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domingo, 21 de diciembre de 2025

Navidad. Contempla, celebra y comparte


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

No sé si sois de los que acogen la Navidad con ilusión o de los que esperan que llegue cuanto antes el día siete de enero; pero, en cualquier caso, os invito a vivirla con la intensidad que merece, conjugando tres verbos.

Contemplar. Leed el Evangelio del nacimiento de Jesús o contemplad un Belén como si estuvierais presentes en el establo donde Jesús nació: mirad a Jesús como María y José, imaginad los olores de aquel lugar, acoged con ternura al recién nacido, acariciad su piel y dejad que su manecita se agarre a la vuestra. Este ejercicio, tan propio de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y aparentemente infantil, conseguirá que el misterio de Dios se introduzca en vuestra sensibilidad y vaya moldeando vuestra vida.

Al arrodillarnos ante el pesebre de Belén, aprenderemos que los colores del verdadero amor son la compasión, la cercanía y la paciencia. Dejemos que el Niño Dios nos mire y en sus ojos veremos reflejado el ser de Dios y su amor por la humanidad. Dios se hizo pequeño y entró en la historia humana con la lógica del amor: no humilla a los que ama, sino que los eleva; no se impone, sino que se ofrece. Es el Enmanuel, “Dios-con-nosotros”, la Palabra hecha carne.

Celebrar. El Hijo de Dios nace en el seno de la familia de María y José y es reconocido por unos pobres pastores, que celebran su presencia con alegría. Hoy, el misterio de Dios encarnado se hace visible en vuestras familias y en vuestras comunidades cristianas.

Cuando nos acercamos a cada hermano y hermana con sinceridad y sin prejuicio, cuando nos escuchamos y nos perdonamos, cuando brindamos juntos por tantas cosas buenas que Dios nos regala, Jesús vuelve a nacer entre nosotros, crece la fraternidad, y la fraternidad despierta la esperanza.

Compartir. Quien se acerca a Jesús Niño aprende a estar cerca de los demás, especialmente de los pobres, los descartados y los frágiles. Él, que nació en un establo y se vio obligado a emigrar a Egipto, nos desinstala de nuestra comodidad y nos pone en camino hacia el hermano. No celebraremos la Navidad si no nos acercamos a quienes viven en la intemperie de la vida. Por eso, Cáritas nos invita a comprometernos para que tener una vida digna deje de ser una cuestión de suerte.

Al encontrarnos con los pobres, no sólo les llevamos alguna ayuda, sino que en ellos nos encontramos con Jesús. Ellos son la manifestación –la epifanía– cotidiana de su presencia en medio de nosotros. Si queréis ser amigos de Jesús, haceos amigos de los necesitados, acompañadlos con humildad, escuchad sus historias con respeto y veréis cómo Dios os salva desde ellos.

Que esta Navidad, hermanas y hermanos, nos haga más contemplativos, más fraternos y más solidarios.

domingo, 22 de diciembre de 2024

El poder escondido de la Navidad


Queridos amigos y amigas turolenses, estamos a punto de celebrar la Navidad; unos con más ilusión, otros con más nostalgia, algunos con indiferencia… Pero tengo la impresión de que, incluso quienes celebramos y vivimos el Nacimiento de Jesucristo, somos poco conscientes del poder que tiene este misterio para transformarnos y transformar el convulso mundo en el que vivimos. ¿Os imagináis qué sucedería si nos dejásemos arrastrar por ese movimiento de Dios, que se acerca a la Humanidad desde la sencillez y la humildad?

Vivimos multiconectados por las redes sociales, pero con frecuencia nuestra comunicación es superficial y nos conocemos más bien poco. Si nos acercásemos a las personas con las que convivimos en la familia, el trabajo y el vecindario, y nos interesásemos de corazón por su situación, seguramente mejorarían nuestras relaciones, porque sabríamos más de los proyectos y problemas que les afectan, podríamos comprendernos mejor y vivir una solidaridad real con los más próximos.

