domingo, 3 de septiembre de 2023
«Semilla Evangélica»
Las semillas son pequeñas, casi insignificantes. ¡Cuántas semillas de trigo, cebada o maíz no habremos pisado por los caminos sin darnos cuenta! Sin embargo, cada semilla lleva en sí el secreto de una vida, si se entierra y se la deja fructificar. Algo así sucede con nuestra hoja diocesana, que muchos seguís llamando “Semilla evangélica”.
Nuestra Hoja Diocesana semanal, que ahora se denomina “Iglesia en Teruel y Albarracín”, es una semilla muchas veces ignorada, como los granos de trigo caídos en los rastrojos. A veces, ni siquiera podemos encontrarla en la entrada de algunos templos y no pocas personas, que participan en las celebraciones y actividades parroquiales, pasan de largo sin echarle una ojeada.
Por esto, hoy animo a los sacerdotes y a todos los que frecuentáis las iglesias de la Diócesis a valorarla y aprovecharla. Aunque sea una publicación humilde, puede ayudar a vivir la liturgia del domingo, a caer en la cuenta de algunos asuntos culturales y sociales que influyen en nuestra experiencia de fe, a estar al tanto de noticias que tienen que ver con la Iglesia, tanto en el mundo como en España, en Aragón y en nuestra Diócesis. Si conocemos lo que pasa en la Iglesia, será más fácil valorar y apoyar lo que tantos cristianos y cristianas hacen, por medio de un sinfín de iniciativas culturales, solidarias, formativas y celebrativas, para acercar el amor de Dios a los que sufren o necesitan su apoyo y su presencia.
Ya sé que muchos utilizáis las páginas web y las redes sociales para estar informados e incluso también para rezar, pero la Hoja Diocesana sigue siendo un instrumento útil para todos e imprescindible para los que no están familiarizados con las nuevas tecnologías, porque es como un vínculo físico con la comunidad diocesana. Os animo pues, a leer cada semana la Hoja Diocesana “Iglesia en Teruel y Albarracín”, para poder conocer y recomendar sus contenidos; también me atrevo a pediros que hagáis propaganda de ella y la llevéis a quienes no pueden acudir a la iglesia, pero se sienten unidos a ella como miembros de esta familia que es la Iglesia Diocesana.
Dios quiera que nuestra Hoja siga siendo semilla evangélica que, con la colaboración de todos y la bendición de Dios, dé buenos frutos en nuestras relaciones personales con Él y en nuestro compromiso cristiano en la Iglesia y en la sociedad.
Agradezco de corazón el trabajo de quienes confeccionáis nuestra publicación y la dedicación de los que, en cada parroquia, os encargáis de recogerla, ponerla a disposición de todos y difundirla. Ya sé que a veces es un esfuerzo poco reconocido, pero el Padre, que ve lo que hay en nuestros corazones, os lo recompensará.
Recibid mi cordial saludo en el Señor.
domingo, 25 de junio de 2023
Ya tenemos hoja de ruta
El filósofo Séneca dijo: «Cuando no sabes hacia donde navegas, ningún viento es favorable», y no le faltaba razón. Para poder avanzar, hay que saber cuál es la meta y de qué medios disponemos para alcanzarla. En la vida de nuestra Iglesia también necesitamos conocer la meta y saber con qué medios contamos; esto es: necesitamos un “plan pastoral”, que nos ayude a concretar cómo vamos a desarrollar la misión que el Señor sigue encomendando a su Iglesia, en esta tierra y en este tiempo que nos toca vivir.
Después de más de un año y medio de reflexión compartida, el pasado sábado 17 de junio, aprobábamos en Asamblea Diocesana el Plan Pastoral que será nuestra hoja de ruta durante los próximos cinco años. Seguramente no es un Plan perfecto, pero es el Plan que hemos intentado elaborar entre todos con la ayuda del Señor. Sois muchos los grupos y personas que habéis aportado vuestras reflexiones, intuiciones y propuestas para configurar este Plan. Desde septiembre de 2021, los cristianos y cristianas que conformamos esta Iglesia de Teruel y Albarracín hemos rezado, reflexionado y dialogado juntos y, a través de este camino sinodal, hemos tratado de descubrir la ruta que el Espíritu Santo está marcando a nuestra Iglesia diocesana.
Nuestro Plan Pastoral ha querido recoger todas las propuestas que habéis presentado y se han articulado en tres bloques, que se corresponden con tres aspectos fundamentales de la identidad cristiana: la espiritualidad, la comunión y la misión o, dicho con otras palabras: la relación con Dios, con la comunidad y con el mundo. En el capítulo de espiritualidad, se señalan medios para crecer en la oración y formación de quienes participamos habitualmente en la vida de las comunidades. En el apartado de la comunión, proponemos medios para que las unidades pastorales y parroquias sean comunidades más vivas, que favorezcan la participación de todos los cristianos en la vida parroquial y diocesana. En el bloque de la misión, fijamos la atención sobre todo en quienes han abandonado la vida de la Iglesia o nunca formaron parte de ella.
