domingo, 19 de noviembre de 2023

Redescubrir el Concilio



Al cumplirse sesenta años de la apertura del Concilio Vaticano II, el papa Francisco nos invita a redescubrir su riqueza. Impulsado por esta invitación, deseo proponeros en mis próximas cartas dominicales unas breves reflexiones sobre los cuatro pilares básicos del Concilio: las tres constituciones dogmáticas “Lumen Gentium”, “Dei Verbum”, “Sacrosanctum Concilim” y la constitución pastoral “Gaudium et spes”. Quisiera reflexionar con vosotros sobre la importancia decisiva de este Concilio para nuestra Iglesia y animaros a conocerlo mejor.

Hoy, a modo de introducción, recuerdo el discurso de san Juan XXIII, en la Solemne apertura del Concilio Vaticano II. Aquel jueves 11 de octubre de 1962, resonaron las palabras emocionadas del Pontífice, invitando a toda la Iglesia a alegrarse, «porque, gracias a un regalo singular de la Providencia Divina, ha alboreado ya el día tan deseado en que el Concilio Ecuménico Vaticano II se inaugura solemnemente aquí, junto al sepulcro de San Pedro, bajo la protección de la Virgen Santísima».

Frente a los detractores, que veían con gran temor la convocatoria del Concilio, y de quienes pretendían romper con la Tradición de la Iglesia, el Santo Padre, explicó sus intenciones: «el gesto del más reciente y humilde sucesor de San Pedro, que os habla, al convocar esta solemnísima asamblea, se ha propuesto afirmar, una vez más, la continuidad del Magisterio Eclesiástico, para presentarlo en forma excepcional a todos los hombres de nuestro tiempo, teniendo en cuenta las desviaciones, las exigencias y las circunstancias de la edad contemporánea».

Estas palabras de Juan XXIII son como una llave que nos permite acceder a los tesoros del Concilio. De igual modo, el papa Benedicto XVI, en su discurso del 22 de diciembre de 2005, invitó a toda la Iglesia a comprender los textos conciliares en clave de reforma: «de la renovación dentro de la continuidad». Así deberíamos leer también los documentos del Sínodo de los obispos, en fidelidad a la Tradición de la Iglesia y abiertos a la eterna novedad del Espíritu (cf. Jn 16,13). En aquel tiempo y en el nuestro, el camino de la Iglesia es siempre la fidelidad y el dinamismo. No cabe ruptura ni inmovilismo.

Finalmente, quisiera subrayar algunas actitudes que San Juan XXIII destaca en su discurso de apertura. Ante los errores, «la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad». Frente al pesimismo de los «profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos», el papa proclama: «la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados». Ante las discordias, «debe promoverse la unidad de la familia cristiana y humana»

Reavivemos, queridos hermanos y hermanas, estas actitudes de fidelidad y renovación, de misericordia, esperanza y unidad. Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

domingo, 12 de noviembre de 2023

Agradecidos por la Fe y la Iglesia


Los cristianos estamos llamados a vivir nuestro seguimiento de Jesús evitando dos peligros: la prepotencia, que presenta la fe como algo indeseable, y los complejos, que la hacen prácticamente invisible. Hemos de vivir la fe con humildad, pues hemos experimentado hasta qué punto somos pecadores, pero sin esconderla, porque la fe es un don que no hemos recibido sólo para nosotros mismos. No tiene sentido recluir la fe en lo íntimo del corazón o en el interior de nuestros templos; hemos de anunciar y ofrecer ?nunca imponer? la vida nueva que Jesucristo nos regala.

