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domingo, 9 de noviembre de 2025
La Iglesia, una gran familia
Queridos diocesanos y diocesanas:
En muchas ocasiones, nos resulta más fácil ventilar los fallos de la Iglesia que darnos cuenta de lo mucho que nos ofrece. Nos duelen sus errores —que debemos asumir con honestidad y corregir con firmeza—, pero también es justo y necesario reconocer, con alegría y gratitud, que la Iglesia, nuestra Iglesia diocesana de Málaga, es una gran familia en la que muchos habéis conocido a Jesucristo y su Evangelio; una gran familia que nos alimenta en la fe y nos sostiene en la misión.
Tú y yo somos cristianos por la gracia de Dios y también gracias a la mediación de la Iglesia: por aquella catequista que nos ayudó a vislumbrar la grandeza de creer, por ese sacerdote que nos escuchó y nos condujo al encuentro con la misericordia de Dios, por tantos laicos que nos conquistaron con su ejemplo de oración, solidaridad y valentía, anunciando verdades incómodas y defendiendo la dignidad de los más pequeños.
Demos gracias a Dios por quienes sois solidarios con vuestros hermanos, por los que trabajáis en Cáritas, Manos Unidas y tantas otras organizaciones, porque sois Iglesia; por los que cuidáis con generosidad nuestros templos y celebraciones, porque sois Iglesia; por quienes os consagráis a Dios en la vida religiosa, el sacerdocio o las misiones, porque sois Iglesia.
Agradezcamos también a quienes rezáis por los que sufren y por quienes más queréis, porque sois Iglesia; a los que compartís con responsabilidad vuestro dinero con la parroquia y la Diócesis, porque sois Iglesia, y a tantos laicos y laicas comprometidos en la familia, la parroquia, la hermandad, el trabajo, la economía, la política, el pueblo, el barrio y en el cuidado de la casa común en la que vivimos, porque sois Iglesia. Esta gran familia cuenta contigo, porque tú eres Iglesia.
En este Día de la Iglesia Diocesana, conviene que nos preguntemos: ¿Reconozco y agradezco de forma habitual la aportación de la Iglesia a mi vida y a la sociedad? ¿Podría ofrecer algo más para que la Iglesia continúe sembrando palabras de esperanza y gestos de humanidad, en nuestra tierra y en los rincones del mundo más empobrecidos?
Esta gran familia trabaja para crecer en transparencia y, por eso, como cada año, hoy se publica la situación económica de la Diócesis. También seguimos avanzando en el camino de la sinodalidad, para que nadie se sienta “cristiano de segunda” y todos los bautizados y bautizadas puedan vivir plenamente como miembros de esta gran familia.
Con el corazón agradecido por la entrega de los laicos, religiosos y sacerdotes, por la generosidad de tantos hombres y mujeres de nuestra Diócesis, os envío un saludo muy cordial a todos, en el Señor.
viernes, 27 de junio de 2025
Carta de despedida de Mons. José Antonio Satué a su diócesis de Teruel y Albarrracín
Hermanas y hermanos de la diócesis de Teruel y Albarracín,
Con dolor me veo en la obligación de anunciaros que en pocas semanas dejaré de ser vuestro Obispo, ya que el Santo Padre León XIV me ha confiado la misión de pastorear la Diócesis de Málaga. Al comunicaros este nombramiento, quiero compartir tres palabras que reflejan sentimientos muy hondos. Las tres palabras son: gracias, perdón y adelante.
Sobre todo, os digo ¡gracias! porque he sido y soy muy feliz aquí. Hace cuatro años os transmitía la convicción de que esta Diócesis sería para mí la esposa más bella. Esta expectativa se ha visto desbordada por vuestra acogida, vuestro cariño y vuestra disponibilidad para trabajar juntos al servicio de la Iglesia y de los hombres y mujeres de estas tierras. Gracias porque los fríos y la luz, los páramos y las sierras de esta provincia han tocado mi corazón; he llevado al corazón de Dios vuestros sufrimientos, vuestras esperanzas y vuestra fe; y, con el salmista, he dicho muchas veces al Señor: «Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad» (Sal 16,3).
Gracias porque he experimentado, además, la alegría de cosechar lo que han sembrado muchos buenos obispos y sacerdotes, religiosas y religiosos, mujeres y hombres turolenses, que han vivido con pasión la consagración bautismal en sus familias, en los pueblos o en la ciudad, en su lugar de trabajo o en las periferias donde hay tanta gente que sufre. Gracias también porque he podido sembrar con vosotros semillas de fe, esperanza y amor en tantos rincones de esta Diócesis, semillas cuyos frutos, antes o después y con el favor de Dios, germinarán, fructificarán y otros podrán disfrutar. Por todo ello, ¡gracias de corazón!
También quiero pediros perdón por mis defectos y excesos, por esas ocasiones en las que no he sabido estar a la altura de la llamada del Espíritu y de vuestra generosidad. Y, sobre todo, quiero pedir perdón a quienes haya herido con mis silencios, mis actitudes o mis palabras.
Finalmente, deseo animaros a continuar el camino sinodal que con esperanza venimos recorriendo, tratando de identificar y secundar las inspiraciones del Espíritu Santo; un camino que ha cristalizado en el Plan Pastoral 2023-2028. Con todo cariño, me permito deciros que no hay excusas para no seguir adelante con esta hoja de ruta, humilde y a la vez tan sugerente. Por supuesto, no puede paralizarnos el hecho de que los últimos obispos de Teruel y Albarracín hayamos permanecido poco tiempo al frente de la Diócesis. A pesar de las dificultades y el desconcierto que esta situación produce, hay motivos sobrados para continuar desarrollando nuestro Plan Pastoral, con la ilusión de seguir favoreciendo el encuentro de cada persona con el Señor, crecer en comunión sinodal y construir una Iglesia más samaritana y misionera. Nos acompañará y sostendrá el amor fiel de Dios, manifestado en el Sagrado Corazón de su Hijo Jesús, cuya solemnidad hoy celebramos.
Hasta el 13 de septiembre, fecha en la que comenzaré mi andadura como obispo de Málaga, tendremos ocasión de despedirnos y celebrar tantos bienes como hemos compartido en los últimos cuatro años, y siempre seguiréis teniendo un amigo en tierras malacitanas.
Hermanas y hermanos de Teruel y Albarracín, pidamos al Señor que os conceda pronto un nuevo pastor, que camine con vosotros y pueda disfrutar de vuestra calidad humana y cristiana.
Un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 27 de abril de 2025
Las “manías” de Francisco
Mientras nos recuperamos del dolor por la muerte del papa Francisco y crece nuestra gratitud por su vida y ministerio, quisiera recordar algunas de sus “manías”.
Un rasgo significativo de su pontificado ha sido su empeño para que todos los hombres y mujeres, “cada uno con su vida a cuestas”, pudieran encontrarse en la Iglesia como en su casa y no como ante una aduana, en la que debían exhibir sus méritos para traspasar la puerta. ¡Cuántas veces repitió “todos, todos, todos”! y confirmó este deseo con decisiones y gestos, como la convocatoria del Sínodo sobre la sinodalidad, el nombramiento de mujeres para cargos de responsabilidad en la Iglesia y la posibilidad de bendecir a parejas en situaciones irregulares. Esta “manía” del papa Francisco encontró el mismo rechazo que sufrió Jesús hace 2000 años, de quienes, teniéndose por justos, despreciaban a los demás (Lc 18).
