domingo, 5 de noviembre de 2023
Acerca del informe sobre abusos sexuales en la Iglesia Católica
Artículo para el Diario de Teruel, 5 de noviembre de 2023
La presentación del Informe del Defensor del Pueblo sobre abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica y el papel de los poderes públicos, así como la posterior celebración de una Asamblea extraordinaria de la Conferencia Episcopal Española, han sido materia informativa en los últimos días, y he considerado oportuno compartir algunas reflexiones.
En primer lugar, me parece necesario destacar que el Informe del Defensor del Pueblo, aun con sus límites, ofrece no pocos aspectos positivos: ha supuesto un proceso de escucha a 487 víctimas, arrojando luz sobre los devastadores efectos de los abusos sexuales, que tienen su origen en procesos de abuso de conciencia; denuncia algunas prácticas inaceptables dentro de la Iglesia, sin dejar de reconocer avances en la legislación canónica y en la forma de abordar dichos abusos; enmarca este doloroso problema en el amplio contexto del abuso sexual a menores en nuestra sociedad, proponiendo iniciativas a la Iglesia y a las administraciones públicas para prevenir y reparar los daños causados. Es un estudio que, en su conjunto, merece ser considerado atentamente.
A la vista de este Informe, los obispos reunidos en Asamblea Plenaria, junto con los responsables de la Confederación de Religiosos y Religiosas, manifestamos de nuevo nuestro dolor por el daño causado por algunos miembros de nuestra Iglesia y pedimos perdón sinceramente. Muchos de nosotros hemos escuchado el testimonio de víctimas y su sufrimiento nos ha permitido comprender mejor la magnitud del daño que produce el abuso, particularmente cuando el agresor está vinculado a la Iglesia, y nos ha hecho caer en la cuenta de la importancia de escucharlas, darles credibilidad y apoyarlas decididamente, para que puedan sanar sus heridas. En este sentido, en la Asamblea de la Conferencia Episcopal decidimos encomendar a su servicio de Protección de Menores una propuesta para aplicar las recomendaciones del Defensor del Pueblo.
La necesidad de escuchar, dar credibilidad y apoyar a las personas que nos confían el dolor de haber sufrido un abuso no supone un atropello de los sacerdotes acusados, en su derecho a la presunción de inocencia. Es fundamental entender que, en estos casos, nuestra actitud no ha de ser juzgar, absolver o condenar, sino escuchar, acoger y respaldar. Determinar la responsabilidad de los denunciados corresponde a los órganos y procedimientos jurídicos que se siguen, tanto en la sociedad como en la Iglesia. Además, me parece justo aclarar que esta no debe ser una batalla contra los sacerdotes en su conjunto, ya que en la Iglesia, al igual que en las familias y otras instituciones, hay quienes cometen abusos y quienes buscan la verdad, la justicia y el bien de las víctimas.
En cuanto al número de abusos sexuales en el ámbito eclesial, algunos medios de comunicación han extrapolado los datos del estudio demoscópico contenido en el Informe del Defensor del Pueblo, publicando la cifra de 440.000 víctimas. Este dato no aparece en dicho Informe. No quisiera entrar en una guerra de cifras, porque nos alejaría del respeto que merecen las víctimas, quienes nunca deberían ser utilizadas como munición para nuestras luchas políticas y sociales. Solamente recuerdo que el propio Defensor del Pueblo afirmó: «Creemos que no hay que extrapolar (…) Es más, estoy diciendo que les animo a que no lo hagan». Independientemente del número de víctimas, cada una de ellas supone un drama por el que pedimos perdón y ofrecemos nuestra colaboración y compromiso para reparar y prevenir estos hechos en el futuro.
