domingo, 30 de octubre de 2022

¡Cómo está el mundo!


«Henos aquí en un tiempo en que nunca sabremos si los hombres aman, esperan, trabajan y construyen, pero en el que se nos contará con todo detalle el día que un hombre muerda a un perro. Presiento que aquí está una de las claves de la amargura del hombre contemporáneo: sólo vemos el mal, sólo parece triunfar la estupidez». Esta reflexión de José Luis Martín Descalzo parece más actual que nunca.

Así pues, nuestra mirada al mundo ha de ser lúcida, para no dejarnos engañar por las apariencias y percibir sus sombras y sus luces. No podemos ignorar las mentiras e injusticias que hacen sufrir a pueblos enteros, a muchas familias y personas concretas. Pero tampoco podemos negar que, hasta en la oscuridad más espesa, hay mucha gente desconocida, “santos de la puerta de al lado”, les ha llamado el papa Francisco, que, sin hacer ruido, iluminan, alivian y transforman las tragedias en oportunidades. No gritan, pero aman; no aparecen en la televisión ni en las redes sociales, pero sostienen el mundo. Por eso es tan necesario acercarse a la vida concreta y no quedarse con la visión simplista, polarizada e interesada de algunos medios de comunicación.

Nuestra fe cristiana nos anima, además, a mirar con ojos de fe, para descubrir la presencia de Dios en el mundo. Los seguidores de Jesús de Nazaret no sólo creemos que Dios existe, creemos que nos ama («Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho», afirma el Libro de la Sabiduría); creemos que ve lo que nos ocurre («He visto el sufrimiento de mi pueblo» dice a Moisés cuando lo envía a liberar al pueblo); creemos que se conmueve («El Señor es compasivo y misericordioso», repite tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento); creemos que está junto a nosotros («¿Dónde hay una nación que tenga unos dioses tan cercanos como nuestro Señor?», se pregunta el libro del Deuteronomio); creemos que Dios trabaja en nosotros y en favor de la humanidad, especialmente de quienes sufren («Mi Padre sigue trabajando y yo también trabajo… para que tengan vida abundante», afirma Jesús en el Evangelio de San Juan). Por tanto, decir que este mundo está dejado de la mano de Dios es una blasfemia o, al menos, una falta grave de fe.

No podemos dudar de la presencia y la acción de Dios en el corazón de tantas personas que se esfuerzan sin descanso por sus familias, por el bien común y, en definitiva, por hacer realidad en esta tierra el sueño de Dios. Los cristianos y cristianas de Teruel y Albarracín queremos acercarnos a nuestros vecinos y al mundo con esta mirada lúcida, contemplativa y amorosa. Solo así podremos cumplir la misión de hacer presente la ternura de Dios en la vida de cada día.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 23 de octubre de 2022

Pantuflas o sandalias


La pandemia nos obligó a meternos en casa con pantuflas, esperando que pasara el temporal. Aunque el Covid-19 parece superado, han podido quedar efectos secundarios no deseados, particularmente para los cristianos: conformarnos con los encuentros virtuales, vivir la fe en privado, ver la Eucaristía por la televisión… La fiesta del Domund y la generosidad de tantos misioneros y misioneras nos animan a dejar las pantuflas, a calzar las sandalias y salir a la calle, para ser transparencia del amor de Dios. Para cumplir esta difícil y apasionante tarea, os recuerdo cinco actitudes profundamente interconectadas entre sí.

Primera: escucha. No podremos evangelizar a las familias, si no conocemos sus problemas, sus anhelos, sus dificultades y sus alegrías. Será difícil transmitir la fe a los jóvenes, si no sabemos qué canciones oyen y con qué series se entretienen, si ignoramos los conflictos que les atormentan y las esperanzas con las que sueñan. Todos necesitamos ser escuchados para sentirnos valorados y amados, para estar abiertos a un mensaje nuevo.

Segunda: oración. Al rezar por las personas a las que el Señor nos envía, podremos verlas con el mismo amor de Dios y descubrir su obra en sus corazones. En la lectura orante de la Biblia, el Espíritu Santo nos ilumina y fortalece para ofrecer las palabras y los gestos adecuados, para compartir lo que somos y darnos por completo, como Jesús y con Jesús.

