen aliarse con los poderosos y perjudicar a los más vulnerables. Por otro lado, cuando absolutizamos una razón entendida exclusivamente como cálculo técnico, ajena a las dimensiones no cuantificables de la existencia, construimos una civilización científicamente avanzada pero vacía de humanidad, un modelo de razón al servicio del interés económico, capaz de sostener estructuras de explotación y de violencia.

En este contexto, es menester afirmar el valor de la razón científica, pues gracias a su método para medir y organizar la realidad, se ha ampliado notablemente la capacidad humana para transformar el mundo. No obstante, también debemos admitir que dicha razón se revela insuficiente para orientar nuestra existencia y marcar el rumbo de la historia.

Necesitamos, por tanto, recuperar una razón cordial que dé cuenta de todo lo que, sin ser demostrable ni medible, sigue siendo real: el amor, los afectos, la justicia, la fe, el misterio de la persona… Esta razón ha de ser capaz de reconocer el valor incondicional de cada ser humano e impulsarnos a una acción transformadora, además de ofrecer el marco adecuado para orientar el desarrollo de la razón científico-técnica. Una razón que no huya de los interrogantes existenciales y que se acerque al Misterio, que sostiene la vida y responde a nuestros deseos y esperanzas.

Una razón así no solo se nutre de argumentos lógicos, sino también de intuiciones, decisiones no calculadas y vínculos que la mente no puede controlar. Ya en el siglo XVII, Blaise Pascal escribió: «El corazón tiene razones que la razón no entiende», reflejando la complementariedad entre la razón y la emoción.

En este sentido, san Juan Pablo II afirmó que «la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad» (FR 1). Y Benedicto XVI criticó tanto el fundamentalismo como el laicismo, ya que impiden «un diálogo fecundo y una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa» (CV 56). La fe sin razón enferma y se fanatiza; la razón sin la fe pierde el rumbo de la justicia y termina sirviendo al poder.

Que el Espíritu nos ayude a “pensar con el corazón y sentir con la cabeza”.

Recibid un saludo cordial en el Señor.

domingo, 16 de noviembre de 2025

Cotolengo, esperanza para los últimos


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

León XIV, en su Mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres, ha afirmado: «Tú, Señor, eres mi esperanza (Sal 71,5). Estas palabras brotan de un corazón oprimido por graves dificultades: Me hiciste pasar por muchas angustias (v. 20), dice el salmista. A pesar de ello, su alma está abierta y confiada, porque permanece firme en la fe, que reconoce el apoyo de Dios».

Nos invita, por tanto, a mirar al pobre no sólo como destinatario de nuestra caridad, sino como portador de un mensaje evangelizador: «El pobre no confía en las seguridades del poder o del tener; al contrario, las sufre y con frecuencia es víctima de ellas. Su esperanza sólo puede reposar en otro lugar. Reconociendo que Dios es nuestra primera y única esperanza, nosotros también realizamos el paso de las esperanzas efímeras a la esperanza duradera».

Acojamos la fuerza evangelizadora de las personas empobrecidas y compartamos con ellas nuestros bienes materiales y espirituales, porque, como advertía el papa Francisco, «la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de brindarles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe» (EG n. 200).

Estas palabras cobran vida en la Casa del Sagrado Corazón, nuestro querido Cotolengo, fundado en 1965 en una de las zonas más desfavorecidas de Málaga gracias al impulso del P. Jacobo y las hermanas de la Institución Benéfica del Sagrado Corazón. Hoy, el trabajo incansable de las hermanas franciscanas clarisas de Kerala (India), así como el compromiso generoso de un reducido grupo de trabajadores y de un numeroso voluntariado, dan calor a este hogar sencillo, donde la caridad se encarna, la esperanza se respira y la fe resuena en el eco del salmo: “Tú, Señor, eres mi esperanza”. No es casual que esta casa, que acoge a familias desahuciadas con niños, personas sin hogar, con discapacidad grave, enfermas o sin derechos sociales reconocidos, haya sido designada como lugar jubilar en este 2025, año de gracia dedicado a fortalecer y contagiar la esperanza.

La celebración de la IX Jornada Mundial de los Pobres, las últimas jornadas del Jubileo y el 60 aniversario del Cotolengo nos invitan a crear nuevos signos de esperanza, activando nuestra responsabilidad social en aras del bien común, impulsando políticas sociales que cambien estructuras injustas, fomentando las distintas formas de voluntariado y colaboración, también económica, y poniendo a los pobres «en el centro de toda la acción pastoral, no sólo de la dimensión caritativa, sino también de lo que la Iglesia celebra y anuncia».

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 9 de noviembre de 2025

La Iglesia, una gran familia


Queridos diocesanos y diocesanas:

En muchas ocasiones, nos resulta más fácil ventilar los fallos de la Iglesia que darnos cuenta de lo mucho que nos ofrece. Nos duelen sus errores —que debemos asumir con honestidad y corregir con firmeza—, pero también es justo y necesario reconocer, con alegría y gratitud, que la Iglesia, nuestra Iglesia diocesana de Málaga, es una gran familia en la que muchos habéis conocido a Jesucristo y su Evangelio; una gran familia que nos alimenta en la fe y nos sostiene en la misión.