Por lo que respecta a nuestra diócesis de Teruel y Albarracín, el Informe del Defensor del Pueblo recoge tres casos. El más antiguo se refiere a un sacerdote condenado en 1962 por tribunales eclesiásticos. Los otros dos datan de 1968 y 1967, fueron presentados por medio del diario “El País” y no han podido ser investigados, porque uno de los denunciantes no ha respondido a las comunicaciones de la diócesis para esclarecer su denuncia y, en el otro caso, el mencionado periódico no ha contestado por el momento a la carta que este obispado le dirigió, a fin de recabar la necesaria información. Cabe señalar que en la base de datos de dicho diario, publicada en internet, no se informa de los intentos de esta diócesis para investigar ambas denuncias.
En conclusión, hago una llamada a la responsabilidad de las personas, de las familias, de las comunidades cristianas, de las instituciones públicas y de la sociedad en su conjunto. Aunque el citado estudio demoscópico pueda tener errores, los datos que ofrece deben ser considerados atentamente: el 11,7 % de las personas encuestadas afirman haber sido abusadas antes de los 18 años: el 34,1 % en el ámbito familiar, el 17,7 % en la vía pública, el 9,6 % en un ámbito educativo no religioso, el 9,5 % en un ámbito social no familiar, el 7,5 % en el ámbito laboral, el 7,3 % a través de internet, el 5,9 % en el ámbito educativo religioso, el 4,6 % en el ámbito religioso, el 4 % en el ámbito del ocio, el 3 % en el ámbito deportivo y el 2,6 % en el ámbito sanitario. El dolor de tantas víctimas exige que no miremos hacia otro lado y pongamos nuestro punto de mira en este problema, con el fin de reparar los daños causados y evitarlos en el futuro.
Finalmente, expreso mi agradecimiento a todas las personas que trabajan incansablemente en el apoyo de las víctimas y en la prevención de los abusos sexuales. Reconozco, en particular, la labor de “Repara-Diócesis de Teruel”, el Servicio Diocesano para la atención de las víctimas y la prevención de abusos sexuales, y del proyecto “Repara” en Madrid, que nos asesora constantemente. Y, sobre todo, agradezco a las víctimas su valentía y su coraje, en medio de tantas dificultades e incomprensiones. Con su lucha no solo están sanando sus heridas, sino que también están construyendo una sociedad y una Iglesia más seguras y saludables para todos.
Paz en Tierra Santa
¡Cómo duele a cualquier persona de bien la situación de Tierra Santa! El daño que se provoca a una niña israelí o palestina hiere a toda la humanidad. Los hombres y mujeres del mundo entero –lo reconozcamos o no– estamos unidos, interconectados, como los diversos órganos de un cuerpo: «si un miembro sufre -dice San Pablo– todos sufren con él; si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).
Contemplamos las imágenes de Tierra Santa y experimentamos una gran impotencia. ¿Qué podemos hacer? Tanto el papa Francisco como el patriarca latino de Jerusalén nos invitan a rezar y ayunar. Puede parecer inútil, pero estamos convencidos de que, lo mismo que nosotros sentimos el dolor de las personas que sufren allí, a ellas también les llega nuestra cercanía espiritual.
Ayunamos porque tener hambre un día, voluntariamente, favorece la solidaridad con quienes no disponen de alimentos y tienen que dejar sus casas estos días, para salvar sus vidas. El ayuno de comida, que depura el cuerpo de tantas toxinas, nos puede ayudar a purificar el corazón; ayunando de resentimientos, indiferencia, deseos inútiles de tener más; de la tentación de luchar contra el mal utilizando la violencia, de todo lo que nos separe del amor a Dios y a los hermanos.
Ayunamos y oramos. Rezamos a Dios, no porque Él necesite de nuestra oración para ser bueno y acabar de un plumazo con todos los conflictos. Rezamos a Dios, para que en el encuentro con Él, pueda purificarnos y contagiarnos su compasión, su misericordia, su paz, su justicia, su amor; y todos nosotros, sus hijas e hijos, podamos ser pacíficos y pacificadores. Rezamos porque la paz es un don de Dios, un don que hemos de cultivar responsablemente, con la ayuda de su gracia.