Acercarse a quien piensa diverso tendría un efecto inmediato en la polarización de nuestra sociedad, en la que tanta gente no se limita a criticar razonablemente, sino que descalifica a quienes tienen otra ideología, otro credo u otros puntos de vista. Todos lamentamos esa polarización, pero ¿cuántos hacemos algo para evitarla? Por eso, os invito a recordar estos días a los magos de Oriente, que representan a diversas culturas que se unen en la búsqueda de la Verdad. También nosotros podríamos unirnos, aunque seamos distintos y pensemos de manera diferente, para buscar el bien común, la promoción humana, la libertad y el derecho a una vida pacífica y plena en todos los pueblos.

También sería beneficioso para este mundo que la Navidad nos impulsara a acercarnos a quienes están mal vistos y sufren las consecuencias de tantas pobrezas. Nos ayudaría a valorar lo que tenemos y tan pocas veces agradecemos, a apreciar la riqueza interior de cada persona, a darnos cuenta de que, aun en las peores situaciones, hay motivos para mirar al futuro con esperanza. Así sucedió hace 2000 años en Belén. Los primeros que gozaron la cercanía de Dios fueron los últimos de aquella sociedad: los pastores, apostados en las periferias, gente pobre y con un oficio considerado impuro.

Sí, amigas y amigos turolenses, en Navidad celebramos que Dios se ha acercado definitivamente a nuestro mundo y a cada persona; a ti y a mí, sea cual sea nuestra situación particular. Dejémonos encontrar por este Dios, que, en el llanto de un niño nacido en un establo, pronunció el más hermoso sermón, anunciando que él es “Emmanuel”, es decir, Dios-con nosotros. Impulsados por esta pasión divina, acerquémonos unos a otros al estilo de Dios: con humildad, respeto y compasión; para gozar y transmitir el poder escondido de la Navidad.

Recibid un saludo muy cordial, vosotros y vuestras familias, en el Señor.

domingo, 31 de diciembre de 2023

Bendiciones



Las fiestas de Navidad y del Año Nuevo son momentos propicios para las bendiciones, es decir, para decir bien o desear algo bueno a una persona. Deseamos la felicidad y la paz a los que queremos y a quienes más sufren. En el primer día del año, fiesta de Santa María Madre de Dios, la liturgia nos ofrecerá la bendición de Dios a la humanidad con estas palabras del libro de los Números: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz».

En este contexto navideño, hemos conocido la Declaración Fiducia supplicans, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, de la Santa Sede, que expone el sentido pastoral de las bendiciones y abre la puerta a «la posibilidad de bendecir a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo», expresando así «el abrazo misericordioso de Dios y la maternidad de la Iglesia». En efecto, Dios «es padre, es madre» y «no aleja nunca al que se acerca a Él»; nos ama incondicionalmente, sea cual fuere nuestra situación y los pecados que hayamos cometido. La Iglesia, por su parte, «acoge a todos los que se acercan a Dios con corazón humilde, acompañándolos con aquellos auxilios espirituales que permiten a todos comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su existencia».

La Declaración de la Santa Sede nos ayuda a apreciar la actitud de quienes se acercan a la Iglesia solicitando una bendición: «la petición de una bendición expresa y alimenta la apertura a la trascendencia, la piedad y la cercanía a Dios en mil circunstancias concretas de la vida, y esto no es poca cosa en el mundo en el que vivimos. Es una semilla del Espíritu Santo que hay que cuidar, no obstaculizar». La Declaración también explica el valor de estas bendiciones, no incluidas en un rito litúrgico, «sobre aquellos que, reconociéndose desamparados y necesitados de su ayuda, no pretenden la legitimidad de su propio status, sino que ruegan que todo lo que hay de verdadero, bueno y humanamente válido en sus vidas y relaciones, sea investido, santificado y elevado por la presencia del Espíritu Santo».

Finalmente y para evitar equívocos, quisiera aclarar que las bendiciones a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo no equiparan estas uniones con el matrimonio, entendido por la Iglesia como «la unión exclusiva, estable e indisoluble entre un varón y una mujer». De hecho, dicha Declaración, manteniéndose firme en la doctrina tradicional sobre el matrimonio, no permite «ningún tipo de rito litúrgico o bendición similar a un rito litúrgico que pueda causar confusión».

