domingo, 26 de enero de 2025
Ser acompañados y acompañar
Corría el mes de septiembre de 1987, cuando un grupo de jóvenes, llenos de ilusión, comenzábamos el cursillo de ingreso al Seminario de Zaragoza. Un día, el arzobispo don Elías Yanes nos habló de la dirección o del acompañamiento espiritual, con tal convicción que desde entonces siempre he tenido una persona con la que confrontar mis búsquedas, intuiciones y dudas.
Una vez ordenado, el obispo don Javier Osés me encomendó trabajar con jóvenes en la Acción Católica. A partir de ese momento, sin planificarlo, comencé a acompañar a chicas y chicos personalmente; años más tarde, a personas adultas de las parroquias en las que serví como sacerdote. Según los casos, hablábamos cada mes, cada trimestre u ocasionalmente. Algunos pedían ser acompañados para crecer en su fe, otros para discernir su vocación en la Iglesia.
Os confieso que tanto el ser acompañado como el ministerio del acompañamiento han sido para mí una fuente de bendición incesante. He podido experimentar con alegría que Dios nos cuida a través de hermanas y hermanos, tan pequeños y pecadores como nosotros, que nos comprenden, animan y corrigen; ayudándonos a descubrir la voluntad de Dios en los deseos más hondos de nuestro corazón.
El acompañamiento es un don precioso siempre y cuando se respete y promueva la libertad de las personas acompañadas, excluyendo cualquier forma de dependencia. La libertad no es un peligro a reducir, pues «para ser libres nos libertó Cristo» (Gal 5,1). Más aún, la libertad es la única tierra en la que puede germinar y crecer el amor a Dios y al prójimo.
El verdadero protagonista del acompañamiento es el Espíritu de Dios, pues Él guía a quienes acompañan y a los acompañados. El Espíritu nos introduce en la plenitud de los misterios de Dios, sella cada vez con más fuerza nuestra comunión con Cristo, concreta los deseos de la voluntad de Dios sobre nosotros, nos inspira las decisiones que debemos priorizar; lleva a término, en definitiva, la obra que Él inició en nosotros (cf. Flp 1,6).
Animo, por tanto, a los sacerdotes y a quienes trabajáis en catequesis, colegios católicos, acción social y en los diversos ámbitos pastorales, a buscar personas que os puedan acompañar en vuestro crecimiento como discípulos misioneros. El acompañante espiritual puede ser el sacerdote confesor, una religiosa, un padre de familia o una catequista que tengan una profunda experiencia de Dios. Os aliento, además, a plantearos la conveniencia de formaros en acompañamiento personal y a estar disponibles para acompañar.
Las reuniones de grupo son importantes, pero necesitamos espacios en los que poder hablar de corazón a corazón, con total transparencia y sin miedo a ser juzgados. El tiempo empleado en el acompañamiento no es un gasto superfluo, sino una inversión muy rentable, en nuestro desarrollo personal, espiritual y apostólico.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 19 de enero de 2025
«Gitanas y gitanos, ¡estáis en el corazón de la Iglesia!»
Hace 600 años, el 12 de enero de 1425, durante el reinado de Alfonso V de Aragón, el gitano Juan, Duque de Egipto Menor, recibió un salvoconducto que le permitía el paso por los territorios de la Corona de Aragón. Es el testimonio más antiguo de la presencia del pueblo gitano en España.
Al cumplirse esta efeméride, el papa Francisco ha escrito un mensaje al pueblo gitano de nuestro país, muy cariñoso y alentador, en el que mezcla expresiones en castellano propias de los gitanos con otras en lengua romaní, con el deseo de «mostrarles mi afecto, reconocer sus valores y animarlos a afrontar el futuro con esperanza».
El Santo Padre reconoce «la incomprensión, el rechazo y la marginación» que han marcado su historia, así como «el esfuerzo realizado en las últimas décadas por el pueblo gitano, por la Iglesia y por la sociedad española en su conjunto, para emprender un camino nuevo hacia una inclusión respetuosa con vuestras señas de identidad», un empeño que es necesario mantener «porque todavía hay prejuicios que superar y situaciones dolorosas a las que hacer frente».
