domingo, 26 de octubre de 2025

Sin hogar pero con sueños


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

El acceso a una vivienda digna se ha convertido en un problema gravísimo para muchas personas y familias. Hace poco, un profesor universitario me confesaba que, pese a contar con un salario estable, había renunciado al sueño –largamente acariciado– de adquirir una vivienda. Del mismo modo, una amiga compartía su angustia al no encontrar un piso cuyo alquiler no superara su sueldo mensual. Si esta es la realidad de muchos que llevan una vida aparentemente “normalizada”, ¿cómo será entonces la de tantos hermanos y hermanas empobrecidos? El director de Cáritas Málaga contaba su encuentro con una persona conocida que quedó en la calle, a raíz de una enfermedad: la invitó a tomar un café y esta rechazó la propuesta, diciendo: «Gracias, pero no quiero que me veas así».

Cáritas nos invita a mirar con profundidad y ternura la realidad de quienes habitan nuestras calles. Son hombres y mujeres con historias, vínculos, emociones y sueños silenciados: personas que, a pesar de trabajar, no pueden acceder a una vivienda; jóvenes extutelados que, al alcanzar la mayoría de edad, se enfrentan a la exclusión; migrantes, víctimas de violencia, mayores sin red familiar, personas con problemas de salud mental o adicciones… En 2024, Cáritas acompañó a 917 personas sin hogar en Málaga y Melilla, y constató cómo el “sinhogarismo” se prolonga en el tiempo: el 13% lleva más de cinco años viviendo en la calle. Esta situación no supone solo un problema de pobreza material; significa no tener acceso a salud, protección social y participación comunitaria. De hecho, el 52,7% de las personas sin hogar en Málaga no están empadronadas, lo que les impide acceder a prestaciones básicas.

La fe nos impulsa a transformar la realidad desde el amor y la justicia. Por ello, como Iglesia, además de exigir a las administraciones políticas eficaces que garanticen el derecho a la vivienda para los jóvenes y sus familias, nos unimos a las propuestas de Cáritas para aliviar el dolor de quienes viven en la calle: facilitar el empadronamiento incluso en ausencia de techo; crear recursos para familias con menores; garantizar atención a solicitantes de protección internacional; ampliar el Programa +18; mejorar la atención en salud mental; asegurar recursos tras altas hospitalarias; reforzar los servicios sociales, coordinar administraciones y establecer mecanismos de participación para las personas sin hogar.

No basta con ofrecer asistencia: debemos abrir caminos de inclusión, donde cada persona pueda desarrollar su proyecto de vida. ¡Ojalá nuestras comunidades cristianas puedan ofrecer a tantas personas sin hogar el cariño y, cuando sea posible, el techo que precisan! Que el Espíritu nos mueva a la compasión activa, al compromiso concreto y a la esperanza compartida; porque nadie debería vivir sin hogar y todos los hombres y mujeres merecen vivir con dignidad.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 19 de octubre de 2025

Por los pobres y con los pobres


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

«No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico». Con esta claridad nos lo recuerda León XIV en su primera Exhortación Apostólica (n. 15), cuyo texto fue iniciado por el papa Francisco. Su título Dilexi te (Te he amado) es una expresión tomada de una declaración de amor del Señor, dirigida a una comunidad pobre y al límite de sus fuerzas: la iglesia de Filadelfia del Apocalipsis.

El Santo Padre nos invita a reconocer las múltiples formas de pobreza que hoy nos interpelan: material, social, moral… (n. 9). Nos llama a contemplar a Jesucristo, que se hace pobre y se acerca a los pobres como su Mesías, comprometido con el desarrollo humano integral de los últimos (n. 19). La Exhortación realiza un recorrido histórico que parte de la Sagrada Escritura (nn. 24–34) y se enriquece con referencias a los Santos Padres (nn. 39–48), para mostrar que los pobres han estado —y deben seguir estando— en el centro de la acción de la Iglesia: «El cuidado de los pobres forma parte de la gran tradición de la Iglesia, como un faro de luz que, desde el Evangelio, ha iluminado los corazones y los pasos de los cristianos a lo largo de la historia» (n. 103). La Doctrina Social de la Iglesia da testimonio de esta preocupación (cap. IV).

