domingo, 30 de abril de 2023
Una llamada que llena la vida
Algunas personas no tienen otro criterio para elegir trabajo que las cifras de la nómina y, aunque un salario digno es necesario para vivir, este camino antes o después provoca insatisfacción. Otras se dejan llevar por el “me apetece / no me apetece”, o cumplen sus obligaciones con desgana de lunes a viernes para poder “disfrutar” el fin de semana. También encontramos a no pocos hombres y mujeres, jóvenes y adultos, incapaces de salir del pozo del aburrimiento.
Frente a tanta insatisfacción, desgana y aburrimiento, los cristianos queremos compartir una experiencia que da sentido y alegría a nuestra vida: Dios nos valora, cuenta con nosotros y nos llama. En efecto, tú eres importante para Dios. A través del profeta Isaías te declara su amor: «Así dice el Señor, el que te creó, el que te formó: No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre… Tú vales mucho para mí, eres valioso y yo te amo» (cf. Is 43).
Dios cuenta contigo y te llama, no por tu perfección o tu santidad; te llama porque te ama. Dios llamó a Pedro, con su ardor y su prepotencia; a Pablo, con su fanatismo y su inteligencia; a Tomás, con su sinceridad y su falta de fe; a Zaqueo, con sus prácticas corruptas y su deseo de cambiar; a María Magdalena, con sus demonios y su amor fiel. Dios te llama a ti ahora, con tus capacidades y tus limitaciones.
La vida es gris cuando el principal objetivo de la jornada es sobrevivir y, si es posible, pasarlo bien. En cambio, la vida se llena de colores cuando sabemos que Dios nos valora y nos llama, cuando empezamos cada mañana recordando la misión que Él nos confía en favor de personas concretas a las que nos envía: en la familia y entre las amistades, en el barrio o en el pueblo, en el puesto de trabajo y en la comunidad.
Dios cuenta con nosotros y nos llama, pero no siempre sabemos escucharle. A veces esperamos ver una aparición y oír una voz que truene desde el cielo, sin embargo la llamada de Dios resuena en el alma cuando afinamos el oído en la oración y abrimos los ojos al sufrimiento y a las esperanzas de las personas.
Ojalá todos los bautizados y bautizadas –sacerdotes, religiosos y laicos– vivamos en una actitud permanente de escucha atenta y de respuesta generosa a las llamadas de Dios, promoviendo así una nueva cultura vocacional que contagie a los jóvenes y niños el gozo de buscar y cumplir la voluntad de Dios, en la vida religiosa, sacerdotal, laical, matrimonial, misionera…
Ponte en camino, no esperes más, Dios te llama hoy, para darte una alegría que nadie podrá arrebatarte, una alegría que crecerá en la medida que la compartas. Recibe un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 23 de abril de 2023
San Jorge y el dragón
Cuenta la leyenda que San Jorge, patrón de nuestra tierra, venció a un terrible dragón, que había devorado a mucha gente en una ciudad. ¿Hay ahora algún dragón que campe por sus respetos, cobrándose la vida de muchas personas sin que nadie se atreva a hacerle frente? Tiempo atrás planteé esta pregunta, a través de las redes sociales, y recibí muchas respuestas: ahora el dragón es la indiferencia, la desmotivación, el machismo, el miedo, la inseguridad, la soledad, el ansia de poder, la corrupción, la mentira, la violencia…
Después de leer estas aportaciones, se afianzó en mí la convicción de que uno de los dragones más temibles de nuestra sociedad es el vacío existencial: no encontrar sentido a la vida. El fundador de la logoterapia, el psicólogo Viktor Frankl, escribió ya hace cincuenta años: «El problema de nuestro tiempo es que la gente se encuentra atrapada en una penetrante sensación de falta de sentido… Puede que la gente tenga lo suficiente para vivir, pero no tiene suficientemente claro para qué vivir». Personalmente, tengo la impresión de que este problema va en aumento.
Puede que a algunos les parezca un dragón inofensivo, pero los datos que se publican cada día ponen de manifiesto su fuerza destructiva. Ahí está, por ejemplo, el aumento del número de suicidios: en el año 2021, España superó por primera vez la barrera de los cuatro mil. Otro indicador significativo es la salud mental de los niños y jóvenes: según Unicef, más del 20% de la población entre los 10 y los 19 años sufre algún problema de salud mental diagnosticado. Y a pesar de estos datos, no parece que el sinsentido existencial figure entre los asuntos prioritarios en la agenda de los gobernantes o en los temarios de las universidades.
¿Qué podemos hacer? Apunto tres pistas, que animo a completar y concretar por parte de nuestras familias, grupos y comunidades:
- Fomentar la dimensión espiritual de la persona. Por encima del credo y de la ideología de cada cual, es preciso cultivar esa dimensión interior o espiritual, que es la fuente de la que brota en nosotros el sentido y la alegría de vivir.
- Favorecer el encuentro y la solidaridad. El individualismo y la indiferencia hacia los demás favorecen las injusticias y empobrecen la vida, mientras que el encuentro y la solidaridad activan nuestra capacidad para hacer el bien y nos llevan a ser más felices.
- Potenciar una moral sana frente a la aireada convicción de que “todo está bien mientras no hagas mal a nadie”, porque este principio moral, que no tiene en cuenta la verdad del ser humano, nos arrastra hacia un plano inclinado de frustraciones que resulta difícil de remontar.
domingo, 9 de abril de 2023
Buena noticia
Aunque deseamos escuchar buenas noticias, normalmente nos cuesta creerlas. También la buena noticia de la resurrección de Jesús encontró serias resistencias. María Magdalena estaba tan cerrada a la posibilidad de que Jesús volviera a la vida que, cuando se encontró con Él, lo confundió con el hortelano (cf. Jn 20,15). Los apóstoles no creen a las mujeres que les anuncian la resurrección del Maestro y tomaron sus palabras por un delirio (cf. Lc 24,11). A pesar de que Jesús les anunció su resurrección, a todos sus seguidores les costó creer.