No podemos rezar por la paz, si no nos empeñamos en construir la paz en nuestra vida cotidiana. En efecto, con motivo de la ley de Cultura de Paz de las Cortes de Aragón, los obispos aragoneses escribimos: «Se habla de “cultura de paz” porque la paz no se logra sólo con un acto aislado de alto el fuego o de reconciliación, sino que requiere, para que sea estable y duradera, un modo de vivir, de relacionarse, de afrontar los conflictos renunciando a las vías violentas, buscando la justicia y la verdad. Trabajar por la paz es el arte de tender puentes una y otra vez, en cada familia, en cada pueblo o ciudad, en cada nación, aunque las orillas estén lejos o el egoísmo humano haya levantado muros de incomprensión».
Acojamos, queridos hermanos y hermanas, las palabras de Jesús: «Paz a vosotros… Bienaventurados los que trabajan por la paz» (Jn 20,21, Mt 5, 9), para que Él nos sugiera caminos para ser instrumentos de su paz, aquí y en cualquier rincón del mundo.
Un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 29 de octubre de 2023
Carta al laicado de Aragón – Carta conjunta de los obispos de Aragón
Queridos hermanos y hermanas,
La Iglesia va tomando conciencia creciente de la importancia del primer anuncio a quienes no conocen a Jesucristo o se han apartado de la fe. El Papa Francisco nos anima constantemente a ser auténticos “discípulos misioneros”, a reformar nuestras comunidades para ser “Iglesia en salida”, a transmitir el núcleo de nuestra fe: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte» (Evangelii Gaudium 164).
Sin embargo, hemos de reconocer que bastantes comunidades cristianas y personas bautizadas no viven esta tensión misionera. A modo de test, podríamos preguntarnos cada uno: ¿cuándo fue la última vez que anuncié a alguien el amor y la cercanía de Jesucristo?, ¿sé cómo hacerlo?, ¿considero que esta misión es posible en la sociedad actual?, ¿qué me frena y qué me impulsa a compartir el tesoro de la fe?
En este ámbito del primer anuncio, la Iglesia española vivió en 2020 un punto de inflexión: el Congreso de Laicos, calificado por muchos como “un nuevo Pentecostés”. Ciertamente, fue una manifestación pública y entusiasta del sentimiento religioso que late en el corazón de tantos cristianos, mujeres y hombres decididos a responder a la pregunta del papa Francisco: «¿Qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos» (Evangelii gaudium, 264).
Hemos de impulsar el anuncio de Jesucristo, con humildad y valentía, como núcleo y eje de nuestra labor pastoral: «El motivo de esta centralidad ?como se dijo en aquel Congreso de Laicos? no radica en una razón sociológica (cada vez hay menos cristianos y tenemos que llenar nuestras iglesias), ni en un motivo de marketing (tenemos el mejor “producto”, pero no sabemos venderlo, ni ponerlo en valor), ni siquiera radica en un hecho de supervivencia del catolicismo (la avanzada media de edad de nuestras asambleas y la falta de clero). Sino que la motivación profunda es teológica: Jesús nos manda evangelizar, es un mandato expreso».
Las Delegaciones Diocesanas de Apostolado Seglar de las diócesis aragonesas están preparando el III Encuentro de Laicos de Aragón, centrado en el primer anuncio, que tendrá lugar en el Colegio Salesiano de Zaragoza el próximo 25 de noviembre, como un momento privilegiado para compartir las conclusiones de aquel Congreso de Laicos de 2020 y para preparar el Encuentro Nacional de Laicos a celebrar en febrero de 2024.
