domingo, 23 de abril de 2023

San Jorge y el dragón


Cuenta la leyenda que San Jorge, patrón de nuestra tierra, venció a un terrible dragón, que había devorado a mucha gente en una ciudad. ¿Hay ahora algún dragón que campe por sus respetos, cobrándose la vida de muchas personas sin que nadie se atreva a hacerle frente? Tiempo atrás planteé esta pregunta, a través de las redes sociales, y recibí muchas respuestas: ahora el dragón es la indiferencia, la desmotivación, el machismo, el miedo, la inseguridad, la soledad, el ansia de poder, la corrupción, la mentira, la violencia…

Después de leer estas aportaciones, se afianzó en mí la convicción de que uno de los dragones más temibles de nuestra sociedad es el vacío existencial: no encontrar sentido a la vida. El fundador de la logoterapia, el psicólogo Viktor Frankl, escribió ya hace cincuenta años: «El problema de nuestro tiempo es que la gente se encuentra atrapada en una penetrante sensación de falta de sentido… Puede que la gente tenga lo suficiente para vivir, pero no tiene suficientemente claro para qué vivir». Personalmente, tengo la impresión de que este problema va en aumento.

Puede que a algunos les parezca un dragón inofensivo, pero los datos que se publican cada día ponen de manifiesto su fuerza destructiva. Ahí está, por ejemplo, el aumento del número de suicidios: en el año 2021, España superó por primera vez la barrera de los cuatro mil. Otro indicador significativo es la salud mental de los niños y jóvenes: según Unicef, más del 20% de la población entre los 10 y los 19 años sufre algún problema de salud mental diagnosticado. Y a pesar de estos datos, no parece que el sinsentido existencial figure entre los asuntos prioritarios en la agenda de los gobernantes o en los temarios de las universidades.

¿Qué podemos hacer? Apunto tres pistas, que animo a completar y concretar por parte de nuestras familias, grupos y comunidades:

  1. Fomentar la dimensión espiritual de la persona. Por encima del credo y de la ideología de cada cual, es preciso cultivar esa dimensión interior o espiritual, que es la fuente de la que brota en nosotros el sentido y la alegría de vivir.
  2. Favorecer el encuentro y la solidaridad. El individualismo y la indiferencia hacia los demás favorecen las injusticias y empobrecen la vida, mientras que el encuentro y la solidaridad activan nuestra capacidad para hacer el bien y nos llevan a ser más felices.
  3. Potenciar una moral sana frente a la aireada convicción de que “todo está bien mientras no hagas mal a nadie”, porque este principio moral, que no tiene en cuenta la verdad del ser humano, nos arrastra hacia un plano inclinado de frustraciones que resulta difícil de remontar.
El dragón del sinsentido, como el de San Jorge, es peligroso, pero no imbatible. ¡Unamos fuerzas para vencerlo!

domingo, 9 de abril de 2023

Buena noticia


Aunque deseamos escuchar buenas noticias, normalmente nos cuesta creerlas. También la buena noticia de la resurrección de Jesús encontró serias resistencias. María Magdalena estaba tan cerrada a la posibilidad de que Jesús volviera a la vida que, cuando se encontró con Él, lo confundió con el hortelano (cf. Jn 20,15). Los apóstoles no creen a las mujeres que les anuncian la resurrección del Maestro y tomaron sus palabras por un delirio (cf. Lc 24,11). A pesar de que Jesús les anunció su resurrección, a todos sus seguidores les costó creer.

Quizá el más testarudo fue el apóstol Tomás, quien se atrevió a pedir una prueba inequívoca: «Si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20,25). Estas exigencias son –sin duda– excesivas. Sin embargo, en su terquedad se esconden al menos dos intuiciones muy sabias. Primera: no basta creer en la resurrección por el testimonio de otros; es necesario encontrarse con el Resucitado y experimentar cómo nos contagia su vida nueva. Segunda: las llagas del mundo y nuestras propias llagas son el mejor espacio para este encuentro.

Sí, realmente podemos encontrarnos con el Resucitado, cuando vivimos la misericordia y la solidaridad con las personas llagadas por el sufrimiento, la enfermedad o la desesperanza; cuando vivimos con fe la celebración de los sacramentos y percibimos su fuerza salvadora; cuando intuimos su presencia en la comunidad de los creyentes que comparten su fe y sus bienes; cuando le confiamos nuestros miedos, sufrimientos y preocupaciones y Él nos contagia su amor, su consuelo y su paz.