El amor concreto a los pobres remite a lo esencial de nuestra fe. No podemos, por tanto, delegar su atención exclusivamente en Cáritas ni en otros cristianos “especializados” en la solidaridad. Cada creyente y cada comunidad cristiana estamos llamados a manifestar un amor real y tangible hacia quienes más sufren, pues ellos son la misma carne de Cristo. No deberíamos percibirlos «como un problema social, sino como un “asunto familiar”, son “uno de los nuestros”» (n. 104). Las palabras de la parábola del Buen Samaritano: “Ve, y haz tú lo mismo”, constituyen un mandato en nuestra vida cotidiana (n. 105-107). La Exhortación invita a un trabajo inteligente para transformar las estructuras injustas, reivindica el valor de las obras de misericordia y el hondo sabor evangélico de la limosna (cap. V). Con gestos de ayuda personal, el pobre podrá sentir en su corazón las palabras del Señor: Dilexi te (Yo te he amado).

Os exhorto a conocer el documento, a trabajarlo con entusiasmo en los grupos, a hacerlo vida en nuestras comunidades y a convertirlo en luz que alumbre nuestro trabajo pastoral «por los pobres y con los pobres» (n.3); para que —como ha señalado el mismo papa León— «ayude a la Iglesia a servir a los pobres y ayude a acercar a los pobres a Cristo».

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 12 de octubre de 2025

Ser Madre y pilar


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

La fiesta de la Virgen del Pilar nos despierta sentimientos de viva gratitud, al contemplar a Santa María, la madre de Jesús, como columna sobre la que se hizo firme la fe y la esperanza de la primera comunidad cristiana. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos la presenta orando con los Doce, mientras esperaban al Espíritu Santo, y una venerable tradición afirma que se apareció a Santiago sobre un pilar sagrado, que se ha convertido en símbolo de la Madre acompañando los primeros pasos de la Iglesia en España. Ella, como buena madre, nos sigue acogiendo, cuidando y dando vida; en ella encontramos unidas la firmeza y la ternura, la convicción y la compasión.

Pero Santa María del Pilar no es sólo una entrañable imagen de María; es también la actitud espiritual y la vocación propia de cuantos deseamos seguir a Cristo. Santa María del Pilar suscita en nosotros la llamada a sostener, acompañar y fortalecer la fe de nuestros hermanos.

Los pilares de nuestra vida

Por eso, en esta fiesta vienen a mi memoria las personas que han sido verdaderos pilares en los que se ha sostenido mi vida y mi fe; personas que han estado junto a mí, como María, en los momentos de duda, en las alegrías y en los tiempos de búsqueda: padres y amigos, sacerdotes y religiosas, grupos y comunidades; en definitiva, tantos hombres y mujeres que, con su fe sencilla, profunda y comprometida, han dejado una huella imborrable en mi historia espiritual. A todos ellos no puedo menos de manifestar mi más sincera y profunda gratitud.

Esta carta quiere ser una insistente invitación a asumir una doble llamada: ser pilar que sostiene y ser madre que engendra a la fe. Somos pilar, aunque no tengamos todas las respuestas, porque intentamos sostener con firmeza, testimoniar la fe con humildad e inspirar otro modo de vivir. Y somos madre en cuanto generamos vida, abrimos caminos y abrazamos con misericordia.

En este mundo que tantas veces se tambalea y fragmenta, dejemos atrás las actitudes características de la adolescencia, centradas únicamente en las propias necesidades, problemas y aspiraciones. Aunque siempre seremos hijos e hijas que necesitan la firmeza de un pilar y el cariño de una madre, asumamos el desafío de convertirnos en pilares y madres, que miren con ternura, escuchen con paciencia, acompañen sin juzgar y arrimen el hombro; que sean, en definitiva, hogar acogedor y espacio de encuentro con Dios.

