domingo, 27 de octubre de 2024
No utilizar el nombre de católico en vano
Con frecuencia me preguntan por páginas webs, aplicaciones o redes sociales que se presentan como “católicas”. Algunas son verdaderamente católicas, tanto por sus postulados, fieles al Evangelio y a la doctrina de la Iglesia, como por su tono, en el que se percibe el estilo de Jesús, manso y humilde de corazón (cf. Mt 11,29). Pero en otras, ni el mensaje ni el talante tienen que ver con el Evangelio. En tales casos me atrevo a decir que “utilizan el nombre de católico en vano”. Gracias a Dios, muchos perciben la incoherencia entre el apellido de tales páginas y su contenido; pero hay lectores que, al ver la palabra “católico”, tienden a fiarse de cuanto leen en ellas. Por esto, me ha parecido oportuno advertir a los diocesanos de nuestra Iglesia de Teruel y Albarracín que en el internet de temática religiosa no todo lo que reluce es oro.
En algunos casos, las páginas a las que me refiero dividen el mundo en buenos sin pecado y malos sin redención posible, utilizando incluso la mentira y el insulto contra quienes no comparten sus puntos de vista. Ni el Santo Padre se salva de ataques furibundos. Y aunque en la Iglesia la crítica a la jerarquía es lícita y necesaria en algunas ocasiones, la mentira y el insulto no son un camino evangélico y, por tanto, tampoco puede ser católico (cf. Mt 5, 21-26).
También hay publicaciones que se dicen católicas y no presentan la doctrina católica en su integridad, pues dan más relevancia a supuestas revelaciones de la Santísima Virgen que a la Palabra de Dios; o insisten con razón en la importancia de la sana doctrina y de la oración asidua, pero pasan de puntillas por el capítulo 25 del evangelio de san Mateo, donde Jesús dice con toda claridad «tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis». Olvidan que, como dijo el papa san Juan Pablo II, «sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia» (NMI, 29).
Finalmente, me refiero a los sitios web que presentan la oración como una suerte de conjuro con el que conseguir que Dios complazca nuestros deseos y no como lo que es: una relación amorosa entre Dios y nosotros. ¡Cuántas frustraciones puede provocar ese modo de entender la oración! Incluso puede empujar al ateísmo.
Deberíamos evitar este tipo de publicaciones. Nos quitan la paz, rompen la comunión entre los cristianos y no nos ayudan a cumplir la misión de «fomentar y elevar todo cuanto de verdadero, de bueno y de bello hay en la comunidad humana» (GS 76).
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 20 de octubre de 2024
Una Iglesia excéntrica
Cuando pregunto a personas bautizadas cuál es su compromiso, casi todas las respuestas tienen que ver con la liturgia, la catequesis y el voluntariado; muy pocas se plantean su misión fuera de la comunidad cristiana y menos aún en las llamadas “tierras de misión”.
En la vida cotidiana de las parroquias sucede algo similar: la mayor parte de las actividades están dirigidas a quienes acuden al templo: se celebra la Eucaristía y otros actos de culto, se imparte catequesis a niños y jóvenes, algunas impulsan grupos de acción social y unas pocas tienen grupos de cristianas y cristianos que se plantean su misión en el lugar de trabajo, en la familia, en el pueblo o en el barrio, con las personas que no participan en la vida de la Iglesia o entre aquellas que sufren por cualquier causa.
Esta tendencia a olvidar nuestra misión en el mundo se explica por la escasez de sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos, que con dificultad damos abasto para atender las muchas tareas que tenemos dentro de la comunidad cristiana. Es explicable, pero no deja de ser una tentación que debemos rechazar.
La Iglesia tiene en su ADN el ser “excéntrica”, que no “extravagante”, porque el centro de su vida no es ella. Por deseo de su fundador ha de estar abierta a ir más allá de sus fronteras. El papa san Pablo VI lo afirmó con palabras claras y contundentes, en su encíclica sobre la evangelización del mundo moderno: «Evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar» (EN 14). Y el papa Francisco, con su conocida llamada a ser «Iglesia en salida», ha reafirmado esta naturaleza misionera de la Iglesia.
La celebración del DOMUND nos impulsa a ser misioneros en nuestros ambientes y allá donde el Señor nos envíe. En su mensaje para esta Jornada, el Papa nos invita a escuchar la palabra del Señor: «Id e invitad a todos al banquete» (cf. Mt 22,9) y nos recuerda que «somos enviados a anunciar el Evangelio a todos, y no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable».
En esta jornada resuena también la llamada a escuchar a los misioneros y misioneras, a dejarnos interpelar por su testimonio y estilo de vida, a apoyarles con la oración y colaboración económica, a fin de que puedan seguir desarrollando su labor en los lugares más empobrecidos del mundo.
Mi saludo en el Señor a todos, sobre todo a los hombres y mujeres que, habiendo salido de las familias y parroquias de nuestra Diócesis de Teruel y Albarracín, compartís y anunciáis cada día, en tantos países del mundo, la alegría de creer y amar como Jesús y con Jesús.
domingo, 13 de octubre de 2024
Pilar y pilares
En nuestras casas, las columnas o pilares, aunque muchas veces no están a la vista, dan solidez al entramado de la construcción. La Virgen María fue el “pilar” en el que descansó su prima Isabel, ya embarazada de Juan, dando fe de que Dios cumple cuanto promete. Fue el “pilar” en el que se apoyó José, su esposo, cuando la incertidumbre lo agobiaba. Fue el “pilar” en el que Jesús encontró descanso, porque nadie como ella escuchó la Palabra de Dios y supo cumplirla. María fue el “pilar” que sostuvo la fe todavía vacilante de los discípulos mientras esperaban la fortaleza del Espíritu Santo. La Madre de Jesús es el sólido pilar sobre el que se ha apoyado y se apoya la fe del pueblo cristiano, en Aragón, en España y allí donde ha arraigado la Iglesia.