Otra “manía” de Francisco han sido los pobres, especialmente los que se ven obligados a salir de su tierra para huir del hambre o de la guerra. Su solidaridad con estas personas ha sido una constante desde su primer viaje a Lampedusa hasta su reciente carta a los obispos de los Estados Unidos, condenando cualquier medida que identifique la condición ilegal de algunos migrantes con la criminalidad. Esta “manía” ha estado presente en sus palabras y actitudes, a pesar de la incomodidad manifestada por algunos. No hacía otra cosa que seguir la estela del Maestro de Nazaret, cuando puso como ejemplo a personas consideradas extranjeras: alabó la fe de una mujer cananea (Mt 15) y la solidaridad del samaritano que se compadeció de un moribundo tirado al borde del camino (Lc 10); y advirtió que serían bienaventurados quienes lo hospedaron siendo forastero (Mt 25).
También señalo su “manía” por la normalidad. Renunció a los zapatos rojos, tradicionalmente usados por sus predecesores, y se atrevió a vestir el poncho con el que apareció hace pocos días en la basílica de San Pedro. Siempre que pudo “pasó como uno de tantos” (Fil 2) y la gente lo percibía. Recuerdo a una mujer romana que me dijo: «Me gusta este Papa porque dice “buenos días” cuando saluda y “buen provecho” al terminar de rezar el “Ángelus”. Es una persona como nosotros». En efecto, utilizaba un lenguaje coloquial, comprensible por todos, se manifestaba con naturalidad y espontaneidad, corriendo el riesgo de ser poco preciso o de cometer algún error, de los que pedía perdón.
Por último, me ha impresionado su “manía” por el buen humor y la esperanza, especialmente en este Año Jubilar. Muchas veces, después de tratar temas delicados, añadía con su acento porteño: «no perdás el sentido del humor». En su buen humor y su esperanza se pone de manifiesto el hombre de profunda fe, que percibía, en medio de las tormentas, el amor y la acción de Dios en su corazón, en la vida de la Iglesia y en las entrañas del mundo (Mt 28).
¡Benditas las “manías” de Francisco, que nos acercan al Evangelio de Jesucristo y a los hombres y mujeres de hoy!
domingo, 10 de noviembre de 2024
Piedras vivas
Queridos hermanos y hermanas: Somos “piedras vivas” del templo santo de Dios, que es la Iglesia, y que Él se ha construido en esta bendita tierra de Teruel y Albarracín. Formamos parte de este templo, cuya piedra angular es Cristo (cf. 1 Pe 2, 5; He 4, 11). En el “Día de la Iglesia diocesana”, recordemos que, si el apóstol Pedro nos ha llamado “piedras vivas”, está claro que nuestra vocación es unir nuestro corazón y nuestro quehacer a Cristo, de modo que este “templo espiritual” sea “santuario de encuentro”, para quienes buscan a Dios, y “hospital de campaña”, para todas las personas heridas.
Valoremos, por consiguiente, lo que somos y vivamos nuestra vocación cristiana con ilusión, agradecimiento y compromiso. Con ilusión y agradecimiento, porque, a pesar de nuestra pequeñez, el Señor nos ha elegido para ser “piedras vivas” de su templo; como eligió a María, una joven desconocida de Nazaret, para ser la madre de su Hijo, hecho hombre por nuestra salvación. Ella respondió con disponibilidad y proclamó: «Mi espíritu se alegra en Dios, porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava» (Lc 1, 47-48). También cada uno de nosotros podemos decir lo mismo cuando nos reconocemos miembros de esta Iglesia diocesana.
Y con compromiso, porque la elección no es un privilegio, sino una responsabilidad y llamada a la misión. A la misión de anunciar incansablemente a tantos hermanos y hermanas, que aún no conocen a Jesucristo, que él es nuestra salvación y nuestra vida para siempre. A la misión de hacer palpable el amor y la ternura de Dios a tantas personas que viven cansadas y agobiadas. A la misión de colaborar, cada uno desde su personal vocación, a construir con todos los que creemos en Cristo una comunidad de hermanas y hermanos que se aman y se ayudan mutuamente.
En este momento de la historia, nuestra Iglesia necesita con urgencia jóvenes dispuestos a asumir la vocación sacerdotal, religiosa y misionera, como donación de sí mismos, para construir unas comunidades vivas, serviciales y atractivas. Esta disponibilidad no se improvisa. Es el fruto de la educación, sobre todo en el ámbito de la familia; de un modo de vivir que no tenga como meta “pasarlo bien”, sino servir a tanta gente que necesita un hálito de esperanza; de unas comunidades en las que cristianos y cristianas de toda edad y condición vivan atentos y dispuestos, para escuchar y responder a las llamadas de Dios con generosidad. Vivamos, por tanto, el “Día de la Iglesia diocesana” abriendo nuestro corazón a la llamada del Padre, para ser en Cristo y con Cristo “piedras vivas” de su templo.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 27 de octubre de 2024
No utilizar el nombre de católico en vano
Con frecuencia me preguntan por páginas webs, aplicaciones o redes sociales que se presentan como “católicas”. Algunas son verdaderamente católicas, tanto por sus postulados, fieles al Evangelio y a la doctrina de la Iglesia, como por su tono, en el que se percibe el estilo de Jesús, manso y humilde de corazón (cf. Mt 11,29). Pero en otras, ni el mensaje ni el talante tienen que ver con el Evangelio. En tales casos me atrevo a decir que “utilizan el nombre de católico en vano”. Gracias a Dios, muchos perciben la incoherencia entre el apellido de tales páginas y su contenido; pero hay lectores que, al ver la palabra “católico”, tienden a fiarse de cuanto leen en ellas. Por esto, me ha parecido oportuno advertir a los diocesanos de nuestra Iglesia de Teruel y Albarracín que en el internet de temática religiosa no todo lo que reluce es oro.
En algunos casos, las páginas a las que me refiero dividen el mundo en buenos sin pecado y malos sin redención posible, utilizando incluso la mentira y el insulto contra quienes no comparten sus puntos de vista. Ni el Santo Padre se salva de ataques furibundos. Y aunque en la Iglesia la crítica a la jerarquía es lícita y necesaria en algunas ocasiones, la mentira y el insulto no son un camino evangélico y, por tanto, tampoco puede ser católico (cf. Mt 5, 21-26).
También hay publicaciones que se dicen católicas y no presentan la doctrina católica en su integridad, pues dan más relevancia a supuestas revelaciones de la Santísima Virgen que a la Palabra de Dios; o insisten con razón en la importancia de la sana doctrina y de la oración asidua, pero pasan de puntillas por el capítulo 25 del evangelio de san Mateo, donde Jesús dice con toda claridad «tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis». Olvidan que, como dijo el papa san Juan Pablo II, «sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia» (NMI, 29).