Quizá el más testarudo fue el apóstol Tomás, quien se atrevió a pedir una prueba inequívoca: «Si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20,25). Estas exigencias son –sin duda– excesivas. Sin embargo, en su terquedad se esconden al menos dos intuiciones muy sabias. Primera: no basta creer en la resurrección por el testimonio de otros; es necesario encontrarse con el Resucitado y experimentar cómo nos contagia su vida nueva. Segunda: las llagas del mundo y nuestras propias llagas son el mejor espacio para este encuentro.
Sí, realmente podemos encontrarnos con el Resucitado, cuando vivimos la misericordia y la solidaridad con las personas llagadas por el sufrimiento, la enfermedad o la desesperanza; cuando vivimos con fe la celebración de los sacramentos y percibimos su fuerza salvadora; cuando intuimos su presencia en la comunidad de los creyentes que comparten su fe y sus bienes; cuando le confiamos nuestros miedos, sufrimientos y preocupaciones y Él nos contagia su amor, su consuelo y su paz.
Muchos hombres y mujeres han narrado como Jesús Resucitado se ha hecho el encontradizo y ha transformado sus llagas en fuente de vida. El testimonio de la filósofa y activista Simone Weil es impresionante: «En un momento de intenso dolor físico, mientras me esforzaba en amar, pero sin creerme con derecho a dar un nombre a ese amor, sentí… una presencia más personal, más cierta, más real que la de un ser humano, inaccesible tanto a los sentidos como a la imaginación, análoga al amor que se transparentaría a través de la más tierna sonrisa de un ser amado. Desde ese instante, el nombre de Dios y el de Cristo se han mezclado de forma cada vez más irresistible en mis pensamientos». Otras personas cuentan cómo han percibido la presencia del Resucitado en la fuerza que han sentido para afrontar un problema, perdonar una traición, encajar la muerte de un ser querido o luchar por un mundo más justo.
Cuando experimentamos que Dios es capaz de convertir nuestras llagas y las llagas del mundo en manantiales de vida, podemos afrontar con esperanza cualquier dificultad e incluso la misma muerte. ¡Cree, vive y comunica la Buena Noticia! ¡Jesús ha resucitado y quiere compartir con la humanidad su vida nueva! ¡Feliz Pascua!
domingo, 2 de abril de 2023
Una semana para enamorarnos
Aunque estamos en Teruel, no pienso ahora en Isabel de Segura y Diego de Marcilla, sino en otro enamoramiento, del que podemos ser protagonistas, aunque la peripecia de Diego e Isabel pueda servir de referencia. Lo cierto es que nuestras vidas cambian profundamente cuando nos enamoramos de verdad: nuestra manera de pensar, nuestros sentimientos y deseos, hasta la mirada y el cuerpo se transforman cuando nos enamoramos, ya que el amor despierta y unifica nuestras fuerzas, tantas veces adormecidas y dispersas, para buscar el bien de la persona amada y la unión con ella.
La Semana Santa nos invita a enamorarnos de Jesucristo. Por no recurrir a otros testimonios, que pudieran parecer menos ecuánimes, quiero citar las palabras de dos historiadores (Jacob Burckhardt y Timoty Garton Ash), que no profesan la fe cristiana y, sin embargo, han dicho que Jesucristo es «la figura más bella de la historia del mundo» y «una fuente de inspiración constante y maravillosa».
La Semana Santa nos ofrece la oportunidad de enamorarnos de Jesús, al revivir sus gestos, palabras y silencios. En los acontecimientos que contemplaremos estos días, lo veremos haciendo frente a los poderes de este mundo, lavando los pies de sus amigos, como si fuera un esclavo, y partiéndoles el pan, como hace una madre con sus hijos; sudando sangre por la angustia ante lo que se le venía encima y, aun así, abrazando el camino del amor “hasta el extremo” que el Padre le marcaba; lo veremos lanzando una mirada agradecida a las mujeres, que le acompañan con sus lágrimas, y al Cirineo, que le ayudó a llevar la cruz; lo veremos muriendo, para mostrarnos que el amor de Dios es más fuerte que nuestro egoísmo y que la misma muerte; lo veremos, ya resucitado, saliendo sin acritud al encuentro de sus amigos, que lo habían dejado solo, y encomendándoles de nuevo la tarea de continuar su misión.
Este Jesús está vivo, cuenta contigo y te llama, te abre las puertas de su corazón y de su familia, formada por una multitud de mujeres y hombres, niños, jóvenes y adultos, tan débiles como tú y como yo, que quieren vivir en fraternidad y construir, como Él y con Él, su Reino de justicia, libertad, verdad, amor y paz.
¡Enamórate en esta Semana Santa! Como dijo el P. Pedro Arrupe SJ: «Nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón, y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud. ¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera».
Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
«Semilla Evangélica»
Las semillas son pequeñas, casi insignificantes. ¡Cuántas semillas de trigo, cebada o maíz no habremos pisado por los caminos sin darnos cue...
-
Hace poco, una amiga me dijo: “Ahora que eres obispo, mira si podéis inventar una oración más dinámica a la Virgen, porque el Rosario es muy...
-
Todos experimentamos desde pequeños el deseo de ser libres y felices. Sin embargo, la libertad requiere un aprendizaje, a veces tortuoso, y ...
-
Pronto saldrán por nuestras calles los “pasos” de la Semana Santa, suscitando profundos sentimientos religiosos, en quienes los portan y en ...