No sería coherente guardarnos la alegría de sentirnos amados incondicionalmente por elPadre, en un mundo en el que tantas personas harían casi cualquier cosa por un pedacito de cariño. No sería coherente quedarnos con el tesoro del Evangelio en un mundo en el que muchos van dando tumbos, buscando ansiosamente un sentido para sus vidas. No sería coherente ocultar que amar es procurar el bien del otro y ser capaces de darnos, en cada gesto y cada encuentro, sin pretender nada a cambio, gratuitamente, como Jesús y con Jesús. No sería coherente esconder la gracia del Espíritu Santo, que potencia nuestras fuerzas, a veces tan mermadas, para alcanzar esos buenos propósitos que, en demasiados momentos, se apolillan en el baúl de las buenas intenciones.

Y por todo ello, tampoco sería coherente disimular nuestra pertenencia a la Iglesia, aunque nos duelan en el alma los abusos y los escándalos que en ella también existen. A pesar de todos los errores y pecados de los hijos de la Iglesia, no conoceríamos el amor del Padre, el Evangelio del Hijo y los dones del Espíritu Santo sin la necesaria mediación de la Iglesia, que se hace presente y concreta para nosotros en esta Diócesis de Teruel y Albarracín, y en cada una de sus parroquias y comunidades.

En este día de la Iglesia diocesana, os invito, hermanas y hermanos, a agradecer a esa inmensa cadena de testigos que ha hecho posible que llegara a nuestra tierra la noticia de la vida y obra de Jesús de Nazaret; a reconocer y agradecer lo que la Iglesia viene aportando a cada uno de nosotros y al conjunto de nuestra sociedad; os animo a contribuir con vuestra oración, vuestro tiempo, vuestros talentos y vuestros recursos económicos, para que esta Iglesia siga siendo fuente del amor más puro y jalón que señala a Jesucristo, camino, verdad y vida.

Con mi sincera gratitud a todos los hombres y mujeres, adultos, jóvenes y niños, que sostenéis mi fe y mi esperanza en esta preciosa Diócesis de Teruel y Albarracín, recibid mi cordial saludo en el Señor.

domingo, 5 de noviembre de 2023

Acerca del informe sobre abusos sexuales en la Iglesia Católica


Artículo para el Diario de Teruel, 5 de noviembre de 2023

La presentación del Informe del Defensor del Pueblo sobre abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica y el papel de los poderes públicos, así como la posterior celebración de una Asamblea extraordinaria de la Conferencia Episcopal Española, han sido materia informativa en los últimos días, y he considerado oportuno compartir algunas reflexiones.

En primer lugar, me parece necesario destacar que el Informe del Defensor del Pueblo, aun con sus límites, ofrece no pocos aspectos positivos: ha supuesto un proceso de escucha a 487 víctimas, arrojando luz sobre los devastadores efectos de los abusos sexuales, que tienen su origen en procesos de abuso de conciencia; denuncia algunas prácticas inaceptables dentro de la Iglesia, sin dejar de reconocer avances en la legislación canónica y en la forma de abordar dichos abusos; enmarca este doloroso problema en el amplio contexto del abuso sexual a menores en nuestra sociedad, proponiendo iniciativas a la Iglesia y a las administraciones públicas para prevenir y reparar los daños causados. Es un estudio que, en su conjunto, merece ser considerado atentamente.

A la vista de este Informe, los obispos reunidos en Asamblea Plenaria, junto con los responsables de la Confederación de Religiosos y Religiosas, manifestamos de nuevo nuestro dolor por el daño causado por algunos miembros de nuestra Iglesia y pedimos perdón sinceramente. Muchos de nosotros hemos escuchado el testimonio de víctimas y su sufrimiento nos ha permitido comprender mejor la magnitud del daño que produce el abuso, particularmente cuando el agresor está vinculado a la Iglesia, y nos ha hecho caer en la cuenta de la importancia de escucharlas, darles credibilidad y apoyarlas decididamente, para que puedan sanar sus heridas. En este sentido, en la Asamblea de la Conferencia Episcopal decidimos encomendar a su servicio de Protección de Menores una propuesta para aplicar las recomendaciones del Defensor del Pueblo.