Finalmente, me refiero a los sitios web que presentan la oración como una suerte de conjuro con el que conseguir que Dios complazca nuestros deseos y no como lo que es: una relación amorosa entre Dios y nosotros. ¡Cuántas frustraciones puede provocar ese modo de entender la oración! Incluso puede empujar al ateísmo.
Deberíamos evitar este tipo de publicaciones. Nos quitan la paz, rompen la comunión entre los cristianos y no nos ayudan a cumplir la misión de «fomentar y elevar todo cuanto de verdadero, de bueno y de bello hay en la comunidad humana» (GS 76).
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 20 de octubre de 2024
Una Iglesia excéntrica
Cuando pregunto a personas bautizadas cuál es su compromiso, casi todas las respuestas tienen que ver con la liturgia, la catequesis y el voluntariado; muy pocas se plantean su misión fuera de la comunidad cristiana y menos aún en las llamadas “tierras de misión”.
En la vida cotidiana de las parroquias sucede algo similar: la mayor parte de las actividades están dirigidas a quienes acuden al templo: se celebra la Eucaristía y otros actos de culto, se imparte catequesis a niños y jóvenes, algunas impulsan grupos de acción social y unas pocas tienen grupos de cristianas y cristianos que se plantean su misión en el lugar de trabajo, en la familia, en el pueblo o en el barrio, con las personas que no participan en la vida de la Iglesia o entre aquellas que sufren por cualquier causa.
Esta tendencia a olvidar nuestra misión en el mundo se explica por la escasez de sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos, que con dificultad damos abasto para atender las muchas tareas que tenemos dentro de la comunidad cristiana. Es explicable, pero no deja de ser una tentación que debemos rechazar.
La Iglesia tiene en su ADN el ser “excéntrica”, que no “extravagante”, porque el centro de su vida no es ella. Por deseo de su fundador ha de estar abierta a ir más allá de sus fronteras. El papa san Pablo VI lo afirmó con palabras claras y contundentes, en su encíclica sobre la evangelización del mundo moderno: «Evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar» (EN 14). Y el papa Francisco, con su conocida llamada a ser «Iglesia en salida», ha reafirmado esta naturaleza misionera de la Iglesia.
La celebración del DOMUND nos impulsa a ser misioneros en nuestros ambientes y allá donde el Señor nos envíe. En su mensaje para esta Jornada, el Papa nos invita a escuchar la palabra del Señor: «Id e invitad a todos al banquete» (cf. Mt 22,9) y nos recuerda que «somos enviados a anunciar el Evangelio a todos, y no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable».
En esta jornada resuena también la llamada a escuchar a los misioneros y misioneras, a dejarnos interpelar por su testimonio y estilo de vida, a apoyarles con la oración y colaboración económica, a fin de que puedan seguir desarrollando su labor en los lugares más empobrecidos del mundo.
Mi saludo en el Señor a todos, sobre todo a los hombres y mujeres que, habiendo salido de las familias y parroquias de nuestra Diócesis de Teruel y Albarracín, compartís y anunciáis cada día, en tantos países del mundo, la alegría de creer y amar como Jesús y con Jesús.
domingo, 24 de marzo de 2024
Y yo, ¿qué?
A menudo criticamos a personas relevantes de la sociedad y de la Iglesia…, y seguramente no nos faltan motivos para hacerlo. Pero hemos de reconocer que muchas de estas críticas se hacen desde la comodidad de quien permanece plácidamente sentado en el sillón de su casa o desde la curiosidad del que mira desde el balcón, como si no formáramos parte de la sociedad que criticamos.
La Semana Santa nos ofrece la oportunidad de emocionarnos con la belleza de la liturgia y el impacto de las procesiones que representan los “pasos” de la pasión del Señor, pero también nos invita a tomar parte y preguntarnos: ¿Cuál es mi actitud en esas realidades que critico? ¿En qué personaje de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo me veo reflejado?
¿Soy como aquellos líderes religiosos que decidieron eliminar a Jesús porque les resultaba incómodo? Ellos manipularon la religión según sus gustos, y ¿yo la utilizo para justificar mis intereses y puntos de vista personales?
¿Soy como los discípulos que se quedan dormidos mientras Jesús se moría de angustia hasta sudar sangre en Getsemaní? ¿Sigo dormido ante las personas que me necesitan? ¿Soy como aquel discípulo que quiso defender a Jesús con la espada o busco la paz sin dejarme vencer por la violencia?
Cuando estar a favor de la verdad y la justicia me puede perjudicar, ¿me lavo las manos como Pilato y consiento lo que reclaman los poderosos? ¿Soy como la multitud que pidió la libertad de un bandido, porque así lo voceaba la propaganda y era lo políticamente correcto?
¿Soy como los soldados que golpearon a Jesús y se divirtieron con él humillándolo con insultos y desprecios? ¿Soy como los que pasaban delante de la cruz gritando: “baja de la cruz y creeremos en ti”? ¿Aparto la mirada de quienes están caídos y no se pueden defender?
¿Soy como el Cireneo que ayudó a Jesús a llevar la cruz, aunque lo hiciera a regañadientes? ¿Alivio el peso que aplasta a tantos hermanos? ¿Soy como aquellas mujeres –tan humanas y valientes– que lloraban al ver la injusticia que Jesús padecía? ¿Estoy junto a los que sufren, como estuvo María, Juan y las otras mujeres firmes al pie de la cruz?
¿Imito a Jesús, que aceptó el sufrimiento para que nosotros pudiéramos vivir en fraternidad, como hijas e hijos de un mismo Padre?
¿Asumo con fe y esperanza, como la Virgen María, las dificultades y el rechazo que vivir coherentemente puede acarrearme?, ¿creo que Dios es capaz de sacar vida nueva de las cruces que abrazamos por amor?
Y yo, ¿qué? ¿Cómo vivo cada uno de los “pasos” de la Semana Santa?
Con todo mi corazón te invito a crear el ambiente propicio para vivir esta Semana Santa y la vida cotidiana como Jesús y con Jesús.
domingo, 26 de noviembre de 2023
Iglesia, ¿qué dices de ti misma?
Cuatro días antes de terminar la primera de las cuatro sesiones que tuvo el Concilio, el cardenal de Malinas-Bruselas, Leo Jozef Suenens, lanzó a la asamblea conciliar la pregunta: «Iglesia, ¿qué dices de ti misma?». Esta pregunta estuvo presente en los posteriores debates conciliares y cuajó en la primera de las constituciones dogmáticas del Concilio, cuyas palabras identificativas, en latín, son: “Lumen gentium”: «por ser Cristo luz de las gentes…». Sin embargo, el Concilio, en la respuesta a esta pregunta sobre su identidad, no empezó hablando de sí misma, sino de Cristo, luz de los hombres y mujeres que habitamos esta tierra. Sólo después se identificó a sí misma como “sacramento” de Cristo o «señal e instrumento» de lo que Cristo aporta a la humanidad, «señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad del género humano (LG 1)».
