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domingo, 1 de octubre de 2023

Carta de los obispos de las diócesis aragonesas con motivo del Día de la Educación en la fe “Jesús, enséñanos a orar” (Lc 11,1)


Queridos catequistas, profesores, animadores y acompañantes de personas, grupos y comunidades en el camino espiritual de la fe:

En el “Día de la Educación en la Fe” agradecemos al Señor todos los dones que nos concede y manifestamos nuestra gratitud a quienes ponéis a disposición de los demás vuestro tiempo, dedicación y entusiasmo en el itinerario de crecimiento en la fe.

El Papa Francisco, en la carta que ha dirigido a Mons. Rino Fisichella para el Jubileo 2025, afirma: “me alegra pensar que el año 2024, que precede al acontecimiento del Jubileo, pueda dedicarse a una gran «sinfonía» de oración; ante todo, para recuperar el deseo de estar en la presencia del Señor, de escucharlo y adorarlo”.

Y añade: “En definitiva, un año intenso de oración, en el que los corazones se puedan abrir para recibir la abundancia de la gracia, haciendo del «Padre Nuestro», la oración que Jesús nos enseñó, el programa de vida de cada uno de sus discípulos”.

Por ello, ha parecido oportuno dedicar la formación permanente de los catequistas durante el curso 2023-24 a este objetivo. Los guiones de trabajo abordan de modo sencillo el Padrenuestro.

Cuando los discípulos pidieron al Señor Jesús: “Enséñanos a orar” (Lc 11,1), Él respondió pronunciando las palabras de la oración del Padrenuestro, dándonos un modelo concreto y al mismo tiempo universal. Todo lo que se puede y se debe decir al Padre está encerrado en las siete peticiones. En ellas apreciamos, por un lado, sencillez, de modo que hasta un niño las aprende; y, por otro, profundidad de modo que durante toda la vida se puede asimilar el sentido de cada una de ellas.

El catequista es “testigo de la fe y custodio de la memoria de Dios”, “maestro y mistagogo que introduce en el misterio de Dios, revelado en la Pascua de Cristo”, “acompañante y educador de quienes le han sido confiados por la Iglesia” (DC 113).

Deseamos expresaros, una vez más, nuestra cercanía de pastores, y os animamos a descubrir cada día la importancia de la vocación que habéis recibido y a valorar la responsabilidad de la misión que se os confía.

Agradecemos vuestra disponibilidad, paciencia y admirable generosidad.

Oramos por todas las personas que han dedicado muchos años a este importante servicio y que han llegado ya al encuentro definitivo con el Padre. Nuestra plegaria agradecida por todas ellas se convierte también en súplica para que el Señor suscite respuestas afirmativas en muchos corazones, de modo que se continúe desarrollando con alegría este ministerio eclesial.

Encomendamos a la Bienaventurada Virgen del Pilar vuestra vida y misión en el acompañamiento y crecimiento de la fe.

Recibid nuestro agradecimiento y nuestro afecto, junto con nuestra bendición.

+ D. Carlos-Manuel Escribano Subías, Arzobispo de Zaragoza
+ D. Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca
+ D. Ángel-Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón
+ D. José-Antonio Satué Huerto, Obispo de Teruel y Albarracín
+ D. Vicente Rebollo Mozos, Obispo de Tarazona

domingo, 5 de diciembre de 2021

Saber esperar



Hace ya muchos años, un joven fue al huerto con su padre. Habían madrugado, pero hacía calor. El chaval repetía a cada momento: “¡Tengo sed!”. El padre no respondía. Tanto insistió el muchacho, que el padre lo miró, con una mezcla de ternura y severidad, y le dijo: “Hijo mío, si cada vez que sentimos sed, dejamos de trabajar, es mejor que nos quedemos en casa”. El chico continuó la tarea en silencio y no olvidó las sabias palabras de aquel hombre, que, sin ser pedagogo, sabía que su hijo no maduraría, si no aprendía a esperar.

Desde entonces, el mundo ha cambiado mucho, para bien y para mal. Generalmente, las familias tienen mayor poder adquisitivo, menos hijos y menos tiempo para estar con ellos. Además, vivimos en la sociedad de la prisa, la publicidad y el consumismo fácil. En este contexto, es más complicado enseñar y aprender a esperar; es más fácil que muchos niños, jóvenes y adultos nos convirtamos en dictadorzuelos caprichosos, con grandes dificultades para controlar la ansiedad, si no tenemos ¡ya! lo que nos apetece. Cuando no sabemos esperar, corremos el riesgo de no discernir con acierto lo que conviene, sufrir las consecuencias de decisiones apresuradas y llenarnos de cosas inútiles, que nos aburren.

Saber esperar es muy importante en todos los ámbitos: el crecimiento personal, el trabajo, las relaciones de pareja, el compromiso político, la misión apostólica, la educación y la dimensión espiritual. También la oración y el seguimiento de Jesús requieren sus ritmos: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra… La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano” (Mc 4,26-28).

No se trata de una espera aburrida y pasiva. Esperamos gozando tantas cosas buenas, que el presente nos ofrece, y pregustando lo que está por venir, tal como expresa el Principito: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré”. Esperamos gozando y trabajando: “Esperaré a que crezca el árbol y me dé sombra; pero abonaré la espera con mis hojas secas. Esperaré a que brote el manantial y me dé agua; pero despejaré mi cauce de memorias enlodadas. Esperaré a que apunte la aurora y me ilumine; pero sacudiré mi noche de postraciones y sudarios. Esperaré a que llegue lo que no sé y me sorprenda; pero vaciaré mi casa de todo lo enquistado. Y al abonar el árbol, despejar el cauce, sacudir la noche y vaciar la casa, la tierra y el lamento se abrirán a la esperanza” (Benjamín G. Buelta, SJ).

En este Adviento, seguimos esperando al Salvador, pacientes, gozosos, laboriosos y orantes: ¡Ven, Señor Jesús! Os envío a todos un saludo muy cordial, en el Señor.

Misión Diocesana: una Iglesia sinodal en misión

Juan Manuel Barreiro, misionero malagueño en Venezuela, bautizando a un niño Queridos hermanos y hermanas: Cada año nuestra diócesis dirig...