Con ésta mi última carta de este año, deseo a todos un buen 2024. Lo será si nos acercamos a Dios, fuente de toda bendición, y bendecimos, “decimos bien”, de sus hijos e hijas.

domingo, 24 de diciembre de 2023

Tregua de Navidad


La Navidad es un tiempo propicio para promover treguas. Así lo atestigua la historia. En este momento resulta especialmente necesaria una tregua, que alivie el dolor provocado por las guerras y sosiegue el ambiente de crispación en el que vivimos sumergidos.

Necesitamos una tregua para experimentar la fraternidad que une a todos los seres humanos y para caer en la cuenta de que «ningún pueblo, ningún grupo social puede por sí solo lograr la paz, el bien, la seguridad y la felicidad», ya que somos «una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos» (Fratelli Tutti, 32). Es necesaria, puesto que casi siempre ponemos nuestro bienestar y el de “los nuestros” por delante del bien común.

Necesitamos una tregua que nos permita reconocer nuestros errores y aprender a dialogar, para enriquecernos mutuamente y construir «una sociedad donde las diferencias conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente… porque de todos se puede aprender algo, nadie es inservible, nadie es prescindible» (Fratelli Tutti, 215). Es necesaria, ya que tantas veces nos empeñamos en demostrar que somos nosotros quienes tenemos la razón y que los equivocados son los otros.

Necesitamos una tregua para impulsar la cultura de la acogida y del cuidado, para apreciar la grandeza de lo pequeño, la belleza de la creación, el valor de la sencillez, la sabiduría de la experiencia, la fuerza de la debilidad y el poder del amor. Es necesaria, porque hemos entrado en el juego de «la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar» (Evangelii Gaudium 53). En este contexto utilitarista, «debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, la persona humana corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación» (Octogesima Adveniens 21).

Finalmente, necesitamos una tregua, en este mundo trepidante en el que «muchas personas experimentan un profundo desequilibrio, que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor» (“Laudato si’”, 225). Es necesaria para recuperar la serena armonía que nos permite reflexionar sobre nuestro estilo de vida y nuestros ideales, para contemplar el misterio de la vida y el misterio de Dios que, haciéndose pequeño y próximo, nos contagia su ternura y su paz.

Queridos amigos y amigas, hagamos posible que el espíritu navideño se adueñe de todas nuestras trincheras, y que la tregua de estos días se convierta, con nuestro compromiso diario, en paz estable para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

domingo, 17 de diciembre de 2023

Somos Navidad, Amor y Esperanza


Gracias a Dios, la Navidad despierta buenos deseos, motiva buenas acciones e impulsa compromisos continuados en muchas personas. Valoremos cada gesto sencillo de ayuda y de ternura, ya que puede hacer mucho bien y, además, refuerza la cadena de solidaridad que debe unirnos a todos.

En estas fechas, Cáritas nos lanza un mensaje muy personal: “en esta Navidad tú tienes mucho que ver”. Aunque nos consideremos pequeños, insignificantes e incluso pecadores, tenemos mucho que ver con la Navidad, pues será Navidad en la medida en que cada uno nos dejemos contagiar por la ternura de Dios hecho un bebé indefenso, reclinado sobre unas brazadas de hierba. Será Navidad en la medida en que logremos mirar y sonreír con amor a quienes están a nuestro lado, sobre todo cuando sufren. Así encenderemos las luces más necesarias, las luces de la esperanza. Cáritas nos anima a “no dejarnos cegar por las luces de la apariencia y de la superficialidad” y nos propone tres actitudes que debemos adoptar para que brille la luz de la solidaridad:

La primera: “Enfoca la mirada y abre el corazón. Ponte las gafas adecuadas para corregir tu forma de mirar y de situarte ante lo que está pasando alrededor”. Apartemos definitivamente la indiferencia, que nos impide ver las injusticias y el sufrimiento; aparquemos el pesimismo, que paraliza y entristece; desterremos los intereses creados, que nunca muestran lo que podemos aportar; arrojemos el escudo de la falsa modestia con el que nos defendemos de la llamada a poner aunque sólo sea un granito de arena para la solución de los problemas.

La segunda: “Contempla el mundo con los ojos de Dios. Es la mirada nueva de Jesús al mundo desde la bondad y la ternura de Dios la que hace ver nuestra humanidad frágil y quebradiza, necesitada de ser sostenida”. Dios nos mira de cerca y con cariño; valora cada gesto de amor; se fija más en lo bueno que hacemos que en nuestros errores… Que su mirada transforme la nuestra.

