domingo, 31 de diciembre de 2023

Bendiciones



Las fiestas de Navidad y del Año Nuevo son momentos propicios para las bendiciones, es decir, para decir bien o desear algo bueno a una persona. Deseamos la felicidad y la paz a los que queremos y a quienes más sufren. En el primer día del año, fiesta de Santa María Madre de Dios, la liturgia nos ofrecerá la bendición de Dios a la humanidad con estas palabras del libro de los Números: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz».

En este contexto navideño, hemos conocido la Declaración Fiducia supplicans, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, de la Santa Sede, que expone el sentido pastoral de las bendiciones y abre la puerta a «la posibilidad de bendecir a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo», expresando así «el abrazo misericordioso de Dios y la maternidad de la Iglesia». En efecto, Dios «es padre, es madre» y «no aleja nunca al que se acerca a Él»; nos ama incondicionalmente, sea cual fuere nuestra situación y los pecados que hayamos cometido. La Iglesia, por su parte, «acoge a todos los que se acercan a Dios con corazón humilde, acompañándolos con aquellos auxilios espirituales que permiten a todos comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su existencia».

La Declaración de la Santa Sede nos ayuda a apreciar la actitud de quienes se acercan a la Iglesia solicitando una bendición: «la petición de una bendición expresa y alimenta la apertura a la trascendencia, la piedad y la cercanía a Dios en mil circunstancias concretas de la vida, y esto no es poca cosa en el mundo en el que vivimos. Es una semilla del Espíritu Santo que hay que cuidar, no obstaculizar». La Declaración también explica el valor de estas bendiciones, no incluidas en un rito litúrgico, «sobre aquellos que, reconociéndose desamparados y necesitados de su ayuda, no pretenden la legitimidad de su propio status, sino que ruegan que todo lo que hay de verdadero, bueno y humanamente válido en sus vidas y relaciones, sea investido, santificado y elevado por la presencia del Espíritu Santo».

Finalmente y para evitar equívocos, quisiera aclarar que las bendiciones a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo no equiparan estas uniones con el matrimonio, entendido por la Iglesia como «la unión exclusiva, estable e indisoluble entre un varón y una mujer». De hecho, dicha Declaración, manteniéndose firme en la doctrina tradicional sobre el matrimonio, no permite «ningún tipo de rito litúrgico o bendición similar a un rito litúrgico que pueda causar confusión».

Con ésta mi última carta de este año, deseo a todos un buen 2024. Lo será si nos acercamos a Dios, fuente de toda bendición, y bendecimos, “decimos bien”, de sus hijos e hijas.

domingo, 24 de diciembre de 2023

Tregua de Navidad


La Navidad es un tiempo propicio para promover treguas. Así lo atestigua la historia. En este momento resulta especialmente necesaria una tregua, que alivie el dolor provocado por las guerras y sosiegue el ambiente de crispación en el que vivimos sumergidos.

Necesitamos una tregua para experimentar la fraternidad que une a todos los seres humanos y para caer en la cuenta de que «ningún pueblo, ningún grupo social puede por sí solo lograr la paz, el bien, la seguridad y la felicidad», ya que somos «una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos» (Fratelli Tutti, 32). Es necesaria, puesto que casi siempre ponemos nuestro bienestar y el de “los nuestros” por delante del bien común.

Necesitamos una tregua que nos permita reconocer nuestros errores y aprender a dialogar, para enriquecernos mutuamente y construir «una sociedad donde las diferencias conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente… porque de todos se puede aprender algo, nadie es inservible, nadie es prescindible» (Fratelli Tutti, 215). Es necesaria, ya que tantas veces nos empeñamos en demostrar que somos nosotros quienes tenemos la razón y que los equivocados son los otros.

Necesitamos una tregua para impulsar la cultura de la acogida y del cuidado, para apreciar la grandeza de lo pequeño, la belleza de la creación, el valor de la sencillez, la sabiduría de la experiencia, la fuerza de la debilidad y el poder del amor. Es necesaria, porque hemos entrado en el juego de «la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar» (Evangelii Gaudium 53). En este contexto utilitarista, «debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, la persona humana corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación» (Octogesima Adveniens 21).

Finalmente, necesitamos una tregua, en este mundo trepidante en el que «muchas personas experimentan un profundo desequilibrio, que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor» (“Laudato si’”, 225). Es necesaria para recuperar la serena armonía que nos permite reflexionar sobre nuestro estilo de vida y nuestros ideales, para contemplar el misterio de la vida y el misterio de Dios que, haciéndose pequeño y próximo, nos contagia su ternura y su paz.

Queridos amigos y amigas, hagamos posible que el espíritu navideño se adueñe de todas nuestras trincheras, y que la tregua de estos días se convierta, con nuestro compromiso diario, en paz estable para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

domingo, 17 de diciembre de 2023

Somos Navidad, Amor y Esperanza


Gracias a Dios, la Navidad despierta buenos deseos, motiva buenas acciones e impulsa compromisos continuados en muchas personas. Valoremos cada gesto sencillo de ayuda y de ternura, ya que puede hacer mucho bien y, además, refuerza la cadena de solidaridad que debe unirnos a todos.