La necesidad de escuchar, dar credibilidad y apoyar a las personas que nos confían el dolor de haber sufrido un abuso no supone un atropello de los sacerdotes acusados, en su derecho a la presunción de inocencia. Es fundamental entender que, en estos casos, nuestra actitud no ha de ser juzgar, absolver o condenar, sino escuchar, acoger y respaldar. Determinar la responsabilidad de los denunciados corresponde a los órganos y procedimientos jurídicos que se siguen, tanto en la sociedad como en la Iglesia. Además, me parece justo aclarar que esta no debe ser una batalla contra los sacerdotes en su conjunto, ya que en la Iglesia, al igual que en las familias y otras instituciones, hay quienes cometen abusos y quienes buscan la verdad, la justicia y el bien de las víctimas.

En cuanto al número de abusos sexuales en el ámbito eclesial, algunos medios de comunicación han extrapolado los datos del estudio demoscópico contenido en el Informe del Defensor del Pueblo, publicando la cifra de 440.000 víctimas. Este dato no aparece en dicho Informe. No quisiera entrar en una guerra de cifras, porque nos alejaría del respeto que merecen las víctimas, quienes nunca deberían ser utilizadas como munición para nuestras luchas políticas y sociales. Solamente recuerdo que el propio Defensor del Pueblo afirmó: «Creemos que no hay que extrapolar (…) Es más, estoy diciendo que les animo a que no lo hagan». Independientemente del número de víctimas, cada una de ellas supone un drama por el que pedimos perdón y ofrecemos nuestra colaboración y compromiso para reparar y prevenir estos hechos en el futuro.

Por lo que respecta a nuestra diócesis de Teruel y Albarracín, el Informe del Defensor del Pueblo recoge tres casos. El más antiguo se refiere a un sacerdote condenado en 1962 por tribunales eclesiásticos. Los otros dos datan de 1968 y 1967, fueron presentados por medio del diario “El País” y no han podido ser investigados, porque uno de los denunciantes no ha respondido a las comunicaciones de la diócesis para esclarecer su denuncia y, en el otro caso, el mencionado periódico no ha contestado por el momento a la carta que este obispado le dirigió, a fin de recabar la necesaria información. Cabe señalar que en la base de datos de dicho diario, publicada en internet, no se informa de los intentos de esta diócesis para investigar ambas denuncias.

En conclusión, hago una llamada a la responsabilidad de las personas, de las familias, de las comunidades cristianas, de las instituciones públicas y de la sociedad en su conjunto. Aunque el citado estudio demoscópico pueda tener errores, los datos que ofrece deben ser considerados atentamente: el 11,7 % de las personas encuestadas afirman haber sido abusadas antes de los 18 años: el 34,1 % en el ámbito familiar, el 17,7 % en la vía pública, el 9,6 % en un ámbito educativo no religioso, el 9,5 % en un ámbito social no familiar, el 7,5 % en el ámbito laboral, el 7,3 % a través de internet, el 5,9 % en el ámbito educativo religioso, el 4,6 % en el ámbito religioso, el 4 % en el ámbito del ocio, el 3 % en el ámbito deportivo y el 2,6 % en el ámbito sanitario. El dolor de tantas víctimas exige que no miremos hacia otro lado y pongamos nuestro punto de mira en este problema, con el fin de reparar los daños causados y evitarlos en el futuro.

Finalmente, expreso mi agradecimiento a todas las personas que trabajan incansablemente en el apoyo de las víctimas y en la prevención de los abusos sexuales. Reconozco, en particular, la labor de “Repara-Diócesis de Teruel”, el Servicio Diocesano para la atención de las víctimas y la prevención de abusos sexuales, y del proyecto “Repara” en Madrid, que nos asesora constantemente. Y, sobre todo, agradezco a las víctimas su valentía y su coraje, en medio de tantas dificultades e incomprensiones. Con su lucha no solo están sanando sus heridas, sino que también están construyendo una sociedad y una Iglesia más seguras y saludables para todos.

