sábado, 28 de enero de 2023
XXV Aniversario Fundación Amantes
Queridos amigos y amigas, acabamos de ver en este video el resultado de la intuición del obispo Antonio Algora y de las autoridades civiles de esta tierra que, hace 25 años, se pusieron manos a la obra, para que estos espacios despertaran de una larga noche de oscuridad y se llenaran de luz, luz para las mujeres y hombres de esta tierra, luz que atraviesa fronteras y atrae a tantas personas, que vienen a Teruel desde cualquier punto de España y del mundo. ¡Cómo atrae la luz del amor, sobre todo cuando viene envuelta en belleza!
Por eso, en esta tarde queremos hacer resonar una palabra: ¡gracias!, gracias a las instituciones y gracias a quienes han trabajado y seguís trabajando en este proyecto, que aúna tantos valores humanos, espirituales y culturales.
Permitidme que destaque tres espacios que recorremos sucesivamente cuando visitamos este lugar y que, a mi modo de ver, representan tres tipos de amor.
El Mausoleo, restaurado en 2005, es la sede del amor eterno de Isabel y Diego. Nos habla del amor interpersonal, del amor que mira a los ojos de la persona amada. Recuerda la necesidad de amar y ser amados para poder vivir, para compartir las mejores alegrías y afrontar las dificultades con esperanza.
La iglesia, una de las más bellas de Teruel, recuperada en 2004, evoca el amor de Dios y a Dios, del amor que mira hacia arriba y hacia adentro, un Amor con mayúsculas, que los creyentes descubrimos en el cariño de tanta gente buena que nos cuida y en los momentos en los que abrimos el corazón a la trascendencia; un amor que se queda cuando todos se han ido, un amor que nos resucita a una vida nueva.
Finalmente, el claustro y el jardín, recuperados en 2008 y 2015 respectivamente, nos devuelven pausadamente a la calle, a la vida cotidiana; donde el amor también es necesario, un amor sin fronteras, que mire en todas las direcciones y se detenga ante quienes más sufren. Si el amor interpersonal y el amor a Dios son verdaderos, no nos encierran en nosotros mismos, en nuestra pareja, en nuestra familia o en nuestra tribu, sino que nos abren a lo que el papa Francisco llama “caridad social y política”, un amor que requiere altas dosis de generosidad y sacrificio, y que nos conduce a la fraternidad universal y a la paz social.
Amor interpersonal, amor a Dios y amor social, tres tipos de amor, que estos espacios nos recuerdan y que, lejos de contrarrestarse, se complementan y se potencian. Muchas gracias.
domingo, 22 de enero de 2023
El regalo de la Palabra
En una reunión de catequistas se comentaba con asombro la religiosidad y la solidaridad de un niño muy pobre. Entonces, una catequista ya mayor dijo: «Dios se fijó en el hijo más pequeño de Jesé, que había sido descartado, pues el hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón» (cf. 1 Sam 16). Pude escucharle otros comentarios sobre temas diversos, apoyándose en pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, y pensé: «De lo que rebosa el corazón habla la boca».
Me decidí a preguntarle cómo lograba iluminar tan certeramente con la Palabra de Dios las diversas circunstancias de la vida, sin sermonear, con mucha naturalidad. Ella me confesó que en su familia se leía y comentaba todos los días un trocito de la Biblia; me dijo que nunca había perdido este hábito y, aunque a veces le costaba, se daba cuenta de que Dios le ofrecía, a través de la Biblia, luz, alegría y fuerza para vivir. Aquella mujer, aunque no había estudiado en ninguna universidad pontificia, se había convertido en una auténtica maestra en Sagrada Escritura, mediante la lectura orante y constante de la Palabra de Dios.
Comparto esta experiencia a propósito del Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el papa Francisco en 2019. En su carta apostólica Aperuit illis, el Santo Padre, de la mano de san Efrén, nos recuerda que la Palabra de Dios es un tesoro inmenso y siempre nuevo: «¿Quién es capaz, Señor, de penetrar con su mente una sola de tus frases? Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Porque la palabra del Señor presenta muy diversos aspectos, según la diversa capacidad de los que la estudian. El Señor pintó con multiplicidad de colores su palabra, para que todo el que la estudie pueda ver en ella lo que más le plazca» (Comentarios sobre el Diatesaron, 1,18).
La Palabra de Dios es una muestra privilegiada de su amor, tal como explica el Concilio Vaticano II: «Dios invisible habla a los hombres como amigo, movido por su gran amor y mora en ellos para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (DV 2). Ésta es la gran riqueza de la Palabra de Dios: que Él se hace presente, compartiendo con nosotros su intimidad y su proyecto de vida para el mundo.