Tercera: valentía. Si a Jesús lo persiguieron, no podemos esperar muchos aplausos al continuar su tarea. Cosechan pocos reconocimientos quienes defienden a los pequeños, denuncian las injusticias y proclaman la verdad, que casi siempre resulta incómoda. Por eso, si nos implicamos en la misión a la que Dios nos llama, necesitaremos un suplemento de esa fortaleza, que viene de la gracia de Dios y del apoyo de la comunidad.

Cuarta: humildad. Quien se cree más sabio y santo que los demás piensa que nada tiene que aprender e, inevitablemente, produce rechazo. Pero cuando uno es consciente de haber sido llamado por amor y no por sus méritos, se produce el milagro del encuentro, que lleva a compartir los dones espirituales y materiales que Dios nos ha dado.

Quinta: alegría. El Papa Francisco nos recuerda que el amor y el perdón de Dios pueden quitarnos la cara de funeral y devolvernos la alegría. Así, el mundo actual podrá “recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo” (EG 10).

Es la hora de la misión, aquí en Teruel y en cada rincón del mundo, donde trabajan nuestros misioneros y misioneras. Dios confía y cuenta con cada uno de nosotros. Calcémonos las sandalias para llevar su palabra y su amor a todos los ambientes.

domingo, 9 de octubre de 2022

Mirar a los ojos


Se está tramitando la reforma de la ley que regula el aborto en España y observo que muchas personas no se manifiestan y otras lo hacen, a favor o en contra, sin mostrar un ápice de empatía hacia las madres que se encuentran en la encrucijada de abortar y hacia los hijos que crecen en sus cuerpos. Tengo la impresión de que el aborto se ha convertido en un tema más de confrontación ideológica.

Por ello, quiero invitar a mirar a los ojos de esas mujeres que están decidiendo sobre su embarazo. Hemos de hacernos cargo del miedo, la angustia y el dolor de unas madres, a menudo abandonadas por el padre de la criatura, por sus propias familias y por las instituciones públicas que, en muchas ocasiones, recortan las ayudas que necesitarían para que el hijo nazca. Es necesario también caer en la cuenta de lo que puede suponer para una mujer gestar y traer al mundo a un hijo no deseado.

Asimismo, os animo a contemplar la mirada de esas criaturas que tal vez nunca lleguen a ver la luz del sol y la hermosura de la tierra. Aunque sean invisibles para muchas personas y para un sector mayoritario de la opinión publicada, aunque algunos se refieran a ellos –sin rigor científico alguno– como una parte del cuerpo de la madre, no deberíamos hablar o decidir sobre el aborto sin escuchar los latidos de esos pequeños, que ya han comenzado la aventura fascinante de ser humanos.

Desde esta mirada empática, los embarazos no deseados difícilmente pueden verse como un “problema” que se resuelve con la eliminación de una vida humana, que además marca profundamente la existencia de las madres. El aborto es sobre todo una tragedia, no debería considerarse un derecho.

Para evitar esta tragedia, es necesario trabajar con empeño para prevenir embarazos no deseados, para que la educación de los jóvenes les ayude a desarrollar su afectividad y a valorar la sexualidad como un don responsable y no como un juego insignificante, para apoyar decididamente a las madres que no saben qué hacer a la hora de traer a sus hijos al mundo, y para acompañar y curar las heridas de las que han llegado a abortar. En este sentido, quisiera reconocer el trabajo que realizan organizaciones como Red Madre en Teruel.

Hay otras tragedias en nuestro mundo que también deberíamos mirar con empatía y con esa verdadera compasión que nos lleva a padecer-con-quienes-sufren; por ejemplo, las personas que huyen de sus países en busca de una vida mejor, las familias que atraviesan problemas graves, las mujeres que padecen violencia, los menores abusados… Antes de hablar, juzgar o decidir, miremos a los ojos de las personas que sufren o pueden sufrir las consecuencias de nuestras acciones y palabras.

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

Navidad en las afueras

A veces, en nuestras conversaciones sobre la Navidad, da la sensación de que solo las personas y familias felices pueden celebrarla y hacer ...