Tú y yo somos cristianos por la gracia de Dios y también gracias a la mediación de la Iglesia: por aquella catequista que nos ayudó a vislumbrar la grandeza de creer, por ese sacerdote que nos escuchó y nos condujo al encuentro con la misericordia de Dios, por tantos laicos que nos conquistaron con su ejemplo de oración, solidaridad y valentía, anunciando verdades incómodas y defendiendo la dignidad de los más pequeños.

Demos gracias a Dios por quienes sois solidarios con vuestros hermanos, por los que trabajáis en Cáritas, Manos Unidas y tantas otras organizaciones, porque sois Iglesia; por los que cuidáis con generosidad nuestros templos y celebraciones, porque sois Iglesia; por quienes os consagráis a Dios en la vida religiosa, el sacerdocio o las misiones, porque sois Iglesia.

Agradezcamos también a quienes rezáis por los que sufren y por quienes más queréis, porque sois Iglesia; a los que compartís con responsabilidad vuestro dinero con la parroquia y la Diócesis, porque sois Iglesia, y a tantos laicos y laicas comprometidos en la familia, la parroquia, la hermandad, el trabajo, la economía, la política, el pueblo, el barrio y en el cuidado de la casa común en la que vivimos, porque sois Iglesia. Esta gran familia cuenta contigo, porque tú eres Iglesia.

En este Día de la Iglesia Diocesana, conviene que nos preguntemos: ¿Reconozco y agradezco de forma habitual la aportación de la Iglesia a mi vida y a la sociedad? ¿Podría ofrecer algo más para que la Iglesia continúe sembrando palabras de esperanza y gestos de humanidad, en nuestra tierra y en los rincones del mundo más empobrecidos?

Esta gran familia trabaja para crecer en transparencia y, por eso, como cada año, hoy se publica la situación económica de la Diócesis. También seguimos avanzando en el camino de la sinodalidad, para que nadie se sienta “cristiano de segunda” y todos los bautizados y bautizadas puedan vivir plenamente como miembros de esta gran familia.

Con el corazón agradecido por la entrega de los laicos, religiosos y sacerdotes, por la generosidad de tantos hombres y mujeres de nuestra Diócesis, os envío un saludo muy cordial a todos, en el Señor.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Vivir y morir con sabiduría


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

El acceso a una vivienda digna se ha convertido en un problema gravísimo para muchas personas y familias. Hace poco, un profesor universitario me confesaba que, pese a contar con un salario estable, había renunciado al sueño –largamente acariciado– de adquirir una vivienda. Del mismo modo, una amiga compartía su angustia al no encontrar un piso cuyo alquiler no superara su sueldo mensual. Si esta es la realidad de muchos que llevan una vida aparentemente “normalizada”, ¿cómo será entonces la de tantos hermanos y hermanas empobrecidos? El director de Cáritas Málaga contaba su encuentro con una persona conocida que quedó en la calle, a raíz de una enfermedad: la invitó a tomar un café y esta rechazó la propuesta, diciendo: «Gracias, pero no quiero que me veas así».

Cáritas nos invita a mirar con profundidad y ternura la realidad de quienes habitan nuestras calles. Son hombres y mujeres con historias, vínculos, emociones y sueños silenciados: personas que, a pesar de trabajar, no pueden acceder a una vivienda; jóvenes extutelados que, al alcanzar la mayoría de edad, se enfrentan a la exclusión; migrantes, víctimas de violencia, mayores sin red familiar, personas con problemas de salud mental o adicciones… En 2024, Cáritas acompañó a 917 personas sin hogar en Málaga y Melilla, y constató cómo el “sinhogarismo” se prolonga en el tiempo: el 13% lleva más de cinco años viviendo en la calle. Esta situación no supone solo un problema de pobreza material; significa no tener acceso a salud, protección social y participación comunitaria. De hecho, el 52,7% de las personas sin hogar en Málaga no están empadronadas, lo que les impide acceder a prestaciones básicas.

La fe nos impulsa a transformar la realidad desde el amor y la justicia. Por ello, como Iglesia, además de exigir a las administraciones políticas eficaces que garanticen el derecho a la vivienda para los jóvenes y sus familias, nos unimos a las propuestas de Cáritas para aliviar el dolor de quienes viven en la calle: facilitar el empadronamiento incluso en ausencia de techo; crear recursos para familias con menores; garantizar atención a solicitantes de protección internacional; ampliar el Programa +18; mejorar la atención en salud mental; asegurar recursos tras altas hospitalarias; reforzar los servicios sociales, coordinar administraciones y establecer mecanismos de participación para las personas sin hogar.

No basta con ofrecer asistencia: debemos abrir caminos de inclusión, donde cada persona pueda desarrollar su proyecto de vida. ¡Ojalá nuestras comunidades cristianas puedan ofrecer a tantas personas sin hogar el cariño y, cuando sea posible, el techo que precisan! Que el Espíritu nos mueva a la compasión activa, al compromiso concreto y a la esperanza compartida; porque nadie debería vivir sin hogar y todos los hombres y mujeres merecen vivir con dignidad.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

Primero de mayo

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla: En los últimos años, se ha producido en nuestra tierra un notable dinamismo ec...