Por estas y por tantas otras razones, no podemos consentir que se nos caiga la Biblia de las manos: leámosla asiduamente, escuchémosla con devoción en las celebraciones, hagámosla presente en las reuniones de nuestros grupos y aprovechemos las oportunidades que se nos ofrecen para conocerla más profundamente. Los cursos del Instituto Teológico “San Joaquín Royo”, las publicaciones de teología de la Biblioteca Diocesana, así como los diversos grupos de formación cristiana son instrumentos preciosos para saborear la riqueza de la Palabra de Dios y poder comunicarla.
Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.
domingo, 15 de enero de 2023
Benedicto XVI, maestro de lo esencial
En torno a la muerte del papa Benedicto XVI se han publicado estudios serios, que nos han ayudado a conocerlo mejor; pero no han faltado críticas injustas, que lo presentan como un tradicionalista desfasado, y algunas alabanzas interesadas, utilizadas para atacar a su sucesor. Estemos atentos para no favorecer este tipo de críticas tendenciosas y de alabanzas con doble intención. En esta carta quisiera destacar su acierto al recordar a los hijos e hijas de la Iglesia lo esencial de la experiencia cristiana: el encuentro con Jesucristo y la práctica del amor fraterno.
Con respecto al encuentro con Jesucristo, afirmó: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (DCE 1). En efecto, la salvación no viene por el conocimiento teórico de ciertas verdades o por el cumplimiento de algunas normas; la salvación de Dios nos alcanza cuando nos encontramos con Jesucristo y nos dejamos amar por él. Por eso, en la encíclica Spe Salvi explicó que el ser humano es redimido por el amor incondicional de Dios, que nunca nos faltará, suceda lo que suceda (cf. n. 26). En su última Audiencia, confirmó esta enseñanza al expresar este deseo: «Me gustaría que cada uno se sintiera amado por ese Dios que ha dado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites».
Acerca del amor fraterno, nos ayudó a entender que el amor a Dios y al prójimo están estrechamente unidos: «Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podré ver siempre en el prójimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en él la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida omito del todo la atención al otro, queriendo ser sólo “piadoso” y cumplir con mis “deberes religiosos”, se marchita también la relación con Dios (…). Sólo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama» (DCE 18). Asimismo, recordó a la Iglesia y a cada comunidad cristiana: «Practicar el amor hacia las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio» (DCE 22).
Además, profundizó en la importancia del amor en la vida social. Explicó la relación entre el amor y la justicia: «Por un lado, la caridad exige la justicia, el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las personas y los pueblos (…). Por otro, la caridad supera la justicia y la completa siguiendo la lógica de la entrega y el perdón» (CV 6). También aseguró que el amor siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa: «Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo» (DCE 28).
Con el corazón agradecido por el ministerio y el magisterio de este papa sabio y humilde, os saludo muy cordialmente en el Señor.
domingo, 1 de enero de 2023
Deseos de Año Nuevo
Al estrenar un nuevo año, brindamos por la felicidad y la paz de nuestros seres queridos, deseos que hacemos extensivos a muchas otras personas, especialmente a aquellas que más sufren. Bien es verdad que algo nos dice que esos anhelos, que anidan en lo más hondo de nuestro corazón y que afloran en estas circunstancias, normalmente sirven para poco.
Ante esta deriva pesimista, que nos lleva a enterrar nuestros más bellos sentimientos, podríamos hacer justo lo contrario: ponerles nombre y alimentarlos; porque el deseo es una fuerza enorme que podemos aprovechar para crecer y, sobre todo, porque a través de ellos Dios nos recuerda cuál es nuestra vocación definitiva: ser plenamente felices, viviendo como una familia universal de hermanos y hermanas «que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros» (FT 96), apoyados en la experiencia de la cercanía y el amor de Dios, padre común de la humanidad.
Demos alas a nuestros anhelos más hondos y pongamos medios concretos para hacerlos realidad. El mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de la Paz, que celebramos cada primero de enero, me sugiere tres pistas para avanzar en este camino:
1º. Reflexión y autocrítica. Como personas, como sociedad y también como comunidad cristiana, no avanzaremos si no dejamos a un lado los discursos autocomplacientes y victimistas. «Ha llegado el momento –dice Francisco– de tomarnos un tiempo para cuestionarnos, aprender, crecer y dejarnos transformar, de forma personal y comunitaria». Tenemos que pensar seriamente adonde nos conduce el camino que llevamos y reconocer errores; esos que vemos tan claramente en los demás y que tanto nos cuesta advertir en nosotros.
2º. Esperanza. No podemos encerrarnos en el miedo, el desánimo o la resignación. Aunque tengamos motivos para estar preocupados, el Papa Francisco nos invita a «mantener el corazón abierto a la esperanza, confiando en Dios que se hace presente, nos acompaña con ternura, nos sostiene en la fatiga y, sobre todo, guía nuestro camino». Hemos de ser «centinelas capaces de velar y distinguir las primeras luces del alba, especialmente en las horas más oscuras».
