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domingo, 3 de diciembre de 2023

El encuentro y la concordia siguen siendo posibles


Mensaje de la Conferencia Episcopal ante la situación social y política en España.

Ante la situación social y política en España, los obispos reunidos en asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal, compartimos la preocupación que suscitan la actual polarización ideológica, la crispación social y los episodios de desencuentro. Inspirados en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, fieles a nuestra misión que nos invita a ofrecer una orientación moral, iluminar las conciencias e impulsar la búsqueda de soluciones a los desafíos del momento actual, queremos compartir con el Pueblo de Dios y la sociedad española, la siguiente reflexión:

Benedicto XVI, citando el Concilio Vaticano II, afirma que “la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados. No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación” (Caritas in Veritate 9). Como afirma el Evangelio, “la verdad os hará libres” (Jn 8,32).

El papa Francisco, con la imagen del poliedro, nos habla de “una sociedad donde las diferencias conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente… porque de todos se puede aprender algo, nadie es inservible, nadie es prescindible” (Fratelli Tutti 215). Así se nos anima a vivir la comunión en la diversidad. Esto conlleva fomentar la cultura del encuentro, es decir, buscar puntos de contacto, tender puentes, y proyectar algo que incluya a todos (cfr. FT 216).

Nuestra Conferencia Episcopal, en el documento titulado Orientaciones morales ante la situación actual de España, aprobado en 2006, afirmaba que es “absolutamente necesario que sea perfectamente respetado el recto funcionamiento de las diferentes instituciones. Para la garantía de la libertad y de la justicia, es especialmente importante que se respete escrupulosamente la autonomía del Poder Judicial y la libertad de los jueces” (n. 61).

Queremos alentar un diálogo social entre todas las instituciones que cultive la escucha y evite posiciones inflexibles y excluyentes. Los acuerdos deben respetar la dignidad de la persona, el bien común y los principios de subsidiariedad y de solidaridad. Estos principios han de realizarse en el marco del ordenamiento jurídico propio del Estado de Derecho que nos hemos dado los españoles en la Constitución de 1978, que culminó la Transición. Nuestra Carta Magna consagra la separación de poderes y la libertad e igualdad de todos los ciudadanos, al tiempo que garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad, recogido en su art. 2, velando por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español (cfr. art. 138).

La Buena Noticia de Jesucristo nos llama a ser hijos del mismo Padre que fundamenta la fraternidad (cfr. Mt 23,8-9). Esto nos compromete a todos a actuar en conciencia por la verdad y el bien del prójimo, a trabajar con esperanza en favor del encuentro en la convivencia pacífica y el respeto mutuo, excluyendo toda violencia, cultivando el perdón cristiano y la reconciliación, y estimulando el ejercicio de la caridad social y política.

Elevamos nuestra oración al Señor para que acreciente en nosotros la convicción de que la concordia y la comunión siguen siendo posibles.

domingo, 23 de abril de 2023

San Jorge y el dragón


Cuenta la leyenda que San Jorge, patrón de nuestra tierra, venció a un terrible dragón, que había devorado a mucha gente en una ciudad. ¿Hay ahora algún dragón que campe por sus respetos, cobrándose la vida de muchas personas sin que nadie se atreva a hacerle frente? Tiempo atrás planteé esta pregunta, a través de las redes sociales, y recibí muchas respuestas: ahora el dragón es la indiferencia, la desmotivación, el machismo, el miedo, la inseguridad, la soledad, el ansia de poder, la corrupción, la mentira, la violencia…

Después de leer estas aportaciones, se afianzó en mí la convicción de que uno de los dragones más temibles de nuestra sociedad es el vacío existencial: no encontrar sentido a la vida. El fundador de la logoterapia, el psicólogo Viktor Frankl, escribió ya hace cincuenta años: «El problema de nuestro tiempo es que la gente se encuentra atrapada en una penetrante sensación de falta de sentido… Puede que la gente tenga lo suficiente para vivir, pero no tiene suficientemente claro para qué vivir». Personalmente, tengo la impresión de que este problema va en aumento.

Puede que a algunos les parezca un dragón inofensivo, pero los datos que se publican cada día ponen de manifiesto su fuerza destructiva. Ahí está, por ejemplo, el aumento del número de suicidios: en el año 2021, España superó por primera vez la barrera de los cuatro mil. Otro indicador significativo es la salud mental de los niños y jóvenes: según Unicef, más del 20% de la población entre los 10 y los 19 años sufre algún problema de salud mental diagnosticado. Y a pesar de estos datos, no parece que el sinsentido existencial figure entre los asuntos prioritarios en la agenda de los gobernantes o en los temarios de las universidades.

¿Qué podemos hacer? Apunto tres pistas, que animo a completar y concretar por parte de nuestras familias, grupos y comunidades:

  1. Fomentar la dimensión espiritual de la persona. Por encima del credo y de la ideología de cada cual, es preciso cultivar esa dimensión interior o espiritual, que es la fuente de la que brota en nosotros el sentido y la alegría de vivir.
  2. Favorecer el encuentro y la solidaridad. El individualismo y la indiferencia hacia los demás favorecen las injusticias y empobrecen la vida, mientras que el encuentro y la solidaridad activan nuestra capacidad para hacer el bien y nos llevan a ser más felices.
  3. Potenciar una moral sana frente a la aireada convicción de que “todo está bien mientras no hagas mal a nadie”, porque este principio moral, que no tiene en cuenta la verdad del ser humano, nos arrastra hacia un plano inclinado de frustraciones que resulta difícil de remontar.
El dragón del sinsentido, como el de San Jorge, es peligroso, pero no imbatible. ¡Unamos fuerzas para vencerlo!

Afinar el oído

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla: En el proceso sinodal en el que estamos inmersos, es decisivo aprender a escu...