El Concilio, a lo largo de todos sus debates y documentos, manifestó dos convicciones fundamentales. Primera: por gracia, todos somos “hijos de Dios” ?la filiación? y segunda: que estamos llamados a construir un mundo de hermanos ?la fraternidad?. En esto se condensa la tarea o misión que Jesucristo ha querido encomendar a este nuevo pueblo de Dios, que es la Iglesia: «anunciar el Reino de Cristo y de Dios y establecerlo en medio de todas las gentes», observando fielmente los «preceptos de caridad, de humildad y abnegación» de su Fundador, siendo ya «el germen y el principio de este reino» (LG 5).
Todas las demás consideraciones, que el Concilio desgrana en esta constitución, dependen de esa declaración de principios sobre la identidad de la Iglesia. No soy capaz de resumir su riqueza espiritual, pero, al menos, debo enumerar sus grandes afirmaciones. Los dos primeros capítulos hablan del misterio de la Iglesia, primero en su dimensión trascendente como Iglesia que nace de la Trinidad, y luego en su forma histórica de pueblo de Dios en esta tierra, que le hace ser una «realidad compleja». Los dos siguientes describen los “estados de vida” en la Iglesia: pastores, laicos cristianos y miembros de la vida consagrada. Los capítulos quinto y sexto plantean su misión santificadora, común a todos los miembros del pueblo de Dios. Los dos últimos asocian el desarrollo escatológico de la Iglesia con la figura de la Virgen María y su participación en el misterio de Cristo: ella es modelo del ideal cristiano y de la Iglesia ya consumada.
No penséis que es una lectura aburrida o difícil. Esta constitución, leída con la luz del Espíritu Santo y, cuando sea necesario, con la ayuda de los sacerdotes de vuestras parroquias, os hará gustar el gozo de pertenecer al pueblo de Dios, que peregrina en estas tierras de Teruel y Albarracín.
Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.
domingo, 12 de noviembre de 2023
Agradecidos por la Fe y la Iglesia
Los cristianos estamos llamados a vivir nuestro seguimiento de Jesús evitando dos peligros: la prepotencia, que presenta la fe como algo indeseable, y los complejos, que la hacen prácticamente invisible. Hemos de vivir la fe con humildad, pues hemos experimentado hasta qué punto somos pecadores, pero sin esconderla, porque la fe es un don que no hemos recibido sólo para nosotros mismos. No tiene sentido recluir la fe en lo íntimo del corazón o en el interior de nuestros templos; hemos de anunciar y ofrecer ?nunca imponer? la vida nueva que Jesucristo nos regala.
No sería coherente guardarnos la alegría de sentirnos amados incondicionalmente por elPadre, en un mundo en el que tantas personas harían casi cualquier cosa por un pedacito de cariño. No sería coherente quedarnos con el tesoro del Evangelio en un mundo en el que muchos van dando tumbos, buscando ansiosamente un sentido para sus vidas. No sería coherente ocultar que amar es procurar el bien del otro y ser capaces de darnos, en cada gesto y cada encuentro, sin pretender nada a cambio, gratuitamente, como Jesús y con Jesús. No sería coherente esconder la gracia del Espíritu Santo, que potencia nuestras fuerzas, a veces tan mermadas, para alcanzar esos buenos propósitos que, en demasiados momentos, se apolillan en el baúl de las buenas intenciones.
Y por todo ello, tampoco sería coherente disimular nuestra pertenencia a la Iglesia, aunque nos duelan en el alma los abusos y los escándalos que en ella también existen. A pesar de todos los errores y pecados de los hijos de la Iglesia, no conoceríamos el amor del Padre, el Evangelio del Hijo y los dones del Espíritu Santo sin la necesaria mediación de la Iglesia, que se hace presente y concreta para nosotros en esta Diócesis de Teruel y Albarracín, y en cada una de sus parroquias y comunidades.
En este día de la Iglesia diocesana, os invito, hermanas y hermanos, a agradecer a esa inmensa cadena de testigos que ha hecho posible que llegara a nuestra tierra la noticia de la vida y obra de Jesús de Nazaret; a reconocer y agradecer lo que la Iglesia viene aportando a cada uno de nosotros y al conjunto de nuestra sociedad; os animo a contribuir con vuestra oración, vuestro tiempo, vuestros talentos y vuestros recursos económicos, para que esta Iglesia siga siendo fuente del amor más puro y jalón que señala a Jesucristo, camino, verdad y vida.
Con mi sincera gratitud a todos los hombres y mujeres, adultos, jóvenes y niños, que sostenéis mi fe y mi esperanza en esta preciosa Diócesis de Teruel y Albarracín, recibid mi cordial saludo en el Señor.
domingo, 5 de noviembre de 2023
Acerca del informe sobre abusos sexuales en la Iglesia Católica
Artículo para el Diario de Teruel, 5 de noviembre de 2023
La presentación del Informe del Defensor del Pueblo sobre abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica y el papel de los poderes públicos, así como la posterior celebración de una Asamblea extraordinaria de la Conferencia Episcopal Española, han sido materia informativa en los últimos días, y he considerado oportuno compartir algunas reflexiones.
En primer lugar, me parece necesario destacar que el Informe del Defensor del Pueblo, aun con sus límites, ofrece no pocos aspectos positivos: ha supuesto un proceso de escucha a 487 víctimas, arrojando luz sobre los devastadores efectos de los abusos sexuales, que tienen su origen en procesos de abuso de conciencia; denuncia algunas prácticas inaceptables dentro de la Iglesia, sin dejar de reconocer avances en la legislación canónica y en la forma de abordar dichos abusos; enmarca este doloroso problema en el amplio contexto del abuso sexual a menores en nuestra sociedad, proponiendo iniciativas a la Iglesia y a las administraciones públicas para prevenir y reparar los daños causados. Es un estudio que, en su conjunto, merece ser considerado atentamente.
A la vista de este Informe, los obispos reunidos en Asamblea Plenaria, junto con los responsables de la Confederación de Religiosos y Religiosas, manifestamos de nuevo nuestro dolor por el daño causado por algunos miembros de nuestra Iglesia y pedimos perdón sinceramente. Muchos de nosotros hemos escuchado el testimonio de víctimas y su sufrimiento nos ha permitido comprender mejor la magnitud del daño que produce el abuso, particularmente cuando el agresor está vinculado a la Iglesia, y nos ha hecho caer en la cuenta de la importancia de escucharlas, darles credibilidad y apoyarlas decididamente, para que puedan sanar sus heridas. En este sentido, en la Asamblea de la Conferencia Episcopal decidimos encomendar a su servicio de Protección de Menores una propuesta para aplicar las recomendaciones del Defensor del Pueblo.
La necesidad de escuchar, dar credibilidad y apoyar a las personas que nos confían el dolor de haber sufrido un abuso no supone un atropello de los sacerdotes acusados, en su derecho a la presunción de inocencia. Es fundamental entender que, en estos casos, nuestra actitud no ha de ser juzgar, absolver o condenar, sino escuchar, acoger y respaldar. Determinar la responsabilidad de los denunciados corresponde a los órganos y procedimientos jurídicos que se siguen, tanto en la sociedad como en la Iglesia. Además, me parece justo aclarar que esta no debe ser una batalla contra los sacerdotes en su conjunto, ya que en la Iglesia, al igual que en las familias y otras instituciones, hay quienes cometen abusos y quienes buscan la verdad, la justicia y el bien de las víctimas.