3º. Solidaridad, que nos exige salir de nuestros espacios cerrados, los cuales, aunque sean cómodos, nos empobrecen. Tal como nos sugiere el Santo Padre, deberíamos «volver a poner la palabra “juntos” en el centro. En efecto, juntos, en la fraternidad y la solidaridad, podemos construir la paz, garantizar la justicia y superar los acontecimientos más dolorosos… No podemos buscar sólo protegernos a nosotros mismos; es hora de que todos nos comprometamos con la sanación de nuestra sociedad y nuestro planeta».
Que Santa María, Madre de Jesús y Reina de la Paz, interceda por nosotros y por el mundo entero; para que, con su ayuda y nuestro empeño, el sueño de Dios y nuestros mejores deseos se vayan haciendo realidad.
domingo, 25 de diciembre de 2022
Navidad en las afueras
A veces, en nuestras conversaciones sobre la Navidad, da la sensación de que solo las personas y familias felices pueden celebrarla y hacer fiesta. ¿Quién no ha dicho o escuchado alguna vez: No tengo ganas de celebrar la Navidad, ha muerto mi padre, he perdido el trabajo, mi hija está desanimada…?
Sin embargo, Jesús nació en Belén y sigue naciendo cada día en nosotros para que todos, en especial quienes sufren o sufrimos, podamos experimentar la cercanía de Dios, la “nueva vida” que nos ofrece en su Hijo Jesucristo. No fue por un azar de la historia que María tuviera que parir a su hijo en un establo de las afueras de Belén, como tampoco fue por casualidad que Jesús muriera en una cruz fuera de Jerusalén. Además, durante los tres cortos años de su predicación por Palestina, Jesús mostró un afecto especial hacia quienes sobrevivían en “las afueras” de la sociedad excluyente de su tiempo: habló en público con las mujeres, tocó a los enfermos para curarlos, dedicó tiempo a los niños, brindó su amistad a las prostitutas, a los pecadores e incluso a los odiados recaudadores.
Por eso, si tú, que estás leyendo esta carta, estás sufriendo en estos días navideños, te digo: Dios nace especialmente para ti, quiere compartir tus dificultades y regalarte su amor; quiere sembrar esperanza en tu vida. Me permito recomendarte que te acerques a Él en el silencio de la oración; deja que María ponga al Niño en tus manos y, al tocar su pequeñez, abrirá los ojos de tu alma para que percibas, a través de tantas personas buenas que te rodean, el amor que Dios te tiene.
Y si te sientes feliz, acompañado, con suficientes recursos y sin grandes preocupaciones, me atrevo a decirte: no te encierres en tu propio bienestar. Contempla reposadamente el nacimiento del Niño Dios y verás que la Navidad te impulsa a acercarte a los pequeños, a dar esperanza a los que sufren y ternura a quienes encuentres en tu camino. Piensa en las personas de tu familia, de tu pueblo, de tu país o del mundo entero que necesitan tu solidaridad y acércate a ellas para compartir gratis lo que has recibido gratis.
Cáritas nos está recordando en estos días que «Solo el amor lo ilumina todo» y nos hace una invitación muy directa: «Sé Navidad, sé luz para los demás». Ante el desastre de las guerras, el drama de la migración que desarraiga y llena de incertidumbre la vida de tantas personas; ante la falta de empleo y de vivienda, los problemas de salud mental y la soledad, dejemos que el amor de Dios nos ayude a superar los miedos, prejuicios y desconfianzas, de modo que puedan emerger, desde nuestro verdadero ser, la solidaridad y la generosidad que nos habitan.
Acerquémonos a las afueras, donde nació y sigue naciendo el Niño Dios. ¡Feliz Navidad!
domingo, 18 de diciembre de 2022
Un silencio habitado
En el retiro de Adviento de Confer y Acción Católica, tres mujeres nos ayudaron a profundizar en el corazón de la Madre de Jesús y en nuestro propio corazón. Con la intención de animarnos a vivir esta última semana del Adviento, comparto algunos pensamientos que ellas transmitieron.
María vivía en Nazaret, un pueblo pequeño de Galilea con mala fama, donde la vida no era fácil. El silencio habitaba su corazón desde que nació, porque la cultura de aquella tierra discriminaba a las mujeres desde el nacimiento: la llegada al mundo de un varón se celebraba con alegría y si nacía una niña sólo había silencio. En su juventud, el silencio de María no estaba hueco, sino poblado de esperanza. Como la gente creyente de su tiempo, esperaba la llegada del Mesías.