Paz en Tierra Santa


¡Cómo duele a cualquier persona de bien la situación de Tierra Santa! El daño que se provoca a una niña israelí o palestina hiere a toda la humanidad. Los hombres y mujeres del mundo entero –lo reconozcamos o no– estamos unidos, interconectados, como los diversos órganos de un cuerpo: «si un miembro sufre -dice San Pablo– todos sufren con él; si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).

Contemplamos las imágenes de Tierra Santa y experimentamos una gran impotencia. ¿Qué podemos hacer? Tanto el papa Francisco como el patriarca latino de Jerusalén nos invitan a rezar y ayunar. Puede parecer inútil, pero estamos convencidos de que, lo mismo que nosotros sentimos el dolor de las personas que sufren allí, a ellas también les llega nuestra cercanía espiritual.

Ayunamos porque tener hambre un día, voluntariamente, favorece la solidaridad con quienes no disponen de alimentos y tienen que dejar sus casas estos días, para salvar sus vidas. El ayuno de comida, que depura el cuerpo de tantas toxinas, nos puede ayudar a purificar el corazón; ayunando de resentimientos, indiferencia, deseos inútiles de tener más; de la tentación de luchar contra el mal utilizando la violencia, de todo lo que nos separe del amor a Dios y a los hermanos.

Ayunamos y oramos. Rezamos a Dios, no porque Él necesite de nuestra oración para ser bueno y acabar de un plumazo con todos los conflictos. Rezamos a Dios, para que en el encuentro con Él, pueda purificarnos y contagiarnos su compasión, su misericordia, su paz, su justicia, su amor; y todos nosotros, sus hijas e hijos, podamos ser pacíficos y pacificadores. Rezamos porque la paz es un don de Dios, un don que hemos de cultivar responsablemente, con la ayuda de su gracia.

No podemos rezar por la paz, si no nos empeñamos en construir la paz en nuestra vida cotidiana. En efecto, con motivo de la ley de Cultura de Paz de las Cortes de Aragón, los obispos aragoneses escribimos: «Se habla de “cultura de paz” porque la paz no se logra sólo con un acto aislado de alto el fuego o de reconciliación, sino que requiere, para que sea estable y duradera, un modo de vivir, de relacionarse, de afrontar los conflictos renunciando a las vías violentas, buscando la justicia y la verdad. Trabajar por la paz es el arte de tender puentes una y otra vez, en cada familia, en cada pueblo o ciudad, en cada nación, aunque las orillas estén lejos o el egoísmo humano haya levantado muros de incomprensión».

Acojamos, queridos hermanos y hermanas, las palabras de Jesús: «Paz a vosotros… Bienaventurados los que trabajan por la paz» (Jn 20,21, Mt 5, 9), para que Él nos sugiera caminos para ser instrumentos de su paz, aquí y en cualquier rincón del mundo.

Un saludo muy cordial en el Señor.

domingo, 29 de octubre de 2023

Carta al laicado de Aragón – Carta conjunta de los obispos de Aragón


Queridos hermanos y hermanas,

La Iglesia va tomando conciencia creciente de la importancia del primer anuncio a quienes no conocen a Jesucristo o se han apartado de la fe. El Papa Francisco nos anima constantemente a ser auténticos “discípulos misioneros”, a reformar nuestras comunidades para ser “Iglesia en salida”, a transmitir el núcleo de nuestra fe: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte» (Evangelii Gaudium 164).

Sin embargo, hemos de reconocer que bastantes comunidades cristianas y personas bautizadas no viven esta tensión misionera. A modo de test, podríamos preguntarnos cada uno: ¿cuándo fue la última vez que anuncié a alguien el amor y la cercanía de Jesucristo?, ¿sé cómo hacerlo?, ¿considero que esta misión es posible en la sociedad actual?, ¿qué me frena y qué me impulsa a compartir el tesoro de la fe?