En cuanto al número de abusos sexuales en el ámbito eclesial, algunos medios de comunicación han extrapolado los datos del estudio demoscópico contenido en el Informe del Defensor del Pueblo, publicando la cifra de 440.000 víctimas. Este dato no aparece en dicho Informe. No quisiera entrar en una guerra de cifras, porque nos alejaría del respeto que merecen las víctimas, quienes nunca deberían ser utilizadas como munición para nuestras luchas políticas y sociales. Solamente recuerdo que el propio Defensor del Pueblo afirmó: «Creemos que no hay que extrapolar (…) Es más, estoy diciendo que les animo a que no lo hagan». Independientemente del número de víctimas, cada una de ellas supone un drama por el que pedimos perdón y ofrecemos nuestra colaboración y compromiso para reparar y prevenir estos hechos en el futuro.
Por lo que respecta a nuestra diócesis de Teruel y Albarracín, el Informe del Defensor del Pueblo recoge tres casos. El más antiguo se refiere a un sacerdote condenado en 1962 por tribunales eclesiásticos. Los otros dos datan de 1968 y 1967, fueron presentados por medio del diario “El País” y no han podido ser investigados, porque uno de los denunciantes no ha respondido a las comunicaciones de la diócesis para esclarecer su denuncia y, en el otro caso, el mencionado periódico no ha contestado por el momento a la carta que este obispado le dirigió, a fin de recabar la necesaria información. Cabe señalar que en la base de datos de dicho diario, publicada en internet, no se informa de los intentos de esta diócesis para investigar ambas denuncias.
En conclusión, hago una llamada a la responsabilidad de las personas, de las familias, de las comunidades cristianas, de las instituciones públicas y de la sociedad en su conjunto. Aunque el citado estudio demoscópico pueda tener errores, los datos que ofrece deben ser considerados atentamente: el 11,7 % de las personas encuestadas afirman haber sido abusadas antes de los 18 años: el 34,1 % en el ámbito familiar, el 17,7 % en la vía pública, el 9,6 % en un ámbito educativo no religioso, el 9,5 % en un ámbito social no familiar, el 7,5 % en el ámbito laboral, el 7,3 % a través de internet, el 5,9 % en el ámbito educativo religioso, el 4,6 % en el ámbito religioso, el 4 % en el ámbito del ocio, el 3 % en el ámbito deportivo y el 2,6 % en el ámbito sanitario. El dolor de tantas víctimas exige que no miremos hacia otro lado y pongamos nuestro punto de mira en este problema, con el fin de reparar los daños causados y evitarlos en el futuro.
Finalmente, expreso mi agradecimiento a todas las personas que trabajan incansablemente en el apoyo de las víctimas y en la prevención de los abusos sexuales. Reconozco, en particular, la labor de “Repara-Diócesis de Teruel”, el Servicio Diocesano para la atención de las víctimas y la prevención de abusos sexuales, y del proyecto “Repara” en Madrid, que nos asesora constantemente. Y, sobre todo, agradezco a las víctimas su valentía y su coraje, en medio de tantas dificultades e incomprensiones. Con su lucha no solo están sanando sus heridas, sino que también están construyendo una sociedad y una Iglesia más seguras y saludables para todos.
domingo, 29 de octubre de 2023
Carta al laicado de Aragón – Carta conjunta de los obispos de Aragón
Queridos hermanos y hermanas,
La Iglesia va tomando conciencia creciente de la importancia del primer anuncio a quienes no conocen a Jesucristo o se han apartado de la fe. El Papa Francisco nos anima constantemente a ser auténticos “discípulos misioneros”, a reformar nuestras comunidades para ser “Iglesia en salida”, a transmitir el núcleo de nuestra fe: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte» (Evangelii Gaudium 164).
Sin embargo, hemos de reconocer que bastantes comunidades cristianas y personas bautizadas no viven esta tensión misionera. A modo de test, podríamos preguntarnos cada uno: ¿cuándo fue la última vez que anuncié a alguien el amor y la cercanía de Jesucristo?, ¿sé cómo hacerlo?, ¿considero que esta misión es posible en la sociedad actual?, ¿qué me frena y qué me impulsa a compartir el tesoro de la fe?
En este ámbito del primer anuncio, la Iglesia española vivió en 2020 un punto de inflexión: el Congreso de Laicos, calificado por muchos como “un nuevo Pentecostés”. Ciertamente, fue una manifestación pública y entusiasta del sentimiento religioso que late en el corazón de tantos cristianos, mujeres y hombres decididos a responder a la pregunta del papa Francisco: «¿Qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos» (Evangelii gaudium, 264).
Hemos de impulsar el anuncio de Jesucristo, con humildad y valentía, como núcleo y eje de nuestra labor pastoral: «El motivo de esta centralidad ?como se dijo en aquel Congreso de Laicos? no radica en una razón sociológica (cada vez hay menos cristianos y tenemos que llenar nuestras iglesias), ni en un motivo de marketing (tenemos el mejor “producto”, pero no sabemos venderlo, ni ponerlo en valor), ni siquiera radica en un hecho de supervivencia del catolicismo (la avanzada media de edad de nuestras asambleas y la falta de clero). Sino que la motivación profunda es teológica: Jesús nos manda evangelizar, es un mandato expreso».
Las Delegaciones Diocesanas de Apostolado Seglar de las diócesis aragonesas están preparando el III Encuentro de Laicos de Aragón, centrado en el primer anuncio, que tendrá lugar en el Colegio Salesiano de Zaragoza el próximo 25 de noviembre, como un momento privilegiado para compartir las conclusiones de aquel Congreso de Laicos de 2020 y para preparar el Encuentro Nacional de Laicos a celebrar en febrero de 2024.
Os convocamos y animamos vivamente a participar en este III Encuentro de Laicos de Aragón. Contará con la intervención del cardenal Juan José Omella y se darán a conocer diversas experiencias de primer anuncio.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
+ Carlos-Manuel Escribano Subías, Arzobispo de Zaragoza
+ Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca
+ Ángel-Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón
+ José-Antonio Satué Huerto, Obispo de Teruel y Albarracín
+ Vicente Rebollo Mozos, Obispo de Tarazona
domingo, 3 de septiembre de 2023
«Semilla Evangélica»
Las semillas son pequeñas, casi insignificantes. ¡Cuántas semillas de trigo, cebada o maíz no habremos pisado por los caminos sin darnos cuenta! Sin embargo, cada semilla lleva en sí el secreto de una vida, si se entierra y se la deja fructificar. Algo así sucede con nuestra hoja diocesana, que muchos seguís llamando “Semilla evangélica”.