Ahora nos toca ponerlo en marcha entre todos. Superemos la tentación de pensar que el Plan Pastoral “no va conmigo”. Va contigo, aunque te sientas demasiado mayor, demasiado joven, demasiado pecador o demasiado al margen. No es una hoja de ruta sólo para los sacerdotes y para las parroquias, sino para todos los bautizados. A todos os invito a leerlo y preguntaros: ¿qué me pide Dios a través de este Plan?, ¿qué puedo aportar para hacerlo realidad? Todos podéis rezar y muchos podréis ofrecer vuestros talentos para que se cumpla alguno de los objetivos señalados.
Queridos diocesanos y diocesanas, ¡gracias por vuestras aportaciones para elaborar el Plan Pastoral y gracias por vuestra disponibilidad para ponerlo en marcha! Qué el Señor y su Santa Madre nos sigan acompañando en esta aventura.
domingo, 18 de junio de 2023
Romerías y fiestas patronales
Durante la Pascua se han multiplicado las romerías a las ermitas y santuarios que salpican la geografía diocesana. Las romerías son espacios de convivencia en torno a la Virgen María y a los Santos, que nos permiten sentirnos como eslabones de esa cadena viva, que es la tradición que nos han legado nuestros mayores y que reconocemos como parte de nuestra identidad cultural y religiosa.
Las romerías propias de este tiempo ya están dando paso a las fiestas de los diferentes pueblos y barrios. Bienvenidas las fiestas, cuando nos hacen más humanos, cuando nos arriman con alegría y gratitud al amigo de siempre y al que viene de lejos, cuando nos permiten descansar del esfuerzo diario y brindar por las cosas buenas y bellas de la vida. Bienvenidas estas celebraciones que nos acercan al Dios que prepara para sus hijas e hijos de todos los pueblos «un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados» (Is 25,6).
Los sacerdotes intentan multiplicarse para llegar a todas las romerías y fiestas patronales, pero a veces resulta imposible conseguirlo. Cuando a un párroco le piden que celebre tres Misas, normalmente a las doce del mediodía, en la misma jornada y en tres lugares distintos, nadie tiene que sorprenderse si dice que no puede.
Por ello, pido encarecidamente a las comisiones de fiestas y a los responsables de las diversas cofradías que, antes de fijar y publicar la fecha y hora de las misas de romerías y fiestas patronales, hablen con los respectivos párrocos, para encontrar la solución más adecuada en cada caso. Con buena voluntad siempre se pueden alcanzar acuerdos satisfactorios para todos. En cambio, si no hay diálogo, se corre el riesgo de que no se puedan llevar a cabo las celebraciones anunciadas, a causa de las numerosas obligaciones que recaen sobre los sacerdotes en determinadas fechas, con el consiguiente disgusto tanto para los feligreses como para los propios sacerdotes.
Es verdad que siempre se ha celebrado la Misa en una fecha y a una hora concreta, y que esto se ha convertido en tradición, pero no podemos ignorar que la situación ha cambiado. Somos menos sacerdotes para atender el mismo número de parroquias; por lo tanto, es indispensable echar mano del diálogo, la comprensión y la flexibilidad para poder prevenir y resolver conflictos desagradables.
Aprovecho esta carta para agradecer a los sacerdotes su disponibilidad y esfuerzo para acompañar a todas las parroquias –también a las más pequeñas– en sus múltiples celebraciones. Además, quisiera poner en valor el trabajo de quienes organizan estos festejos desde las parroquias, cofradías, comisiones y ayuntamientos, con gran generosidad y espíritu de servicio.
Queridos diocesanos y diocesanas, ¡feliz verano y felices fiestas! Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.
domingo, 11 de junio de 2023
Corpus Christi: piedad y solidaridad
El “Corpus” nos suena a procesión y adoración pública del Santísimo Sacramento, mientras que el mensaje de los Obispos para este “Día de la Caridad” reza “Pan partido para los demás”. Asumamos el reto de unir ambos aspectos: adoración y compromiso, piedad y solidaridad. No separemos lo que Dios ha unido.
En el “Corpus”, Dios nos invita a acoger su amor. Es justamente lo que celebramos en la Eucaristía: que Jesús entregó su vida, su tiempo, su fuerza; se partió y repartió, como el pan, para que tengamos vida. Cuando el sacerdote, en nombre de Jesús, dice: «Tomad, comed esto es mi cuerpo… Bebed todos, porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos» (Mt 26, 26-28), Jesús sigue entregándose, para que comencemos a saborear la vida eterna ya en esta tierra. El Padre nos entrega, te entrega, me entrega a su Hijo, porque «tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). Estamos, pues, llamados a acogerlo y a agradecerlo.