La tercera: “Convierte la mirada en acción. Todas las personas tenemos mucho que ver en las oportunidades que otras pueden tener. Lo que tú hagas o dejes de hacer, lo que puedas aportar puede dar vida, aliviar la soledad, sanar el alma, hacer que otros y otras sientan que la vida brota nueva en ellas”. Dios ha puesto en nuestras manos un poder curativo, que se multiplica cuando lo utilizamos en favor del prójimo.

Queridos hermanos y hermanas, aprovechemos la oportunidad de ser Navidad, Amor y Esperanza. Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 25 de diciembre de 2022

Navidad en las afueras


A veces, en nuestras conversaciones sobre la Navidad, da la sensación de que solo las personas y familias felices pueden celebrarla y hacer fiesta. ¿Quién no ha dicho o escuchado alguna vez: No tengo ganas de celebrar la Navidad, ha muerto mi padre, he perdido el trabajo, mi hija está desanimada…?

Sin embargo, Jesús nació en Belén y sigue naciendo cada día en nosotros para que todos, en especial quienes sufren o sufrimos, podamos experimentar la cercanía de Dios, la “nueva vida” que nos ofrece en su Hijo Jesucristo. No fue por un azar de la historia que María tuviera que parir a su hijo en un establo de las afueras de Belén, como tampoco fue por casualidad que Jesús muriera en una cruz fuera de Jerusalén. Además, durante los tres cortos años de su predicación por Palestina, Jesús mostró un afecto especial hacia quienes sobrevivían en “las afueras” de la sociedad excluyente de su tiempo: habló en público con las mujeres, tocó a los enfermos para curarlos, dedicó tiempo a los niños, brindó su amistad a las prostitutas, a los pecadores e incluso a los odiados recaudadores.

Por eso, si tú, que estás leyendo esta carta, estás sufriendo en estos días navideños, te digo: Dios nace especialmente para ti, quiere compartir tus dificultades y regalarte su amor; quiere sembrar esperanza en tu vida. Me permito recomendarte que te acerques a Él en el silencio de la oración; deja que María ponga al Niño en tus manos y, al tocar su pequeñez, abrirá los ojos de tu alma para que percibas, a través de tantas personas buenas que te rodean, el amor que Dios te tiene.

Y si te sientes feliz, acompañado, con suficientes recursos y sin grandes preocupaciones, me atrevo a decirte: no te encierres en tu propio bienestar. Contempla reposadamente el nacimiento del Niño Dios y verás que la Navidad te impulsa a acercarte a los pequeños, a dar esperanza a los que sufren y ternura a quienes encuentres en tu camino. Piensa en las personas de tu familia, de tu pueblo, de tu país o del mundo entero que necesitan tu solidaridad y acércate a ellas para compartir gratis lo que has recibido gratis.

Cáritas nos está recordando en estos días que «Solo el amor lo ilumina todo» y nos hace una invitación muy directa: «Sé Navidad, sé luz para los demás». Ante el desastre de las guerras, el drama de la migración que desarraiga y llena de incertidumbre la vida de tantas personas; ante la falta de empleo y de vivienda, los problemas de salud mental y la soledad, dejemos que el amor de Dios nos ayude a superar los miedos, prejuicios y desconfianzas, de modo que puedan emerger, desde nuestro verdadero ser, la solidaridad y la generosidad que nos habitan.

Acerquémonos a las afueras, donde nació y sigue naciendo el Niño Dios. ¡Feliz Navidad!

domingo, 27 de noviembre de 2022

Despiertos y atentos


¿Por qué a algunas personas les cuesta tanto creer en Dios? En muchos casos porque, aturdidas por el ajetreo de nuestra sociedad, no han desarrollado o han perdido la sensibilidad para percibir su presencia junto a nosotros. Hay demasiado ruido, demasiadas ocupaciones, demasiadas diversiones, demasiada prisa… y, sin darnos cuenta, se nos apaga la capacidad de ver, más allá de las apariencias, la bondad y la belleza de las personas y de las cosas, bondad y belleza que son obra de Dios.