Que cada catequista, cada voluntario, cada cofrade y cada militante cristiano se dé cuenta de que su entrega y su presencia son necesarias, de que su fe es luz para otros. Con cada gesto de servicio, con cada palabra compartida, con cada oración silenciosa, seamos pilares y madres para quienes nos rodean.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 5 de octubre de 2025

Migrantes, ¿miedo o esperanza?


Queridos diocesanos, amigas y amigos de Málaga y Melilla:

Hablar hoy sobre migraciones no es tarea sencilla, pues la durísima situación que viven tantas personas es utilizada como munición para el enfrentamiento político. Sea como sea, no podemos permanecer indiferentes ante una realidad creciente; por la llegada de personas de otros países y por el fuerte descenso de la natalidad entre las familias españolas. Si observamos nuestro entorno, advertiremos que disminuye el número de españoles trabajando en hostelería, construcción, agricultura, limpieza y cuidado de mayores. Esta situación está especialmente presente en la provincia de Málaga y en Melilla. Además, en nuestras comunidades parroquiales y en Cáritas aumenta el número de inmigrantes que colaboran activamente.

Es cierto que en ocasiones la integración resulta compleja, y que una minoría muy reducida de inmigrantes puede generar violencia, que debe ser abordada con los medios que la ley prevé. Sin embargo, lo que aúna a la inmensa mayoría es su firme voluntad de ofrecer un futuro mejor a sus familias, enfrentándose a enormes problemas. La creciente dificultad de acceso a la vivienda está empobreciendo a muchos malagueños, que también se ven obligados a dejar su entorno vital, y provocando situaciones muy dolorosas de hacinamiento y de “sinhogarismo” entre la población migrante. Tampoco podemos obviar los abusos laborales, los inciertos procesos de regularización, la explotación sexual o la violencia contra la mujer.

Ante tanto sufrimiento, cabe preguntarse qué estamos haciendo en nuestros pueblos y ciudades. Al redactar esta carta, he tomado conciencia de la generosidad de muchas parroquias y hermandades que ceden espacios para charlas formativas y talleres ocupacionales dirigidos a inmigrantes. Cáritas Diocesana y las Cáritas parroquiales acompañan a estas personas en sus momentos más difíciles, brindándoles apoyo económico, emocional y educativo. También son numerosas las iniciativas promovidas por comunidades religiosas y asociaciones de apostolado seglar. La Delegación de Migraciones, por su parte, participa activamente en la Plataforma de Solidaridad con los Inmigrantes y en los Círculos de Silencio, organizados para romper las dinámicas que pretenden criminalizar a los migrantes.

Sé que se está haciendo mucho en Málaga y Melilla, pero no podemos conformarnos. Sigamos trabajando para superar actitudes utilitaristas, que sólo valoran a los migrantes en cuanto que nos vienen bien para realizar determinados trabajos y colaborar en el pago de las pensiones. Practiquemos los cuatro verbos que tantas veces repitió el papa Francisco para abordar la migración: acoger, proteger, promover e integrar. Atendamos la invitación del papa León XIV a recibir a las personas migrantes «como una verdadera bendición divina, una oportunidad para abrirse a la gracia de Dios, que da nueva energía y esperanza a su Iglesia». Que María, consuelo de los migrantes, nos guíe –a cada creyente, a las comunidades y a toda la Diócesis de Málaga– en el compromiso de construir comunidades que sean casas y escuelas de la “cultura del encuentro”, en las que ninguna persona se sienta extranjera, donde todos los hombres y mujeres podamos vivir en fraternidad.

domingo, 28 de septiembre de 2025

Santa María de la Victoria


Queridos diocesanos, amigas y amigos de Málaga y Melilla:

Durante cuatro años he compartido semanalmente una “Carta desde la fe” con los turolenses. A partir de hoy me dirijo a vosotros. Comienzo esta nueva etapa de la mano de la Virgen María, a la que honramos con la bella y sugerente advocación de la Victoria, en recuerdo del triunfo de los Reyes Católicos que supuso la reconquista de estas tierras hace cinco siglos. Con María, queremos ampliar el horizonte y aprender el auténtico sentido de la victoria cristiana, capaz de iluminar nuestro presente y orientar nuestro futuro.