Pero Jesús también dijo: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19) y «Dadles vosotros de comer» (Lc 9, 13); nos pidió que le hiciéramos presente en el pan eucarístico y que nos hiciéramos “pan partido para los otros”. Este “Día de la Caridad” nos convoca precisamente a ser pan partido. Muchas personas responden a esta llamada. No son super-mujeres o super-hombres, sino gente corriente, que se ha sentido tocada por el amor de Dios manifestado en Cristo, como los jóvenes turolenses que participan en el Proyecto “Apadrina un abuelo” de Cáritas Diocesana. Es una iniciativa sencilla de enriquecimiento mutuo, en la que los jóvenes descubren lo mucho que las personas mayores les aportan (sabiduría, experiencia, ternura) y los mayores disfrutan de los encuentros con los jóvenes que les llevan alegría, compañía, motivación, cariño, entretenimiento y aire fresco.
Cada domingo, acogemos y agradecemos en la Eucaristía el amor de Dios. Si la celebramos conscientemente, Jesucristo nos convierte en pan, pan bueno que se deja comer, que se entrega. La Madre Teresa de Calcuta decía a las religiosas de su Congregación: «Dejen que la gente y los pobres se las coman… que la gente muerda su sonrisa y su tiempo». No se trata sólo de dar pan, se trata de ser pan. No se trata sólo de dar algo, se trata de darse. El papa Benedicto XVI escribió: «Para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo» (DCE 34).
Que la fiesta del Corpus nos ayude a acoger y agradecer el amor de Dios, y a compartirlo, como el pan, con los de cerca y sobre todo con los necesitados.
domingo, 4 de junio de 2023
La fuente de la esperanza
El apóstol Pedro, en su primera carta, nos exhorta a estar siempre dispuestos a dar razón de nuestra esperanza, incluso en tiempos de persecución (cf. 1Pe 3,15). ¿De qué fuente brota esa esperanza que estamos llamados a vivir y a compartir?
La esperanza auténtica no se confunde con el optimismo ni depende del estado de ánimo o del nivel de bienestar económico. De hecho, los misioneros explican que encuentran más esperanza en la gente sencilla, con la que conviven en los países más empobrecidos, que en nuestra opulenta y avejentada Europa; porque la esperanza brota del interior, del corazón, de la relación íntima con Jesucristo muerto y resucitado.
Como escribió el papa Francisco en su primera exhortación apostólica, «Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive… Su resurrección no es algo del pasado; conlleva una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por doquier vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable… Está claro que muchas veces parece que Dios no exista: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida, terca e invencible» (EG 275-276). En Jesucristo está el manantial del que brota la esperanza.
Con ocasión de la Jornada “pro orantibus”, por las mujeres y los hombres consagrados a la oración, la Comisión para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal nos recuerda que «desde su vocación particular, los contemplativos encarnan y dan a conocer esa esperanza… La esperanza que brota de la fe en la realidad última de Dios se hace carne cotidiana en cada convento y monasterio, allí donde se cultivan la oración y la celebración que abren a la hermosura de la Trinidad».
La vida contemplativa está llamada a generar esperanza para el mundo, no porque posea su fuente en exclusividad, «sino porque la conoce y bebe de ella. Por eso puede y debe mostrar el camino al mundo… La vida contemplativa –dice la carmelita descalza Patricia Noya– está llamada a ser la memoria en el mundo de que hay agua para todos los sedientos, aceite para todas las lámparas, esperanza para todos».
Por ello, os invito a agradecer el testimonio de las Madres Agustinas de Rubielos de Mora, así como de las hermanas Clarisas, Capuchinas, Carmelitas, Concepcionistas y Dominicas que siguen rezando por nosotros, aunque no residan ahora en esta Diócesis de Teruel y Albarracín. Con sus vidas, siguen compartiendo su esperanza y recordándonos que sólo Dios basta. Que no les falte nuestra gratitud y nuestra oración.
Recibid un cordial saludo en el Señor.
domingo, 28 de mayo de 2023
Caridad política
Este año, la solemnidad de Pentecostés, con la que culminamos el tiempo de Pascua, coincide con la fecha de las elecciones municipales y autonómicas. Pido al Espíritu Santo que ilumine a los electores y a los que resulten elegidos, en la búsqueda del bien común y en la construcción de un mundo más abierto, solidario y fraterno.
