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domingo, 7 de junio de 2026

Elige amar, elige comunidad, para ser “cuerpo” de Cristo


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

La Iglesia nos invita a venerar el Santísimo Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, que es el misterio de un Dios que se hace pan partido, presencia que abraza, acompaña y sostiene, sobre todo a los que sufren. En este “Día de la Caridad”, Cáritas nos urge con el lema: “Elige amar. Elige comunidad”.

1. Elige amar. El amor no es un sentimiento pasajero, sino la decisión de entregarme al otro como consecuencia de haberme encontrado con Cristo, que se entregó por mí.

Como nos dijo el papa Francisco, y León XIV ha seguido recordando, «los pobres son, ante todo, personas, y en sus rostros se oculta el de Cristo mismo». Amar es ver en cada persona su dignidad y mirarla con ternura; amar es negarse a resignarnos ante las injusticias; amar es no acostumbrarse a que tantos hermanos vivan precariamente, solos y excluidos.

Los datos que Cáritas ha puesto de relieve en su memoria son un grito que interpela nuestra fe, ya que miles de personas, en Málaga y Melilla, están atrapadas por la imposibilidad de conseguir una vivienda o un trabajo mínimamente dignos. Ante esta situación no podemos ignorar que amar significa proteger la vida y defender la dignidad de los seres humanos, trabajando para que nuestro mundo sea más justo, porque el amor cristiano no se queda en palabras, sino que impulsa a escuchar y acompañar a los que sufren, a ponernos al lado de los débiles y dejarnos tocar por su sufrimiento.

2. Elige comunidad. El amor construye comunidad. La Iglesia está llamada a ser el “hogar” en el que todos encuentran un lugar. Cáritas nos recuerda que nuestras comunidades han de ser espacios de encuentro y apoyo mutuo, en los que la diversidad se convierte en riqueza y donde nadie permanece a la intemperie.

Frente a lo que el papa León ha llamado “el síndrome de Babel”, que busca “asegurarse estabilidad y poder”, propone a Nehemías, que convocó a las familias de aquella Jerusalén derruida confiando a cada una un tramo de la muralla destruida y logró así que la ciudad renaciera, «no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo». La comunidad cristiana debe ser signo del abrazo de Dios, y su fuerza nace de la caridad vivida, compartida y organizada.

Hoy, más que nunca, necesitamos comunidades que sean luz y esperanza por estar arraigadas en Dios y comprometidas con los pobres, comunidades que generen redes y sostengan a quienes no pueden sostenerse solos.

En el Corpus Christi, el Señor nos invita a amar, dándonos a quien nos necesita como Él y con Él, y a formar comunidad, como granos que hacen un mismo pan. Así seremos “cuerpo” de Cristo para el mundo.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 11 de junio de 2023

Corpus Christi: piedad y solidaridad


El “Corpus” nos suena a procesión y adoración pública del Santísimo Sacramento, mientras que el mensaje de los Obispos para este “Día de la Caridad” reza “Pan partido para los demás”. Asumamos el reto de unir ambos aspectos: adoración y compromiso, piedad y solidaridad. No separemos lo que Dios ha unido.

En el “Corpus”, Dios nos invita a acoger su amor. Es justamente lo que celebramos en la Eucaristía: que Jesús entregó su vida, su tiempo, su fuerza; se partió y repartió, como el pan, para que tengamos vida. Cuando el sacerdote, en nombre de Jesús, dice: «Tomad, comed esto es mi cuerpo… Bebed todos, porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos» (Mt 26, 26-28), Jesús sigue entregándose, para que comencemos a saborear la vida eterna ya en esta tierra. El Padre nos entrega, te entrega, me entrega a su Hijo, porque «tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). Estamos, pues, llamados a acogerlo y a agradecerlo.

