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lunes, 26 de mayo de 2025

La esperanza, don y compromiso


En el Congreso de la Esperanza, que se ha desarrollado en Teruel durante el pasado fin de semana, hemos constatado hechos inquietantes. Ante nuestros ojos atónitos han desfilado las guerras y la violencia entre personas, la crisis ecológica, la sociedad de la imagen que devalúa el ser, la tendencia a consumirlo todo incluso las relaciones interpersonales, el individualismo galopante y la indiferencia que descarta a los más vulnerables, la política convertida en espectáculo, la prioridad absoluta de la economía, la tendencia a la uniformidad, la crisis de valores y de espiritualidad, la dificultad de la sociedad para descubrir alternativas a la situación actual, la experiencia de vacío existencial, la amenaza de los totalitarismos y de las filosofías que desprecian lo humano, la baja natalidad en Europa y la despoblación del mundo rural de nuestra provincia y de tantos otros territorios…

A pesar de todo, también nos hemos dado cuenta de que nuestro corazón no se conforma con lo que existe, pues experimentamos la veracidad de aquellas palabras del filósofo alemán, que decía: «La naturaleza humana es la negativa a aceptar el mundo, lo dado, lo fáctico, la realidad misma como algo ya terminado. Por eso el ser humano aparece como un ser que es capaz de desear lo imposible, porque existe una diferencia radical entre lo que es y lo que puede llegar a ser». Como cristianos que somos, estas palabras no expresan sólo un deseo; son una certeza arraigada en la muerte y resurrección de Cristo. Por eso, podemos anunciar con el papa Francisco: «No os dejéis robar la esperanza; la esperanza no defrauda; dejémonos atraer por la esperanza… y permitamos que a través de nosotros sea contagiosa para cuantos la desean».

En el Congreso se han subrayado actitudes que ayudan a avivar y compartir esperanza. Quisiera señalar algunas: abrir los ojos a los muchos gestos de ternura y compromiso de tantos hombres y mujeres excepcionales, que llevan adelante proyectos de solidaridad y sostienen a las personas frágiles; cuidar con empatía las relaciones con quienes nos rodean, haciendo un esfuerzo para nombrar más los logros –propios y ajenos– que los problemas; implicarse con paciencia en procesos de cambio –personal, familiar, eclesial y social– y fomentar el amor y el compromiso por el propio territorio; favorecer espacios de encuentro para reflexionar quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde vamos y, en una palabra, cultivar la espiritualidad que nos ayude a afrontar serena, compasiva y comprometidamente la realidad con sus luces y sombras. En la página web congresodelaesperanza.es podréis encontrar los vídeos de las principales aportaciones.

Queridos amigos y amigas, la esperanza es un don de Dios que hemos de acoger, una actitud que hemos de cultivar, un compromiso por el que debemos apostar en cada decisión. Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 29 de mayo de 2022

Comunicar en tiempos de ruido


Siempre me han llamado la atención las cartas cruzadas entre San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. Ignacio estaba en Europa y Javier había partido para un Oriente, entonces mucho más lejano que ahora. Ambos jesuitas eran buenos amigos y vivían con pasión sus respectivas misiones, con pesadas cruces que soportar y profundas alegrías que compartir. ¡Tenían tanto que decirse! pero sólo podían comunicarse a través de una carta garabateada en un trozo de papel, que tardaría meses en llegar, si llegaba a su destino.

Ahora disponemos de unos medios de comunicación inimaginables en el siglo XVI, pero muchas veces tenemos poco que contar. Cuando paseamos por las redes sociales encontramos alguna perla, sin duda alguna; pero nos topamos con demasiados mensajes sin sustancia y con ataques absurdos que no soportan medio minuto de reflexión. Por ello, en esta Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales, quiero recordar tres pasos que pueden favorecer una comunicación auténtica, en los medios y en la vida cotidiana.

El primero es la cercanía. Frente a tanta información fabricada en oficinas y a las opiniones que no se molestan en conocer la realidad, el Papa Francisco nos alentó a “desgastar las suelas de los zapatos”, para aproximarnos a los acontecimientos y a las personas que los protagonizan. Sólo así podremos “relatar la verdad de la vida que se hace historia”, mostrando tanto los fenómenos sociales más graves como las energías positivas que emanan de las bases de la sociedad (Mensaje para las Comunicaciones Sociales 2021).