Quisiera aprovechar esta coincidencia para recordar la importancia de participar en política, en los asuntos del conjunto de la ciudadanía, como la educación, la sanidad, los derechos de las personas vulnerables, la organización de la sociedad, la familia, el trabajo, la ecología… A pesar de la bronca que transmiten algunos políticos y los casos de corrupción que van apareciendo, es necesario superar la tentación de “pasar de política”; porque –como afirmara el filósofo Platón– «el precio de desentenderse en política es ser gobernados por los peores hombres».
El modo más inmediato de participar en política es el ejercicio responsable del derecho al voto. Después, en la medida que a cada uno le sea posible, hay otras formas de participación a través de los partidos y las diversas asociaciones o asumiendo responsabilidades en los asuntos comunes de la ciudad, el pueblo o el país.
Por eso, dirijo este llamamiento al laicado de nuestra Iglesia, hombres y mujeres que vivís la fe cristiana en la familia y en el ámbito profesional y social. Si no lo hacéis vosotros, queridos laicos y laicas, ¿quién hará presente el espíritu del Evangelio en el ayuntamiento, en la escuela, en vuestro lugar de trabajo, en la asociación de madres y padres, en el parlamento o en el barrio? Y ¿quién traerá al corazón de la Iglesia “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”? (GS 1).
Recordemos las palabras de san Juan Pablo II: «los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política» (CL 42), y las todavía más apremiantes del papa Francisco: «Nosotros, cristianos, no podemos “jugar a Pilato”, lavarnos las manos: no podemos. Tenemos que involucrarnos en la política, porque la política es una de las formas más altas de la caridad, ya que busca el bien común. Y los laicos cristianos deben trabajar en política… La política se ha ensuciado demasiado; pero me pregunto: ¿por qué se ha ensuciado?, ¿porque los cristianos no se han involucrado en política con el espíritu evangélico? … Es fácil decir “la culpa es de ése”, pero yo, ¿qué hago?» (7 de junio de 2013).
Finalmente, deseo reconocer y agradecer el esfuerzo y el sacrificio de tantos hombres y mujeres que, con honradez y generosidad, soportando críticas, presiones e incluso amenazas, se consagran a servir a la sociedad en las responsabilidades públicas. Como dice el papa Francisco, viven una forma singular de caridad: la caridad política.
Recibid un cordial saludo en el Señor.
domingo, 21 de mayo de 2023
Para comunicar mejor
En la Iglesia andamos preocupados por comunicar mejor. A menudo hablamos de actualizar el lenguaje, utilizar las nuevas tecnologías, etc. Y no es para menos. El Señor nos confió el anuncio del Evangelio a toda la creación (cf. Mc 16,15). Esta misión nos reclama el empeño de comunicar su mensaje del mejor modo posible, para que sea escuchado y pueda calar en el ánimo de los oyentes.
Por ello, queridos hermanos y hermanas de esta Iglesia que peregrina en Teruel y Albarracín, además de reconocer la importancia de aprender y utilizar técnicas de comunicación, me ha parecido conveniente subrayar tres pistas sencillas, conocidas pero algunas veces descuidadas, que nos ayuden a proclamar el Evangelio como el esperanzador anuncio que es:
- Comunicar con humildad. No se escucha a gusto a un comunicador que provoca en los oyentes sentimientos de inferioridad. Sin embargo, tal vez sin darnos cuenta, en ocasiones damos la sensación de estar situados por encima de nuestros interlocutores. Salomón, prototipo de persona justa, pidió a Dios sabiduría porque se consideraba «hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes» (Sb 9,5). Por tanto, antes de verter opiniones rotundas sobre los comportamientos humanos, recordemos que también nosotros somos pecadores y que sólo Dios conoce la verdad de lo que hay en el corazón.
- Comunicar con amor. Estamos llamados a anunciar y hacer presente el amor de Dios a la humanidad. «Tanto amó Dios al mundo ?dijo Jesús a Nicodemo? que entregó a su Unigénito para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3, 16-17). En consecuencia, «la obra de la evangelización supone, en el evangelizador, un amor fraternal siempre creciente hacia aquellos a los que evangeliza… ¿De qué amor se trata? Mucho más que el de un pedagogo; es el amor de un padre; más aún, el de una madre» (EN 79). Es necesario cuidar especialmente esta actitud cuando debamos corregir o denunciar lo que no está bien. Aprendamos de Jesús en su conversación con la samaritana junto al pozo de Sicar, que logró que se sintiese amada y, al mismo tiempo, reconociese su camino errado.
- Comunicar desde la experiencia de fe vivida. Pablo VI dijo que se escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan y, si se escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio. (cf. EN 41). Nuestro mensaje calará cuando detrás de nuestras palabras haya un compromiso sincero por hacer lo que se dice.
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