Muchos hombres y mujeres han narrado como Jesús Resucitado se ha hecho el encontradizo y ha transformado sus llagas en fuente de vida. El testimonio de la filósofa y activista Simone Weil es impresionante: «En un momento de intenso dolor físico, mientras me esforzaba en amar, pero sin creerme con derecho a dar un nombre a ese amor, sentí… una presencia más personal, más cierta, más real que la de un ser humano, inaccesible tanto a los sentidos como a la imaginación, análoga al amor que se transparentaría a través de la más tierna sonrisa de un ser amado. Desde ese instante, el nombre de Dios y el de Cristo se han mezclado de forma cada vez más irresistible en mis pensamientos». Otras personas cuentan cómo han percibido la presencia del Resucitado en la fuerza que han sentido para afrontar un problema, perdonar una traición, encajar la muerte de un ser querido o luchar por un mundo más justo.

Cuando experimentamos que Dios es capaz de convertir nuestras llagas y las llagas del mundo en manantiales de vida, podemos afrontar con esperanza cualquier dificultad e incluso la misma muerte. ¡Cree, vive y comunica la Buena Noticia! ¡Jesús ha resucitado y quiere compartir con la humanidad su vida nueva! ¡Feliz Pascua!

domingo, 2 de abril de 2023

Una semana para enamorarnos


Aunque estamos en Teruel, no pienso ahora en Isabel de Segura y Diego de Marcilla, sino en otro enamoramiento, del que podemos ser protagonistas, aunque la peripecia de Diego e Isabel pueda servir de referencia. Lo cierto es que nuestras vidas cambian profundamente cuando nos enamoramos de verdad: nuestra manera de pensar, nuestros sentimientos y deseos, hasta la mirada y el cuerpo se transforman cuando nos enamoramos, ya que el amor despierta y unifica nuestras fuerzas, tantas veces adormecidas y dispersas, para buscar el bien de la persona amada y la unión con ella.

La Semana Santa nos invita a enamorarnos de Jesucristo. Por no recurrir a otros testimonios, que pudieran parecer menos ecuánimes, quiero citar las palabras de dos historiadores (Jacob Burckhardt y Timoty Garton Ash), que no profesan la fe cristiana y, sin embargo, han dicho que Jesucristo es «la figura más bella de la historia del mundo» y «una fuente de inspiración constante y maravillosa».

La Semana Santa nos ofrece la oportunidad de enamorarnos de Jesús, al revivir sus gestos, palabras y silencios. En los acontecimientos que contemplaremos estos días, lo veremos haciendo frente a los poderes de este mundo, lavando los pies de sus amigos, como si fuera un esclavo, y partiéndoles el pan, como hace una madre con sus hijos; sudando sangre por la angustia ante lo que se le venía encima y, aun así, abrazando el camino del amor “hasta el extremo” que el Padre le marcaba; lo veremos lanzando una mirada agradecida a las mujeres, que le acompañan con sus lágrimas, y al Cirineo, que le ayudó a llevar la cruz; lo veremos muriendo, para mostrarnos que el amor de Dios es más fuerte que nuestro egoísmo y que la misma muerte; lo veremos, ya resucitado, saliendo sin acritud al encuentro de sus amigos, que lo habían dejado solo, y encomendándoles de nuevo la tarea de continuar su misión.

Este Jesús está vivo, cuenta contigo y te llama, te abre las puertas de su corazón y de su familia, formada por una multitud de mujeres y hombres, niños, jóvenes y adultos, tan débiles como tú y como yo, que quieren vivir en fraternidad y construir, como Él y con Él, su Reino de justicia, libertad, verdad, amor y paz.

¡Enamórate en esta Semana Santa! Como dijo el P. Pedro Arrupe SJ: «Nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón, y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud. ¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera».

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 26 de marzo de 2023

Por la vida, ¡siempre!


La reciente decisión del Tribunal Constitucional, que avala la Ley Orgánica 2/2010, cambia sustancialmente la legislación española, al considerar por primera vez el aborto como un derecho.

Esta resolución nos entristece profundamente porque, como dice la nota de la Conferencia Episcopal, «la historia nos enseña que cada vez que el ser humano se ha cuestionado la dignidad o el valor de ciertas vidas humanas…, se ha equivocado gravemente». 