Francisco, recordando las emocionadas palabras de san Pablo VI, cuando, en el año 1965, dijo a los gitanos de todo el mundo: «Ustedes están en el corazón de la Iglesia», les anima a caminar juntos, en las diócesis y las parroquias, en las cofradías y asociaciones, para que «puedan crecer en su fe cristiana sin renunciar a los mejores valores de su cultura» y, al mismo tiempo, ser discípulos misioneros, «peregrinos de esperanza para tantas personas que han perdido la alegría de vivir».
El papa subraya valores propios del pueblo gitano que son profundamente evangélicos: «el aprecio a las personas mayores y el sentido de familia, que se hace más fuerte en los momentos de dificultad; el cuidado por la creación, representada en su bandera por el azul del cielo y el verde de la tierra; nuestra condición de peregrinos hacia la patria del cielo, simbolizada en la rueda de los carros en los que se desplazaban sus antepasados; la capacidad para mantener la alegría y hacer fiesta aunque haya nubarrones en el horizonte; el significado del trabajo –tantas veces malentendido– como un medio para vivir y no tanto para acumular».
Pido a Dios que, por intercesión de los gitanos beatificados, Ceferino y Emilia, «maestros de fe y de vida para gitanos y payos», el mensaje del papa Francisco ayude al pueblo gitano y a la sociedad española a avanzar en el camino de una inclusión respetuosa, que tanto enriquece a todos; que sea, además, un revulsivo para animar y fortalecer la pastoral gitana en nuestra Iglesia de Teruel y Albarracín, y en todas las diócesis españolas.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 12 de enero de 2025
Subir al tren del Jubileo
Todas las personas necesitamos “momentos especiales”, que vayan más allá del monótono transcurrir de las horas y los días. Si volvemos la mirada a nuestra historia personal, encontraremos acontecimientos y encuentros –algunos con faz dolorosa y otros con rostro amable– que han marcado nuestra forma de pensar, de sentir y de ser. Son tiempos de gracia en los que se percibe la presencia de Dios con especial intensidad; momentos significativos llamados “kairos” en teología, que hemos de aprovechar porque, como decimos en el lenguaje coloquial, “hay que subir al tren cuando pasa”.
Por eso, la Iglesia nos ofrece de tanto en tanto la oportunidad de vivir momentos fuertes de encuentro con el Señor, para reanimar nuestra fe, esperanza y caridad, para reavivar nuestra amistad con Él, abrazarnos a su misericordia y ejercer mejor nuestra misión en el mundo. El Jubileo, que el Papa ha convocado para este año 2025 y que abrimos el pasado 29 de diciembre en nuestra Diócesis, es uno de estos momentos fuertes y privilegiados, para cada creyente y para la comunidad cristiana en su conjunto.
El papa Francisco lo ha convocado bajo el signo de la esperanza, preocupado por la desesperanza que amenaza a nuestro mundo, al hombre y a la mujer de hoy, sacudidos por guerras crueles e interminables, crispación social, corrupción en tantos ámbitos de la sociedad, incoherencias a veces graves en el testimonio de los cristianos, fracasos personales enquistados que no logramos superar, falta de responsabilidad de no pocas personas en el cumplimiento de sus compromisos familiares, laborales y sociales…
Ante este panorama, que no deberíamos negar, podemos caer en el desaliento u olvidarnos de todo e intentar disfrutar lo más posible. Pero también podemos reconocer en la realidad la presencia y la llamada de un Dios bueno que quiere amarnos y salvarnos, amar y sanar el mundo con nuestra colaboración. Por eso, el Papa, a la vez que reclama a la sociedad y a la comunidad internacional signos concretos que inviten a mirar al futuro con confianza, pide a los cristianos que seamos instrumentos visibles de esperanza para los que sufren: los presos, los enfermos, los jóvenes, los ancianos, los migrantes, refugiados y exiliados, los pobres que carecen de lo necesario para vivir, los niños, jóvenes y adultos que no encuentran razones para seguir viviendo.