Os convocamos y animamos vivamente a participar en este III Encuentro de Laicos de Aragón. Contará con la intervención del cardenal Juan José Omella y se darán a conocer diversas experiencias de primer anuncio.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
+ Carlos-Manuel Escribano Subías, Arzobispo de Zaragoza
+ Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca
+ Ángel-Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón
+ José-Antonio Satué Huerto, Obispo de Teruel y Albarracín
+ Vicente Rebollo Mozos, Obispo de Tarazona
domingo, 22 de octubre de 2023
Turolenses por el mundo… en misión
Si hubiera alguna productora televisiva decidida a realizar una serie titulada “Turolenses por el mundo… en misión”, podría completar unos 50 capítulos. ¡No son pocos! El nombre de Teruel es conocido y querido en África, América, Asia e incluso Oceanía, gracias a nuestros misioneros y misioneras, a quienes hoy recordamos especialmente, con gratitud y sano orgullo.
Lo pude comprobar con ocasión de la muerte del sacerdote misionero Vicente Lahoz, nacido en La Mata de los Olmos y fallecido en Esquel (Argentina) el 21 de mayo pasado. Cuando llamé al obispo de aquellas tierras, Mons. José Slaby, se deshizo en alabanzas al referirme la magnífica misión realizada en la Patagonia argentina por el propio P. Vicente Lahoz y por otros dos misioneros turolenses: el P. Jesús Artigot y el actual obispo de Comodoro-Rivadavia, Mons. Joaquín Gimeno.
Queridos diocesanos y diocesanas de nuestra Iglesia de Teruel y Albarracín, ¡no podemos perder este impulso misionero! Bajo ninguna circunstancia podemos llegar a pensar que en la situación actual no es posible la misión “ad gentes”, en regiones del mundo donde Cristo y su Evangelio son escasamente conocidos.
En el corazón de toda persona bautizada tiene que bullir el deseo de dar a conocer el amor de Dios, manifestado en Jesucristo. Este ardor misionero ha de llevarnos a transmitir la alegría de la fe en nuestro ambiente cotidiano, a plantearnos la posibilidad de que Dios nos llame a ser misioneros en otras tierras y, finalmente, a sostener a los misioneros con la oración y las ayudas materiales que podamos ofrecer.
«Hoy más que nunca –dice el papa Francisco en su mensaje para el Domund 2023– la humanidad, herida por tantas injusticias, divisiones y guerras, necesita la Buena Noticia de la paz y de la salvación en Cristo. Por tanto, aprovecho esta ocasión para reiterar que “todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable”. La conversión misionera sigue siendo el objetivo principal que debemos proponernos como individuos y como comunidades».
Animados por el testimonio de tantos “turolenses por el mundo… en misión”, hombres y mujeres que han sembrado el Evangelio en los cinco continentes, acojamos la invitación que nos plantea el papa Francisco: «Pongámonos de nuevo en camino también nosotros, iluminados por el encuentro con el Resucitado y animados por su Espíritu. Salgamos con los corazones fervientes, los ojos abiertos, los pies en camino, para encender otros corazones con la Palabra de Dios, abrir los ojos de otros a Jesús Eucaristía, e invitar a todos a caminar juntos por el camino de la paz y de la salvación que Dios, en Cristo, ha dado a la humanidad».
Recibid un cordial saludo en el Señor.
domingo, 15 de octubre de 2023
Un gran pueblo
Hace algunos años la Conferencia Episcopal de Cuba me invitó a participar en el Encuentro Nacional de Diáconos Permanentes, en el que están presentes también sus esposas y los candidatos a este ministerio. Entonces no se realizó el encuentro, porque no fue posible conseguir combustible y los diáconos no pudieron desplazarse desde sus casas. Este año ha sido posible; he asistido y he escuchado testimonios dolorosos. Un diácono mayor comentó: “En Cuba siempre hemos acogido al que viene con un café, ahora no tenemos ni café, sólo podemos ofrecer un vaso de agua fresca, si no hay apagón”. Otra persona me dijo: “Rara es la familia que no tiene una parte de sus miembros fuera de Cuba; de mi familia, sólo quedamos el perro y yo”.
