domingo, 26 de mayo de 2024

La vida puede más


Una de las lacras más sistemáticamente escondida y maquillada de nuestra sociedad, aparentemente respetuosa de los derechos humanos, es el comercio de personas, sobre todo de mujeres, a las que se engaña, se obliga a prostituirse y a vivir en régimen de esclavitud.

Para acercarnos a esta realidad, el claustro de nuestro Obispado ha acogido una exposición, preparada por la Subcomisión Episcopal de Migraciones y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española, de cuarenta y una imágenes, protagonizadas por un puñado de personas, hombres y mujeres, supervivientes de la trata de seres humanos. Las imágenes y las palabras de las víctimas constituyen el relato del negocio que más millones de euros mueve cada año en el mundo, sólo superado por el tráfico de armas.

La exposición nos acerca al drama que sufren las víctimas en sus propias carnes. Sus palabras son desgarradoras: «Me hicieron creer que no valía para otra cosa», «De haber sabido esto nunca hubiera salido de mi país», «Nadie me va a querer por haber sido prostituta», «Me pegaban y me violaban y cuando se cansaban me decían que no aguantaba nada. Siempre estaba llena de moratones que me recordaban el infierno que vivía». La exposición también hace concebir que, a pesar de todo, se puede llegar a una vida libre de explotación, gracias a la ayuda y la implicación de personas e instituciones. Los testimonios son esperanzadores: «Que importante es ser libre, ser respetada y sentirse querida», «Va desapareciendo el miedo», «Tengo vida, soy fuerte», «Tú caminarás libre, recorrerás senderos de libertad», «Con nuestras manos… podemos hacer realidad nuestros sueños», «Puedo ser lo que deseo».

La Memoria Anual de Actividades de la Conferencia Episcopal Española informa de que la Iglesia cuenta con 105 centros para la promoción de la mujer y víctimas de la violencia, en los que se han acogido 23.279 mujeres. Mujeres solas o con hijos, en dificultad social, que han sufrido algún tipo de explotación, víctimas de violencia o exprostitutas son las principales destinatarias de estos centros. A través de sus programas de acogida, ayuda y promoción han encontrado acompañamiento, orientación y ayuda, tanto material como psicológica, jurídica y laboral.

Acabamos de celebrar la cincuentena pascual. En ella, hemos vuelto a recordar (volver a pasar por el corazón) que la vida siempre puede más que el mal. Que el Espíritu Santo sane los corazones heridos y nos dé luz y fuerza para estar cerca y colaborar en todo lo posible en la lucha contra esta lacra invisibilizada, de modo que pongamos punto final a tantas situaciones de abuso y de muerte, y escribamos juntos un punto y seguido de vida en tantas personas que han padecido este infierno.

Recibid un cordial saludo en el Señor.

domingo, 19 de mayo de 2024

Laicos en una sociedad crispada


Hoy me dirijo especialmente a vosotros, cristianas y cristianos laicos de nuestra Diócesis, con motivo de la Solemnidad de Pentecostés, día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Os ofrezco unos criterios que os pueden ayudar a vivir, en este mundo tan crispado, vuestra peculiar vocación, la de «buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales», como os encomendó el Concilio Vaticano II; criterios que nos animen a responder a la llamada del papa Francisco, con ocasión del próximo Jubileo 2025, a «convertirnos en cantores de esperanza en un mundo marcado por un exceso de desesperación».

1. Todos sufrimos –y vosotros en particular– las incomprensiones de que es objeto la Iglesia en su conjunto. Ante tales incomprensiones, es necesario discernir con calma, para diferenciar los ataques sin fundamento de las críticas que denuncian con verdad nuestros errores e incoherencias.

2. También hemos de saber que el ataque a la Iglesia y a “lo cristiano” no es un fenómeno espontáneo. Existe una estrategia organizada que intenta debilitar y destruir la visión cristiana del ser humano, de la familia y de la sociedad. No obstante, no todos son incomprensiones y rechazos. Agradezcamos, pues, el reconocimiento y el apoyo que nos brindan muchas personas y no pocas instituciones.