Aprovechemos decididamente este “kairos”, para avivar y transmitir esperanza, aunque a veces nos parezca imposible. En la apertura del Jubileo en nuestra Diócesis escuchamos testimonios preciosos, en los que pudimos comprobar que siempre hay motivos para mantener la esperanza, incluso cuando una hija cae gravemente enferma o se pierde la libertad al ingresar en un centro penitenciario. Aprovechemos este “kairos”, queridos diocesanos y diocesanas, subamos desde el principio a este tren de gracia, que se llama Jubileo 2025.
domingo, 29 de diciembre de 2024
«Os deseamos esperanza y paz». Carta de los obispos de Aragón con motivo del Año Jubilar 2025
Queridos hermanos y hermanas,
Los obispos de Aragón, en comunión con el papa Francisco, os deseamos esperanza y paz, cuando estamos a punto de comenzar el nuevo año 2025, en el que la Iglesia Católica celebra un jubileo que proviene del Corazón del Redentor, un tiempo de gracia para fortalecer nuestra fe, esperanza y caridad, que deberíamos aprovechar personal y comunitariamente desde su inicio.
En el día primero del año celebraremos la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y, por iniciativa del papa san Pablo VI hace ya 53 años, la Jornada Mundial de la Paz, en esta ocasión con el lema: “Perdona nuestras ofensas, concédenos tu paz”, conforme con la tradición jubilar del Antiguo Testamento. Esta Jornada Mundial nos invita a orar por el don de la paz y al mismo tiempo a convertirnos, para incrementar nuestra responsabilidad personal, cultural y social en favor de la paz. Una conversión que germina en nuestros corazones cuando nos reconocemos hijos perdonados por el Padre y llamados a perdonarnos mutuamente.
De la mano de Santa María, Madre de Dios, pongámonos en camino como peregrinos de esperanza hacia el abrazo con el Dios de la paz, con los hermanos y con la Creación. Dios nos da la paz y cura nuestro desaliento ante el futuro, si tenemos el corazón desarmado, dispuesto a salir al encuentro de los demás, a acoger el perdón y la indulgencia, a estar prontos para perdonar y para mirar a toda persona como un bien para nuestro mundo.
El Jubileo nos impulsa a escuchar el “grito desesperado de auxilio”, que se eleva desde muchas situaciones de explotación de las personas y de la tierra. Dios no deja de escuchar este grito y nos pide que colaboremos para restablecer la justicia. El Papa sugiere tres acciones concretas: reclamar la condonación de la deuda que grava duramente el destino de algunas naciones; la eliminación de la pena de muerte y el respeto a la vida humana en todo su proceso natural; y la constitución de un fondo mundial mediante la aplicación de un porcentaje del gasto en armamento, para destinarlo a eliminar el hambre, a promover la educación y a afrontar el reto del cambio climático.
En cada una de nuestras diócesis se han designado lugares jubilares y se irán desarrollando diversas iniciativas celebrativas, culturales y solidarias, encaminadas a promover la justicia y la reconciliación, a renovar la esperanza y a transmitirla a nuestros hermanos y hermanas, sobre todo a tantos niños, jóvenes y adultos, heridos por la epidemia de desaliento que recorre nuestra sociedad y nuestro mundo. Os animamos a participar y a encomendar los frutos de este año de gracia.
+ Carlos Manuel Escribano Subías, Arzobispo de Zaragoza
+ Vicente Jiménez Zamora, Arzobispo Emérito de Zaragoza
y Administrador Apostólico de Huesca y de Jaca
+ Ángel Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón
+ José Antonio Satué Huerto, Obispo de Teruel y Albarracín
+ Vicente Rebollo Mozos, Obispo de Tarazona
domingo, 22 de diciembre de 2024
El poder escondido de la Navidad
Queridos amigos y amigas turolenses, estamos a punto de celebrar la Navidad; unos con más ilusión, otros con más nostalgia, algunos con indiferencia… Pero tengo la impresión de que, incluso quienes celebramos y vivimos el Nacimiento de Jesucristo, somos poco conscientes del poder que tiene este misterio para transformarnos y transformar el convulso mundo en el que vivimos. ¿Os imagináis qué sucedería si nos dejásemos arrastrar por ese movimiento de Dios, que se acerca a la Humanidad desde la sencillez y la humildad?