A pesar de las penurias, que a duras penas podemos imaginar los que vivimos en España, he tenido la gracia de tratar con personas de unas cualidades fuera de lo común: asumen su pobreza con dignidad, son responsables en sus compromisos, resuelven con ingenio problemas propios y ajenos, ofrecen un trato amable y educado, agradecen cualquier muestra de cariño, son virtuosos para la música y las artes en general, saben hacer fiesta con casi nada, tienen una gran devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre. No todos son así, evidentemente, pero la impresión repetida ha sido la de encontrarme con un gran pueblo.
La convivencia con los diáconos permanentes y sus esposas ha sido muy enriquecedora y edificante. Yo sólo he podido recordarles un poco de teoría; en cambio, ellos y ellas me han compartido sus esfuerzos para acercarse a las familias más pobres y a los pueblos más chicos y alejados, para estar cerca de los hombres y mujeres encarcelados, enfermos, pobres, aguzando la creatividad para repartir lo poco que tienen, para anunciar a Cristo y su propuesta de vida nueva, y para celebrar su presencia viva en las diversas comunidades. Pude apreciar su gran compromiso con la Iglesia y con la sociedad, tanto en los diáconos como en sus esposas.
También visité la sede nacional de Cáritas Cuba, una casa humilde donde trabaja una docena de personas, comprometidas para paliar las consecuencias del huracán Ian, un año después de que devastara amplias zonas del país, y para coordinar y sostener económicamente las Cáritas locales. Estas Cáritas diocesanas y parroquiales tienen bastante voluntariado pero muy poco dinero, para hacer frente a muchas necesidades y desarrollar sus programas centrados en personas ancianas, discapacitadas y jóvenes.
Dios quiera que estos apuntes animen a nuestras comunidades a estrechar los lazos de amistad y favorecer la mutua colaboración con la Iglesia en Cuba y Latinoamérica, y también a acoger entre nosotros a quienes dolorosamente se ven empujados a dejar su gente y su tierra.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 8 de octubre de 2023
60 años latiendo amor
Hace sesenta años nació Cáritas Diocesana de Teruel y Albarracín como el organismo encargado de promover, coordinar y llevar a cabo la acción caritativa y social de nuestra Iglesia y la comunicación cristiana de bienes, sobre todo con los pobres y excluidos de la sociedad. Ella hace vida el amor preferencial hacia los pobres y la fraternidad universal, siguiendo el ejemplo y mandato de Cristo.
En el preámbulo de los nuevos Estatutos de Cáritas Española se dice: «El amor -cáritas- es primordial en la vida humana y cristiana». El papa Benedicto XVI, en su encíclica Spe salvi, nos recordó una afirmación radical sobre la fuerza salvadora del amor, cuando escribió: «El hombre es redimido por el amor» (n. 26).
Cada uno de nosotros, como seguidores y seguidoras de Jesús de Nazaret, estamos llamados a transmitir el amor de Dios en las relaciones cotidianas, especialmente con las personas necesitadas. Dicho con otras palabras: todos somos Cáritas. Pero esto no es suficiente, es indispensable también el ejercicio organizado de la caridad. Este ejercicio organizado, que promueve y lleva a cabo Cáritas Diocesana, forma parte esencial de la misión evangelizadora de la Iglesia «al igual que el servicio de la Palabra y los Sacramentos», como escribió nuestro siempre recordado Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est (n.32).
El papa Francisco, por su parte, ha ido más lejos al decirnos: «La belleza del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay algo que no puede faltar: la opción por los últimos, por aquellos a los que la sociedad descarta y desecha» (Evangelii gaudium, 195). La Iglesia, pues, en todos sus niveles y empezando por la parroquia, está llamada a ser verdadero sujeto de acción caritativa y social.
Celebremos el sexagésimo cumpleaños de nuestra Cáritas Diocesana y brindemos por el camino recorrido y por el futuro que, con la ayuda de Dios, nos espera. Démosle gracias por el amor y el esfuerzo derrochados por tantos hombres y mujeres que a lo largo de este tiempo han aportado lo mejor de sí mismos; por la ayuda, el cariño y la formación que tantas personas han recibido para salvar un momento de dificultad o para rehacer sus vidas, gracias al trabajo de nuestra Cáritas.