Nuestra Hoja Diocesana semanal, que ahora se denomina “Iglesia en Teruel y Albarracín”, es una semilla muchas veces ignorada, como los granos de trigo caídos en los rastrojos. A veces, ni siquiera podemos encontrarla en la entrada de algunos templos y no pocas personas, que participan en las celebraciones y actividades parroquiales, pasan de largo sin echarle una ojeada.
Por esto, hoy animo a los sacerdotes y a todos los que frecuentáis las iglesias de la Diócesis a valorarla y aprovecharla. Aunque sea una publicación humilde, puede ayudar a vivir la liturgia del domingo, a caer en la cuenta de algunos asuntos culturales y sociales que influyen en nuestra experiencia de fe, a estar al tanto de noticias que tienen que ver con la Iglesia, tanto en el mundo como en España, en Aragón y en nuestra Diócesis. Si conocemos lo que pasa en la Iglesia, será más fácil valorar y apoyar lo que tantos cristianos y cristianas hacen, por medio de un sinfín de iniciativas culturales, solidarias, formativas y celebrativas, para acercar el amor de Dios a los que sufren o necesitan su apoyo y su presencia.
Ya sé que muchos utilizáis las páginas web y las redes sociales para estar informados e incluso también para rezar, pero la Hoja Diocesana sigue siendo un instrumento útil para todos e imprescindible para los que no están familiarizados con las nuevas tecnologías, porque es como un vínculo físico con la comunidad diocesana. Os animo pues, a leer cada semana la Hoja Diocesana “Iglesia en Teruel y Albarracín”, para poder conocer y recomendar sus contenidos; también me atrevo a pediros que hagáis propaganda de ella y la llevéis a quienes no pueden acudir a la iglesia, pero se sienten unidos a ella como miembros de esta familia que es la Iglesia Diocesana.
Dios quiera que nuestra Hoja siga siendo semilla evangélica que, con la colaboración de todos y la bendición de Dios, dé buenos frutos en nuestras relaciones personales con Él y en nuestro compromiso cristiano en la Iglesia y en la sociedad.
Agradezco de corazón el trabajo de quienes confeccionáis nuestra publicación y la dedicación de los que, en cada parroquia, os encargáis de recogerla, ponerla a disposición de todos y difundirla. Ya sé que a veces es un esfuerzo poco reconocido, pero el Padre, que ve lo que hay en nuestros corazones, os lo recompensará.
Recibid mi cordial saludo en el Señor.
domingo, 21 de mayo de 2023
Para comunicar mejor
En la Iglesia andamos preocupados por comunicar mejor. A menudo hablamos de actualizar el lenguaje, utilizar las nuevas tecnologías, etc. Y no es para menos. El Señor nos confió el anuncio del Evangelio a toda la creación (cf. Mc 16,15). Esta misión nos reclama el empeño de comunicar su mensaje del mejor modo posible, para que sea escuchado y pueda calar en el ánimo de los oyentes.
Por ello, queridos hermanos y hermanas de esta Iglesia que peregrina en Teruel y Albarracín, además de reconocer la importancia de aprender y utilizar técnicas de comunicación, me ha parecido conveniente subrayar tres pistas sencillas, conocidas pero algunas veces descuidadas, que nos ayuden a proclamar el Evangelio como el esperanzador anuncio que es:
- Comunicar con humildad. No se escucha a gusto a un comunicador que provoca en los oyentes sentimientos de inferioridad. Sin embargo, tal vez sin darnos cuenta, en ocasiones damos la sensación de estar situados por encima de nuestros interlocutores. Salomón, prototipo de persona justa, pidió a Dios sabiduría porque se consideraba «hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes» (Sb 9,5). Por tanto, antes de verter opiniones rotundas sobre los comportamientos humanos, recordemos que también nosotros somos pecadores y que sólo Dios conoce la verdad de lo que hay en el corazón.
- Comunicar con amor. Estamos llamados a anunciar y hacer presente el amor de Dios a la humanidad. «Tanto amó Dios al mundo ?dijo Jesús a Nicodemo? que entregó a su Unigénito para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3, 16-17). En consecuencia, «la obra de la evangelización supone, en el evangelizador, un amor fraternal siempre creciente hacia aquellos a los que evangeliza… ¿De qué amor se trata? Mucho más que el de un pedagogo; es el amor de un padre; más aún, el de una madre» (EN 79). Es necesario cuidar especialmente esta actitud cuando debamos corregir o denunciar lo que no está bien. Aprendamos de Jesús en su conversación con la samaritana junto al pozo de Sicar, que logró que se sintiese amada y, al mismo tiempo, reconociese su camino errado.
- Comunicar desde la experiencia de fe vivida. Pablo VI dijo que se escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan y, si se escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio. (cf. EN 41). Nuestro mensaje calará cuando detrás de nuestras palabras haya un compromiso sincero por hacer lo que se dice.
domingo, 6 de noviembre de 2022
Gracias por tanto
Hace años, me enfadé con la Iglesia y se lo comenté a mi acompañante espiritual. Él, sin dudarlo, me recomendó leer el libro “Paradoja y misterio de la Iglesia”, del Padre Henri de Lubac, advirtiéndome que escribió este libro en un momento en el que este sabio jesuita había sido puesto en tela de juicio por algunos eclesiásticos. No pude contener la emoción al leer los pasajes que a continuación reproduzco:
“La Iglesia es nuestra madre, porque nos da a Cristo. Ella hace nacer a Cristo en nosotros. Ella nos hace nacer a la vida de Cristo. La Iglesia, hoy mismo, me está dando a Jesús. Me lo explica, me enseña a verlo, conserva para mí su presencia. Decir esto es decirlo todo. ¿Qué podría saber yo de Jesús, qué vínculos habría entre nosotros dos, sin la Iglesia? Incluso los que la desprecian, si todavía admiten a Jesús, ¿saben de quién lo reciben?
Ninguna crisis de la historia nos separará de Cristo. Pero esta seguridad nos viene precisamente de la Iglesia. Jesús está vivo para nosotros. Pero ¿en medio de qué arenas movedizas se habría perdido, no ya su memoria y su nombre, sino su influencia viva, la acción de su evangelio y la fe en su persona divina, sin la continuidad visible de la Iglesia?
Pues bien, esta Iglesia santa a veces también se ve abandonada de algunos que lo han recibido todo de ella y que se han vuelto ciegos a sus dones. Y a veces, en ciertas ocasiones como ahora, se mofan de ella algunos que siguen recibiendo de ella su alimento. Un viento de crítica amarga, universal y sin inteligencia, llega a veces a trastornar las cabezas y a pudrir los corazones. Un viento asolador, esterilizante, un viento destructor, hostil al soplo del Espíritu. Y entonces, cuando contemplo la faz humillada de mi madre, es cuando la amo más.
En el mismo momento en que algunos se hipnotizan ante los rasgos que les presentan un rostro envejecido, el amor me hará descubrir en ella con mucha más verdad sus fuerzas ocultas, sus actividades silenciosas, que constituyen su perenne juventud, todas las grandes cosas que nacen en su corazón y que convertirán contagiosamente a la tierra”.