Aquel silencio hizo posible su encuentro con Dios, que anhelaba acercarse a la humanidad y había decidido tomar carne humana en las entrañas de una mujer. Cuando un mensajero de Dios le dijo que ella iba a ser la madre del Mesías, quedó sorprendida y desconcertada: ¿cómo podía ser aquello, si no había conocido varón? Pero no perdió la lucidez; el silencio hizo posible el diálogo y, con el diálogo, la disponibilidad, que le llevó a exclamar, consciente y confiada: «Hágase en mí según tu palabra».
El silencio abrió su corazón a la alabanza a Dios, que bendice a los pequeños y confunde a los poderosos, sacia a los que tienen hambre y despide vacíos a los que acaparan, y extiende su amor y misericordia de generación en generación. La alabanza no la alejó de sus vecinos y parientes, sino que potenció su mirada generosa, para descubrir el apuro de su prima Isabel, que esperaba un hijo en su vejez, o el bochorno de unos novios, que se estaban quedando sin vino el día de sus bodas, o las necesidades de tantos otros que cada día recurrimos a ella.
Al contemplar el corazón de María, nos podemos preguntar: ¿cultivamos el silencio o estamos atrapados por la cultura de la dis-persión y la dis-tracción?, ¿esperamos en el amor de Dios o confiamos más en otros dioses, como el poder, el dinero, la apariencia o la fama?, ¿intuimos la presencia alentadora de Dios, en lo más íntimo de nuestra alma y en tantas personas, cuyos nombres tenemos grabados en el corazón: quienes nos engendraron y educaron, nos enseñaron a rezar y a vivir, nos socorrieron o nos pidieron ayuda y compartieron con nosotros diversiones y trabajos, gozos y tristezas?, ¿nos encerramos o permanecemos abiertos a Dios y a nuestros prójimos?
Dios también te llama por tu nombre y confía en ti, como confió en María. Aunque no comprendamos algunas cosas, ábrele tu vida y dile como ella: «Hágase en mí según tu palabra». Verás cómo Dios, a través de ti, derrama su ternura y su paz en nuestro mundo.
domingo, 4 de diciembre de 2022
"Discapacidades" que enriquecen
A fuerza de ensalzar la juventud, la belleza y la fuerza, corremos el riesgo de hacer invisibles y relegar a las personas con discapacidad. A pesar de que están lejos los tiempos en los que se las escondía en sus casas o en determinadas instituciones, sin permitirles participar en la vida social, todavía hay camino por andar, tanto en la sociedad como en la comunidad cristiana. El papa Francisco nos ha recordado que en la vida de la Iglesia, «la peor discriminación es la falta de atención espiritual, que a veces se ha manifestado en la negación del acceso a los sacramentos».
Ante el Día internacional de las personas con discapacidad, que celebramos este sábado 3 de diciembre, me siento llamado a animar a todas las comunidades de nuestra Diócesis a vivir con más intensidad lo que somos: una Iglesia sinodal, inclusiva y accesible. Esto nos obliga a esforzarnos para aceptar a cada persona como es, reconociendo su manera de ser y eliminando las barreras que le impidan acceder y participar en las diversas actividades parroquiales y diocesanas. Todo hombre y mujer, sea cual sea su discapacidad, tiene derecho a enriquecerse con la vida de la Iglesia y, a su vez, puede enriquecer a la comunidad desde sus circunstancias, que les permiten ver el mundo y vivir la fe con una perspectiva distinta, que nos enriquece a todos.
Esto no son solo bellas palabras. Hace treinta años conocí a una persona con una enfermedad degenerativa grave, que gracias a Dios, los médicos han podido ir controlando hasta hoy. En poco tiempo, se quedó casi ciego y con una movilidad muy reducida. Al principio el sufrimiento fue terrible, en su cuerpo y en su alma; pero poco a poco, con la cercanía de la familia y el apoyo de la fe, descubrió que tenía mucho que aprender y mucho que aportar, especialmente a quienes sufrían enfermedades semejantes a la suya.
Conoció y participó en la FRATER (Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad), un movimiento cristiano presente en nuestra Diócesis. Fue fundada en 1942, por un sacerdote enfermo, Henry François, en la ciudad francesa de Verdun. Desde su experiencia de enfermedad y su trabajo como capellán de hospital, se dio cuenta de lo importante que era reunir a personas con enfermedad y discapacidad, para que, fundamentando su vida en la amistad y la fraternidad evangélica, se animaran mutuamente a desarrollar sus potencialidades sociales y eclesiales. Por ello, animo a todas las personas interesadas a conocer la FRATER. Les podrá ayudar a crecer en espiritualidad, solidaridad y espíritu misionero.
También os animo a todos, hermanos y hermanas, especialmente a los pastores, a acoger y dar protagonismo a los enfermos y personas con discapacidad. No hay vida que no sea valiosa, aunque experimente limitaciones más o menos severas.
Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.
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