En estas fechas, Cáritas nos lanza un mensaje muy personal: “en esta Navidad tú tienes mucho que ver”. Aunque nos consideremos pequeños, insignificantes e incluso pecadores, tenemos mucho que ver con la Navidad, pues será Navidad en la medida en que cada uno nos dejemos contagiar por la ternura de Dios hecho un bebé indefenso, reclinado sobre unas brazadas de hierba. Será Navidad en la medida en que logremos mirar y sonreír con amor a quienes están a nuestro lado, sobre todo cuando sufren. Así encenderemos las luces más necesarias, las luces de la esperanza. Cáritas nos anima a “no dejarnos cegar por las luces de la apariencia y de la superficialidad” y nos propone tres actitudes que debemos adoptar para que brille la luz de la solidaridad:

La primera: “Enfoca la mirada y abre el corazón. Ponte las gafas adecuadas para corregir tu forma de mirar y de situarte ante lo que está pasando alrededor”. Apartemos definitivamente la indiferencia, que nos impide ver las injusticias y el sufrimiento; aparquemos el pesimismo, que paraliza y entristece; desterremos los intereses creados, que nunca muestran lo que podemos aportar; arrojemos el escudo de la falsa modestia con el que nos defendemos de la llamada a poner aunque sólo sea un granito de arena para la solución de los problemas.

La segunda: “Contempla el mundo con los ojos de Dios. Es la mirada nueva de Jesús al mundo desde la bondad y la ternura de Dios la que hace ver nuestra humanidad frágil y quebradiza, necesitada de ser sostenida”. Dios nos mira de cerca y con cariño; valora cada gesto de amor; se fija más en lo bueno que hacemos que en nuestros errores… Que su mirada transforme la nuestra.

La tercera: “Convierte la mirada en acción. Todas las personas tenemos mucho que ver en las oportunidades que otras pueden tener. Lo que tú hagas o dejes de hacer, lo que puedas aportar puede dar vida, aliviar la soledad, sanar el alma, hacer que otros y otras sientan que la vida brota nueva en ellas”. Dios ha puesto en nuestras manos un poder curativo, que se multiplica cuando lo utilizamos en favor del prójimo.

Queridos hermanos y hermanas, aprovechemos la oportunidad de ser Navidad, Amor y Esperanza. Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 3 de diciembre de 2023

El encuentro y la concordia siguen siendo posibles


Mensaje de la Conferencia Episcopal ante la situación social y política en España.

Ante la situación social y política en España, los obispos reunidos en asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal, compartimos la preocupación que suscitan la actual polarización ideológica, la crispación social y los episodios de desencuentro. Inspirados en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, fieles a nuestra misión que nos invita a ofrecer una orientación moral, iluminar las conciencias e impulsar la búsqueda de soluciones a los desafíos del momento actual, queremos compartir con el Pueblo de Dios y la sociedad española, la siguiente reflexión:

Benedicto XVI, citando el Concilio Vaticano II, afirma que “la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados. No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación” (Caritas in Veritate 9). Como afirma el Evangelio, “la verdad os hará libres” (Jn 8,32).

El papa Francisco, con la imagen del poliedro, nos habla de “una sociedad donde las diferencias conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente… porque de todos se puede aprender algo, nadie es inservible, nadie es prescindible” (Fratelli Tutti 215). Así se nos anima a vivir la comunión en la diversidad. Esto conlleva fomentar la cultura del encuentro, es decir, buscar puntos de contacto, tender puentes, y proyectar algo que incluya a todos (cfr. FT 216).

Nuestra Conferencia Episcopal, en el documento titulado Orientaciones morales ante la situación actual de España, aprobado en 2006, afirmaba que es “absolutamente necesario que sea perfectamente respetado el recto funcionamiento de las diferentes instituciones. Para la garantía de la libertad y de la justicia, es especialmente importante que se respete escrupulosamente la autonomía del Poder Judicial y la libertad de los jueces” (n. 61).

Queremos alentar un diálogo social entre todas las instituciones que cultive la escucha y evite posiciones inflexibles y excluyentes. Los acuerdos deben respetar la dignidad de la persona, el bien común y los principios de subsidiariedad y de solidaridad. Estos principios han de realizarse en el marco del ordenamiento jurídico propio del Estado de Derecho que nos hemos dado los españoles en la Constitución de 1978, que culminó la Transición. Nuestra Carta Magna consagra la separación de poderes y la libertad e igualdad de todos los ciudadanos, al tiempo que garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad, recogido en su art. 2, velando por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español (cfr. art. 138).

La Buena Noticia de Jesucristo nos llama a ser hijos del mismo Padre que fundamenta la fraternidad (cfr. Mt 23,8-9). Esto nos compromete a todos a actuar en conciencia por la verdad y el bien del prójimo, a trabajar con esperanza en favor del encuentro en la convivencia pacífica y el respeto mutuo, excluyendo toda violencia, cultivando el perdón cristiano y la reconciliación, y estimulando el ejercicio de la caridad social y política.

Elevamos nuestra oración al Señor para que acreciente en nosotros la convicción de que la concordia y la comunión siguen siendo posibles.

Bendiciones

Las fiestas de Navidad y del Año Nuevo son momentos propicios para las bendiciones, es decir, para decir bien o desear algo bueno a una pers...