Nos entristece, pero no puede desanimarnos. Es necesario renovar el compromiso de las personas, de cualquier credo e ideología, que procuramos defender la vida humana desde su concepción. Quisiera enumerar algunas sugerencias que puedan orientarnos en este empeño:

  1. Apoyar decididamente a las madres y a los padres que se sienten agobiados ante un embarazo imprevisto, a través de asociaciones que les ofrecen acompañamiento, asesoramiento y diversas ayudas materiales; además de exigir políticas que favorezcan la maternidad.
  2. Presentar nuestro compromiso como un “sí”, no solo a las criaturas que crecen en el vientre de sus madres; también es un “sí” a las propias madres, a las mujeres y a la sociedad en su conjunto. En efecto, cuando crece la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se desarrollan otras formas de acogida provechosas para la vida social (cf. CV 28, LS 120).
  3. Acompañar la vida de cada persona siempre, «en todas las fases de su existencia, desde su concepción hasta su muerte natural, aumentando los cuidados cuando la vida es más vulnerable» (Mensaje de los obispos para la Jornada por la Vida 2023). Quisiera subrayar las palabras “siempre” y “en todas las fases de la existencia”, para evitar incoherencias. Por ejemplo, no tiene sentido defender a ultranza la vida de los no nacidos y, a la vez, rechazar los derechos de las personas migrantes.
  4. Luchar contra el descarte de los más débiles, el individualismo exasperado y otras tendencias sociales que favorecen la extensión del aborto; y trabajar por una solidaridad abierta a todos, la cultura del cuidado y los valores que promueven la vida humana.
  5. Desenmascarar expresiones confusas, frecuentemente repetidas. Así, el aborto no es la interrupción del embarazo, sino la eliminación de un ser humano; y el feto no es parte del cuerpo de la madre, es una vida humana nueva, como afirma la ciencia.
  6. Ofrecer el perdón curativo de Dios a quienes sienten el peso de la culpa por haber practicado o procurado algún aborto. Como dijo el papa Francisco: «Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido» (Carta Apostólica Misericordia et misera, 12).
Con el deseo de sumar compromisos en favor de toda vida humana, recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 19 de marzo de 2023

San José


A pesar de las escasas palabras que los evangelios dedican a San José, lo poco que sabemos de él resulta fascinante. De la mano de la Carta Apostólica Patris Corde, del Santo Padre Francisco, quisiera destacar cinco notas de su personalidad y de su misión.

1. Padre en la confianza. José nos muestra que tener fe en Dios incluye creer que Él puede actuar incluso a través de nuestra debilidad. Nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia.

2. Padre en la obediencia. La confianza le lleva a la obediencia. José estaba muy angustiado por el embarazo incomprensible de María y decidió «romper su compromiso en secreto» (Mt 1,19), pero no se precipitó y esperó la luz de Dios, que le permitió ver claro el camino a seguir. En sueños, el ángel lo ayudó a resolver su grave dilema: «No temas aceptar a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella proviene del Espíritu Santo» (Mt 1,20). Con la obediencia superó su drama y salvó a María. En cada circunstancia, José supo pronunciar su “sí”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní.

3. Padre en la acogida. José acogió a María sin poner condiciones previas. La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido en la ley. En este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se presenta como figura de varón delicado que, aun no teniendo toda la información, se decide por la fama, dignidad y vida de María. Sólo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como viene, con sus alegrías y decepciones.

4. Padre en la ternura. Como hizo el Señor con Israel, así José a Jesús «le enseñó a caminar, y lo tomaba en sus brazos: era para él como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle de comer» (cf. Os 11,3-4). Jesús vio la ternura de Dios en José: «Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por quienes lo temen» (Sal 103,13).

5. Padre de la valentía creativa. Muchas veces, leyendo los “Evangelios de la infancia”, nos preguntamos por qué Dios no intervino directa y claramente. José era el verdadero “milagro” con el que Dios salvó al Niño y a su madre. El cielo intervino confiando en la valentía creadora de este hombre. Si a veces pareciera que Dios no nos ayuda, no significa que nos haya abandonado, sino que confía en nosotros, en lo que podemos planear, inventar, encontrar.

Que San José inspire nuestros proyectos personales y los planes pastorales de nuestras comunidades. Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 12 de marzo de 2023

La alegría de servir


El próximo día 19 va a ser un domingo especialmente gozoso, porque, junto a la alegría propia del cuarto domingo de Cuaresma, nuestra Iglesia diocesana de Teruel y Albarracín escuchará el “sí” de Alfonso Torcal Nueno, llamado por el Señor para el servicio diaconal. “Diácono” es una palabra de origen griego, que significa “servidor”.

Jesús es el Servidor con mayúscula, el Siervo de Dios anunciado por el profeta Isaías. Su vida y su palabra nos invitan a servir como Él y con Él: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros. El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir» (Mc 10, 42-45).

Estas palabras quedaron escenificadas durante la Última Cena, cuando Jesús se quitó el manto, se ciñó una toalla y lavó los pies a sus discípulos. Ellos no daban crédito a lo que veían, pues lavar los pies era tarea de esclavos. Pedro no se lo quería permitir, pues no le entraba en la cabeza que el mayor se hiciera servidor. Tras el lavatorio, Jesús aclaró el sentido de aquel gesto que resumía su vida: «Vosotros me llamáis ‘el Maestro’ y ‘el Señor’ y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros» (Jn 13, 13-14).