El segundo paso es la escucha con los oídos del corazón. En su mensaje para esta Jornada de las Comunicaciones Sociales, el Santo Padre constata el hecho de que «estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante, sea en la trama normal de las relaciones cotidianas, sea en los debates sobre los temas más importantes de la vida civil… Existe realmente una sordera interior peor que la sordera física. La escucha, en efecto, no tiene que ver solamente con el sentido del oído, sino con toda la persona. La verdadera sede de la escucha es el corazón».

El tercer paso es el silencio, destacado por el sabio Papa Benedicto XVI: «Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial. Una profunda reflexión nos ayuda a descubrir la relación existente entre situaciones que a primera vista parecen desconectadas entre sí, a valorar y analizar los mensajes; esto hace que se puedan compartir opiniones sopesadas y pertinentes, originando un auténtico conocimiento compartido» (Mensaje para las Comunicaciones Sociales 2012).

Os animo a todos, hermanas y hermanos, especialmente a quienes os dedicáis a la noble profesión del periodismo, a favorecer una comunicación fiel a la realidad, enriquecida con la escucha y reflexionada en el silencio. Recibid un cordial saludo en el Señor.

domingo, 30 de enero de 2022

Dolor, Compromiso y Esperanza


La pandemia ha trastocado la vida de personas, familias, empresas, pequeños negocios e instituciones. En estos meses, hemos visto las dificultades y el sufrimiento de mucha gente, más o menos cercana, pero no sabíamos hasta qué punto está golpeando esta crisis. La semana pasada, Cáritas ofreció datos concretos, que nos permiten conocer mejor la situación y, por tanto, nos pueden ayudar a plantear compromisos más eficaces.

Algunas cifras encogen el corazón. En España, la precariedad laboral alcanza a casi 2 millones de hogares; 600.000 familias no tienen ningún tipo de ingreso periódico que permita una cierta estabilidad; 1,8 millones de hogares no tienen acceso real a internet, particularmente necesario en este tiempo, para poder trabajar, estudiar o tramitar prestaciones sanitarias y de todo tipo; la exclusión social ha crecido más del doble en los hogares cuya sustentadora principal es una mujer; la diferencia entre la población con más y menos ingresos ha aumentado más de un 25%; 2,7 millones de jóvenes, entre 16 y 34 años, están afectados por procesos de exclusión social intensa; tres de cada diez familias se han visto obligadas a reducir los gastos habituales en alimentación, ropa y calzado; la exclusión social en hogares con población inmigrante es casi tres veces mayor que en los españoles…

Cáritas Teruel y Albarracín, por su parte, nos informa de la realidad más cercana: ha crecido el número de personas en situación irregular, que no pueden acceder a un trabajo normalizado; han aumentado las demandas de ayuda para alimentación, alquiler y suministros, empleo y formación; algunas familias no pueden cubrir sus necesidades básicas, por el aumento de precios y porque solo uno de los miembros trabaja, precaria o temporalmente.

Fiel a su estilo, Cáritas no se contenta con señalar y cuantificar los problemas sociales de nuestro mundo, sino que ofrece propuestas a los gobiernos y a las instituciones (cf. último Informe Foessa). Asimismo, Cáritas recuerda a la ciudadanía que todos podemos colaborar, de modo que el compromiso de muchos alivie la situación de las familias y personas más vulnerables y genere esperanza en el futuro. Podríamos plantearnos ser voluntarios de organizaciones sociales y contribuir económicamente. Además, la campaña “Seamos más pueblo” nos ofrece pistas de actuación factibles y eficaces: a) Cambia tu estilo de vida: cultiva la cercanía y la disponibilidad, hazte vecino y vecina; b) Cambia tu mirada: párate a conocer la realidad, escucha sin juzgar y habla con ternura y amabilidad; c) Cambia tu tiempo: agradece, bendice, disfruta de la naturaleza, comparte tu alegría, acompaña el dolor y la tristeza; d) No pases de largo: seguir a Jesús implica tomar partido, revisa lo que dices, lo que piensas y lo que haces, para ser más coherente.

Con la esperanza de que el dolor de tantos encienda el compromiso de muchos y crezca, con mayor fuerza, la fraternidad y la esperanza, os saludo muy cordialmente en el Señor.

Misión Diocesana: una Iglesia sinodal en misión

Juan Manuel Barreiro, misionero malagueño en Venezuela, bautizando a un niño Queridos hermanos y hermanas: Cada año nuestra diócesis dirig...