miércoles, 28 de octubre de 2026

Santidad alegre y comprometida


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

La solemnidad de Todos los Santos nos invita a contemplar a tantos hombres y mujeres que han alcanzado la plenitud de la vida en Dios. Al celebrar esta fiesta, quisiera que nos preguntáramos qué imagen de santidad llevamos dentro. A veces la hemos asociado a personas alejadas de los problemas del mundo y con un rostro serio. Pero ¿es esta la santidad a la que nos llama Jesús?

El Evangelio nos presenta otro horizonte: la santidad no nos aparta de la vida, sino que nos hace vivirla con más amor, esperanza y gozo. Para redescubrir esta llamada, propongo tres palabras: Gracia, comunidad y alegría.

1. Gracia: la santidad comienza en Dios

La santidad no comienza en nuestros esfuerzos, sino en el amor de Dios, que nos precede, nos sostiene y nos transforma. Como recuerda el papa León, la santidad, «en vano buscada con esfuerzos aislados, se revelará por lo que es: correspondencia a la Gracia que nos precede, nos sostiene y nos transfigura» (En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, 12 de junio de 2026).

Esto no significa que nuestros esfuerzos sean innecesarios, sino que nacen de una respuesta agradecida al amor recibido. Ser santo no consiste en aparentar perfección, sino en dejar que Dios nos enseñe a aceptar nuestra fragilidad, purifique nuestro corazón y nos ayude a comenzar de nuevo.

2. Comunidad: nadie se santifica en soledad

El papa Francisco nos advirtió: «Es tal el bombardeo que nos seduce que, si estamos demasiado solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad y la claridad interior, y sucumbimos. La santificación es un camino comunitario, de dos en dos. Así lo reflejan algunas comunidades santas» (Gaudete et exsultate, 140-141)

Los demás nos ayudan a crecer, nos corrigen, nos sostienen y nos enseñan a amar más allá de nuestras preferencias. Por eso necesitamos parroquias y comunidades abiertas, capaces de acoger al que llega y de acompañarlo en su camino particular de santidad.

3. Alegría: la dicha de las bienaventuranzas

La santidad tampoco es una vida apagada, marcada por la tristeza o la renuncia permanente. Francisco recuerda que «feliz» o «bienaventurado» llega a ser sinónimo de «santo», porque quien vive la Palabra de Dios encuentra, en la entrega de sí, la verdadera dicha (cf. Gaudete et exsultate, 64).

Las bienaventuranzas nos descubren una alegría distinta de la que propone el mundo: no nace del éxito o del reconocimiento, sino del amor, la misericordia, la justicia y la entrega. No ignora el sufrimiento, pero confía en que ni siquiera la cruz tiene la última palabra.

Queridos hermanos, pidamos que nuestra Iglesia de Málaga sea una comunidad que viva de la Gracia, camine unida y transmita la alegría del Evangelio. Que María, Reina de Todos los Santos, nos ayude a vivir una santidad alegre y comprometida.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Romper la soledad no deseada


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

Durante este mes de octubre, la Orden de San Juan de Dios, junto a otras organizaciones eclesiales y civiles, impulsa la Semana contra la Soledad no Deseada. Se trata de una forma de pobreza silenciosa que está presente tanto en las casas de los pueblos más pequeños como en los apartamentos anónimos de los grandes núcleos urbanos. Detrás de muchas puertas cerradas hay personas mayores que ven pasar los días sin que nadie pronuncie su nombre; jóvenes que, pese a estar permanentemente conectados a través de las pantallas, se sienten aislados, y personas en situación de vulnerabilidad que sufren de manera especial esta realidad.

Al conocer esta iniciativa, he recordado a una señora de mi primera parroquia. Los domingos iba a llevarle la comunión y ella hacía todo lo posible por alargar mi visita. Tenía una razón muy sencilla, que me repetía con frecuencia: «No he podido hablar con nadie en toda la semana». ¡Qué experiencia tan terrible!

