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domingo, 18 de septiembre de 2022

365 gracias


Hace un año comencé mi andadura como obispo de esta querida Diócesis. A veces tengo la sensación de que fue ayer y que ha pasado el tiempo muy rápido. En otros momentos, crece la impresión de que esta es mi casa desde hace muchos años. Por eso, quisiera aprovechar este primer aniversario para dar gracias a Dios y a todos vosotros, amigas y amigos de Teruel y Albarracín, por vuestra acogida y por vuestro cariño.

Deseo agradecer sobre todo la rica experiencia espiritual y eclesial de los laicos, los consagrados y los sacerdotes de esta tierra. A menudo me emociono cuando me contáis vuestro recorrido de fe, vuestro encuentro con Dios en la oración y en la vida cotidiana, vuestros trabajos apostólicos de ayer y hoy, vuestros proyectos para llevar amor y esperanza a quienes más lo necesitan, vuestro esfuerzo por adquirir una formación que os permita responder a las llamadas de Dios y servir más y mejor en esta Iglesia y en esta tierra. Gracias porque puedo disfrutar la alegría de cosechar lo que otros sembraron y lo que vosotros mismos habéis sembrado. Al final de este primer año, puedo afirmar que Teruel y Albarracín está siendo para mí la esposa más bella.

En estos meses habréis podido conocerme un poco mejor. Seguramente habréis intuido, conocido o sufrido mis no pocos límites. Quizá ya se haya hecho realidad lo que os anuncié en la celebración de mi ordenación: “este obispo os fallará tarde o temprano”. Gracias por vuestra comprensión y por vuestro perdón, que os pido lleno de confianza.

Apoyados en la promesa de Dios, que nunca defrauda, os animo a seguir amando y trabajando por esta Iglesia Diocesana de Teruel y Albarracín, que está inmersa en un profundo proceso de renovación, urgida por la realidad cambiante del mundo en el que vivimos y por la llamada de Dios a anunciar la buena noticia de su amor y su verdad en esta hora. Es verdad que no sabemos con certeza cómo será esta Diócesis dentro de veinte años, pero estamos seguros de que la luz de la fe nos iluminará y guiará.

Tal como enseña Francisco en la carta encíclica Lumen Fidei, “la fe «ve» en la medida en que camina, en que se adentra en el espacio abierto por la Palabra de Dios. Esta Palabra encierra además una promesa: tu descendencia será numerosa, serás padre de un gran pueblo”. No esperemos, por tanto, a estar seguros de cómo será el final de nuestro camino; avancemos atentos a las señales que Dios indefectiblemente nos mostrará, en la escucha de la Sagrada Escritura, de los hermanos y hermanas que comparten con nosotros su fe, de las personas empobrecidas y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Somos lo que tú nos ayudas a ser



En muchas ocasiones, nos resulta más fácil ventilar los fallos de la Iglesia que darnos cuenta de lo mucho que nos ofrece. Nos dolemos por sus limitaciones y errores, que ahí están; pero también deberíamos reconocer, con alegría y gratitud, que la Iglesia, esta Iglesia diocesana de Teruel y Albarracín, es una gran familia, en la que muchos habéis conocido a Jesucristo y su Evangelio; una gran familia que nos alimenta en la fe y nos sostiene en la misión. Tú y yo somos cristianos por la gracia de Dios y por la necesaria mediación de la Iglesia: por esa catequista que nos ayudó a intuir mejor la grandeza de creer, por ese sacerdote que nos escuchó y nos ayudó a acoger la misericordia de Dios, por esos cristianos laicos que nos conquistaron con su ejemplo de oración, solidaridad y valentía, anunciando verdades incómodas y defendiendo la dignidad de los más indefensos.

En esta gran familia, somos lo que tú nos ayudas a ser, porque tú eres Iglesia. Somos la aportación de los que sois solidarios con vuestros próximos, o trabajáis en Cáritas, Manos Unidas y otras organizaciones caritativas, porque sois Iglesia. Somos el esfuerzo de los que cuidáis generosamente nuestros templos y celebraciones, porque sois Iglesia. Somos la dedicación de las personas que os consagráis a Dios en la vida religiosa, el sacerdocio o las misiones, porque sois Iglesia. Somos la contribución de quienes compartís responsablemente vuestro dinero con la parroquia, porque sois Iglesia. Somos el esfuerzo de tantos laicos y laicas que os comprometéis en la familia, la educación, el trabajo, la economía, la política, el pueblo, el barrio, la casa común en la que vivimos, porque sois Iglesia. Somos la oración de los que rezáis por los que sufren, por las personas a las que más queréis… porque sois Iglesia. Somos lo que tú y yo podemos compartir con la Iglesia, con nuestra Diócesis. Somos una gran familia, contigo.

Por eso, en este Día de la Iglesia Diocesana, nos podemos preguntar: ¿Reconozco y agradezco habitualmente la aportación de la Iglesia a mi vida personal y al conjunto de la sociedad? ¿Podría aportar algo más, para que la Iglesia siga ofreciendo al mundo palabras de esperanza y gestos de humanidad, dentro y fuera de nuestro territorio?

Esta gran familia trabaja para crecer en transparencia, por eso hoy, como cada año, se publica la situación económica de la Diócesis. También estamos empeñados en avanzar, con el Papa Francisco, por el camino de la sinodalidad, para que nadie se sienta “cristiano de segunda”, para que todos puedan considerarse miembros de esta gran familia.

Con el corazón lleno de gratitud, por la dedicación de los laicos, religiosos y sacerdotes, por la generosidad de tantos hombres y mujeres de nuestra Diócesis, os envío un saludo muy cordial a todos, en el Señor.

Afinar el oído

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla: En el proceso sinodal en el que estamos inmersos, es decisivo aprender a escu...