Esta madre Iglesia, santa y a la vez pecadora, siempre necesitada de purificación y de reforma, se hace realidad concreta y cercana en nuestra Diócesis de Teruel y Albarracín. En ella hemos celebrado los momentos más importantes de nuestras vidas. A través de ella hemos recibido la formación humana y religiosa, que nos ha permitido conducirnos en la vida. Gracias a ella hemos trabajado al servicio de tantas personas necesitadas y del progreso de nuestra tierra. Ella es, en definitiva, la Madre que nos ha descubierto el tesoro escondido y la perla preciosa: Jesucristo; ella ha hecho nacer a Cristo en nosotros.
Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.
domingo, 27 de marzo de 2022
Somos comunidad, somos Iglesia
Hace algún tiempo, en un viaje, un joven, al ver mi distintivo sacerdotal, me dijo que él era católico. Le pregunté cuál era su comunidad o su parroquia. Respondió: “No tengo comunidad, creo en Dios y, cuando puedo, hago el bien y voy a Misa”. Mi interlocutor vivía su fe al margen de una comunidad concreta. Aunque esto no es lo habitual, lo cierto es que muchos cristianos van a su parroquia regularmente, sin considerarla su comunidad.
Esta realidad, a la que quizá nos hemos acostumbrado, contrasta con la vivencia de los primeros cristianos. Aunque sus comunidades no eran perfectas, no perdieron de vista el ideal descrito en el libro de los Hechos de los Apóstoles: “Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos… El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (He 2,44-47; 4,32).
Así, el Papa Francisco recuerda frecuentemente la necesidad de vivir la fe en comunidad: “Somos cristianos porque pertenecemos a la Iglesia. Es como un apellido: si el nombre es «soy cristiano», el apellido es «pertenezco a la Iglesia»… Nadie llega a ser cristiano por sí mismo. Si creemos, si sabemos rezar, si conocemos al Señor y podemos escuchar su Palabra, si lo sentimos cercano y lo reconocemos en los hermanos, es porque otros, antes que nosotros, han vivido la fe y luego nos la han transmitido… Este camino lo podemos vivir no sólo gracias a otras personas, sino junto a otras personas… No podemos ser buenos cristianos si no es junto a todos aquellos que buscan seguir al Señor Jesús, como un único pueblo, un único cuerpo, y esto es la Iglesia” (25 de junio de 2014).
Necesitamos avanzar por este camino comunitario (sinodal) en la Iglesia y, en particular, en nuestra Diócesis de Teruel y Albarracín. Es vital para fortalecer nuestra fe y para hacer más eficaz la misión que el Señor nos ha confiado. Si nuestras comunidades progresan en fraternidad, hacia dentro, y en solidaridad, hacia fuera; otras personas podrán decir: “Mirad como se aman” y nuestra Iglesia crecerá “no por proselitismo, sino por atracción”, tal como señaló Benedicto XVI. En cambio, si en nuestros grupos y parroquias no se percibe más claramente la alegría de vivir como hermanos y hermanas, de poco servirán los esfuerzos por cuidar más las celebraciones, la catequesis y el servicio a los pobres.
El próximo sábado 2 de abril tendremos la ocasión de sentirnos Iglesia, en la Asamblea Diocesana, abierta a todos, que acogerá el Colegio Las Viñas. Juntos daremos un paso adelante en nuestro proceso sinodal, compartiendo reflexión, oración, experiencias, diversión y una buena paella. ¡Inscríbete en cualquier parroquia, cuanto antes! ¡Te esperamos!
domingo, 23 de enero de 2022
Potenciar lo que nos une
Me contaron el caso de dos hermanos gemelos que, al llegar la adolescencia, se esforzaban en demostrar que no se parecían en nada. Algo similar nos sucede a veces a todos. El deseo de afirmarnos y de ser nosotros mismos nos puede llevar a fijarnos y a valorar mucho más lo poco que nos separa que lo mucho que nos une, en la familia, el trabajo, la sociedad, la relación con otras confesiones y religiones, etc.
En esta semana de oración por la unidad de los cristianos, estamos llamados a descubrir y potenciar lo mucho que nos une con otras iglesias y confesiones, siguiendo el camino marcado por el Concilio Vaticano II: “Es necesario que los católicos, con gozo, reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las virtudes en la vida de quienes dan testimonio de Cristo y, a veces, hasta el derramamiento de su sangre, porque Dios es siempre admirable y digno de admiración en sus obras. Ni hay que olvidar que todo lo que obra el Espíritu Santo en los corazones de los hermanos separados puede conducir también a nuestra edificación” (Decreto Unitatis Redintegratio 4).
Esta valoración positiva de quienes invocan al Dios Trino y confiesan a Jesucristo como Señor y salvador, aunque no estén en plena comunión con la Iglesia católica, crece con la oración por la unidad y en la colaboración con ellos, en proyectos de solidaridad y de interés común. Nada mejor que rezar y trabajar juntos, para que nos conozcamos más, nos valoremos mejor y avancemos hacia la unidad querida por el Señor, «para que el mundo crea» (Jn 17,21).
Podemos extender este ejercicio de descubrir y valorar más lo que nos une que lo que nos separa en la relación con los judíos, “el pueblo, con quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza”, y con los musulmanes, “que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno” (Decreto Nostra Aetate 3 y 4).
Asimismo, podríamos ejercitar esta actitud con todas las personas, cualquiera que sea su credo o su ideología; pues más allá de tantas diferencias, todos los seres humanos sufrimos y experimentamos múltiples limitaciones, nos sentimos ilimitados en nuestros deseos y llamados a una vida más plena y fraterna (cf. Constitución Gaudium et Spes 10).
Con la esperanza de que, a pesar de nuestras peculiaridades, sepamos valorar y promover lo mucho que nos une, os saludo muy cordialmente en el Señor.
domingo, 16 de enero de 2022
Para avanzar juntos
Caminar y avanzar juntos ha sido norma y práctica de la Iglesia desde sus orígenes. La sinodalidad no es algo que ahora está de moda porque el Papa insiste en ella, sino porque “expresa la naturaleza de la Iglesia, su forma, su estilo, su misión” (Francisco, 18/IX/2021). Bien es verdad que no siempre ni en todos los ámbitos se ha vivido con la deseable intensidad, pero también hemos de reconocer que el momento actual es un tiempo de gracia para crecer en este camino.
Con el fin de avanzar juntos, hemos de abrirnos humilde y confiadamente a los demás, cultivando lo que San Juan Pablo II llamó espiritualidad de comunión. Esta espiritualidad parte de “una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad, que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos… Espiritualidad de comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como «uno que me pertenece», para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades… Espiritualidad de comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios” (NMI 43).
Cultivar esta espiritualidad es imprescindible para avanzar juntos, pero también es necesaria una organización adecuada, que facilite la participación de todos los bautizados. “Todos fuimos bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo” (1 Co 12,13); por eso, “todos estamos llamados a participar en la vida y misión de la Iglesia. Si falta una participación real de todo el Pueblo de Dios, los discursos sobre la comunión corren el riesgo de permanecer como intenciones piadosas” (Francisco, 9/X/2021). En efecto, tan ineficaz resulta una espiritualidad de comunión que no cuaje en estructuras de participación, como peligrosas son las estructuras que, al no estar animadas por el Espíritu, corren el riesgo de producir nuevas formas de manipulación y dominio.