El icono que revela el significado más profundo de la victoria no es otro que la cruz. En el Calvario nada es lo que parece. A los ojos del mundo, Jesús fue derrotado definitivamente. Sin embargo, ante la mirada de su Padre, Él es el auténtico vencedor, porque nada ni nadie pudo apartarlo de su amor y del amor a la humanidad.

En efecto, en la cruz triunfa la verdad insobornable de Jesús, que no mintió ni siquiera para evitar la pasión y la muerte. En ella, el inocente carga con el pecado del mundo, no para condenar, sino para redimir; para enseñarnos que la verdadera justicia consiste en defender al débil, levantar al caído y restaurar la dignidad de cada persona. La cruz manifiesta la libertad más grande: aquella que elige entregarse y no reservarse. Es una libertad liberadora de las cadenas del pecado, del miedo, de la muerte y de todo aquello que nos esclaviza.

Desde el Calvario brota un amor que vence la indiferencia y el egoísmo. Incluso en su agonía, Jesús se preocupa por su madre, por el discípulo, por el buen ladrón y por quienes lo crucifican. No se guarda nada: se entrega por entero. En un mundo que tiende a encerrarse en sí mismo, Cristo nos revela que no hay circunstancia en la que no sea posible amar.

Del mismo modo, nosotros vencemos cuando, con la ayuda de Dios, resistimos las tentaciones del enemigo y avanzamos con firmeza, tanto en las pequeñas como en las grandes decisiones de la vida, por la senda luminosa de la verdad, la justicia, la libertad y el amor. En cambio, nos convertimos en seres miserables cuando, aunque parezcamos personas importantes, en realidad andamos chapoteando en las aguas turbias de la mentira, la injusticia, la esclavitud y el desamor.

La victoria sobre la tiranía de lo inmediato nos abre un horizonte de eternidad. Algún día, la victoria será definitiva. En la casa del Padre disfrutaremos plenamente de la verdad, la justicia, la libertad y el amor, sin sombra alguna de contradicción.

Que la Virgen de la Victoria interceda por nosotros, para que sepamos vencer como Jesús y con Jesús. Esta es la única victoria que transforma el corazón humano y renueva el mundo.

domingo, 7 de septiembre de 2025

Perdón, gracias y adelante


Queridos hermanos y hermanas, al concluir mi servicio como Obispo de Teruel y Albarracín, renuevo mi petición de perdón por aquellas ocasiones en las que no supe estar a la altura de la llamada del Espíritu ni de vuestra generosidad. Pido perdón especialmente a quienes haya herido con mis palabras, actitudes y silencios.

Estos días, al hacer balance, me ha pesado en la conciencia haber priorizado, en demasiadas ocasiones, el trabajo de despacho por encima de la presencia en parroquias, grupos y encuentros. Me ha faltado tiempo para compartir oración, proyectos, risas, preocupaciones y esperanzas; para asomarme y comprometerme con vosotros, desde la Iglesia, en la realidad social de esta tierra, tan bonita, tan olvidada por muchos y tan necesitada de personas e instituciones que apuesten decididamente por ella. También en esto me he quedado corto y pido perdón.

Con espíritu sincero de humildad, alabemos al Señor, fuente de todo bien, por lo que hemos podido construir juntos en estos cuatro años; gracias a los talentos que Él ha sembrado en cada bautizado y bautizada; gracias a tantas generaciones de creyentes que nos han precedido con el signo luminoso de la fe y la caridad; y gracias al tsunami de esperanza evangélica que ha despertado el pontificado de Francisco, junto con los primeros compases de León en la sede de Pedro.

Damos gracias por el proceso sinodal que culminó en la redacción y publicación del Plan Pastoral; por las asambleas diocesanas, donde tantas personas —especialmente de nuestros pueblos— nos hemos sentido piedras vivas de este templo espiritual que es la Diócesis de Teruel y Albarracín. Gracias por cada esfuerzo orientado a avanzar en sinodalidad, renovar la formación de niños, jóvenes y familias en parroquias y colegios, impulsar la acción social en nuestras comunidades y acercarnos a las personas que sufren y a quienes se sienten lejos de la Iglesia. Gracias por el trabajo realizado para asegurar la viabilidad económica de nuestra Iglesia y por los intentos —aún no consolidados— para fortalecer la vitalidad de las Unidades Pastorales y sus Equipos. Gracias por proyectos tan significativos como Repara y el Centro de Escucha Esperanza, que se ha ido definiendo en el último año.