Demos gracias a Dios por haber puesto en nuestro camino a María y a tantas personas que han sido, y siguen siendo, pilares en los que nos apoyamos, especialmente en los momentos de dificultad. Os invito a recordar con agradecimiento a la abuela que calladamente reúne a la familia y lima las asperezas entre los hijos; a la religiosa que, colaborando con el párroco, es el alma de la comunidad cristiana; al sacerdote siempre dispuesto a escuchar penas y a sostener la esperanza; al compañero de trabajo que no “echa leña al fuego” entre los amigos enfrentados y sabe tener gestos de cercanía hacia quienes están sufriendo…
También nosotros somos pilares cuando nos descentramos de nosotros mismos, de nuestras preocupaciones e intereses; cuando abrimos los ojos del corazón, para ver más allá de las apariencias, y desplegamos las manos del servicio, cada cual desde sus capacidades y circunstancias. Ya sé que esta propuesta es contracultural, pues en el ambiente en el que vivimos prima la publicidad sobre la discreción, y el crecimiento económico sobre la capacidad de servicio.
Sin embargo, María nos descubre que poder servir es un privilegio, un regalo que Dios nos hace; servir engrandece los “talentos” que hemos recibido; servir nos da la posibilidad de ser enriquecidos por las personas servidas y por quienes realizan la misma tarea; el servicio nos da razones para sostener la esperanza (¿o no es verdad que las personas que menos sirven son normalmente las que más se lamentan?). El servicio nos diviniza, porque, si de algo presumió el Señor Jesús, fue de estar entre nosotros “como el que sirve”. Éste es el tiempo de servir, de ser “pilares” donde pueda apoyarse tanta gente que se tambalea; éste es el momento, aunque nos asalten las dudas o el miedo.
Que la Virgen del Pilar nos inspire y acompañe.
domingo, 6 de octubre de 2024
El catequista, signo de esperanza
El pasado 4 de septiembre, en su viaje apostólico a Indonesia, el Papa Francisco reconoció la labor de los catequistas, situándolos al frente de la Iglesia con estas palabras: “La Iglesia —debemos pensar en esto—, a la Iglesia la llevan adelante los catequistas. Los catequistas son aquellos que van al frente, que siempre van al frente. Luego vienen las religiosas —inmediatamente después de los catequistas—; le siguen los sacerdotes y el obispo. Sin embargo, son los catequistas los que van “siempre al frente”, son la fuerza de la Iglesia”.
Nosotros, los pastores de la Iglesia que peregrina en Aragón, queremos hacer nuestras las palabras del Santo Padre y agradecer, en este Día de la Educación en la fe, la labor de todos los agentes de pastoral, la de los padres y abuelos y especialmente la de los catequistas en la transmisión y educación en la fe.
En un territorio desigual, pero con necesidades similares, los catequistas seguís siendo los pilares de nuestras comunidades, ya sea en la ciudad, ya sea en el pueblo más escondido. Los catequistas, colaborando con vuestros sacerdotes y donde sea posible con otros muchos agentes de pastoral, sois signo de esperanza para muchas personas, sois presencia de la Iglesia que desea estar y vivir en medio de sus gentes.
El catequista, en nombre de la comunidad, al compartir su fe y acompañar a niños, jóvenes, adultos y familias, va construyendo una nueva humanidad, centrada en la fe en Cristo, nuestra única y verdadera esperanza. Vosotros, catequistas, sois por vuestra presencia y buen hacer signo de credibilidad en una sociedad en donde la labor de la Iglesia es cuestionada. Vosotros sois el rostro de una Iglesia en salida, propositiva, alegre, paciente…
El Directorio para la catequesis, al señalar las características del catequista, nos recuerda que sois por vuestro testimonio de vida un signo de transparencia, gestando con vuestra labor la memoria de Dios: “El testimonio de vida es necesario para la credibilidad de la misión. Reconociendo su propia fragilidad ante la misericordia de Dios, el catequista nunca deja de ser un signo de esperanza para sus hermanos” (DC 113).
De la misma manera el Directorio, al señalar las tareas de la catequesis, nos exhorta a todos a formar para la vida en Cristo (Cf. DC 83-84), educando desde una mirada serena a la sociedad, invitando a todos los creyentes a ser parte activa de la transformación de la realidad. El catequista, siendo fiel a su vocación, hace posible, por tanto, que la esperanza sea el “ancla del alma, segura y firme” (Heb. 6, 19)
Con nuestro afecto y bendición
+ D. Carlos-Manuel Escribano Subías, Arzobispo de Zaragoza
+ D. Vicente Jiménez, Arzobispo Emérito de Zaragoza y Ad-
ministrador Apostólico de Huesca y de Jaca
+ D. Ángel-Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón
+D. José Antonio Satué Huerto, Obispo de Teruel y Albarracín
+ D. Vicente Rebollo Mozos, Obispo de Tarazona
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