Pero Jesús también dijo: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19) y «Dadles vosotros de comer» (Lc 9, 13); nos pidió que le hiciéramos presente en el pan eucarístico y que nos hiciéramos “pan partido para los otros”. Este “Día de la Caridad” nos convoca precisamente a ser pan partido. Muchas personas responden a esta llamada. No son super-mujeres o super-hombres, sino gente corriente, que se ha sentido tocada por el amor de Dios manifestado en Cristo, como los jóvenes turolenses que participan en el Proyecto “Apadrina un abuelo” de Cáritas Diocesana. Es una iniciativa sencilla de enriquecimiento mutuo, en la que los jóvenes descubren lo mucho que las personas mayores les aportan (sabiduría, experiencia, ternura) y los mayores disfrutan de los encuentros con los jóvenes que les llevan alegría, compañía, motivación, cariño, entretenimiento y aire fresco.

Cada domingo, acogemos y agradecemos en la Eucaristía el amor de Dios. Si la celebramos conscientemente, Jesucristo nos convierte en pan, pan bueno que se deja comer, que se entrega. La Madre Teresa de Calcuta decía a las religiosas de su Congregación: «Dejen que la gente y los pobres se las coman… que la gente muerda su sonrisa y su tiempo». No se trata sólo de dar pan, se trata de ser pan. No se trata sólo de dar algo, se trata de darse. El papa Benedicto XVI escribió: «Para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo» (DCE 34).

Que la fiesta del Corpus nos ayude a acoger y agradecer el amor de Dios, y a compartirlo, como el pan, con los de cerca y sobre todo con los necesitados.

domingo, 19 de junio de 2022

Somos lo que damos. Somos amor


Todos experimentamos desde pequeños el deseo de ser libres y felices. Sin embargo, la libertad requiere un aprendizaje, a veces tortuoso, y la felicidad suele ser esquiva. Por ello, tenemos la tentación de buscarla por atajos que sólo proporcionan alegrías cortas, que luego dejan largas resacas de tristeza.

Hay personas que quedan atrapadas en una espiral que les mina la libertad y la felicidad. Otras, en cambio, gracias a la ayuda de Dios y de tanta gente buena como nos rodea, logran aprender de sus propios errores y caen en la cuenta de que la vida encuentra sentido cuando se regala, y que la alegría crece cuando nos dedicamos a los demás. En efecto, somos lo que damos: el tiempo que compartimos, las sonrisas y los abrazos que regalamos, el perdón que ofrecemos, el trabajo responsable por el bien común, el empeño en construir un mundo de hermanas y hermanos… San Agustín lo expresó con una frase precisa: “Amor meum, pondus meum”, que significa: “mi amor es mi peso”. Dicho con otras palabras: Yo valgo lo que vale mi amor.

Somos lo que damos, somos amor. Este es el lema del Día de la Caridad, que Cáritas celebra coincidiendo con la solemnidad del Corpus Christi. En esta fiesta, conmemoramos que Cristo nos regaló su cuerpo y su vida entera en la última Cena y en el Calvario, y sigue entregándose en cada Eucaristía, memorial de su entrega “hasta el extremo”. Cada vez que lo recibimos, su amor nos alimenta, nos une a todos los que lo comulgamos y, como Él y con Él, nos sentimos urgidos a amar de la misma manera. Benedicto XVI lo explicó con una frase cargada de significado: “la Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús” (DCE 13).

La Iglesia nos invita, en esta solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, a asombrarnos ante la misericordia del Padre que ha mirado compasivamente nuestra pequeñez y nos ha entregado a su Hijo como alimento, para que tengamos vida en abundancia. Él nos mueve a mirar con ternura a nuestros hermanos, sobre todo a los que sufren, y a alimentar, con humildad y respeto, su hambre de pan, de amor, de esperanza y de fe. Las dos miradas: al Sacramento y a los pobres, se enriquecen mutuamente, de manera que el amor a los pobres resulta imprescindible para experimentar que Dios nos ama y que también nosotros le amamos.

Queridos hermanos y hermanas, acoged con devoción y gratitud el pan eucarístico; porque el Espíritu que transforma un pedazo de pan en el Cuerpo del Señor, nos irá transformando, si lo acogemos con un corazón abierto, en pan para los hermanos y hermanas, en sacramento del amor de Dios en medio del mundo. Recibid un cordial saludo en el Señor.

Misión Diocesana: una Iglesia sinodal en misión

Juan Manuel Barreiro, misionero malagueño en Venezuela, bautizando a un niño Queridos hermanos y hermanas: Cada año nuestra diócesis dirig...