En este ámbito del primer anuncio, la Iglesia española vivió en 2020 un punto de inflexión: el Congreso de Laicos, calificado por muchos como “un nuevo Pentecostés”. Ciertamente, fue una manifestación pública y entusiasta del sentimiento religioso que late en el corazón de tantos cristianos, mujeres y hombres decididos a responder a la pregunta del papa Francisco: «¿Qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos» (Evangelii gaudium, 264).

Hemos de impulsar el anuncio de Jesucristo, con humildad y valentía, como núcleo y eje de nuestra labor pastoral: «El motivo de esta centralidad ?como se dijo en aquel Congreso de Laicos? no radica en una razón sociológica (cada vez hay menos cristianos y tenemos que llenar nuestras iglesias), ni en un motivo de marketing (tenemos el mejor “producto”, pero no sabemos venderlo, ni ponerlo en valor), ni siquiera radica en un hecho de supervivencia del catolicismo (la avanzada media de edad de nuestras asambleas y la falta de clero). Sino que la motivación profunda es teológica: Jesús nos manda evangelizar, es un mandato expreso».

Las Delegaciones Diocesanas de Apostolado Seglar de las diócesis aragonesas están preparando el III Encuentro de Laicos de Aragón, centrado en el primer anuncio, que tendrá lugar en el Colegio Salesiano de Zaragoza el próximo 25 de noviembre, como un momento privilegiado para compartir las conclusiones de aquel Congreso de Laicos de 2020 y para preparar el Encuentro Nacional de Laicos a celebrar en febrero de 2024.

Os convocamos y animamos vivamente a participar en este III Encuentro de Laicos de Aragón. Contará con la intervención del cardenal Juan José Omella y se darán a conocer diversas experiencias de primer anuncio.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

+ Carlos-Manuel Escribano Subías, Arzobispo de Zaragoza
+ Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca
+ Ángel-Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón
+ José-Antonio Satué Huerto, Obispo de Teruel y Albarracín
+ Vicente Rebollo Mozos, Obispo de Tarazona

domingo, 22 de octubre de 2023

Turolenses por el mundo… en misión


Si hubiera alguna productora televisiva decidida a realizar una serie titulada “Turolenses por el mundo… en misión”, podría completar unos 50 capítulos. ¡No son pocos! El nombre de Teruel es conocido y querido en África, América, Asia e incluso Oceanía, gracias a nuestros misioneros y misioneras, a quienes hoy recordamos especialmente, con gratitud y sano orgullo.

Lo pude comprobar con ocasión de la muerte del sacerdote misionero Vicente Lahoz, nacido en La Mata de los Olmos y fallecido en Esquel (Argentina) el 21 de mayo pasado. Cuando llamé al obispo de aquellas tierras, Mons. José Slaby, se deshizo en alabanzas al referirme la magnífica misión realizada en la Patagonia argentina por el propio P. Vicente Lahoz y por otros dos misioneros turolenses: el P. Jesús Artigot y el actual obispo de Comodoro-Rivadavia, Mons. Joaquín Gimeno.

Queridos diocesanos y diocesanas de nuestra Iglesia de Teruel y Albarracín, ¡no podemos perder este impulso misionero! Bajo ninguna circunstancia podemos llegar a pensar que en la situación actual no es posible la misión “ad gentes”, en regiones del mundo donde Cristo y su Evangelio son escasamente conocidos.

En el corazón de toda persona bautizada tiene que bullir el deseo de dar a conocer el amor de Dios, manifestado en Jesucristo. Este ardor misionero ha de llevarnos a transmitir la alegría de la fe en nuestro ambiente cotidiano, a plantearnos la posibilidad de que Dios nos llame a ser misioneros en otras tierras y, finalmente, a sostener a los misioneros con la oración y las ayudas materiales que podamos ofrecer.