3. No hagamos frente a los ataques con medios ajenos al Evangelio. No respondamos a las calumnias con violencia ni a las manipulaciones con mentiras. Si utilizáramos esta táctica, saldría perdiendo el proyecto de Jesús, que es «manso y humilde de corazón».

4. En un mundo tan enfrentado y crispado como el nuestro, rechacemos las soflamas –políticas y religiosas–, que clasifican y dividen a la gente en buenos y malos, en santos y pecadores. Gracias a Dios, son diversas las formas legítimas de vivir la fe, la organización de la sociedad y el compromiso político. Por eso, hemos de cuidar la comunión dentro de la Iglesia y trabajar por el mutuo entendimiento en la sociedad. Y aunque suponga ir contracorriente, seamos críticos con “los nuestros” y reconozcamos los valores de “los otros”.

5. No os dejéis llevar por el activismo y dedicad tiempo a la reflexión y a la oración, pero no esperéis a saberlo todo y a ser santos para comprometeros en el mundo de la política, del asociacionismo, de la cultura, del trabajo, de la economía, de la escuela… Pidamos la fuerza del Espíritu para ser contemplativos en la acción.

6. Y, por último, no descuidéis la formación y la vida comunitaria. Para transmitir la belleza y la fuerza de Dios hemos de comprender del mejor modo posible el mundo en el que vivimos y la fe que profesamos, y precisamos contar con el aliento de la comunidad cristiana que nos sostiene.

Con mi gratitud sincera a los hombres y mujeres que vivís la fe en el mundo, recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 12 de mayo de 2024

Carta de los Obispos de Aragón: «Desafíos y esperanzas en el mundo rural»

Queridos hermanos, hoy nos dirigimos especialmente a los hombres y mujeres del campo. Como pastores de esta tierra, eminentemente rural, compartimos no solo la fe en Cristo, sino también las dificultades y los retos que afrontáis en vuestro quehacer cotidiano.

Las protestas de las últimas semanas han puesto de manifiesto la existencia de serios problemas que directamente os afectan, como son: las altas inversiones que suponen la maquinaria y las infraestructuras necesarias en las explotaciones agrícolas y ganaderas, las condiciones excesivas para acceder a las ayudas de la Unión Europea, la irrupción en el campo de grandes grupos de inversión con los que no podéis competir, la escasa capacidad negociadora de las pequeñas cooperativas agrícolas frente a los grandes grupos distribuidores de alimentos, las dificultades de la Administración pública para cubrir las plazas vacantes de los centros sanitarios en no pocas zonas de nuestra tierra, la falta de relevo generacional y el desánimo que producen el envejecimiento y la disminución de la población, a pesar de los estudios y programas que se anuncian para hacer frente a la “España vaciada”.

Esta problemática, sin embargo, no puede hacernos olvidar los valores que nuestros pueblos vienen aportando al conjunto de la sociedad: un estilo de vida menos estresante que en la ciudad, la práctica de la solidaridad y del cuidado mutuo entre los vecinos, el contacto con la naturaleza, el aprecio de lo pequeño, lo gratuito y lo auténtico frente a la dictadura de los números, la productividad y la apariencia; y, en definitiva, una vida más humanizada y saludable, que favorece, sin duda, el desarrollo de la espiritualidad y de la religiosidad.

Además de reconocer a los hombres y mujeres del campo vuestra aportación, también queremos invitar a quienes vivís en la ciudad a valorar el trabajo del mundo rural por «la función social, cultural y económica que desempeña en los sistemas económicos de muchos países y por su creciente importancia en la salvaguarda del medio natural», y a mirar con espíritu solidario «los numerosos problemas que el mundo rural debe afrontar en el contexto de una economía cada vez más globalizada», como advierte la Doctrina Social de la Iglesia (vid. Compendio, n. 299).

