domingo, 29 de enero de 2023

Lo más importante es amar


Cuando una relación de pareja o de amistad nos ha hecho sufrir mucho, sentimos vivamente la tentación de replegarnos en nosotros mismos. A veces incluso nos negamos la posibilidad de amar y ser amados, a causa del miedo a padecer un abandono, a no estar a la altura de la otra persona, a que el amor desestabilice las rutinas que nos dan seguridad o me exija lo que no quiero dar. De vez en cuando resulta provechoso preguntarse qué mecanismos de bloqueo, conscientes o inconscientes, entornan o clausuran las puertas del propio corazón.

Cuando damos la espalda al amor, crecen la desesperanza y la tristeza, la indiferencia y la injusticia; y mengua el gozo profundo, que brota del intercambio de dar y recibir con generosidad. Para nosotros, mujeres y hombres de fe, cerrar las puertas al amor supone además renunciar a la experiencia de conocer a Dios, al Dios-amor, que solo podemos encontrar cuando frecuentamos sus caminos preferidos: los de la compasión, el servicio y la entrega. Es más, sólo desde la vivencia del amor podemos ser redimidos y salvados.

El papa Benedicto lo explicó con admirable sencillez y profundidad: «Cuando uno experimenta un gran amor en su vida, se trata de un momento de “redención” que da un nuevo sentido a su existencia. Pero muy pronto se da cuenta también de que el amor que se le ha dado, por sí solo, no soluciona el problema de su vida. Es un amor frágil. Puede ser destruido por la muerte. El ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 8,38-39). Si existe este amor absoluto con su certeza absoluta, entonces –sólo entonces– el hombre es “redimido”, suceda lo que suceda en su caso particular. Esto es lo que se ha de entender cuando decimos que Jesucristo nos ha “redimido”» (Spe Salvi 26).

¡Abramos de par en par las puertas del corazón al amor de Dios y al amor humano, pequeño reflejo, pero muy luminoso, del amor divino! «Déjate amar, Él te ama así, es decir, tal como tú eres. No temas, confía, pues nada se antepone al amor de Dios para contigo, ni tus propios pecados», decía Sor Isabel de la Trinidad. Déjate amar y ama. No esperes a tener la vida resuelta o a alcanzar la perfección para empezar a amar, pues la práctica del amor es la mejor escuela en la que podemos aprender el arte de amar. Lo más importante es amar, en nuestra vida de familia y vecindad, en los compromisos apostólicos y sociales, en cada encuentro y en cada momento de la existencia. La vida no amada es vida perdida.

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

sábado, 28 de enero de 2023

XXV Aniversario Fundación Amantes


Queridos amigos y amigas, acabamos de ver en este video el resultado de la intuición del obispo Antonio Algora y de las autoridades civiles de esta tierra que, hace 25 años, se pusieron manos a la obra, para que estos espacios despertaran de una larga noche de oscuridad y se llenaran de luz, luz para las mujeres y hombres de esta tierra, luz que atraviesa fronteras y atrae a tantas personas, que vienen a Teruel desde cualquier punto de España y del mundo. ¡Cómo atrae la luz del amor, sobre todo cuando viene envuelta en belleza!

Por eso, en esta tarde queremos hacer resonar una palabra: ¡gracias!, gracias a las instituciones y gracias a quienes han trabajado y seguís trabajando en este proyecto, que aúna tantos valores humanos, espirituales y culturales.

Permitidme que destaque tres espacios que recorremos sucesivamente cuando visitamos este lugar y que, a mi modo de ver, representan tres tipos de amor.

El Mausoleo, restaurado en 2005, es la sede del amor eterno de Isabel y Diego. Nos habla del amor interpersonal, del amor que mira a los ojos de la persona amada. Recuerda la necesidad de amar y ser amados para poder vivir, para compartir las mejores alegrías y afrontar las dificultades con esperanza.

La iglesia, una de las más bellas de Teruel, recuperada en 2004, evoca el amor de Dios y a Dios, del amor que mira hacia arriba y hacia adentro, un Amor con mayúsculas, que los creyentes descubrimos en el cariño de tanta gente buena que nos cuida y en los momentos en los que abrimos el corazón a la trascendencia; un amor que se queda cuando todos se han ido, un amor que nos resucita a una vida nueva.