El papa Francisco, en su encíclica Fratelli tutti, señaló con claridad la raíz de este drama contemporáneo: «Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia» (FT 12). Esta denuncia resuena hoy en nuestro corazón. No podemos acostumbrarnos a considerar normal que tantas personas vivan en soledad, ni permanecer indiferentes ante el dolor que provoca el aislamiento.

Aprovechemos, por tanto, esta semana para reconocer y hablar de esta realidad, para tomar conciencia de que muchas personas no pueden romper por sí mismas las barreras del aislamiento. Acerquémonos a ellas con empatía y con esa mirada creyente que nos permite reconocer en cada persona el rostro de Cristo. Preguntémonos qué podemos hacer y aportemos nuestro granito de arena desde el compromiso personal, familiar y comunitario. Os invito, en concreto, a conocer y participar en las actividades organizadas durante esta semana.

Las Cáritas parroquiales pueden encontrar aquí un compromiso muy sencillo y eficaz: acompañar a las personas que sufren soledad no deseada con una llamada, una visita o una invitación a participar en alguna actividad de la comunidad. No siempre hacen falta grandes estructuras ni recursos extraordinarios. El amor cristiano se concreta, muchas veces, en pequeños gestos de cercanía cotidiana: regalar nuestro tiempo, escuchar con atención y hacer sentir al otro que su vida nos importa.

Por eso, invito a todos —sacerdotes, religiosos y laicos— a impulsar una verdadera pastoral de la escucha. Una pastoral “en salida” que nos ayude a estar atentos a quienes viven solos, a detectar a tiempo las situaciones de aislamiento y a promover los recursos necesarios para prevenirlas y acompañarlas. Hagamos de nuestras parroquias verdaderos hogares de acogida donde nadie se sienta extraño ni olvidado.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

martes, 13 de octubre de 2026

100 años después


Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

Cada tercer domingo de octubre, la Iglesia alza la mirada para contemplar su universalidad y dar gracias a Dios por tantos misioneros y misioneras que dejan el calor de la propia comunidad para salir a predicar el evangelio a quienes aún no lo conocen, constituyendo nuevas comunidades y fortaleciendo su fe en circunstancias adversas. En este año 2026 se cumple el centenario del DOMUND (DOmingo MUNDial de las misiones). Os invito a visitar la web: www.domund100.es.

En esta ocasión, el Papa nos ha regalado un lema sugerente: “Uno en Cristo, unidos en la misión”. Es un toque a nuestro corazón, que podría concretarse en tres llamadas:

1. Unidos en Cristo. Esta Jornada del DOMUND nos invita a reconocernos como una única Iglesia, un solo pueblo que camina unido en todos los rincones de la tierra. Nos llama a mantener siempre la mirada fija en el Señor, a escuchar su Palabra y alimentarnos en sus sacramentos, para que Él sea verdaderamente el centro de nuestra vida personal y comunitaria.

2. Unidos en la misión. León XIV nos alienta: «ningún bautizado es ajeno o indiferente a la misión; todos, cada uno según su vocación y condición de vida, participan en la gran obra que Cristo confía a su Iglesia». Cada uno de nosotros estamos llamados a ser discípulos misioneros, para que Jesucristo sea conocido y amado por toda la humanidad: el enfermo que ofrece sus sufrimientos, la oración de las religiosas de clausura, la generosidad de los jóvenes, la candidez de la oración de los niños, los misioneros y misioneras que partieron para predicar el Evangelio en lugares lejanos.

3. Unidos en el amor. Señala el Papa: «Si la unidad es la condición de la misión, el amor es su esencia... La misión de los discípulos y de toda la Iglesia es la prolongación, en el Espíritu Santo, de la misión de Cristo; una misión que nace del amor, se vive en el amor y conduce al amor». Este amor llevó a san Pablo a gritar: «¡Ay de mí, sino evangelizare!» (1Cor 9,16). Os invito a recordar en esta Jornada a tantos misioneros y misioneras que nos muestran que el amor de Dios es más fuerte que cualquier barrera.