Deseamos, pues, animar a todos nuestros diocesanos a afrontar con esperanza los desafíos que se presentan. La agricultura y la ganadería del siglo XXI han de producir suficientes alimentos de calidad para una población mundial en constante crecimiento, sin dejar por ello de cuidar la tierra que habitamos. Hacemos, por tanto, un llamamiento a que entre todos mantengamos el respeto a la “casa común”, en la búsqueda de un desarrollo sostenible que sustente el necesario equilibrio ecológico. Además, en esta tierra nuestra de Aragón, al igual que en otras regiones españolas, debemos encarar el reto de la despoblación con decisión, mediante políticas eficaces y promoviendo, al mismo tiempo, el aprecio del estilo de vida rural frente a la cultura dominante que sobrevalora la vida urbana.

Queridos hermanos y hermanas, contad con nuestro apoyo en vuestras justas reivindicaciones y con nuestra oración. San Isidro, modelo de hombre del campo, trabajador y orante, ruega por nosotros y nuestros pueblos.

+ Carlos Manuel Escribano Subías, Arzobispo de Zaragoza
+ Vicente Jiménez Zamora, Arzobispo Emérito de Zaragoza 
y Administrador Apostólico de Huesca y de Jaca
+ Ángel Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón
+ José Antonio Satué Huerto, Obispo de Teruel y Albarracín
+ Vicente Rebollo Mozos, Obispo de Tarazona


domingo, 5 de mayo de 2024

La gloria de Dios, nuestra felicidad


Todos queremos ser felices. Esta aspiración guía, consciente o inconscientemente, nuestras decisiones. Pero no siempre encontramos el camino de la felicidad. De hecho, a veces nuestras acciones nos conducen a la tristeza, el aislamiento y el sinsentido.

El anhelo de ser felices coincide con el sueño de Dios sobre el mundo y los seres humanos. Cuando leemos esa carta de Dios que es la Sagrada Escritura, nos sorprende comprobar cuál es el sueño de Dios acerca de sus criaturas. En el Libro de la Sabiduría se leen estas consoladoras palabras dirigidas a Él: «Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo habrías creado. ¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras?, o ¿cómo se conservaría, si tú no lo hubieras llamado? Pero tú eres indulgente con todas las cosas, porque son tuyas, Señor, amigo de la vida» (Sab 11, 24-26). Dios es “amigo de la vida”, no un aguafiestas ni el enemigo de nuestra alegría.

Para mostrarnos el camino de la felicidad, a veces complicado, Dios nos entregó a su propio Hijo, pues como Jesús dijo: «Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia» (Jn 10,10). No fueron palabras vacías, que se quedaron en buenas intenciones. Los gestos que realizó, antes y después de su muerte, pusieron de manifiesto que había venido para acoger a los enfermos, para devolver la dignidad a los marginados, para perdonar a los que estaban abrumados por el peso de su mala vida, para consolar a aquella mujer viuda que acababa de perder a su único hijo, para transmitir su vida resucitada a aquellos discípulos decepcionados ante su cruz. Estos gestos eran signos que anunciaban un nuevo modo de vivir, del que él ya era el heraldo e iniciador.

Hermanos y hermanas de Teruel y Albarracín, estamos llamados a ser felices con Jesús y como Jesús, y a contagiar vida, amor y esperanza a las personas que se sienten angustiadas y abatidas, aunque para lograrlo debamos descentrarnos de nosotros mismos, y vivir con la mirada puesta en esa existencia plena que es, ni más ni menos, la vida que Él y su bendita madre ya disfrutan junto al Padre en esa casa en la que ya nos está preparando una morada.

San Ireneo decía que la gloria de Dios es que el ser humano tenga vida (cf. AH 4, 20, 7). En un mundo en el que tantas personas han perdido la alegría y la esperanza, vivamos de tal manera que quienes se acerquen a nosotros y a nuestras comunidades perciban que nuestro único propósito es ofrecerles la vida que Dios nos regala en su infinita misericordia. Amén.

Las "manías" de Francisco

Al cumplirse el primer aniversario de la muerte del papa Francisco, quisiera recordar con inmensa gratitud algunas de sus “manías”. Un rasgo...