Como se hace en los cumpleaños, en éste también os invito a hacer regalos: uno: mejorar nuestros servicios, de modo que las personas que acuden a Cáritas no sólo se sientan atendidas, sino que puedan percibir que son valoradas y amadas; dos: avanzar en la coordinación de los diferentes grupos católicos que trabajan en acción social; y tres: renovar nuestro compromiso para que el ejercicio organizado de la caridad sea una realidad en todas las unidades de pastoral de nuestra Diócesis.
¡Feliz 60º aniversario! Un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 1 de octubre de 2023
Carta de los obispos de las diócesis aragonesas con motivo del Día de la Educación en la fe “Jesús, enséñanos a orar” (Lc 11,1)
Queridos catequistas, profesores, animadores y acompañantes de personas, grupos y comunidades en el camino espiritual de la fe:
En el “Día de la Educación en la Fe” agradecemos al Señor todos los dones que nos concede y manifestamos nuestra gratitud a quienes ponéis a disposición de los demás vuestro tiempo, dedicación y entusiasmo en el itinerario de crecimiento en la fe.
El Papa Francisco, en la carta que ha dirigido a Mons. Rino Fisichella para el Jubileo 2025, afirma: “me alegra pensar que el año 2024, que precede al acontecimiento del Jubileo, pueda dedicarse a una gran «sinfonía» de oración; ante todo, para recuperar el deseo de estar en la presencia del Señor, de escucharlo y adorarlo”.
Y añade: “En definitiva, un año intenso de oración, en el que los corazones se puedan abrir para recibir la abundancia de la gracia, haciendo del «Padre Nuestro», la oración que Jesús nos enseñó, el programa de vida de cada uno de sus discípulos”.
Por ello, ha parecido oportuno dedicar la formación permanente de los catequistas durante el curso 2023-24 a este objetivo. Los guiones de trabajo abordan de modo sencillo el Padrenuestro.
Cuando los discípulos pidieron al Señor Jesús: “Enséñanos a orar” (Lc 11,1), Él respondió pronunciando las palabras de la oración del Padrenuestro, dándonos un modelo concreto y al mismo tiempo universal. Todo lo que se puede y se debe decir al Padre está encerrado en las siete peticiones. En ellas apreciamos, por un lado, sencillez, de modo que hasta un niño las aprende; y, por otro, profundidad de modo que durante toda la vida se puede asimilar el sentido de cada una de ellas.
El catequista es “testigo de la fe y custodio de la memoria de Dios”, “maestro y mistagogo que introduce en el misterio de Dios, revelado en la Pascua de Cristo”, “acompañante y educador de quienes le han sido confiados por la Iglesia” (DC 113).
Deseamos expresaros, una vez más, nuestra cercanía de pastores, y os animamos a descubrir cada día la importancia de la vocación que habéis recibido y a valorar la responsabilidad de la misión que se os confía.
Agradecemos vuestra disponibilidad, paciencia y admirable generosidad.
Oramos por todas las personas que han dedicado muchos años a este importante servicio y que han llegado ya al encuentro definitivo con el Padre. Nuestra plegaria agradecida por todas ellas se convierte también en súplica para que el Señor suscite respuestas afirmativas en muchos corazones, de modo que se continúe desarrollando con alegría este ministerio eclesial.
Encomendamos a la Bienaventurada Virgen del Pilar vuestra vida y misión en el acompañamiento y crecimiento de la fe.
Recibid nuestro agradecimiento y nuestro afecto, junto con nuestra bendición.
+ D. Carlos-Manuel Escribano Subías, Arzobispo de Zaragoza
+ D. Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca
+ D. Ángel-Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón
+ D. José-Antonio Satué Huerto, Obispo de Teruel y Albarracín
+ D. Vicente Rebollo Mozos, Obispo de Tarazona
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