«Hoy más que nunca –dice el papa Francisco en su mensaje para el Domund 2023– la humanidad, herida por tantas injusticias, divisiones y guerras, necesita la Buena Noticia de la paz y de la salvación en Cristo. Por tanto, aprovecho esta ocasión para reiterar que “todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable”. La conversión misionera sigue siendo el objetivo principal que debemos proponernos como individuos y como comunidades».

Animados por el testimonio de tantos “turolenses por el mundo… en misión”, hombres y mujeres que han sembrado el Evangelio en los cinco continentes, acojamos la invitación que nos plantea el papa Francisco: «Pongámonos de nuevo en camino también nosotros, iluminados por el encuentro con el Resucitado y animados por su Espíritu. Salgamos con los corazones fervientes, los ojos abiertos, los pies en camino, para encender otros corazones con la Palabra de Dios, abrir los ojos de otros a Jesús Eucaristía, e invitar a todos a caminar juntos por el camino de la paz y de la salvación que Dios, en Cristo, ha dado a la humanidad».

Recibid un cordial saludo en el Señor.

domingo, 15 de octubre de 2023

Un gran pueblo


Hace algunos años la Conferencia Episcopal de Cuba me invitó a participar en el Encuentro Nacional de Diáconos Permanentes, en el que están presentes también sus esposas y los candidatos a este ministerio. Entonces no se realizó el encuentro, porque no fue posible conseguir combustible y los diáconos no pudieron desplazarse desde sus casas. Este año ha sido posible; he asistido y he escuchado testimonios dolorosos. Un diácono mayor comentó: “En Cuba siempre hemos acogido al que viene con un café, ahora no tenemos ni café, sólo podemos ofrecer un vaso de agua fresca, si no hay apagón”. Otra persona me dijo: “Rara es la familia que no tiene una parte de sus miembros fuera de Cuba; de mi familia, sólo quedamos el perro y yo”.

A pesar de las penurias, que a duras penas podemos imaginar los que vivimos en España, he tenido la gracia de tratar con personas de unas cualidades fuera de lo común: asumen su pobreza con dignidad, son responsables en sus compromisos, resuelven con ingenio problemas propios y ajenos, ofrecen un trato amable y educado, agradecen cualquier muestra de cariño, son virtuosos para la música y las artes en general, saben hacer fiesta con casi nada, tienen una gran devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre. No todos son así, evidentemente, pero la impresión repetida ha sido la de encontrarme con un gran pueblo.

La convivencia con los diáconos permanentes y sus esposas ha sido muy enriquecedora y edificante. Yo sólo he podido recordarles un poco de teoría; en cambio, ellos y ellas me han compartido sus esfuerzos para acercarse a las familias más pobres y a los pueblos más chicos y alejados, para estar cerca de los hombres y mujeres encarcelados, enfermos, pobres, aguzando la creatividad para repartir lo poco que tienen, para anunciar a Cristo y su propuesta de vida nueva, y para celebrar su presencia viva en las diversas comunidades. Pude apreciar su gran compromiso con la Iglesia y con la sociedad, tanto en los diáconos como en sus esposas.

También visité la sede nacional de Cáritas Cuba, una casa humilde donde trabaja una docena de personas, comprometidas para paliar las consecuencias del huracán Ian, un año después de que devastara amplias zonas del país, y para coordinar y sostener económicamente las Cáritas locales. Estas Cáritas diocesanas y parroquiales tienen bastante voluntariado pero muy poco dinero, para hacer frente a muchas necesidades y desarrollar sus programas centrados en personas ancianas, discapacitadas y jóvenes.

Dios quiera que estos apuntes animen a nuestras comunidades a estrechar los lazos de amistad y favorecer la mutua colaboración con la Iglesia en Cuba y Latinoamérica, y también a acoger entre nosotros a quienes dolorosamente se ven empujados a dejar su gente y su tierra.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

Santidad alegre y comprometida

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla: La solemnidad de Todos los Santos nos invita a contemplar a tantos hombres y m...