Por eso, en este tiempo de Adviento con el que nos preparamos para la Navidad, la Iglesia nos invita a salir del aturdimiento. La liturgia del Adviento lo repite con insistencia: «ya es hora de levantaros del sueño; velad, estad preparados…» Para acoger el bien que existe a nuestro alrededor y para alentarlo dentro de nosotros hemos de estar despiertos. De lo contrario, dejaremos pasar las oportunidades que la vida nos ofrece. En efecto, también los tiempos de crisis e incertidumbre, como los actuales, pueden ayudarnos a mejorar nuestras personas y a crecer como cristianos.

Asimismo, hemos de estar despiertos para escuchar lo que late en nuestro corazón e identificar esos deseos hondos de justicia y paz que anidan en él. Hemos de estar despiertos para descubrir las necesidades de nuestros prójimos y para amarlos más y mejor. Hemos de estar despiertos para abrir las puertas de nuestro ser cuando el Señor pasa junto a nosotros. Porque Él viene y llama constantemente, como se preguntaba, del todo sorprendido, el poeta: «¿qué tengo yo que mi amistad procuras…?» El Evangelio nos recuerda que el Señor viene silencioso como un ladrón y a la hora que menos se le espera, pero no viene a robar, sino a regalar paz y alegría.

Para vivir despiertos y aprovechar la gracia del Adviento, el papa Francisco nos recomienda que evitemos dos peligros: la pereza y los vicios. La pereza nos va haciendo resbalar hacia la tristeza, porque nos quita las ganas de vivir y de hacer el bien. Los vicios nos tienen pegados al suelo e impiden que podamos levantar la cabeza. Además, el Papa nos anima a garantizar tiempos de calidad para el encuentro con Dios: «Es la oración –dice– la que mantiene encendida la lámpara del corazón. Especialmente cuando sentimos que nuestro entusiasmo se enfría, la oración lo reaviva, porque nos devuelve a Dios, al centro de las cosas. La oración despierta el alma del sueño y la centra en lo que importa, en el propósito de la existencia. Incluso en los días más ajetreados, no descuidemos la oración… “Ven, Señor Jesús, ven”. Repitamos esta oración a lo largo del día y el ánimo permanecerá vigilante. “Ven, Señor Jesús”» (cf. Ángelus del 28 de noviembre de 2021).

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 26 de diciembre de 2021

Cuidar a la familia

Sagrada Familia del pintor malagueño Raúl Berzosa

Hace unos años, un chaval se emborrachó en una fiesta. Los amigos quisieron alejarlo de sus padres, para que no se disgustaran. Él, a pesar de su estado, les dijo que lo llevaran a casa. Estaba seguro de que sus padres le ayudarían más y mejor que nadie. Su confianza no se vio defraudada. Sus padres lo acogieron, lo cuidaron y, cuando hubo ocasión, hablaron con él, para que aprendiera de lo sucedido.

Muchos podríamos contar experiencias similares a esta. A pesar de que no existen familias perfectas, la inmensa mayoría de las personas hemos experimentado y disfrutado, precisamente en el hogar familiar, del amor más incondicional y más gratuito, ese amor que solo busca nuestro bien, ese amor que nos ha permitido crecer con confianza y que, poco a poco, ha despertado en nosotros el deseo de amar de la misma manera. Un amor incondicional y gratuito es el tesoro más valioso que una persona puede poseer. Asimismo, el tesoro más precioso de una sociedad es la presencia de muchas familias que sean verdaderamente escuelas de amor, confianza y solidaridad. Por estas y tantas otras razones, debemos empeñarnos en cuidar a la familia desde todos los ámbitos

Es necesario cuidar a la familia desde dentro. Todos recibimos y todos debemos aportar, cada uno de acuerdo a su edad, a sus capacidades, a su salud… Hemos de esforzarnos por evitar cualquier forma de discriminación y abuso; teniendo en cuenta que, si bien en algunas familias todavía hay signos claros de machismo, que se deben evitar, en bastantes ocasiones se da la tiranía de los más pequeños, educados en la lógica de los derechos sin obligaciones, tendencia que es preciso corregir igualmente.