Nuestras parroquias manifiestan año tras año su solidaridad en el Domund. La colecta del año pasado superó los 265.000 euros. Quiero agradeceros vuestra colaboración, así como la labor de animación misionera que realiza la Delegación Diocesana de Misiones. Esta generosidad se expresa también en el envío misionero de sacerdotes y seglares que han dejado su comodidad para llevar el Evangelio a tierras lejanas y pueblos remotos que aún no conocen a Cristo. Al mismo tiempo, nuestra Diócesis ha recibido sacerdotes y seglares de otros pueblos, lenguas y razas, mostrándonos la universalidad del Evangelio.

Un saludo muy cordial en el Señor.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Estudiar Teología

Clase del CESET Málaga

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

Recientemente ha comenzado el curso 2026-2027 en los centros teológicos de nuestra diócesis: el Centro Superior de Estudios Teológicos y el Instituto de Ciencias Religiosas, en los que se pueden obtener titulaciones de Grado y Máster; y la Escuela San Manuel González, con diversas sedes en el territorio, que ofrece una sólida iniciación a la teología.

Quisiera, ante todo, expresar mi admiración y mi gratitud a quienes dedicáis vuestro tiempo a enseñar teología o a aprenderla. Hay que reconocer que, en medio de otras responsabilidades pastorales, laborales y familiares, no es fácil reservar un tiempo de calidad a esta tarea. Digo deliberadamente «de calidad», porque el estudio de la teología reclama presencia, silencio y perseverancia.

Valoro especialmente la opción de tantos alumnos que, pudiendo elegir otras formas de estudio, eligen nuestros centros teológicos. En ellos enseñan sacerdotes y laicos, con formaciones y experiencias pastorales diversas, a un alumnado procedente de ámbitos muy diversos de la vida diocesana. El encuentro, la conversación y la reflexión compartida hacen de estos centros un lugar privilegiado para sentirnos parte de esa red diversa y unida que constituye la Iglesia que peregrina en Málaga y Melilla.

Pero ¿qué significa, en el fondo, estudiar teología? Significa responder a una pregunta que el mismo Jesús dirige a sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mc 8,29). El estudio de la teología no consiste simplemente en adquirir conocimientos, sino en buscar honestamente la verdad. Esta búsqueda tiene un rostro y un nombre: Jesucristo. Por eso, la primera responsabilidad de profesores y alumnos es profundizar en el conocimiento de Cristo. Esta sabiduría ensancha la razón, fortalece la fe y nos capacita para servir mejor a la Iglesia y al mundo.

Precisamente por eso, vuestra dedicación al estudio constituye también un servicio a la diócesis. Vivimos un momento muy significativo en nuestra Iglesia de Málaga y Melilla, llamada a avanzar en la conversión sinodal y a elaborar un nuevo plan pastoral, teniendo en cuenta los desafíos de nuestro tiempo: la interculturalidad, la realidad de la inmigración, el diálogo interreligioso, la evangelización de la cultura, las nuevas formas de espiritualidad, no pocas veces desvinculadas de la comunidad cristiana y del sufrimiento de los pobres, y tantos otros retos que están llamando a nuestra puerta. Ante esta realidad, necesitamos sacerdotes y laicos que sepan pensar la fe, discernir los signos de los tiempos y ofrecer una palabra verdaderamente cristiana ante las preguntas y búsquedas de nuestros contemporáneos.

Reitero, por ello, mi gratitud al profesorado y al alumnado de nuestros centros teológicos, así como a sus equipos directivos. Y animo a todos los diocesanos y diocesanas, especialmente a quienes tenéis responsabilidades eclesiales o vivís vuestro apostolado en lugares exigentes, a preguntaros si ha llegado el momento de estudiar teología.

Un saludo muy cordial en el Señor.

Santidad alegre y comprometida

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla: La solemnidad de Todos los Santos nos invita a contemplar a tantos hombres y m...