Profundicemos en este camino de comunión y participación, en el que se viene trabajando desde hace tantos años en nuestra Iglesia diocesana de Teruel y Albarracín. El mes pasado se constituyeron el Consejo Presbiteral y el Colegio de Consultores. Hoy domingo comienza su andadura el nuevo Consejo Diocesano de Pastoral, con la participación de mujeres y hombres, laicos, religiosos y sacerdotes, de todos los arciprestazgos. Muchas parroquias tienen sus consejos de pastoral y de asuntos económicos; otras los están promoviendo. En algunas comunidades más pequeñas sólo es posible convocar a todos los feligreses, dos o tres veces al año, para informarles de la economía y darles la oportunidad de que ofrezcan sus ideas. Los modos de participación son muchos y variados, seamos creativos para favorecer, con realismo y verdad, la participación de todos los bautizados. Os saludo muy cordialmente en el Señor.
domingo, 26 de diciembre de 2021
Cuidar a la familia
| Sagrada Familia del pintor malagueño Raúl Berzosa |
Hace unos años, un chaval se emborrachó en una fiesta. Los amigos quisieron alejarlo de sus padres, para que no se disgustaran. Él, a pesar de su estado, les dijo que lo llevaran a casa. Estaba seguro de que sus padres le ayudarían más y mejor que nadie. Su confianza no se vio defraudada. Sus padres lo acogieron, lo cuidaron y, cuando hubo ocasión, hablaron con él, para que aprendiera de lo sucedido.
Muchos podríamos contar experiencias similares a esta. A pesar de que no existen familias perfectas, la inmensa mayoría de las personas hemos experimentado y disfrutado, precisamente en el hogar familiar, del amor más incondicional y más gratuito, ese amor que solo busca nuestro bien, ese amor que nos ha permitido crecer con confianza y que, poco a poco, ha despertado en nosotros el deseo de amar de la misma manera. Un amor incondicional y gratuito es el tesoro más valioso que una persona puede poseer. Asimismo, el tesoro más precioso de una sociedad es la presencia de muchas familias que sean verdaderamente escuelas de amor, confianza y solidaridad. Por estas y tantas otras razones, debemos empeñarnos en cuidar a la familia desde todos los ámbitos
Es necesario cuidar a la familia desde dentro. Todos recibimos y todos debemos aportar, cada uno de acuerdo a su edad, a sus capacidades, a su salud… Hemos de esforzarnos por evitar cualquier forma de discriminación y abuso; teniendo en cuenta que, si bien en algunas familias todavía hay signos claros de machismo, que se deben evitar, en bastantes ocasiones se da la tiranía de los más pequeños, educados en la lógica de los derechos sin obligaciones, tendencia que es preciso corregir igualmente.
Es necesario cuidar a la familia desde las instituciones públicas. Las familias tienen derecho a una adecuada política en el terreno jurídico, económico, social y fiscal. Las instituciones deben apoyar mejor la inmensa generosidad de las familias que acogen el don de la vida y se dedican durante años al sustento y a la educación de los hijos. Por otra parte, resulta imprescindible amparar eficazmente a las familias, angustiadas frente a la enfermedad de un ser querido, el desempleo de los jóvenes, las largas jornadas de trabajo que no permiten a sus miembros encontrarse, etc. (cf. Amoris Laetitia 44).
También la Iglesia debe cuidar más decididamente a todas las familias y, en particular, a las familias cristianas, para que puedan despertar el deseo de Dios en los hijos y educarlos en la fe. El Papa Francisco nos ofrece pistas de actuación: reuniones, centros de asesoramiento, retiros, espacios de espiritualidad para matrimonios, consultorías y charlas de especialistas sobre diferentes situaciones complejas: adicciones, infidelidad, violencia familiar, hijos problemáticos, etc. (cf. Amoris Laetitia 229).
Desde la gratitud por todo lo que las familias aportan a las personas, a la sociedad y a la Iglesia, os deseo un feliz año nuevo.
domingo, 7 de noviembre de 2021
Somos lo que tú nos ayudas a ser
En muchas ocasiones, nos resulta más fácil ventilar los fallos de la Iglesia que darnos cuenta de lo mucho que nos ofrece. Nos dolemos por sus limitaciones y errores, que ahí están; pero también deberíamos reconocer, con alegría y gratitud, que la Iglesia, esta Iglesia diocesana de Teruel y Albarracín, es una gran familia, en la que muchos habéis conocido a Jesucristo y su Evangelio; una gran familia que nos alimenta en la fe y nos sostiene en la misión. Tú y yo somos cristianos por la gracia de Dios y por la necesaria mediación de la Iglesia: por esa catequista que nos ayudó a intuir mejor la grandeza de creer, por ese sacerdote que nos escuchó y nos ayudó a acoger la misericordia de Dios, por esos cristianos laicos que nos conquistaron con su ejemplo de oración, solidaridad y valentía, anunciando verdades incómodas y defendiendo la dignidad de los más indefensos.
En esta gran familia, somos lo que tú nos ayudas a ser, porque tú eres Iglesia. Somos la aportación de los que sois solidarios con vuestros próximos, o trabajáis en Cáritas, Manos Unidas y otras organizaciones caritativas, porque sois Iglesia. Somos el esfuerzo de los que cuidáis generosamente nuestros templos y celebraciones, porque sois Iglesia. Somos la dedicación de las personas que os consagráis a Dios en la vida religiosa, el sacerdocio o las misiones, porque sois Iglesia. Somos la contribución de quienes compartís responsablemente vuestro dinero con la parroquia, porque sois Iglesia. Somos el esfuerzo de tantos laicos y laicas que os comprometéis en la familia, la educación, el trabajo, la economía, la política, el pueblo, el barrio, la casa común en la que vivimos, porque sois Iglesia. Somos la oración de los que rezáis por los que sufren, por las personas a las que más queréis… porque sois Iglesia. Somos lo que tú y yo podemos compartir con la Iglesia, con nuestra Diócesis. Somos una gran familia, contigo.
Por eso, en este Día de la Iglesia Diocesana, nos podemos preguntar: ¿Reconozco y agradezco habitualmente la aportación de la Iglesia a mi vida personal y al conjunto de la sociedad? ¿Podría aportar algo más, para que la Iglesia siga ofreciendo al mundo palabras de esperanza y gestos de humanidad, dentro y fuera de nuestro territorio?
Esta gran familia trabaja para crecer en transparencia, por eso hoy, como cada año, se publica la situación económica de la Diócesis. También estamos empeñados en avanzar, con el Papa Francisco, por el camino de la sinodalidad, para que nadie se sienta “cristiano de segunda”, para que todos puedan considerarse miembros de esta gran familia.
Con el corazón lleno de gratitud, por la dedicación de los laicos, religiosos y sacerdotes, por la generosidad de tantos hombres y mujeres de nuestra Diócesis, os envío un saludo muy cordial a todos, en el Señor.
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