En efecto, la actitud de servicio debe caracterizar la vida de todos los discípulos de Jesús, a ejemplo suyo, y debe marcar de un modo particular la vida de quienes tenemos encomendada una misión en la Iglesia. De hecho, uno de los títulos más apreciados por el Obispo de Roma es ser “Siervo de los siervos de Dios”.

El papa Francisco nos ha recordado que abandonar este camino tiene sus consecuencias: «Jesús es el servidor de Israel. El pueblo de Dios es siervo, y cuando el pueblo de Dios se aleja de esta actitud de servicio es un pueblo apóstata: se aleja de la vocación que Dios le ha dado. Y cuando cada uno de nosotros se aleja de esta vocación de servicio, se aleja del amor de Dios y construye su vida sobre otros amores, muchas veces idólatras» (Homilía del 7 de abril de 2020).

El servicio no es el precio con el que compramos la vida eterna; es un camino de alegría y vida plena ya en esta tierra. Contemplando a María, que fue a servir con gozo a su prima Isabel, y a tantas personas que han descubierto la alegría de servir, animados por el «sí» de Alfonso, hemos de preguntarnos de qué manera, tanto nosotros como nuestras comunidades, podríamos ser más diaconales, mejores servidores.

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 5 de marzo de 2023

Desahogar el corazón


Algunas veces la tristeza nos pone contra la pared y tenemos la sensación de que las dificultades se agrandan mientras que nuestras fuerzas menguan; en otras ocasiones, nos falla la voluntad para llevar a término los compromisos adquiridos, no sabemos qué hacer para ayudar a quienes amamos, o no nos atrevemos a afrontar nuestra “zona oscura”. Todos sufrimos, en algún momento, situaciones de ahogo.

No hay recetas fáciles para superarlas. Sin embargo, hay algo que casi siempre ayuda: compartir nuestras preocupaciones, no con cualquiera, sino con una persona adecuada. Comunicar los agobios mejora casi siempre la situación, al sentirnos comprendidos y acompañados. Aunque el otro sólo sea capaz de escucharnos, poner palabras a lo que nos pasa ayuda a identificar el problema y ver más claramente sus verdaderas dimensiones, que a veces se agigantan en la soledad de nuestros pensamientos. Al comunicarlos, podemos encontrar estrategias para afrontarlos con realismo y esperanza.

En esta recomendación coinciden los maestros espirituales y los profesionales de la psicología. Los padres del monacato, ya en el siglo III, observaban y analizaban sus pensamientos y sentimientos en el silencio de su celda eremítica, pero también compartían regularmente sus dudas e intuiciones con sus padres espirituales, para llegar a entender mejor sus personales vivencias. Así fue surgiendo la llamada “confesión de los monjes”, que se anticipó al coloquio terapéutico, desarrollado posteriormente por la psicología moderna.

Sin embargo, frecuentemente encontramos dificultades para practicar esta comunicación de corazón a corazón. Podemos pensar que no vamos a ser bien comprendidos, tememos que nuestro interlocutor nos juzgue negativamente y deje de apreciarnos; incluso llegamos a convencernos de que esto sirve para otros, pero no para nosotros, porque en el fondo creemos que no tenemos solución. Evidentemente, son excusas que debemos desechar.

Dios mismo nos invita a desahogar nuestro corazón con Él, aunque Él ya conozca nuestros agobios. Con los salmos rezamos: «De Dios viene mi salvación y mi gloria, él es mi roca firme, Dios es mi refugio. Pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón: Dios es nuestro refugio» (Sal 62); «a voz en grito clamo al Señor, desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia» (Sal 142). Además, su Palabra nos anima a confiarnos a personas sensatas: «Recurre siempre a un hombre piadoso, de quien sabes seguro que guarda los mandamientos, que comparte tus anhelos y que, si caes, sufrirá contigo» (Eclo 37,12).

En el Sacramento de la Reconciliación –tan olvidado y, a la vez, tan enriquecedor– también podemos desahogar nuestro corazón. Además, tenemos la oportunidad de experimentar el amor de Dios, que nos abraza con todas nuestras miserias, nos ofrece su perdón gratuito y nos da la fuerza de su Espíritu, para seguir adelante con más paz y esperanza.

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

Misión Diocesana: una Iglesia sinodal en misión

Juan Manuel Barreiro, misionero malagueño en Venezuela, bautizando a un niño Queridos hermanos y hermanas: Cada año nuestra diócesis dirig...