Finalmente, el claustro y el jardín, recuperados en 2008 y 2015 respectivamente, nos devuelven pausadamente a la calle, a la vida cotidiana; donde el amor también es necesario, un amor sin fronteras, que mire en todas las direcciones y se detenga ante quienes más sufren. Si el amor interpersonal y el amor a Dios son verdaderos, no nos encierran en nosotros mismos, en nuestra pareja, en nuestra familia o en nuestra tribu, sino que nos abren a lo que el papa Francisco llama “caridad social y política”, un amor que requiere altas dosis de generosidad y sacrificio, y que nos conduce a la fraternidad universal y a la paz social.

Amor interpersonal, amor a Dios y amor social, tres tipos de amor, que estos espacios nos recuerdan y que, lejos de contrarrestarse, se complementan y se potencian. Muchas gracias.

domingo, 22 de enero de 2023

El regalo de la Palabra


En una reunión de catequistas se comentaba con asombro la religiosidad y la solidaridad de un niño muy pobre. Entonces, una catequista ya mayor dijo: «Dios se fijó en el hijo más pequeño de Jesé, que había sido descartado, pues el hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón» (cf. 1 Sam 16). Pude escucharle otros comentarios sobre temas diversos, apoyándose en pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, y pensé: «De lo que rebosa el corazón habla la boca».

Me decidí a preguntarle cómo lograba iluminar tan certeramente con la Palabra de Dios las diversas circunstancias de la vida, sin sermonear, con mucha naturalidad. Ella me confesó que en su familia se leía y comentaba todos los días un trocito de la Biblia; me dijo que nunca había perdido este hábito y, aunque a veces le costaba, se daba cuenta de que Dios le ofrecía, a través de la Biblia, luz, alegría y fuerza para vivir. Aquella mujer, aunque no había estudiado en ninguna universidad pontificia, se había convertido en una auténtica maestra en Sagrada Escritura, mediante la lectura orante y constante de la Palabra de Dios.

Comparto esta experiencia a propósito del Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el papa Francisco en 2019. En su carta apostólica Aperuit illis, el Santo Padre, de la mano de san Efrén, nos recuerda que la Palabra de Dios es un tesoro inmenso y siempre nuevo: «¿Quién es capaz, Señor, de penetrar con su mente una sola de tus frases? Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Porque la palabra del Señor presenta muy diversos aspectos, según la diversa capacidad de los que la estudian. El Señor pintó con multiplicidad de colores su palabra, para que todo el que la estudie pueda ver en ella lo que más le plazca» (Comentarios sobre el Diatesaron, 1,18).

La Palabra de Dios es una muestra privilegiada de su amor, tal como explica el Concilio Vaticano II: «Dios invisible habla a los hombres como amigo, movido por su gran amor y mora en ellos para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (DV 2). Ésta es la gran riqueza de la Palabra de Dios: que Él se hace presente, compartiendo con nosotros su intimidad y su proyecto de vida para el mundo.

Por estas y por tantas otras razones, no podemos consentir que se nos caiga la Biblia de las manos: leámosla asiduamente, escuchémosla con devoción en las celebraciones, hagámosla presente en las reuniones de nuestros grupos y aprovechemos las oportunidades que se nos ofrecen para conocerla más profundamente. Los cursos del Instituto Teológico “San Joaquín Royo”, las publicaciones de teología de la Biblioteca Diocesana, así como los diversos grupos de formación cristiana son instrumentos preciosos para saborear la riqueza de la Palabra de Dios y poder comunicarla.

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 15 de enero de 2023

Benedicto XVI, maestro de lo esencial


En torno a la muerte del papa Benedicto XVI se han publicado estudios serios, que nos han ayudado a conocerlo mejor; pero no han faltado críticas injustas, que lo presentan como un tradicionalista desfasado, y algunas alabanzas interesadas, utilizadas para atacar a su sucesor. Estemos atentos para no favorecer este tipo de críticas tendenciosas y de alabanzas con doble intención. En esta carta quisiera destacar su acierto al recordar a los hijos e hijas de la Iglesia lo esencial de la experiencia cristiana: el encuentro con Jesucristo y la práctica del amor fraterno.

Con respecto al encuentro con Jesucristo, afirmó: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (DCE 1). En efecto, la salvación no viene por el conocimiento teórico de ciertas verdades o por el cumplimiento de algunas normas; la salvación de Dios nos alcanza cuando nos encontramos con Jesucristo y nos dejamos amar por él. Por eso, en la encíclica Spe Salvi explicó que el ser humano es redimido por el amor incondicional de Dios, que nunca nos faltará, suceda lo que suceda (cf. n. 26). En su última Audiencia, confirmó esta enseñanza al expresar este deseo: «Me gustaría que cada uno se sintiera amado por ese Dios que ha dado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites».

