lunes, 20 de abril de 2026

Las "manías" de Francisco


Al cumplirse el primer aniversario de la muerte del papa Francisco, quisiera recordar con inmensa gratitud algunas de sus “manías”.

Un rasgo significativo de su pontificado ha sido su empeño para que todos los hombres y mujeres, “cada uno con su vida a cuestas”, pudieran encontrarse en la Iglesia como en su casa y no como ante una aduana, en la que debían exhibir sus méritos para traspasar la puerta. ¡Cuántas veces repitió “todos, todos, todos”! y confirmó este deseo con decisiones y gestos, como la convocatoria del Sínodo sobre la sinodalidad, el nombramiento de mujeres para cargos de responsabilidad en la Iglesia y la posibilidad de bendecir a parejas en situaciones irregulares. Esta “manía” del papa Francisco despertó un rechazo semejante al que sufrió Jesús hace 2000 años por parte de quienes, considerándose justos, despreciaban a los demás (cf. Lc 18,9).

Otra “manía” de Francisco han sido los pobres, especialmente los que se ven obligados a salir de su tierra para huir del hambre o de la guerra. Su solidaridad con estas personas ha sido una constante desde su primer viaje a Lampedusa hasta su última carta a los obispos de los Estados Unidos, condenando cualquier medida que identifique la condición ilegal de algunos migrantes con la criminalidad. Esta “manía” ha estado presente en sus palabras y actitudes, a pesar de la incomodidad manifestada por algunos. No hacía otra cosa que seguir la estela del Maestro de Nazaret, cuando puso como ejemplo a personas consideradas extranjeras: alabó la fe de una mujer cananea (cf. Mt 15) y la solidaridad del samaritano que se compadeció de un moribundo tirado al borde del camino (cf. Lc 10); y advirtió que serían bienaventurados quienes lo hospedaron siendo forastero (cf. Mt 25).

También señalo su “manía” por la normalidad. Renunció a los zapatos rojos, tradicionalmente usados por sus predecesores. Siempre que pudo “pasó como uno de tantos” (Fil 2) y la gente lo percibía. Recuerdo a una mujer romana que me dijo: «Me gusta este Papa porque dice “buenos días” cuando saluda y “buen provecho” al terminar de rezar el “Ángelus”. Es una persona como nosotros». En efecto, utilizaba un lenguaje coloquial, comprensible por todos, se manifestaba con naturalidad y espontaneidad, corriendo el riesgo de ser poco preciso o cometer algún error, por los cuales no dudaba en pedir perdón.

Por último, me ha impresionado su “manía” por el buen humor y la esperanza. Muchas veces, después de tratar temas delicados, añadía con su acento porteño: «no perdás el sentido del humor». En su buen humor y su esperanza se pone de manifiesto el hombre de profunda fe, que percibía, en medio de las tormentas, el amor y la acción de Dios en su corazón, en la vida de la Iglesia y en las entrañas del mundo (cf. Mt 28).

¡Benditas las “manías” de Francisco, que nos han acercado y nos siguen acercando al Evangelio de Jesucristo y a los hombres y mujeres de hoy!

Las "manías" de Francisco

Al cumplirse el primer aniversario de la muerte del papa Francisco, quisiera recordar con inmensa gratitud algunas de sus “manías”. Un rasgo...