Vivimos multiconectados por las redes sociales, pero con frecuencia nuestra comunicación es superficial y nos conocemos más bien poco. Si nos acercásemos a las personas con las que convivimos en la familia, el trabajo y el vecindario, y nos interesásemos de corazón por su situación, seguramente mejorarían nuestras relaciones, porque sabríamos más de los proyectos y problemas que les afectan, podríamos comprendernos mejor y vivir una solidaridad real con los más próximos.
Acercarse a quien piensa diverso tendría un efecto inmediato en la polarización de nuestra sociedad, en la que tanta gente no se limita a criticar razonablemente, sino que descalifica a quienes tienen otra ideología, otro credo u otros puntos de vista. Todos lamentamos esa polarización, pero ¿cuántos hacemos algo para evitarla? Por eso, os invito a recordar estos días a los magos de Oriente, que representan a diversas culturas que se unen en la búsqueda de la Verdad. También nosotros podríamos unirnos, aunque seamos distintos y pensemos de manera diferente, para buscar el bien común, la promoción humana, la libertad y el derecho a una vida pacífica y plena en todos los pueblos.
También sería beneficioso para este mundo que la Navidad nos impulsara a acercarnos a quienes están mal vistos y sufren las consecuencias de tantas pobrezas. Nos ayudaría a valorar lo que tenemos y tan pocas veces agradecemos, a apreciar la riqueza interior de cada persona, a darnos cuenta de que, aun en las peores situaciones, hay motivos para mirar al futuro con esperanza. Así sucedió hace 2000 años en Belén. Los primeros que gozaron la cercanía de Dios fueron los últimos de aquella sociedad: los pastores, apostados en las periferias, gente pobre y con un oficio considerado impuro.
Sí, amigas y amigos turolenses, en Navidad celebramos que Dios se ha acercado definitivamente a nuestro mundo y a cada persona; a ti y a mí, sea cual sea nuestra situación particular. Dejémonos encontrar por este Dios, que, en el llanto de un niño nacido en un establo, pronunció el más hermoso sermón, anunciando que él es “Emmanuel”, es decir, Dios-con nosotros. Impulsados por esta pasión divina, acerquémonos unos a otros al estilo de Dios: con humildad, respeto y compasión; para gozar y transmitir el poder escondido de la Navidad.
Recibid un saludo muy cordial, vosotros y vuestras familias, en el Señor.
domingo, 15 de diciembre de 2024
Embarazarnos de Dios
Cada día que pasa nos acercamos un poco más a la fiesta de la Navidad, y esta fiesta nos invita a recordar lo que sucedió en Belén hace dos mil años, pero sobre todo nos llama a despertar y vivir la aventura de acoger a Dios, como hizo María, a dejarnos embarazar por Él, para darlo a luz ahora y aquí.
En este misterio de la Encarnación continuada de Dios en nuestra historia, es más importante lo que Él hace que lo que nosotros podemos hacer. Basta que lo dejemos entrar en nuestra vida y, a pesar de nuestras pobrezas, seamos establos cálidos y acogedores, como aquel en el que José encontró refugio cuando le llegó a María el momento del parto. El exegeta Heinz Schürmann ha escrito que el «Hágase en mí según tu palabra», que María había dicho al ángel con los labios y el corazón, representa «el ápice de todo comportamiento religioso ante Dios, ya que ella expresó, de la manera más elevada, la disponibilidad pasiva combinada con la disponibilidad activa, el vacío más profundo que acompaña a la mayor plenitud».
Las madres saben bien que el embarazo es una aventura. Su bebé, a medida que va creciendo, transforma su cuerpo y su ánimo, sus pensamientos y deseos, sin que ellas puedan controlar apenas su proceso de gestación. Dejarse embarazar por Dios es también una aventura para nosotros, los creyentes, porque Él transforma nuestro ser y nos conduce por caminos desconocidos, en los que tal vez nos encontremos perdidos, pues la tierra que pisamos nos es desconocida y no disponemos de un mapa ni de un plan que nos ayuden a sentirnos seguros. Pero es entonces cuando se abren paso las mismas palabras de Dios que serenaron el corazón de la Virgen Madre: «No temas… El Señor está contigo», y así podemos seguir confiando.