Acerca del amor fraterno, nos ayudó a entender que el amor a Dios y al prójimo están estrechamente unidos: «Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podré ver siempre en el prójimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en él la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida omito del todo la atención al otro, queriendo ser sólo “piadoso” y cumplir con mis “deberes religiosos”, se marchita también la relación con Dios (…). Sólo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama» (DCE 18). Asimismo, recordó a la Iglesia y a cada comunidad cristiana: «Practicar el amor hacia las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio» (DCE 22).

Además, profundizó en la importancia del amor en la vida social. Explicó la relación entre el amor y la justicia: «Por un lado, la caridad exige la justicia, el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las personas y los pueblos (…). Por otro, la caridad supera la justicia y la completa siguiendo la lógica de la entrega y el perdón» (CV 6). También aseguró que el amor siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa: «Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo» (DCE 28).

Con el corazón agradecido por el ministerio y el magisterio de este papa sabio y humilde, os saludo muy cordialmente en el Señor.

domingo, 1 de enero de 2023

Deseos de Año Nuevo


Al estrenar un nuevo año, brindamos por la felicidad y la paz de nuestros seres queridos, deseos que hacemos extensivos a muchas otras personas, especialmente a aquellas que más sufren. Bien es verdad que algo nos dice que esos anhelos, que anidan en lo más hondo de nuestro corazón y que afloran en estas circunstancias, normalmente sirven para poco.

Ante esta deriva pesimista, que nos lleva a enterrar nuestros más bellos sentimientos, podríamos hacer justo lo contrario: ponerles nombre y alimentarlos; porque el deseo es una fuerza enorme que podemos aprovechar para crecer y, sobre todo, porque a través de ellos Dios nos recuerda cuál es nuestra vocación definitiva: ser plenamente felices, viviendo como una familia universal de hermanos y hermanas «que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros» (FT 96), apoyados en la experiencia de la cercanía y el amor de Dios, padre común de la humanidad.

Demos alas a nuestros anhelos más hondos y pongamos medios concretos para hacerlos realidad. El mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de la Paz, que celebramos cada primero de enero, me sugiere tres pistas para avanzar en este camino:

1º. Reflexión y autocrítica. Como personas, como sociedad y también como comunidad cristiana, no avanzaremos si no dejamos a un lado los discursos autocomplacientes y victimistas. «Ha llegado el momento –dice Francisco– de tomarnos un tiempo para cuestionarnos, aprender, crecer y dejarnos transformar, de forma personal y comunitaria». Tenemos que pensar seriamente adonde nos conduce el camino que llevamos y reconocer errores; esos que vemos tan claramente en los demás y que tanto nos cuesta advertir en nosotros.

2º. Esperanza. No podemos encerrarnos en el miedo, el desánimo o la resignación. Aunque tengamos motivos para estar preocupados, el Papa Francisco nos invita a «mantener el corazón abierto a la esperanza, confiando en Dios que se hace presente, nos acompaña con ternura, nos sostiene en la fatiga y, sobre todo, guía nuestro camino». Hemos de ser «centinelas capaces de velar y distinguir las primeras luces del alba, especialmente en las horas más oscuras».

3º. Solidaridad, que nos exige salir de nuestros espacios cerrados, los cuales, aunque sean cómodos, nos empobrecen. Tal como nos sugiere el Santo Padre, deberíamos «volver a poner la palabra “juntos” en el centro. En efecto, juntos, en la fraternidad y la solidaridad, podemos construir la paz, garantizar la justicia y superar los acontecimientos más dolorosos… No podemos buscar sólo protegernos a nosotros mismos; es hora de que todos nos comprometamos con la sanación de nuestra sociedad y nuestro planeta».

Que Santa María, Madre de Jesús y Reina de la Paz, interceda por nosotros y por el mundo entero; para que, con su ayuda y nuestro empeño, el sueño de Dios y nuestros mejores deseos se vayan haciendo realidad.

Por la vida, ¡siempre!

La reciente decisión del Tribunal Constitucional, que avala la Ley Orgánica 2/2010, cambia sustancialmente la legislación española, al consi...