Y finalmente, con todo cariño me permito deciros que no puede paralizaros el hecho de que los últimos obispos de Teruel y Albarracín hayamos permanecido poco tiempo al frente de la Diócesis. A pesar de las dificultades que esta situación produce, hay motivos sobrados para seguir desarrollando nuestro sugerente Plan Pastoral 2023-2028. Es más, esta situación puede suponer una oportunidad para que todo el Pueblo de Dios –sacerdotes, laicas y laicos, religiosas y religiosos– asumáis con mayor responsabilidad la misión que el Señor os confía; como sucede en tantas familias que, cuando falta el padre o la madre, los hijos se crecen, se unen y se ponen en marcha.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 27 de julio de 2025

Los tres milagros de Lourdes


Un año más la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de Teruel y Albarracín ha promovido la peregrinación a Lourdes con enfermos de nuestra diócesis. También ha participado un grupo de internos de la cárcel de Teruel en la peregrinación organizada por la Hospitalidad de Zaragoza, en calidad de voluntarios. Unidos a hombres y mujeres del mundo entero, han vuelto del Santuario con el corazón lleno de esperanza. Allí, muchos piden a la Virgen la curación de sus enfermedades físicas y algunos la obtienen, pues la gracia de Dios también se manifiesta en la salud de nuestros cuerpos. Pero hay otros milagros, menos llamativos, más profundos y frecuentes, que transforman la vida desde lo más íntimo del alma.

Uno de ellos es hacernos capaces de aceptar la debilidad. En Lourdes, los enfermos se sienten acogidos, no como personas rotas sino como hijos amados de Dios, y descubren que su fragilidad no les impide ayudar a los demás y los acerca al encuentro con Dios. La mirada de la Virgen les ayuda a superar su lucha diaria con la enfermedad y a atreverse a entregarla en oración, reconociendo, como San Pablo, que en la debilidad se manifiesta la fuerza de Dios, que libera, sana y abre el corazón a una paz desconocida.

También se manifiesta en Lourdes el milagro de la solidaridad. Este bendito Santuario se convierte en un lugar donde jóvenes, adultos, ancianos e incluso personas privadas de libertad se hacen servidores de otras personas más débiles que ellos. Voluntarios que con ternura empujan las sillas de ruedas, enfermos que cuidan a otros enfermos, manos que se extienden sin hacer preguntas… Los internos de la cárcel de Teruel comentaban: “Era un evento tras otro. No parábamos. Pero te metes tanto en el papel, que te olvidas de ti. Ellos pasan a ser tu preocupación principal”. Este milagro nos recuerda que servir al otro es dejar que Cristo ame a través de cada uno de nosotros y que Él nos salve por medio de los que tienen más limitaciones.

Por último, se evidencia el milagro que más nos transforma: el de la reconciliación. En este Santuario, muchos corazones vuelven a encontrarse con el Señor después de haberse distanciado de Él durante años. El Sacramento de la Reconciliación se vive como un abrazo de misericordia y como una luz que penetra la oscuridad del alma. ¡Cuántas lágrimas sinceras han brotado de quienes, tras confesar sus pecados, se sienten profundamente renovados y amados! Este encuentro íntimo con Dios es, sin duda, una curación del espíritu que supera cualquier milagro físico.

Querida comunidad diocesana: Lourdes nos recuerda que el mayor milagro es esa transformación interior que permite vivir el sufrimiento con sentido, con amor y con fe.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

Misión Diocesana: una Iglesia sinodal en misión

Juan Manuel Barreiro, misionero malagueño en Venezuela, bautizando a un niño Queridos hermanos y hermanas: Cada año nuestra diócesis dirig...