¿Cómo podemos nosotros vivir esta aventura? Es indispensable dejar a un lado la prisa y el ruido, que tanto aturden, y darse cuenta de que es Dios quien está llamando en la puerta de nuestro corazón, como en una nueva anunciación. Dios viene casi siempre por caminos insospechados: en ese compañero de trabajo que nos necesita, en esa nueva amiga que te acoge y anima, en ese libro que ilumina tu vida, en esos momentos de silencio y oración que te serenan, en esa cruz que abrazas por amor aunque te duela, en la enfermedad o en la vejez que te paralizan, en esos deseos de vida plena que orientan tus pasos…
Queridos hermanos y hermanas de Teruel y Albarracín, ¿estamos despiertos y atentos para descubrir a Dios donde él quiera alcanzarnos?, ¿estamos dispuestos a acogerlo con confianza, aunque no podamos controlar lo que sucederá en nuestra vida? Sólo así podremos ofrecerlo como una luz nueva a nuestras familias, a los hermanos y hermanas de comunidad, al mundo entero.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
domingo, 8 de diciembre de 2024
Toda belleza
Hace años, celebrando una misa de la Inmaculada con chavales de primera comunión, les mostré tres cartulinas: la primera estaba sucia, y no les gustó; la segunda era totalmente blanca, y la escogieron frente a la primera; la tercera tenía un dibujo lleno de colores, y les encantó. Ellos mismos cayeron en la cuenta de que todos preferimos la limpieza a la suciedad, y la belleza al vacío.
Si hablamos de la naturaleza, de la sociedad, de las calles de nuestro pueblo, de nuestra casa o de nuestra propia apariencia, es evidente que nos entristece la contaminación, la injusticia, la suciedad, el barullo y la dejadez; en cambio, nos alegra la belleza, la fraternidad, la limpieza, la serenidad y el cuidado. Aunque tengamos gustos diferentes, ¿quién no disfruta de un hermoso atardecer, de una noche estrellada y de la majestuosidad de las montañas?, ¿quién no se queda admirado ante las torres mudéjares de nuestra ciudad?, ¿quién no goza con la armonía de una buena música?
En las relaciones humanas, preferimos a las personas de mirada limpia, de palabras amables, de gestos cariñosos, de apariencia cuidada… Hay una belleza más oculta, pero también evidente en las miradas de algunas personas, que transmiten espontáneamente la bondad, la paz y el amor que llevan en el corazón, aunque tengan sus ojos cansados y sus rostros envejecidos.
Sin embargo, nos cuesta aplicarnos estas consideraciones a nosotros mismos. De hecho, jugueteamos con el pecado como si no tuviera consecuencias sobre nosotros y sobre los demás, olvidamos que la vocación universal a la santidad se dirige a cada uno de nosotros, y nos conformamos con evitar el pecado, pero no nos empeñamos en llenar nuestra vida de sabiduría, de belleza y de amor.
Con la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, la Iglesia nos invita a mirar a la “Toda Bella”, a la “Llena de Gracia”. Contemplemos, hermanas y hermanos, a María, la madre de Jesús y madre nuestra. María fue “inmaculada”, es decir, sin pecado alguno desde su concepción. No conoció los pensamientos torcidos que tantas veces se agazapan en nuestros corazones; no salieron de su boca las palabras hirientes que en ocasiones acuden a nuestros labios; no supo hacer otra cosa que amar a Dios, a su Hijo Jesucristo y a nosotros, sus hijos e hijas por deseo del Señor. María es hermosa porque es santa y siempre estuvo llena de Dios. En verdad que el Señor ha hecho maravillas en ella, prendado de su humilde disponibilidad.
Disfrutemos de su belleza interior para que, gracias a su ejemplo y con su ayuda, podamos ser cada día personas más limpias y santas, más bellas por dentro y por fuera. En los verdaderos discípulos de Cristo, la belleza y la santidad van siempre de la mano.
Recibid un saludo muy cordial en el Señor.
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