Es necesario cuidar a la familia desde las instituciones públicas. Las familias tienen derecho a una adecuada política en el terreno jurídico, económico, social y fiscal. Las instituciones deben apoyar mejor la inmensa generosidad de las familias que acogen el don de la vida y se dedican durante años al sustento y a la educación de los hijos. Por otra parte, resulta imprescindible amparar eficazmente a las familias, angustiadas frente a la enfermedad de un ser querido, el desempleo de los jóvenes, las largas jornadas de trabajo que no permiten a sus miembros encontrarse, etc. (cf. Amoris Laetitia 44).

También la Iglesia debe cuidar más decididamente a todas las familias y, en particular, a las familias cristianas, para que puedan despertar el deseo de Dios en los hijos y educarlos en la fe. El Papa Francisco nos ofrece pistas de actuación: reuniones, centros de asesoramiento, retiros, espacios de espiritualidad para matrimonios, consultorías y charlas de especialistas sobre diferentes situaciones complejas: adicciones, infidelidad, violencia familiar, hijos problemáticos, etc. (cf. Amoris Laetitia 229).

Desde la gratitud por todo lo que las familias aportan a las personas, a la sociedad y a la Iglesia, os deseo un feliz año nuevo.

domingo, 19 de diciembre de 2021

Portales de Navidad


Hace pocos días, tuve la satisfacción de visitar un colegio de Teruel. Compartí un rato con los alumnos de Primero de Secundaria. Estaban en clase de plástica. Utilizando cartón, pinturas, plásticos y telas recicladas, confeccionaban cuatro portales “alternativos”: un campo de refugiados, un cajero automático, una patera y un callejón oscuro de barrio. Me explicaron que María y José, hace 2000 años, no encontraron posada y Jesús nació en un pobre portal; de igual manera, hoy muchas personas no encuentran acogida, naciendo y viviendo en campos de refugiados, cajeros automáticos, pateras, callejones oscuros…

En esta misma línea, la campaña de Navidad de Cáritas nos invita a mirar a los portales de muchas casas, algunos muy cercanos a los nuestros, “donde no hay mula ni buey, pero sí familias que no llegan a fin de mes”. Con el lema “Esta Navidad, cada portal importa”, Cáritas nos recuerda que en España crece el número de personas y familias que sufren graves problemas económicos, que provocan conflictos, desesperanza y exclusión. También nos anima a acoger a Jesús, “presente en la vida de las personas que están sufriendo pobreza y desigualdad en las orillas de los caminos”.

Posiblemente, alguno pueda pensar que este tipo de mensajes arrugan la alegría y la ilusión que deben presidir estos días navideños. Sin embargo, pretenden justo lo contrario: que vivamos una navidad más plena: más familiar, más espiritual y más solidaria.

Por eso, es importante cuidar, especialmente en estas fechas, la relación con nuestras familias. La primera Navidad tuvo como protagonista a una familia y, gracias a Dios, la Navidad sigue siendo una ocasión preciosa para que muchas familias –más o menos religiosas– se reúnan y refuercen sus vínculos de amor. Con las precauciones que todavía nos exige la situación sanitaria, propiciemos encuentros, llamadas y gestos de cercanía con los familiares y amigos.

Dediquemos también tiempo a la oración. Hace unos años, el Papa Francisco confesó: “Muchas veces, después de la misa de Nochebuena, pasé algunas horas solo, en la capilla, antes de celebrar la misa de la aurora, con un sentimiento de profunda consolación y paz… Para mí la Navidad siempre ha sido esto: contemplar la visita de Dios a su pueblo”. Sólo si contemplamos, si dejamos que la ternura de Dios toque nuestro corazón, podremos transmitirla en todo lo que hacemos y a todas las personas.

Y, por supuesto, no dejemos de iluminar, con la luz de la solidaridad, tantos portales, aquí en Teruel y en el mundo entero, compartiendo directamente o a través de Cáritas, misioneros, Manos Unidas… Así disfrutaremos la alegría de otras familias que, gracias a nuestra ayuda, afrontarán su situación con más esperanza y podrán descubrir que Dios realmente es Amor.

FELIZ NAVIDAD DE CORAZÓN A TODOS LOS DIOCESANOS DE TERUEL Y ALBARRACÍN, A TODAS LAS PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD.

Misión Diocesana: una Iglesia sinodal en misión

Juan Manuel Barreiro, misionero malagueño en Venezuela, bautizando a un niño Queridos hermanos y hermanas: Cada año nuestra diócesis dirig...